Se abre el telón. El público detiene sus aplausos mientras una música juglaresca empieza a hacerse oír. En el escenario, un señor trajeado y con corbata muy vistosa saca a pasear a su mascota, un adorable y esbelto can de noble porte, al que lleva sujeto con un collar. El enseñoreado caballero pasea a su perruno amigo por las calles de la capital cuando de pronto la música se detiene y una borrasca de luces y sonido se hace dueña de la sala. En ese momento y con un simple gesto, la mascota irguiéndose sobre sus patas traseras y sujetando el lazo con la izquierda, saluda al público con una reverencia. Después, el animal de compañía ( conocido antes como el caballero trajeado) vestido con la elegante corbata de seda pasea a cuatro patas por las sucias calles de la ciudad que sus congéneres han ensuciado.
Al doblar la esquina, junto a un poste de teléfono, el caballero ahora convertido en animal, apoya una de sus sebosas piernas en el poste de madera y hace lo que a todos los animales les permiten sus dueños hacer.
Se cierra el telón. El público estalla en un alud de fervorosos aplausos. Los actores saludan. Silencio.
Es difícil hoy por hoy encontrar alguna calle o ciudad libre del embriagador perfume que destilan las numerosas minas antipersona que entorpecen la circulación de nuestras calles. No, no nos encontramos en Croacia o Bosnia-Herzegovina dónde las bombas antipersonales son las protagonistas, una vez más, de mutilaciones y muerte entre la población civil. Sino que nos encontramos en Barcelona, cuyas calles llenas de desechos perrunos, mayoritariamente, reflejan la realidad de una ciudad cuyos deberes cívicos han sido olvidados o mejor dicho, aparcados en un rincón de nuestra conciencia, para evitar la “asquerosidad” del asunto. Es decir que el deporte más practicado por nuestra población es la comodidad. Aunque ante esto algunas personas nieguen rotundamente esta afirmación, apelando a las funciones y deberes del barrendero, lo cierto es que la función de éste, no tendría razón de ser si no se ensuciarán y se trataran de pipi-can las aceras de nuestros barrios y distritos.
Quizá algún día la gente se dé cuenta de ello y se ponga en el lugar de los demás, pensando si el salón de su casa sería un buen pipi-can para sus animales de compañía, añade Lucía Doménech, encargada de relaciones públicas del ayuntamiento de Hospitales de Llobregat.
Viernes, 28 de Setiembre de 2007
Nici