El mundo necesita autoridad y mano dura.
Reflexiones previas
Carmen no tiene más que estudios elementales y esa realidad la hace experimentar un sentimiento de inferioridad frente a su marido -que parece considerarla intelectualmente inferior- y a sus hijos mayores, que han cursado el bachillerato. Los nuevos tiempos abruman a Carmen; no entiende que las cosas cambien y la llegada de los turistas -y las turistas- con sus nuevas costumbres y modas le parece una amenaza a su manera de ver el mundo. Ciertamente, el fenómeno del turismo supuso, además de una importante inyección económica para el país, la irrupción de una Europa moderna y próspera que deslumbró a la sociedad española, anclada en hábitos y costumbres decimonónicas.
Carmen, en el fondo, tiene miedo al cambio, y por eso puede defender instituciones como la Inquisición, que cortaba de raíz cualquier desviación de la doctrina más ortodoxa. El hecho de que Mario, en sus clases, critique la Inquisición -y que por ello sea denunciado ante el director por un alumno- le parece incomprensible.
La incapacidad de Carmen para entender que el mundo está cambiando es tan intensa que puede llegar a creer cosas tan disparatas como que el hecho de que las criadas vayan al cine y a los restaurantes como lo hacen las señoras sea una señal del fin del mundo. Un tebeo de la época, Petra, criada para todo, obra de Josep Escobar, el creador de Zipi y Zape, reflejaba estos conflictos entre señoras y criadas.
