Extractes del llibre PLATÓN, Diálogos III (Fedón, Banquete, Fedro), traducción, introducción y notas por Carlos García Gual, M. Martínez Hernández, E. Lledó Íñigo, editorial Gredos, Madrid, 1986.
[L’esperança en l’altra vida i en la retribució]
63c […] estoy bien esperanzado de que hay algo para los muertos y que es, como se dice desde antiguo, mucho mejor para los buenos que para los malos.
[…]
63e Ahora ya quiero daros a vosotros, mismos jueces, la razón de por qué me resulta lógico que un hombre que de verdad ha dedicado su vida a la filosofía en trance de morir tenga valor y esté bien esperanzado de que allá va a obtener los mayores bienes, una vez que muera. […]
[Morir abans de morir. La separació de l’ànima respecte el cos. (Plató tracta aquest mateix tema de l’ofici del veritable filòsof, consistent en morir, més endavant d’aquesta mateixa obra (Fedó); vegis la p. 46 d’aquesta edició, línies 67 c-e) ] [Vegi’s també el Text del filòsof i historiador de la religió Mircea Eliade relacionat amb aquesta faceta del pensament de Plató ]
64a […] cuantos rectamente se dedican a la filosofía […] no se cuidan de ninguna otra cosa, sino de morir y de estar muertos.
64c […] ¿Consideramos que la muerte es algo?
[…]
-¿Acaso es otra cosa que la separación del alma del cuerpo? ¿Y el estar muerto es esto: que el cuerpo esté solo en sí mismo, separado del alma, y el alma se quede sola en sí misma separada del cuerpo? ¿Acaso la muerte no es otra cosa sino esto?
[Ascesis y tafakkur]
64d […] ¿Te parece a ti que es propio de un filósofo andar dedicado a los que llaman placeres tales como los propios de comidas y de bebidas?
-En absoluto, Sócrates –dijo Simmias.
-¿Qué de los placeres del sexo?
-En ningún modo.
-¿Y qué hay respecto de los demás cuidados del cuerpo? ¿Te parece que tal persona los considera importantes? Por ejemplo, la adquisición de mantos y calzados elegantes, y los demás embellecimientos del cuerpo, ¿te parece que los tiene en estima, o que los desprecia, en la medida en que no tiene necesidad de ocuparse de ellos?
64e
-A mi me parece que los desprecia –dijo-, por lo menos el que es de verdad filósofo.
-Por lo tanto ¿no te parece que […] la ocupación del individuo no se centra en el cuerpo, sino que, en cuanto puede, está apartado de este, y, en cambio, está vuelto hacia el alma?
-A mi sí.
65a
-¿Es que no está claro, desde un principio, que el filósofo libera su alma al máximo de la vinculación con el cuerpo, muy a diferencia de los demás hombres?
-Está claro.
-Y, por cierto, que les parece, Simmias, a los demás hombres que quien no halla placer en tales cosas ni participa de ellas no tiene un vivir digno, sino que se empeña en algo próximo al estar muerto el que nada se cuida de los placeres que están unidos al cuerpo.
-Muy verdad es lo que dices, desde luego.
-¿Y qué hay respecto a la adquisición misma de la sabiduría? ¿Es el cuerpo un impedimiento o no, si uno lo toma en la investigación como compañero? Quiero decir, 65b por ejemplo, lo siguiente: ¿acaso garantizan alguna verdad la vista y el oído a los humanos, o sucede lo que incluso (p. 42) los poetas nos repiten de continuo, que no oímos nada preciso ni lo vemos? Aunque, si estos sentidos del cuerpo no son exactos ni claros, mal lo serán los otros. Pues todos son inferiores a esos. ¿O no te lo parecen a ti?
-Desde luego-dijo.
-¿Cuándo, entonces –dijo él-, el alma aprehende la verdad? Porque cuando intenta examinar algo en compañía del cuerpo, está claro que entonces es engañada por él.
65c -Dices verdad.
-¿No es, pues, al reflexionar, más que en ningún otro momento, cuando se le hace evidente algo de lo real?
-Sí.
-Y reflexiona, sin duda, de manera óptima, cuando no la perturba ninguna de esas cosas, ni el oído ni la vista, ni dolor ni placer alguno, sino que ella se encuentra al máximo en sí misma, mandando de paseo al cuerpo, y, sin comunicarse ni adherirse a él, tiende hacia lo existente.
-Así es.
-Por lo tanto, ¿también ahí el alma del filósofo desprecia 65d al máximo el cuerpo y escapa de éste, y busca estar a solas en sí ella misma?
-Es evidente.
[Les idees en sí y la seva invisibilitat]
-¿Qué hay ahora respecto de lo siguiente, Simmias?
–Afirmamos que existe algo justo en sí o nada?
-Lo afirmamos, desde luego, ¡por Zeus!
-¿Y, a su vez, algo bello y bueno?
-¿Como no?
-¿Es que ya has visto alguna de tales cosas con tus ojos nunca?
-De ninguna manera –dijo él.
[…]
[El cos com a obstacle]
66b el cuerpo nos procura mil preocupaciones por la alimentación necesaria; […] 66c Nos colma de amores y deseos, de miedos y de fantasmas de todo tipo, y de una enorme trivialidad […] con él no nos es posible meditar nunca nada! […] guerras, revueltas y batallas ningún otro las origina sino el cuerpo y los deseos de éste. Pues a causa de la adquisición de riquezas se originan todas las guerras, y nos vemos forzados a adquirirlas por el cuerpo, 66d siendo esclavos de sus cuidados. […]
[La puresa necessaria]
67a […] Y mientras vivamos, como ahora, según parece, estaremos más cerca del saber en la medida en que no tratemos ni nos asociemos con el cuerpo, a no ser en la estricta necesidad, y no nos contaminemos de la naturaleza suya, sino que nos purifiquemos de él, hasta que la divinidad misma nos libere. Y así, cuando nos desprendamos de la insensatez del cuerpo, según lo probable estaremos en compañía de lo semejante y conoceremos por nosotros mismos todo 67b lo puro, que eso es seguramente lo verdadero. Pues al que no esté puro me temo que no le es lícito captar lo puro.
[L’ofici de morir del filòsof de veritat]
67c -¿Pero es que no viene a ser una purificación eso, lo que desde antiguo se dice en la sentencia <<el separar al máximo el alma del cuerpo>> y el acostumbrarse ella a recogerse y concentrarse en sí misma fuera del cuerpo, y habitar en lo posible, tanto en el tiempo presente como 67d en el futuro, sola en sí misma, liberada del cuerpo como de unas cadenas?
-Desde luego.
-¿Por tanto, eso es lo que se llama muerte, la separación y liberación del alma del cuerpo?
-Completamente –dijo él.
-Y en liberarla, como decimos, se esfuerzan continuamente y ante todo los filósofos de verdad, y ese empeño es característico de los filósofos, la liberación y la separación del alma del cuerpo. ¿O no?
-Parece que sí
-Por lo tanto, lo que decíamos en un comienzo: sería 67e ridículo un hombre que se dispusiera a sí mismo durante su vida a estar lo más cerca posible de estar muerto y a vivir de tal suerte, y que luego, al llegarle la muerte, se irritara de ello.
-Ridículo, ¿Cómo no?
-En realidad, por tanto –dijo-, los que de verdad filosofan, Simmias, se ejercitan en morir, y el estar muertos es para estos individuos mínimamente temible.
[La saviesa es completa a l’Hades]
68b […] cualquiera que ame de verdad la sabiduría […] tendrá esta firme opinión: que en ningún otro lugar conseguirá de modo puro la sabiduría sino allí. […] ¿No sería una enorme incoherencia que tal individuo temiera la muerte?
[…]
un hombre a quien veas irritarse por ir a morir, ése no es un filósofo, sino algún amigo del cuerpo. Y ese mismo será seguramente amigo también de 68c las riquezas y de los honores, sea de una de esas cosas o de ambas.
[…]
[Valentía i templança (i falses virtuts)]
-¿Acaso, Simmias –dijo-, no se aplica muy especialmente la llamada valentía a los que presentan esta disposición de ánimo?
[…]
-Por consiguiente también la templanza, […], el no dejarse excitar por los deseos, sino dominarlos moderada y ordenadamente, ¿acaso no les conviene a estos solos, a quienes en grado extremo se despreocupan del cuerpo y viven dedicados a la filosofía?
68d -Forzosamente –dijo.
-Porque si quieres –dijo él- considerar la valentía y templanza de los otros, te va a parecer que es absurda.
-Cómo dices, Sócrates?
-¿Sabes –dijo él- que todos los otros consideran la muerte uno de los grandes males?
-Y mucho –dijo.
-¿Así que por miedo de mayores males los valientes de entre ésos afrontan la muerte, cuando la afrontan?
-Así es.
-Por lo tanto, por tener miedo y por temor son valientes todos a excepción de los filósofos. Y, sin embargo, es absurdo que alguien sea valiente por temor y por cobardía.
68e –Desde luego que sí.
-¿Qué pasa con los moderados de éstos? ¿No les sucede lo mismo: que son moderados por una cierta intemperancia? Y aunque decimos que eso es imposible, sin embargo les ocurre una experiencia semejante en lo que respecta a su boba moderación. Porque por temor de verse privados de otros placeres y por más que los desean, renuncian a unos dominados por otros. Aunque, sí, llaman intemperancia al ser dominado por los placeres, no obstante les sucede que, al ser dominados por placeres, ellos 69a dominan otros placeres. Y eso es semejante a lo que se decía hace un instante: que en cierto modo, ellos se han hecho moderados por su intemperancia.
-Pues así parece.
-Bienaventurado Simmias, quizá no sea ése el cambio correcto en cuanto a la virtud, que se truequen placeres por placeres y pesares por pesares y miedo por miedo, mayores por menores, como monedas, sino que sea sólo una la moneda válida, contra la cual se debe cambiar todo eso, la sabiduría. Y, quizá, comprándose y vendiéndose 69b todas las cosas por ella y con ella, existan de verdad la valentía, la moderación, la justicia, y, en conjunto, la verdadera virtud, en compañía del saber, tanto si se añaden como si se restan placeres, temores y las demás cosas de tal clase. Y si se apartan del saber y se truecan unas por (p. 50) otras, temo que la virtud resultante no sea sino un juego de sombras, y servil en realidad, y que no tenga nada sano 69c ni verdadero. Acaso lo verdadero, en realidad, sea una cierta purificación de todos esos sentimientos, y también la moderación y la justicia y la valentía, y que la misma sabiduría sea un rito purificador.
Y puede ser que quienes nos instituyeron los cultos mistéricos no sean individuos de poco mérito, sino que de verdad de manera cifrada se indique desde antaño que quien llega impuro y no iniciado al Hades yacerá en el fango, pero que el que llega allí purificado e iniciado habitará en compañía de los dioses.
69e Después que Sócrates hubo dicho esto, tomó la palabra Cebes y dijo:
-Sócrates, en lo demás a mí me parece que dices bien, pero lo que dices acerca del alma les produce a la gente (70a) mucha desconfianza en que, una vez que queda separada del cuerpo, ya no exista en ningún lugar, sino que en aquel mismo día en que el hombre muere se destruya y se disuelva, apenas se separe del cuerpo, y saliendo de él como aire exhalado o humo se vaya disgregando, voladora, y que ya no exista en ninguna parte. Porque, si en efecto existiera ella en sí misma, concentrada en algún lugar y apartada de esos males que hace un momento tú relatabas, habría una inmensa y bella esperanza, Sócrates, de que sea 70b verdad lo que tú dices. Pero eso, tal vez, requiere de no pequeña persuasión y fe, lo de que el alma existe, muerto el ser humano, y que conserva alguna capacidad y entendimiento.
-Dices verdad Cebes –dijo Sócrates-. […].
[La teoria de la Reminiscència]
72e -También es así –dijo Cebes tomando la palabra-, de acuerdo con ese otro argumento, Sócrates, si es verdadero, que tú acostumbras a decirnos a menudo, de que el aprender no es realmente otra cosa sino recordar, y según éste es necesario que de algún modo nosotros hayamos aprendido en un tiempo anterior aquello de lo que ahora nos acordamos. Y eso es imposible, a menos que 73a nuestra alma haya existido en algún lugar antes de llegar a existir en esta forma humana. De modo que también por ahí parece que el alma es algo inmortal.
-Pero, Cebes –dijo Simmias interrumpiendo-, ¿cuáles son las pruebas de eso? Recuérdamelas. Porque en este momento no me acuerdo demasiado de ellas.
-Se fundan en un argumento espléndido –dijo Cebes-, según el cual al ser interrogados los individuos, si uno los interroga correctamente, ellos declaran todo de acuerdo a lo real. Y, ciertamente, si no se diera en ellos una ciencia existente y un entendimiento correcto, serían incapaces de hacerlo. Luego, si uno los pone frente a los dibujos geométricos o a alguna otra representación similar entonces se demuestra de manera clarísima que así es.
[Sobre la causalitat]
97c Pero oyendo en cierta ocasión a uno que leía de un libro, según dijo, de Anaxágoras, y que afirmaba que es la mente lo que lo ordena todo y es la causa de todo, me sentí muy contento con esa causa y me pareció que de algún modo estaba bien el que la mente fuera la causa de todo, y consideré que, si eso es así, la mente ordenadora lo ordenaría y todo y dispondría cada cosa de la manera que fuera mejor.
[…]
98b Pero de mi estupenda esperanza, amigo mío, salí defraudado, cuando al avanzar y leer veo que el hombre no recurre para nada a la inteligencia ni le atribuye ninguna 98c causalidad en la ordenación de las cosas, sino que aduce como causas aires, éteres, aguas y otras muchas cosas absurdas. Me pareció que había sucedido algo muy parecido a como si uno afirmara que Sócrates hace todo lo que hace con inteligencia, y, luego, al intentar exponer las causas de lo que hago, dijera que ahora estoy aquí sentado por esto, porque mi cuerpo está formado por huesos y tendones, y que mis huesos son sólidos y tienen articulaciones que los separan unos de otros, y los tendones son capaces 98d de contraerse y distenderse, y envuelven los huesos junto con las carnes y la piel que los rodea. Así que al balancearse los huesos en sus propias conyunturas, los nervios al relajarse y tensarse a su modo hacen que yo sea ahora capaz de flexionar mis piernas, y ésa es la razón por la que estoy yo aquí sentado con las piernas dobladas. Y a la vez, respecto de que yo dialogue con vosotros diría otras causas por el estilo, aduciendo sonidos, soplos, voces y otras mil 98e cosas emejantes, descuidando nombrar las causas de verdad: que, una vez que a los atenienses les pareció mejor condenarme a muerte, por eso también a mí me ha parecido mejor estar aquí sentado, y más justo aguardar y soportar la pena que me imponen. Porque, ¡por el perro!, (p. 107) según yo opino, hace tiempo que estos tendones y estos 99a huesos estarían en Mégara o en Boecia, arrastrados por la esperanza de lo mejor, si no hubiera creído que es más justo y más noble soportar la pena que la ciudad ordena, cualquiera que sea, antes que huir y desertar. Pero llamar causas a las cosas de esa clase es demasiado absurdo. Si uno dijera que sin tener cosas semejantes, es decir, tendones y huesos y todo lo demás que tengo, no sería capaz de hacer lo que decido, diría cosas ciertas. Sin embargo, decir que hago lo que hago a causa de ellas, y eso al actuar 99b con inteligencia, y no por la elección de lo mejor, sería un enorme y excesivo abuso de expresión. Pues eso es no ser capaz de distinguir que una cosa es lo que es la causa de las cosas y otra aquello sin lo qual la causa no podría nunca ser causa. A eso me parece que los muchos que andan a tientas como en tinieblas, adoptando un nombre incorrecto, lo denominan como causa. Por este motivo, el uno implantando un torbellino en torno a la tierra hace que así se mantenga la tierra bajo el cielo, en tanto que otro, como a una ancha artesa le pone por debajo como apoyo el aire. En cambio, la facultad para que estas 99c mismas cosas se hallen dispuestas del mejor modo y así (p. 108) estén ahora, ésa ni la investigan ni creen que tenga una fuerza divina, sino que piensan que van a hallar alguna vez un Atlante más poderoso y más inmortal que éste y que lo abarque todo mejor, y no creen para nada que es de verdad el bien y lo debido que cohesiona y mantiene todo. […]
[…]
-Me pareció entonces -dijo él-, después de eso, …
99e Yo reflexioné entonces algo así y sentí temor de quedarme completamente ciego de alma al mirar directamente a las cosas con los ojos e intentar captarlas con todos mis sentidos. Opiné, pues, que era preciso refugiarme en los conceptos para examinar en ellos la verdad real.
100b Voy, entonces, a intentar explicarte el tipo de causa del que me he ocupado, y me encamino de nuevo hacia aquellos asertos tantas veces repetidos, y comienzo a partir de ellos, suponiendo que hay algo que es bello en sí, y lo bueno y lo grande, y todo lo demás de esa clase. Si me concedes y admites que eso existe, espero que te demostraré, a partir de ello, y descubriré la causa de que el alma es inmortal.
[…]
-[…] Me parece, pues, que si hay algo bello al margen de lo bello en sí, no será bello por ningún otro motivo, sino porque participa de aquella belleza. Y por el estilo, eso lo digo de todo. Admites este tipo de causa?
-Lo admito –contestó.
–Por tanto –prosiguió-, ya no admito ni puedo reconocer las otras causas, esas tan sabias. Con que, si 100d alguien afirma que cualquier cosa es bella, o porque tiene un color atractivo o una forma o cualquier cosa de ese estilo, mando a paseo todas las explicaciones […] y me atengo sencilla […]: que no la hace bella ninguna otra cosa, sino la presencia o la comunicación o la presentación en ella en cualquier modo de aquello que es bello en sí. Eso ya no lo preciso con seguridad; pero sí lo de que todas las cosas bellas son bellas 100e por la belleza. […] por lo bello son bellas las cosas bellas.