La transformación de un espacio educativo podría contribuir a mejorar la calidad de la educación porque llegaría a optimizar al máximo todas las áreas del espacio en cuestión haciéndolas más provechosas y útiles para el aprendizaje.
Un espacio educativo puede llegar a ser sinfín de entradas de información, de posibilidades de interacción y en definitiva una lugar con aportación crucial para la educación.