Arxiu d'etiquetes: refugiats climàtics

La protecció de l’exili per raons climàtiques: refugiats o immigrants?

Les migracions climàtiques són una peça més en el dòmino de l’desplaçament forçós i la crisi de el dret a l’asil.

https://www.elsaltodiario.com/refugiados/proteccion-exilio-razones-climaticas-migrantes

Yakuba Sesay llegó a España el 12 de noviembre de 2020 y ahora vive en el barrio de Sant Andreu en Barcelona. Forma parte del grupo minoritario de personas refugiadas que buscan protección tan lejos de su país de origen, Sierra Leona. El suyo también es un caso excepcional porque él mismo identifica la causa climática como el detonante de su desplazamiento y una de las múltiples razones por las que actualmente reside en España, pero no la única, ya que desde el que fuera su primer movimiento ha atravesado conflictos económicos, políticos, religiosos… Un dominó de factores de riesgo cada vez más frecuentemente acelerado por la crisis climática y ambiental. Su historia personal de migración forzosa empieza un lluvioso día de agosto, a las afueras de Freetown. Continua la lectura de La protecció de l’exili per raons climàtiques: refugiats o immigrants?

Els refugiats climàtics són víctimes de la inacció política

El president de la Comissió Catalana d’Ajuda aRefugiat ha publicat el llibre Refugiats Climàtics (Raig verd), on reclama una gestió internacional de les migracions i posar límits a les grans corporacions per revertir l’emergència climàtica.

https://www.publico.es/ciencias/refugiados-climaticos-son-victimas-inaccion.html

La pandemia del coronavirus es visible y sus consecuencias han afectado de pleno a nuestra cotidianidad. Ahora bien, hay otras amenazas que, por el hecho de no verlas en nuestra casa, o por no quererlas ver, las hemos dejado en segundo plano. Así lo expone el presidente de la Comissió Catalana d’Ajuda al Refugiat (CCAR), Miguel Pajares, que publica el libro Refugiats Climàtics (Raig verd).

Señala que temporales como Filomena son un síntoma más del calentamiento global. Después de años con experiencia con el derecho de asilo y refugio, Pajares insiste en que la emergencia climática no ha marchado ni lo hará si no se toman acciones contundentes, y advierte que ya hay personas que empiezan a estar afectadas por este fenómeno: los migrantes climáticos.

El presidente de la CCAR los define como personas que migran principalmente, a pesar de que no tiene que ser necesariamente el único motivo, porque les ha desaparecido el hábitat –generalmente rural– donde vivían. “Por las sequías, la persistencia de lluvias cada vez más torrenciales y extemporáneas que destrozan los cultivos… hay un momento en el que tienen que marchar porque se están quedando sin hábitat”, relata.

“Hay un momento el en que tienen que marchar porque se están quedando sin hábitat”

Ahora bien, contra el discurso “de la invasión migratoria” que defienden los partidos de extrema derecha, Pajares remarca que la mayoría de personas se desplazan a ciudades de su propio país. “Por cada persona que emigra ahora en el mundo, hay diez que dejan las zonas rurales y se van a los suburbios de las grandes ciudades”, puntualiza.

¿Por qué refugiados climáticos?

El término que defiende Pajares viene de una reflexión política: su emigración es fruto de los impactos de la emergencia climática, y estos están provocados por la inacción climática de los gobiernos, mayoritariamente de los países ricos. De hecho, “gran parte de la población más vulnerable al cambio climático casi no ha contribuido a las emisiones del efecto invernadero”, según denuncia el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

Los gobiernos hace 30 años que hacen pactos climáticos pero los incumplen. Los migrantes climáticos son víctimas de la inacción política y esto los hace merecedores de la protección internacional”, denuncia.

¿Pero cómo se respetarán los derechos de los refugiados climáticos, si ya no se respetan los de los refugiados contemplados en la convención de Ginebra? De hecho, y precisamente por eso, Pajares no apuesta por una reforma de la convención de Ginebra sobre refugiados para incluir a los climáticos, puesto que actualmente hay “demasiados gobiernos antiinmigración” y la reforma podría suponer una regresión de derechos.

Para el doctor en antropología social, la condición de refugiado para los migrantes climáticos se tiene que definir en las conferencias como las de la convención marco sobre el cambio climático de Naciones Unidas.

Tal como detalla Pajares, actualmente la mayoría de desplazamientos son internos: en el Sahel (África Occidental) los países más castigados son Mali o Burkina Faso, donde ha emigrado el 7% de la población, mientras que del resto de los países de África Occidental, los costeros principalmente, solo ha emigrado el 2%.

“No sabemos si parte de la migración que recibimos en Europa ha huido de los impactos climáticos”

Los habitantes del interior del Sahel van a las ciudades costeras, hecho que también pasa en la África Oriental. “Hay emigración climática, pero es emigración de corta distancia. No sabemos si parte de la migración que recibimos en Europa ha huido de los impactos climáticos porque en el Norte de África, Marruecos y Argelia la pérdida de terrenos de cultivo también está muy acelerada por el calentamiento global“, reivindica.

Ahora bien, Pajares calcula que más adelante empezaremos a recibir refugiados climáticos que provendrán principalmente de las ciudades costeras, que son las que están recibiendo ahora las migraciones climáticas de su zona y que llegará un momento en el que tendrán que expulsar población.

Uno de los factores de su migración será el calor, que será insoportable en determinados meses del año; otro será la falta de agua potable; y por último, la subida del nivel del mar, que expulsará mucha gente de todas las zonas urbanas que se consideran inundables en las costas tropicales. “Será entonces cuando en el norte recibiremos mayores migraciones climáticas”, anuncia.

A pesar de que no hay un cálculo preciso, Pajares estima que de aquí a cuatro décadas podría haber entre 175 y 300 millones de migrantes climáticos. “Esto supondrá que se habrá doblado la población migrante a escala mundial, dato que podemos gestionar, pero con mejores políticas migratorias”, puntualiza.

Es por eso que el presidente de la CCAR considera urgente cambiar las políticas migratorias de los países ricos y apostar para hacer una gestión internacional de las migraciones. “Solo el 16% de los refugiados están en países ricos, el resto están en países pobres y allí no bloquean las fronteras como hacemos nosotros, ni dedican tantos recursos a políticas fronterizas”, apunta.

“Si no lo cambiamos, acabaremos matando y disparando contra las barcas a las personas que huyen de sus países”

Por muchas organizaciones que velen por los derechos humanos, los gobiernos son los que deciden, bloquean las fronteras, y las instituciones internacionales no pueden hacer nada. Esto hay que revertirlo antes de que las migraciones sean más masivas, sino la solución será cruelmente deshumanizadora: “Si no lo cambiamos, acabaremos matando y disparando contra las barcas a las personas que huyen de sus países”, lamenta.

La trampa de las grandes corporaciones

El autor subraya que la lucha de la emergencia climática no prosperará si las políticas públicas no se refuerzan ante el mercado y las grandes corporaciones. Desde medios del 2019, Pajares ha observado dos fenómenos: cada vez hay más gobiernos manifestándose para tener mejores políticas climáticas, pero también las multinacionales han declarado sus compromisos climáticos. “Incluso las petroleras, después de haberse gastado ingentes cantidades de dinero en negar el cambio climático”, comenta irónico.

Lo que están intentando es que los gobiernos no les impongan las políticas climáticas. No nos tenemos que fiar de las grandes corporaciones”, alerta. Es por eso que insiste en desarrollar políticas públicas fuertes, así como la energía en las comunidades locales, y en poner límites a las grandes corporaciones y forzar que los combustibles fósiles se reduzcan inmediatamente.

La brecha de género

“Las mujeres (…) son las que sostienen los grupos familiares, y son las últimas en abandonar el barco”

Varias organizaciones, entre ellas Naciones Unidas, demuestran que la brecha de género es evidente en las consecuencias de la emergencia climática. “Las mujeres son las más vinculadas a la tierra, porque también son las más próximas al núcleo familiar. Son las que sostienen los grupos familiares, y son las últimas en abandonar el barco”, relata Pajares. Esto provoca que las mujeres estén más tiempo en los hábitats que se están degradando, lo que incrementa el trabajo al que se ven sometidas.

A medida que los hábitats se degradan, el trabajo de sostenibilidad es más grande: la distancia para ir a buscar agua puede ser más larga, y esto hace que muchas niñas abandonen las escuelas precisamente para sumarse en estos trabajos que cada vez reclaman más esfuerzos. Y, cuando finalmente se produce este movimiento migratorio, son las mujeres las que cargan con el grupo familiar y las que lo hacen en peores condiciones. Además, cuando los desplazamientos son por fenómenos repentinos –inundación, huracán–, las mujeres también sufren violencia sexual.

El clima mundial molt malalt. Encara que res és nou, cada dia és més preocupant

La seguretat alimentària es veurà cada vegada més afectada pel canvi climàtic futur a través de la disminució del rendiment agrícola, especialment en els tròpics, amb l’augment dels preus, la reducció de la qualitat dels nutrients i les interrupcions de la cadena de subministrament

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=259219&titular=aunque-nada-es-nuevo-cada-d%EDa-es-m%E1s-preocupante- Continua la lectura de El clima mundial molt malalt. Encara que res és nou, cada dia és més preocupant

En 2050 podria haver fins a 140 milions de migrants pel canvi climàtic

Milions de persones  es desplacen actualment dins dels seus països per motius econòmics, socials, polítics o d’una altra índole. És un problema mundial, però no s’acaba aquí.En un nou informe del Grup Banc Mundial es conclou que per a l’any 2050 els impactes cada vegada més grans del canvi climàtic en tres regions densament poblades del món podrien provocar el desplaçament de més de 140 milions de persones dins dels seus respectius països, el que portaria aparellada una imminent crisi humanitària i suposaria una amenaça per a procés de desenvolupament.

http://www.lavanguardia.com/internacional/20180320/441703771985/banco-mundial-140-millones-migrantes-cambio-climatico-2050.html

Para 2050, América Latina podría tener hasta 17 millones de migrantes por motivos climáticos que deberán desplazarse ante la escasez de agua, baja productividad agrícola y subida del nivel del mar, advirtió este lunes el Banco Mundial (BM). En total, el organismo calcula que podría haber hasta 140 millones de migrantes internos, es decir, dentro de los mismos países, en tres regiones en desarrollo analizadas: África Subsahariana, con 86 millones, y 40 millones más en el Sudeste Asiático, que se sumarían a los 17 millones de América Latina. Continua la lectura de En 2050 podria haver fins a 140 milions de migrants pel canvi climàtic

Com l’escalfament global castiga els més pobres del món

Article aparegut al New York Times. Les condicions de vida ocasionen que més de 650.000 nens menors de 5 anys que habiten els vasts territoris de Kenya, Somàlia i Etiòpia pateixin desnutrició greu. El risc de patir fam persegueix a la gent de les tres nacions i almenys dotze milions de persones depenen de l’ajuda alimentària, segons les Nacions Unides. Encara alguns pensen que el canvi climàtic no existeix.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=239092&titular=c%F3mo-el-calentamiento-global-castiga-a-los-m%E1s-pobres-del-mundo-

KAKUMA, Kenia. Estas planicies estériles, de arena y piedra siempre han conocido los tiempos de austeridad: cuando los ríos se secan y las vacas mueren día tras día, hasta que los huesos quedan desperdigados debajo de las acacias. Sin embargo, después de la austeridad siempre vienen tiempos de normalidad, cuando llueve suficiente como para recuperar los rebaños, pagar las deudas, dar leche a los niños y comer carne algunas veces por semana.

No obstante, son tiempos de cambio. Según las mediciones, el norte de Kenia —como sus vecinos áridos del Cuerno de África— se ha vuelto más seco y más caliente, y los científicos están encontrando las huellas del calentamiento global. De acuerdo con un estudio reciente, la región se secó más rápido durante el siglo XX que en cualquier momento de los últimos dos mil años. En las últimas dos décadas, cuatro sequías severas azotaron la zona, una secuencia veloz que ha puesto a millones de las personas más pobres del mundo al borde de la supervivencia.

Con esta nueva normalidad, un pueblo que ha sido acosado durante mucho tiempo por la pobreza y los conflictos ahora se encuentra en la primera línea de batalla de una nueva crisis: el cambio climático. Más de 650.000 niños menores de 5 años que habitan los vastos territorios de Kenia, Somalia y Etiopía sufren desnutrición grave. El riesgo de padecer hambruna persigue a la gente de las tres naciones y al menos doce millones de personas dependen de la ayuda alimentaria, según las Naciones Unidas.

Una abuela llamada Mariao Tede es una de estas personas. Hace poco tiempo, con sabor de hollín y arena en el aire, Tede vigilaba temprano por la mañana una pila de brasas oscuras que estaba convirtiendo en carbón en las orillas de un riachuelo seco. Tede, una mujer delgada y correosa que no lleva el registro de su edad, aseguró que alguna vez tuvo doscientas cabras, cantidad que le bastaba para vender las crías en el mercado y comprar harina de maíz para su familia. La crianza de ganado suele ser la principal fuente de ingresos en la región, porque el terreno no es favorable para cultivar alimentos.

En la sequía de 2011, muchas de las cabras de Tede murieron; en la de 2017, muchas más lo hicieron. ¿Cuántas le quedaron? Levantó los cinco dedos de la mano. No es un número suficiente para poder venderlas. No bastan para comerlas. Y ahora, durante la temporada de sequía, ni siquiera alcanzan para obtener leche. “Solo cuando llueve me dan una o dos tazas, para los niños”, comentó.

La sequía más reciente ha provocado que algunos pastores se roben el ganado de las comunidades rivales o se metan a escondidas en las reservas naturales para que sus rebaños hambrientos pasten. El agua es tan escasa en este enorme condado —conocido como Turkana, en el noroeste de Kenia— que recolectarla, un trabajo que le corresponde a las mujeres, significa tener que recorrer a pie una distancia promedio de once kilómetros por día.

En la actualidad, Tede junta madera para hacer carbón, un proceso que está eliminando los pocos árboles de esta tierra, así que, cuando llegue la lluvia, si es que llega, el agua no se filtrará a la tierra. Al lado de la carretera, se observan los que alguna vez fueron costales de ayuda alimentaria, ahora llenos de carbón, a la espera de clientes.

Más adelante en ese mismo camino, en un poblado que cuenta con la fortuna de tener una bomba de agua, un pastor de nombre Mohammed Loshani narró su cuenta de pérdidas. De las 150 cabras que tenía hace poco menos de un año, le quedaban 30. Durante la sequía de 2017, murieron diez en un mes y otra decena más el siguiente.

“Si llegan las lluvias, puedo hacer que mi rebaño vuelva a crecer”, explicó. “Si no, morirán incluso las pocas que tengo”. Loshani no sabía de nadie que hubiera logrado que su rebaño recuperara el nivel que tenía antes de la sequía de 2011.

“Si continúan estas sequías”, comentó Loshani, “no podremos hacer nada. Tendremos que pensar en encontrar otros trabajos”.

Lluvias escasas y ‘se acabó’

Cuando Gideon Galu, un meteorólogo keniano que trabaja en la organización Red de Sistemas de Alerta Temprana contra la Hambruna(FewsNet), observa treinta años de información climática, no ve el fin para los pastores y los agricultores de su país. Galu percibe la necesidad de adaptarse a esta nueva normalidad de una manera radical y urgente: cultivar forraje para la época de austeridad, construir presas para almacenar el agua, cambiar a cultivos que se den bien en la tierra keniana y no solo maíz, el alimento básico.

Las lluvias de por sí ya son erráticas. En la actualidad, según Galu, el clima se vuelve considerablemente más seco y caluroso cada vez. Los pronósticos de las próximas lluvias no son buenos. “Esta gente vive al extremo”, comentó. “Si se da cualquier tipo de cambio en las lluvias escasas, se acabó”.

Su colega de FewsNet, Chris Funk, un climatólogo de la Universidad de California, campus Santa Bárbara, ha relacionado la sequía reciente con el calentamiento prolongado del océano Pacífico occidental, así como con las altas temperaturas en tierra en el este de África: los dos fenómenos son producto del cambio climático que ha inducido el hombre. El calentamiento global, concluyó, parece producir más disrupciones climáticas graves conocidas como El Niño y La Niña, lo cual provoca “largas sequías e inseguridad alimentaria”.

Jessica Tierney, una paleoclimatóloga de la Universidad de Arizona, tomó en cuenta el aspecto histórico. Después de analizar sedimentos marinos, Tierney y sus colegas concluyeron que la región se está secando más rápido ahora que en cualquier otro periodo de los últimos dos milenios y que esta tendencia puede estar ligada con la actividad humana. Según Tierney, esta sequía veloz en el Cuerno de África está “en sincronía con el creciente calentamiento tanto global como regional”.

James Oduor, el director de la Autoridad Nacional de Administración de Sequías de Kenia, es el responsable de concebir una solución para la nueva realidad. “En el futuro, esperamos que sea normal: una sequía cada cinco años”, explicó.

Oduor tiene un mapa de su país codificado por colores del tamaño de una postal para explicar la escala del desafío: el naranja oscuro corresponde a las zonas áridas; el naranja claro, a las zonas semiáridas, y el blanco, al resto.

Oduor mencionó que más de tres cuartas partes del territorio son naranja oscuro o claro, es decir, tienen problemas de agua en las mejores épocas y durante las sequías, de manera amenazante. “El cambio climático y las sequías afectan la mayor parte de mi país”, comentó. “Son frecuentes, duran mucho tiempo y afectan una gran área”.

La situación de Etiopía es aún más grave. FewsNet, la cual recibe financiamiento del gobierno de Estados Unidos, ha advertido que continuará la “emergencia de seguridad alimentaria” en el sureste del país, donde no han llegado las lluvias en los últimos tres años consecutivos y el conflicto político ha desplazado a un estimado de 200.000 personas.

En Somalia, después de décadas de guerras y desplazamientos, 2,7 millones de personas enfrentan lo que las Naciones Unidas llaman “inseguridad alimentaria grave”. Durante la sequía de 2017, la ayuda internacional evitó una crisis de hambruna. En la sequía anterior, la de 2011, cerca de 260.000 somalíes murieron de hambre, la mitad de los cuales eran niños, informaron las Naciones Unidas.

‘Cinco muertas, después diez’

El mes pasado, viajé por Turkana y el condado vecino de Isiolo, al norte de Kenia. Fuera de la autopista principal, los caminos arenosos me llevaron por planicies arenosas. De pronto, apareció un grupo de chozas redondas con techos de ramas. El polvo volaba por los aires.

Los pastores han caminado estas tierras durante siglos. Los más viejos recuerdan las sequías del pasado. Los animales morían, la gente moría. Pero luego llegaban las lluvias y, después de cuatro o cinco años de lluvias normales, la gente que vivía aquí podía reponer sus rebaños. Ahora, las sequías son tan frecuentes que es prácticamente imposible recuperar los rebaños.

“Te despiertas una mañana y hay cinco muertas, después diez”, comentó David Letmaya, en una clínica del condado de Isiolo, adonde llegó a recoger sacos de soya y harina de maíz.

Actualmente, los pastores como Letmaya deambulan cada vez más lejos: en ocasiones pelean con rivales de Turkana por las pasturas y el agua; otras veces se arriesgan a enfrentarse con algún elefante o león del parque nacional que tienen al lado.

Casi todas las noches, los guardias del parque escuchan disparos. Los pastores asaltan el ganado de los otros para reponer el suyo.

En el centro de salud de Isiolo, todos llevan una cuenta precisa de sus pérdidas. Una mujer aseguró que el año pasado había perdido sus tres vacas y le quedaban solo tres cabras. Otra mujer señaló que su marido fue asesinado hace varios años en una pelea por las pasturas con los pastores de Turkana y después, el año pasado, murió su última vaca. Una tercera mujer comentó que había perdido veinte de sus treinta cabras durante la sequía pasada.

Fue una tarde de un calor abrasador, sin un respiro a la vista. Una por una, y arrastrando cajas de soya y harina de maíz con el sello del Programa Mundial de Alimentos, las mujeres cruzaron a pie planicies secas y lechos de ríos secos para regresar a sus casas, descansando de vez en cuando debajo de acacias llenas de nidos que las aves han hecho con matorrales secos.

Fuente: https://www.nytimes.com/es/2018/03/14/sequia-calentamiento-global-agua-kenia-africa/

 

 

Sense lloc per amagar-se del canvi climàtic al Pacífic Sud

La denominació Emigrant Ambiental o Refugiat Ambiental al·ludeix a la població que es veu obligada a migrar o ser evacuats de la seva regió d’origen per canvis ràpids o a llarg termini del seu hàbitat local, la qual cosa inclou sequeres, desertificació, la pujada del nivell del mar, o fenòmens climàtics de temporada com el monsó. La migració ambiental ha augmentat, en la primera dècada del segle 21 convertint-se en tema de preocupació dels responsables polítics, científics socials i ambientals.

Subjectes polítics al seu país, però sense estatut jurídic en el seu èxode, els migrants climàtics s’han convertit en subjectes de segona classe. No estan, però són retinguts. El resultat d’aquesta indefinició és la paradoxal figura dels «expulsats retinguts». Meres existències de frontera. Vides nues davant el poder sobirà de la Naturalesa i de l’Estat, a la qual queden reduïts els éssers humans sense dret ni ciutadania. En ells la trilogia clàssica estat-nació-territori queda truncada. Però des del seu abandonament i desprotecció ens interroguen. Posen en qüestió el nostre estatut de ciutadans de la Unió Europea, blancs i occidentals, titulars de drets.

https://es.wikipedia.org/wiki/Refugiado_medioambiental

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=236150&titular=sin-lugar-para-esconderse-del-cambio-clim%E1tico-en-el-pac%EDfico-sur-

TOGORU, Fiyi, 2 ene 2018 (IPS) – A medida que el agua se traga las playas de Fiyi, ni los muertos encuentran paz. El cementerio de Togoru, una aldea en la mayor de las islas de este país insular, quedó sumergido bajo el mar, y ya no se leen los nombres en las lápidas, golpeadas por el mar. Continua la lectura de Sense lloc per amagar-se del canvi climàtic al Pacífic Sud

Refugiats del clima, les víctimes silenciades d’una tragèdia global

Mentre en el món occidental la natalitat es congela i el creixement poblacional s’acosta molt al zero, milions de persones necessiten un nou espai per viure, per refer l’esperança perduda en un Planeta que li ve aplicant una hostilitat creixent

http://blogs.publico.es/ecologismo-de-emergencia/2017/12/02/refugiados-del-clima-las-victimas-silenciadas-de-una-tragedia-global/

Los desastres naturales provocados por el cambio climático están actuando y multiplican la vulnerabilidad de millones de personas que se convertirán en este Siglo en los nuevos refugiados por motivos de los efecto del clima. Ya sean desastres de impacto lento, como las sequías recurrentes o la elevación del nivel del agua en los océanos, o de impacto súbito como los terremotos o inundaciones, vientos huracanados o erupciones volcánicas; cada día contabilizamos un mayor numero de personas que se ven obligadas a dejar sus hogares habituales, cultivos y buscar otras zonas. Si unimos a ello las personas desplazadas por conflictos bélicos, ya sean de baja, media o alta intensidad, el número se dispara, convirtiéndose en uno de los problemas más graves que tendremos que afrontar en la actualidad y en los años venideros. Continua la lectura de Refugiats del clima, les víctimes silenciades d’una tragèdia global

Els refugiats climàtics de Somàlia ja no poden esperar molt més

Les catàstrofes climàtiques succeeixen de mica en mica, com la sequera de llarga durada que patim.. Sovint no es reacciona fins que es converteixen en desastres atroços que destrueixen els ecosistemes locals. Es preveu que fins al 2050 els refugiats del clima arribin als 150 milions de persones.

A la llarga, els efectes del camp climàtic repercutiran sobre tots nosaltres, i no obstant això els líders no es posen d’acord, i no es donen les respostes adequades. La intensitat i la freqüència dels desastres climàtics fan que ja no serveixin les resposta tradicionals.

https://elpais.com/elpais/2017/07/25/planeta_futuro/1500974926_901201.html Continua la lectura de Els refugiats climàtics de Somàlia ja no poden esperar molt més