Duelo de Don Quijote y el caballero de los espejos

Tragicomedia breve en dos escenas

Escrita libremente, a partir del clásico de Cervantes, por el licenciado José Antonio López con ayuda de sus alumnos de Sexto de la escuela Montserrat (Esparreguera), y representada por estos con gran donaire y mayor éxito en junio de 2019.                                                                                            

ESCENA 1

Decorado de molinos y caserío manchego. En medio del escenario, en segundo plano, la pared de una casa: es la casa de Dulcinea.

Música de danza renacentista. Narradores y curiosos a ambos lados del escenario, salen al centro cuando hablan y luego se retiran. (Opcional: los personajes aludidos en el relato van representando con mímica los hechos a medida que se narran).

Desciende el volumen de la música y sale

Narrador 1: En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía el hidalgo Alonso Quijano.

Narradora 2: Don Alonso solo tenía un defecto: leía a todas horas libros de aventuras de caballeros andantes.

Curioso 1: Oye, ¿y qué es un caballero andante?

Curiosa 2: Un guerrero que va por el mundo salvando damas y derrotando malvados.

Curioso 1: ¡Ah, como un superhéroe!

Narrador 2: Más o menos, pero sin poderes, solo con una espada.

Narrador 3: Resulta que, de tanto leer esos libros, el pobre acabó enloqueciendo, y llegó a creerse que él era también un caballero. Y decidió llamarse “Don Quijote de la Mancha” y subirse a un caballo a buscar aventuras.

Curioso 3: (barrenándose la sien, al Curioso 4): ¿Lo ves? Ya te dije que eso de leer no es tan bueno como dicen.

Curiosa 4 (sarcástica): ¡Claro, lo tuyo es la tele!

Narradora 4 (resoplando de impaciencia): ¿Les importa que siga con la historia?

Curioso 3: ¡Oiga, sin empujar!

Curiosa 4: ¡Un respeto, que estamos discutiendo! (Se van con fastidio)

Narradora 4: Pues bien, Don Quijote, en su delirio, convenció a un pobre campesino llamado Sancho Panza para que lo acompañara como escudero.

Narrador 5: Luego imaginó que la muchacha que le gustaba era una dama, y le puso el nombre de Dulcinea y juró protegerla de los canallas que la amenazaran…

Curioso 5: ¡Canallas, canallas! Ejem, ¿qué canallas?

Curiosa 6: ¡No te enteras! ¡No hay ningún canalla! ¡Todo es imaginario!

Narradora 6: Bueno, no del todo imaginario. Un conocido suyo, que se llamaba Sansón Carrasco, decidió disfrazarse y desafiarlo a un duelo.

Curioso 5 (alarmado): ¿Para matarlo?

Curiosa 6: No, hombre, para ver si así recuperaba la razón.

Narradora 6: Lo malo es que las cosas no salieron como esperaban…

La misma música. Abandonan el escenario todos los anteriores y entran los personajes de la siguiente escena. Baja el volumen de la música y empieza la

 

ESCENA 2

Don Quijote y Sancho tocan a la puerta de casa de Dulcinea.

Sancho: Señor Don Quijote, esta casa está más vacía que mi estómago. ¿Y si nos vamos a comer y si eso ya volveremos otro día…?

Quijote: Te equivocas, Sancho. En este palacio vive la dama de mis sueños, la gentil Dulcinea.

Sancho (mirando con detalle, escéptico): ¿Esta choza un palacio? Yo lo único que veo es un cerdo y tres gallinas.

Sale Dulcinea, alzándose por encima de la pared, como si saliera al balcón.

Dulcinea: ¿Quién va? ¡Como sea algún gamberro se va a enterar!

Quijote: ¡Oh, mi señora Dulcinea! Aquí tenéis a vuestro servidor, el Caballero de la Triste Figura.

Dulcinea: (Aparte) Este tipo está como una regadera. ¿Qué tonterías está diciendo?

Quijote (arrodillándose): Mi señora, estoy a vuestros pies.

Sancho (mirando hacia donde están los pies de Dulcinea y negando con la cabeza) Mal sitio para estar.

Quijote: Vuestra belleza supera la de las estrellas del cielo.

Dulcinea: ¿Me estás tomando el pelo? ¡Con lo mal que he dormido esta noche, que me llegarán las ojeras al suelo! Además, estoy despeinada.

Sancho (llevando aparte al Quijote): Señor, mejor que nos vayamos, que como tire un ladrillo sí que veremos las estrellas…

Quijote (apartándolo y volviéndose hacia su amada): Y ya nada habéis de temer, porque aquí estoy para defenderos. Yo me enfrentaré por vos…

Sonido de trompetas. Hace su entrada triunfal Sansón Carrasco, disfrazado de Caballero de los Espejos. Da un par de vueltas por el primer plano del escenario, bajo la mirada indignada de Don Quijote y el asombro de Sancho.

Sansón: ¡Apartad todos, si no queréis probar la espada del Caballero de los Espejos, que ha venido a raptar a la señora Dulcinea del Toboso! (Aparte) Un poco más y me tropiezo, ¡qué incómoda es esta armadura! ¡Y da un calor que no se puede respirar!

Sancho: ¿Y este de dónde sale?

Dulcinea: Uf, cuánto loco suelto… Ahí se quedan… (Se esconde tras el muro).

Quijote: ¡Ah, Caballero de los Espejos! Sabía que vendríais, malandrín… ¿Cómo os atrevéis a amenazar a mi graciosa dama? Empuñad la espada, si tenéis valor, porque vais a pagar cara vuestra osadía. (Desenvaina la espada).

Sansón: (Aparte) Ay, madre, que este va en serio. (Sin mucho convencimiento, desenvaina). ¡Vos lo habéis querido, os lo advertí! (Aparte) Nada, que no se acobarda, en mala hora se me ocurrió salir de casa…

Sancho (apartándose): Como esto ni me va ni me viene, yo me voy con el cerdo…

Música de la obertura de Guillermo Tell, de Rossini. Don Quijote se lanza contra Sansón, luchan unos instantes, mandobles por aquí y por allá, Sansón retrocede. Don Quijote, a cámara lenta, acaba atravesándolo con su espada. Sansón se desploma sobre unas mesas.

Sancho: ¡Uy, eso ha tenido que doler! (Al cerdo) No mires, chiquitín.

Sansón: ¡Ay de mí, herido soy! ¡Me caí del caballo por hacer el burro! ¡Ay, ay!

Aparecen los vecinos, entrando uno tras otro, alarmados por el tumulto que se ha armado.

Vecino 1: ¿Qué pasa aquí?

Vecina 2: ¿Qué son esos gritos?

Vecino 3: ¡Pero si es el bachiller Sansón Carrasco, tirado por los suelos!

Vecina 4: ¡Qué roja tiene la sangre!

Vecino 5: ¡Qué blanca tiene la cara!

Vecina 6 (pasando el dedo y mirándolo con asco): ¡Qué sucia tiene la armadura!

Don Quijote envaina la espada y mira a todos con altivez.

Quijote: Ved, nobles señores, cómo se derrota a un bribón.

Sansón: ¡Ay, queridos vecinos! ¡Que este loco me ha atravesado como a un gorrino!

Sancho (al cerdo): Tú no te preocupes, que eso no va por ti.

Vecina 6: Pues sí que parece que te han hecho pupa, sí (le da unos golpecitos en el hombro).

Vecino 1: ¡Caramba, hombre, lo siento mucho! ¡Sí que te has levantado con mal pie, hoy!

Vecino 3: Pero, ¿quién me pagará ahora el alquiler que me debes?

Vecina 2: Y pensar que ayer mismo me ayudó a ordeñar las cabras… ¡No somos nada!

Vecina 4: ¡Pues yo no pienso limpiar este estropicio!

Vecino 5: ¿No le da vergüenza, Don Quijote, a sus años…?

Sansón: ¡Ya me muero! ¡Adiós, mundo cruel! (se muere).

Música fúnebre, por ejemplo un flash del Réquiem de Mozart. La vecina 6 le palpa la muñeca y mira a los otros con expresión cariacontecida.

Vecina 6: Tiene menos pulso que mi abuela Tadea.

Todos rodean al muerto con aire compungido.

Todos:
¡Ay, pobre Sansón Carrasco!
Por vestir de caballero
perdisteis el mundo entero
y acabasteis hecho un asco.

Don Quijote, aunque más viejo
os dio una buena paliza
Caballero del Espejo,
¡vuestro espejo está hecho trizas!

Quijote:
Que todo el mundo lo vea:
lo hice por Dulcinea.

Dulcinea (aparece un momento para hablar):
¡Qué manía, llamarme así!
¿Y todo esto por mí?

Todos: ¡SÍ!

FIN