“MIS MEJORES RECUERDOS “ per Maria Hernandez Hernandez
Cuando me pongo a pensar tengo tantos recuerdos, como el día que dejamos mi pueblo y tan solo tenía 12 años. Nunca olvidaré como vino la gente a despedirnos, se que cuando me despedí de mi tíos Tomás y Clemente, el corazón se me paró de tener que dejarlos, pues ellos eran los abuelos que no conocimos y a los que les teníamos un gran cariño. A mí y a mis hermanos más pequeños nos subieron en dos burros y nos trasladamos con toda mi familia a la estación de Baños de Montemayor que era el pueblo más cerca de la Garganta con estación de tren.
Recuerdo que era de noche y hacía mucho frío y mis padres nos arropaban como podían, se que a mí me pusieron una manta por encima. Mi hermano Juanito sólo tenía dos años, Antonio cuatro y Rafa seis, mis otros hermanos estaban en edad de trabajar.Vinimos en tren, los asientos eran de madera y por las ventanas entraba el humo del carbón, las maletas era de cartón. En los años cincuenta y seis, que fue cuando vinimos, no había gente extranjera emigrante, éramos los mismos españoles que cambiábamos de provincia para poder trabajar.
Nosotros vinimos a la Colonia de Rosselló por el párroco Manuel, que era un gran amigo de mis tíos Antolin Mojada y Gregoria Hernández y su hijo Rafael que tenía el corazón de oro como sus padres. Ellos nos acogieron en su casa, con mucho cariño, pues todos ellos, junto con Maria, mujer de Rafael y que no era de nuestra sangre, pues si mis tíos nos lo daba con una mano, ella con las dos, chapo por ella, no lo olvidaremos. Llegamos a Lérida el día 22 de Diciembre de 1956, en la estación ya nos esperaba mi primo Rafael con una furgoneta de madera y después de estar en su casa unos días a primeros de año, nos vinimos a la Colonia de Rosselló. No hace falta que diga la añoranza que teníamos de nuestro pueblo La Garganta, un pueblo pequeño que está en la provincia de Cáceres, tocando con Bejar, más cerca de Salamanca que de Cáceres. En La garganta dejamos nuestra casa y la tierra que teníamos que era la herencia que mi padre recibió de mi abuela Maria, su madre. Una vez enla Colonia, a primeros del años cincuenta y siete, empezaron a trabajar en la fábrica mis hermanas Consuelo y Pili, junto con mi madre. Mis hermanos pequeños y yo, fuimos a la escuela.
Cuando empezamos en la escuela, estaba de maestra la Sra. Margarita, una maestra que nos enseñaba de todo, a coser, a hacer bolillo, era una gran maestra, luego se retiró, y vino otra que se llamaba Mercè, que también la quisimos mucho. Recuerdo que cuando íbamos a la escuela pasábamos por la “porteta” y en la hora del patio jugábamos en el frontón. Al salir de la clase, con la Remei nos íbamos a aprender a nadar las dos solas, como de traje de baño no teníamos, nos poníamos un vestido viejo y nos íbamos a la acequia, otras veces a su huerto a comer cerezas o higos. Remei fue la amiga que más quise, junto con Tomasita otra gran amiga que dejé en La Garganta. Si cuando vinimos aun lloraba mi pueblo, ahora si me voy, añoro Rosselló, pues en donde nací soy forastera, mi pueblo es la Colonia, aquí hemos vivido muchos años, mis padres están enterrados aquí. Aquí nos casamos y nacieron nuestros hijos, y también bautizamos a nuestra hija en la Colonia, entonces teníamos al “ mosen “ Murillo que fue quien nos casó y el primero en tener televisión. La ponía en la puerta de las Casas Nuevas y todos acudíamos a ver la tele con la silla en la mano.
Hay tanto para recordar y tantos qua ya no están pero que nos han dejado un gran recuerdo, como
la Remei i la Carmina, queridas por todos, el Galán nuestro médico particular al que mi padre le tenía un gran aprecio.La LLuisa de Tragó que echaba una mano a todo el mundo, la Paca buena entre las buenas , el Jordi, una persona especial que siempre estaba a punto de hacer una caracolada en la calle y su mujer la Mercè , los dos queridos como buena gente que eran igual que la padrina del Rall, la Tereseta ella y la Visa , o más bien la Narcisa, que eran los padrinos de todos. Como tampoco olvidamos de la Remei i el Miquelet , a los que me gustaba escucharles hablar por su inteligencia y sabiduría, así salieron sus hijos Remei, Juanito y José que son buenos como los padres. No podemos olvidarnos de nuestros queridos vecinos los Peron , los Fernandez, la Nuri , el Canari y la Irene, los Silas, el Juanito y la Maria, el siempre tan peinado y ella muy trabajadora. Los Taranta, la Claudia , los de Corbins, los Portomeus , toda esta gente vivió en la calle Cuartel , igual que el Jordi y la Mercè.
Entre los que aquí estaban y los que vinimos de otras provincias de España formamos una gran familia. Mis padres Juan Hernández y mi madre Teodora Hernández hicieron de la Colonia su pueblo, pues aunque en un principio lo pasaran mal puesto que se ganaba muy poco y era preciso comprarlo todo. Mi padre quería volver a su pueblo, pues veía que no tenía para mantener a sus seis hijos. Un día se sintió tan apesadumbrado que se puso a llorar, cuando vivía de lo que producía la tierra de comida no nos faltaba. Ahora el dinero del trabajo apenas llegaba, suerte que a final de mes se cobraban los puntos y esta ayuda hizo que nos quedásemos aquí, pues falto poco para volver a nuestra tierra.Cada mañana se madrugaba para ir a trabajar pues nos levantábamos a la cuatro y media. Yo ya trabajaba también, nos llamábamos las vecinas unas a otras. Primero tocaba la sirena una vez y a la segunda vez, corríamos hacia la fabrica. En aquellos tiempos se ganaba a la semana ciento veinticinco pesetas. Los domingos, si podíamos, íbamos al cine del Carrillo y la entrada valía siete u ocho pesetas.Al salir por la noche el único que iba en coche era el Sr. Guasch , que era el director de la fabrica, despertaba nuestra envidia al tener que ir andando con el frío que hacia y con lo mal abrigados que íbamos, pero éramos felices con lo poco que teníamos. Durante el trayecto del pueblo a
la Colonia, los novios más de un beso nos dimos, pues eran unos besos robados, no como ahora que se los dan delante de todo el mundo y no tienen porque esconderse.
En la Colonia tenemos nuestros mejores recuerdos de juventud y que nunca olvidaremos y aunque allí ya no vivamos, cuando nos vemos el saludo es más que de amigos, pues todos éramos una gran familia. Para que esto no caiga en el baúl de los recuerdos es preciso que quede constancia escrita para que nuestros hijos y nietos y las raíces que vengan detrás una día puedan leer y sepan como fue nuestra vida en la Colonia, pues no teníamos nada y con poco nos conformábamos. No puedo acabar sin desearos a todos que allí vivimos que tengamos mucha salud y que nos continuemos viendo muchos años y el día que no estemos , nuestra familias tengan testimonio de nuestra vida en la querida Colonia de Al-Kanís. MARIA HERNANDEZ HERNANDEZ