Category Archives: Sandra Muñoz

Un día de lluvia

Miras al cielo y está negro. No se ve el color azul, no se ve el sol, todo está totalmente tapado por una capa horrible de nubes. Parece que va a llover. Ves como cae un gota fría de agua en el tejado del vecino. Piensas que has de cerrar todas las ventanas para que el agua no entre, pero no puedes, la lluvia ya te ha atrapado. Esa cantidad de gotas cayendo sin parar, dejándolo todo mojado, borrando todo rastro del pasado… la lluvia se lo lleva todo, incluso tu mente, te la hace dejar en blanco.

“Lo único que me gusta de la lluvia son las mañanas siguientes, cuando todo está perfecto”

Odio la lluvia, siempre la he odiado. Odio el ruido que provocan las gotas cuando caen en el techo prefabricado de plástico de la vecina a las tantas de la madrugada. Parece que estén cayendo bombas y me pone de los nervios. Odio, también, el ruido de los platos decorativos, que con una mínima ráfaga de viento despiertan a todo el mundo.

Pero al día siguiente, cuando te levantas y el cielo está más bonito que nunca, de un color azul turquesa que te pasarías horas mirando, todo ha dejado de ser horrible. La lluvia se ha transformado en un día fantástico. Lo único que me gusta de la lluvia son las mañanas siguientes, cuando todo está perfecto.

Sandra

Soñar

Me encanta soñar. Cada mañana, al despertarme, intento recordar ese sueño. Soy una persona que sueña mucho y que normalmente se acuerda de todo ese mundo fantasioso al que te trasporta la noche. Pesadillas tengo pocas, pero las que tengo, las intento olvidar.

Un mundo sin padres o sin normas, un mundo totalmente perfecto, el pasado o el futuro, una realidad, una fantasía, algo sin sentido, algo horrible, algo precioso, una muerte, un nacimiento… tantas cosas son las que he soñado, tantos sueños son los que perduran en mi mente, sueños que se me quedaran grabados para siempre.

Soñar con alguien que ya no está entre nosotros es maravilloso, porque a la mañana siguiente tienes la sensación de que has pasado un día más con esa persona a la que tanto echas de menos.

¿Que sería un mundo sin sueños? Nada.

Sandra

Es único

Si lo tuviera que definir con una sola palabra, esa sería “único”. Es una persona seria, un poco borde (como yo), pero al mismo tiempo cuando necesitas un abrazo te lo da sin pensárselo dos veces. No tiene ningún problema en decirte las cosas a la cara, te las dice sin tapujos. Esa persona tan especial es mi padre. Puede que no sea el hombre más amable del mundo, pero yo le quiero, y le quiero por eso, porque es eso lo que le hace ser el mejor padre del mundo.

Tenemos muchas cosas en común y muchas cosas que no nos gustan del otro. Un ejemplo claro es lo mucho que odio la música que él escucha. Es una música oscura, sin ritmo y, sinceramente, parece que estén gritando y no cantando. Lo que probablemente nos una más es nuestra afición a las carreras de motos. Cada domingo nos sentamos los dos en el sofá a verlas. A los dos nos gustan y odiamos los mismos pilotos y por eso estamos totalmente de acuerdo en que Marc Marquez es un grandísimo piloto. Los dos sufrimos también por las caídas de los corredores, y echamos mucho de menos a ese inmejorable piloto que murió hace muy poco, Marco Simoncelli.

Mi padre es genial. Podría estar diciendo cosas buenas de él todo el día, como también podría estar diciendo cosas malas, pero es esa unión de las cosas buenas con las malas lo que le hace tan especial, tan grande y tan buen padre.

Sandra

Díselo

Se levanta y piensa en una excusa, una excusa para decirle a su madre y poder quedarse en casa. Finge que le duele la cabeza y que no se encuentra bien para ir al colegio. Su madre piensa que es mentira, lleva demasiados días diciendo que se encuentra mal. Le dice que se tome una pastilla y que vaya hacia el colegio enseguida.

Es la hora. Tiene que ir a ese sitio donde nadie le aprecia, todos le insultan y le pegan. Está a punto de pisar el infierno, el infierno de la humillación. Intenta llegar tarde para sufrir lo menos posible. Está harto, piensa que no ha hecho nada para merecer todo lo que esos niños le hacen. Tiene miedo, miedo de decirle a alguien lo que le pasa, no quiere que por eso, por defenderse, le hagan más daño. Se siente tan dolido, tan triste, tan humillado, que incluso piensa que su vida no tiene sentido, piensa que no sirve para nada, que molesta, que no quiere seguir viviendo.

Si te sientes o te has sentido alguna vez así, no lo escondas, díselo a tus padres, a tus profesores, defiéndete. Luchemos contra el bullying.

Sandra

Le echo de menos

Hace unos cinco años que no le veo. No me hace reír, no observo su sonrisa perfecta que en cualquier momento te hacía sonreír, tampoco me hace uno de sus regalos tan originales, ni me dibuja esos pollitos tan divertidos en las libretas, que cada vez que los hacía una sonrisa pícara surgía en mi cara.

Mi abuelo, esa persona que tanto quería, sigo queriendo y recuerdo en mi mente. Era un hombre bastante grande, de piel blanca como la harina y un número incontable de pecas en la nariz. Era muy alegre, no aparentaba la edad que tenía y siempre había sido un hombre muy libre. Nunca le había gustado que le dieran las cosas hechas, siempre lo quería hacer él.

Su muerte fue muy inesperada. Mi abuelo estaba en el hospital, ya que el viernes le había dado una embolia. El domingo por la mañana los médicos nos dijeron que se estaba recuperando perfectamente y que esa misma tarde podían trasladarle al hospital de su pueblo. Mi madre estaba allí con él y mi padre, mi hermana y yo, le fuimos a visitar. Unos minutos después de entrar en esa sala blanca y fría, él empezó a tambalearse en la cama, le estaba dando otra embolia. Recuerdo el momento como si fuera ayer. Su cuerpo se desplomó en la cama. Todo había cambiado. Mi abuelo ya no estaba. Lágrimas y lágrimas cayeron de mis ojos.

Siempre le recordaré sentado en su butaca, fumando esa pipa de madera de roble.

Sandra

Días rojos

¿Conoce usted esos días en los que se ve todo de color rojo?

– ¿Color rojo? Querrá decir negro.

– No, se puede tener un día negro porque una engorda o porque ha llovido demasiado, estás triste y nada más. Pero los días rojos son terribles, de repente se tiene miedo y no se sabe por qué.

(Breakfast at Tiffany’s)

Tengo días rojos con muchísima frecuencia. A veces, cuando estoy intentando dormir, siento una presión, una sensación aterradora que me oprime el pecho y me impide relajar la mente. No sé por qué tengo esa sensación y tampoco tengo la esperanza de que alguien lo sepa. Creo que eso me ocurre por un hecho importante que me ha pasado durante el día y al que no he prestado atención hasta el momento de estirarme en la cama.

También se siente miedo en algunas tardes en las que estás estirada en el sofá completamente sola. Una sensación de incertidumbre hace que empieces a pensar qué estará haciendo tu hermana o tu padre. ¿Estarán bien?, ¿Habrá pasado algo?, ¿Por qué llegan tan tarde a casa?, ¿Por qué no les he acompañado? Preguntas sin respuesta que te vienen a la cabeza sin motivo. Luego los llamas y les preguntas como están, ellos te responden que bien y tú en ese momento te quedas mucho más tranquila.

Supongo que todo el mundo tiene sus propios días rojos, ya que cada uno tiene diferentes miedos e incertidumbres. ¿Os imagináis un mundo sin días rojos? Resulta difícil, siempre hemos vivido con ellos y hemos acabado por acostumbrarnos.

Sandra

Solo se vive una vez

La Marihuana, como muchos sabréis, es una una planta. Sus hojas se extraen y se fuman como tabaco. Como muchas drogas, es ilegal, y el hecho de consumirla puede producir trastornos mentales y físicos. Hace aproximadamente un mes, una de mis amigas fumó Marihuana y estuvo al borde de la muerte.

Era un viernes normal y quedamos con varias amigas para dar una vuelta. Nos quedamos a cenar en un bar y cuando acabamos, dos de ellas decidieron fumar María. Yo ya había dicho que no me gustaba mucho la idea y que no me parecía bien que fumaran en medio de la calle, pero ellas insistieron, yo estaba muy nerviosa por si alguien las pillaba.

No puedo respirar…” esas fueron las últimas palabras que dijo antes de echarse al suelo. Gesticulaba mucho, diciendo que no podía respirar, que le costaba y que sentía un fuerte dolor en el pecho, luego, se estiró en el suelo y perdió el conocimiento. Yo estaba muy asustada, incluso derramé alguna lágrima. Finalmente, la madre de una de las chicas llamó y vino a ayudarnos. Por suerte, ella ya empezaba a encontrarse mejor.

Esta experiencia me ha hecho reflexionar sobre lo malo que es drogarse y todo lo que puede pasarte si lo haces. Sin duda, tenemos que ir con cuidado con esos temas. Solo se vive una vez y hay que disfrutar al máximo, pues nunca sabes cuando puede llegarte la hora.

Sandra

Ella ho és tot

No puc amb ella, és insuportable, cridanera, pesada i massa tafanera. Però al mateix temps, fa que somrigui cada dia.
Sempre ens estem barallant, ens pessiguem, ens donem cops, ens estirem dels cabells… Però hi ha moments, moments de petons i abraçades que no canviaria per res del món.

Em refereixo, clarament, a la meva germana petita. Quan els meus pares em van dir que naixeria la Laura, jo no m’ho podia creure. Em sentia gelosa, ja no seria la nena de la casa, no seria el centre d’atenció. Em sentia impotent, no m’havia fet a la idea de tenir un germà, un altre persona a taula, uns altres peus rondant per casa. Els meus pares em van dir que seria una nena. Una nena, una nena com jo! Vaig pensar somrient. Una nena amb qui poder jugar a nines i mirar pelis de dibuixos.

Va néixer un dissabte, plovia. Jo i el meu pare estàvem molt nerviosos, van ser moltes hores de part. Per fi, va arribar.
Vaig entrar a casa i vaig parar en sec. Estava al sofà, una careta arrugada mirava sota els llençols. Vaig estirar la samarreta del meu pare i vaig preguntar-li: Què fa? Ell va somriure. “T’està mirant… t’estima” va dir. Llavors vaig entrar en raó, vaig saber que jo també l’estimaria i que sempre la tindria al meu costat.

L’estimo, estimo a la meva germana.

Sandra