Perdóname, Mario, anda, te lo pido de rodillas
Reflexiones previas
Detalladamente, recogiendo datos que ha ido diseminando en anteriores fragmentos, con una precisión casi documental, con innegable fascinación erótica, Carmen cuenta cómo se desarrolló su segundo encuentro en el Tiburón de Paco. Atontada, anestesiada, hipnotizada, sonámbula son los adjetivos con los que ella quiere explicar su estado durante unos minutos que parecieron desmontar toda una vida de rígidos principios morales y de represión.
Las tres páginas finales desvelan el porqué de todo el monólogo de Carmen, por qué quiere hablarle a su marido, cuál es el imposible objetivo final que persigue; en ese segmento final Carmen se desmorona, se derrumba, aflorando cuáles son sus verdaderos sentimientos.
