Hace tres años largos que voy a este instituto. Vivo en Vilassar de Dalt desde que nací así que, supongo que por comodidad, mis padres decidieron que mi hermano y yo iríamos al Jaume Almera.
En mi opinión, es un buen instituto en todos los aspectos. Muchos alumnos repartidos en seis cursos, la mayoría entre los doce y los dieciocho años, edades catalogadas como “la adolescencia”, donde, supuestamente, los jóvenes están en la época de experimentar, de no saber siempre lo que quieren, de cambiar de humor continuamente, de enfrentarse a sus autoridades y todas esas cosas que siempre se dicen. Cosas inevitables, que pasan en todas las generaciones que llegan a estas edades y cosas que todas las personas experimentarán, están experimentando o han experimentado. Incluso las personas que ahora tienen la responsabilidad de cuidar de nosotros y aguantarnos, en algún momento de su vida han sufrido o han disfrutado esta época, así que alguien, en su tiempo, también tuvo que hacer el esfuerzo de entenderlos y convivir con ellos, pese los problemas que pudieran causar.
Con esto quiero decir que, por ese mismo motivo, y aunque acepto y me puedo imaginar lo difícil que puede ser en algunas ocasiones, por ejemplo, aguantarme a mí, estas personas, ahora responsables, deberían ser conscientes de con quién están tratando. Ellos han elegido tener esta responsabilidad, con sus pros y sus contras; los padres han elegido tener un hijo sabiendo que algún día tendrá quince años, los educadores han elegido ganarse la vida sabiendo que sus clientes serán niños o jóvenes etc.
Durante toda mi vida he oído un millón de veces a adultos hablarme sobre la “empatía” y enseñándome a asumir las consecuencias de todas mis decisiones pero, sinceramente y valorando y admirando a todos los que si fueron capaces, dudo mucho que todas las personas que eligieron invertir su tiempo en adolescentes hayan sido siempre conscientes de con qué clase de personas trataban y dudo que siempre hayan intentado ponerse en nuestro lugar.
Paula