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La Massa

El pasado domingo, como ya sabréis, en el teatro “La Massa” se hacía un espectáculo para recaudar fondos con el objetivo de abaratar un poquito el viaje de fin de curso a Berlín.

Yo participaba en la función, de hecho era uno de los presentadores, por lo que me tuve que aprender un guión y ensayar todo lo posible para que saliera bien. Aunque yo no voy de viaje acepté ya que el teatro es algo que no me desagrada, la verdad es que subirme a un escenario delante de un público y decir cuatro cosas mola y todo. Ha sido una pequeña pero bonita y diferente experiencia que aun no había vivido hasta ahora. He tenido la oportunidad de ver una función de teatro por dentro, su funcionamiento y su preparación, en vez de verla sencillamente sentado en una butaca de la platea. Se puede ver el trabajo de las personas que siempre “están detrás”, esas que no se ven pero que son las más importantes, se aprecia también los nervios y la tensión de los “actores” y, por supuesto, de esos “que están atrás”. Aunque yo creo que lo mejor de todo es la alegría del final, cuando se baja el telón y todo ha salido bien dentro de lo que cabe y los conocidos espectadores te dicen que les ha gustado, sin pasar por alto esa sensación de que te quedas con ganas de más.

Por último quiero decir, a esas ciertas personas que me han dado las gracias por haber salido a actuar, que ha sido un pequeño placer para mí haber podido disfrutar de un bonito domingo en el teatro.

(Por cierto, ya me podrían haber devuelto el sombrero de paja, que ya viene el verano y me haría falta, aunque estaba lleno de polvo, todo el año sin usar.)

Saúl Lara López de Mota

La importancia de los fracasos

Hoy me veo obligado a escribir, puesto que hace tiempo que no lo hago y tengo ganas de desahogarme un poquito. Lo haré hablando de mí mismo, mejor dicho de la juventud en general, los adolescentes, la edad del pavo… Bajo mi punto de vista, pienso que estoy pasando por la época más mala de la vida de cualquier persona.

Voy a expresarme más concretamente; en mi humilde opinión, creo que los jóvenes somos personas descerebradas (no todos) que nos dejamos influenciar fácilmente por otros que creemos que son superiores a nosotros. Nos creemos más mayores de lo que realmente somos, pensamos que nos vamos a comer el mundo, que somos capaces de todo, pero luego lo que pasa es que las personas que realmente son superiores a nosotros nos manipulan aprovechándose de nuestra inexperiencia. Y posteriormente, vienen una serie de batacazos en forma de fracasos que te pueden dejar medio loco y te abren los ojos de golpe, hacen darte cuenta que siempre tenemos cosas que mejorar y que siempre vamos a tener a alguien encima nuestro del que podemos aprender mucho.

No solamente digo que pueda suceder en la vida en general, creo que puede pasar en situaciones más concretas como cualquier deporte, como a mi me está pasando en el fútbol. Pienso que en este mundillo he tenido una gran cantidad de éxitos y triunfos deportivos, pero creo que los pocos fracasos que he tenido han sido más importantes y decisivos que los éxitos. Esto junto a otros pequeños detalles van a ser causa del final de mi pequeña pero intensa carrera futbolística dentro de pocos años.

Concluyendo mi escrito, voy a decir que haría cualquier cosa por volver a mis cinco añitos, ya que viendo a mis “pequeños” del equipo de fútbol que dirijo, formado por críos de 4 o 5 años, pienso que es la mejor edad, y así volver a empezar de nuevo.

Saúl Lara LópezdeMota

El sentimiento garrapatero que nos traen las flores

Me decido a escribir sobre ellos, Los Delinqüentes, un grupito musical compuesto por unos cuantos individuos muy locos capaces de transmitir de todo a través de guitarras de palo y letras callejeras.

Todo comenzó un soleado día de enero del 1998, dos muchachos de entre 14 y 15 años conocidos como ”Er Migue” (Migue Benítez) y ”Er Canijo” (Marcos del Ojo) , se conocieron en un instituto de Jerez de la Frontera donde recibían clases de guitarra. Marcos, al ver que Migue llevaba una camiseta del grupo andaluz ”Triana”, mantuvieron una conversación donde descubrieron que compartían gustos musicales: The Beatles, Pata Negra, Camarón y Kiko Veneno; surgió la amistad y un nuevo grupo de música.

Esta agradable gente creó su propio estilo, el estilo garrapatero, capaz de tocar flamenco, rumba, flamenco-rock, o ”blues aflamencado”, gracias a la llegada de Diego Pozo, el ”Ratón”.

Desgraciadamente, en julio de 2004 murió el cantante del grupo, con su voz ronca, ”Migue”, a sus corta edad de 21 años a causa de un paro cardíaco, vinculado a su problema de adicción a las drogas. Hecho que marcó un antes y un después en la historia de estos chicos.

Son gente capaz de alegrarte el día a través de su música, de hacerte disfrutar ratitos de tu vida, expresar sentimientos callejeros con solamente unas palmas, una guitarra y, por supuesto, que siempre con una sonrisa de oreja a oreja, la mayoría de veces fruto de la imaginación y la improvisación.

“¡Que no decaiga nuestra generación, la generación garrapatera!”

Saúl Lara López de Mota.

 

Campoterapia

Cuando llega la mañana de resaca uno suele dormir hasta el mediodía o, en el caso de algún salvaje, hasta las cinco o las seis de la tarde. Naturalmente este no es mi caso, si son más de las diez no puedo seguir metido entre las sábanas por muy tarde que me haya acostado.

Aprovecho la mañana para salir a pasear con mi madre para estirar un poco las piernas, las tengo hechas polvo. La verdad es que el partido de ayer en el fútbol fue muy duro, hasta le partí los morros a un mozo y le tuvieron que poner puntos, pero sin querer, está claro!

Esta vez quiero hablar del pueblo de mis padres, algo que echo mucho de menos. Los paseos por los campos llanos de “La Mancha” recorriendo los caminos de tierra entre las muchas hectáreas de viñas con la uva madura y hermosa, el olor del aire fresco, el solecito que uno se merece, la hierba y los bichos crecer, los chapuzones en la alberca de día y de noche, la familia, el clima seco, las tapitas de los mediodías, las cogorzas de vino por las tardes en la plaza de toros: en las corridas o en las vaquillas, los botellones de los viernes en “el Carmen”, entre otras cosas.

Pienso que quizás ese sea mi lugar, donde desconecto del mundo, donde no necesito ni siquiera amigos, sino la familia.

Saúl Lara

Deja el mundo correr

No hay mejor sitio que la casa de la abuela para realizar mi primera redacción de este nuevo curso escolar. Aquí estoy, a su lado, sentados en el sofá, respirando el aire fresco de otoño que entra por el ventanal del balcón, escuchando el silencio y sintiendo la calma que domina en el comedor.

Desgraciadamente, ella no se percata de que mi escrito trata principalmente de ella, ni mi madre, sentada a un par de metros de mí. Vigilo sus movimientos atentamente para que no vea estas frases. Mientras a ella misma le cuento mis recientes problemas en el tema del fútbol con cierta preocupación. Entonces interrumpe mi abuela en la conversación entre mi madre y yo, cogiéndome del brazo, con su acento manchego que sigue conservando: “¡Arrea!… Deja el mundo correr.” Este es uno de los mejores consejos que me han dado nunca.

Naturalmente es un simple consejo, pero realmente a mi me ha hecho gracia, me ha hecho sonreír hoy, ya que las cosas que dice no tienen sentido, casi nunca. ¡Jodido Alzheimer eh! Cuantos hijos y nietos estarán en este mismo caso o parecido… Ojalá pudiera disfrutar de un verano con ella en su humilde y querido pueblo de gañanes que tanto ama, al igual que yo lo camelo. Es algo que uno desea sabiendo que es imposible. Si hay algo a lo que temo es la vejez. Si tuviera por un momento el tiempo en mis manos..

Si algo les tuviera que decir a las personas que están en una situación parecida a la mía, que no sufran ahora, que ya tendrán tiempo de hacerlo.

Saúl Lara López de Mota