Arxiu d'etiquetes: gestió mediambient

L’adaptació als riscos climàtics va massa a poc a poc

El nou informe sobre adaptació acanvi climàtic de l’ONU reconeix els avenços en aquesta matèria però insisteix que no es projecten a l’escala necessària.

La reducció de les emissions gasos d’efecte hivernacle és una prioritat per als governs, però l’informe deixa clar que no ha de ser l’única, ja que només aquest horitzó no és suficient per lluita contra els efectes de l’escalfament global als que ja estem assistint.

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El preu dels aliments es multiplica ja per cinc del camp al supermercat, la diferència més gran des del 2014

Els preus dels aliments van començar a encarir de manera molt significativa a partir de març, quan arran de l’inici de la pandèmia i la declaració de l’estat d’alarma es va decretar el confinament de la població. En aquest moment, els problemes logístics per garantir l’abastament i la necessitat d’assumir costos molt elevats per garantir la seguretat tant dels treballadors com deconsumidor, va obligar a les empreses de distribució a dur terme pujades molt significatives.

El preu de la vedella passa de 3,65 el quilo a 16,04. El xai s’encareix de 3,36 a 11,35. Les carxofes de 1,95 al camp a 5,95 al supermercat. Continua la lectura de El preu dels aliments es multiplica ja per cinc del camp al supermercat, la diferència més gran des del 2014

La crisi climàtica també causa onades de fred com la que afronta Espanya i que provoquen major mortalitat que la calor

La pèrdua de gel a l’Àrtic influeix en l’alteració del clima que provoca pics gèlids: les temperatures a Espanya cauran per sota del llindar que dispara l’impacte en la salut en moltes províncies aquesta setmana. El fred no sol produir a Espanya una mort directa,( hi ha excepcions) és a dir, per congelació, sinó que és un efecte indirecte perquè agreuja patologies.

https://www.eldiario.es/sociedad/crisis-climatica-causa-olas-frio-afronta-espana-provocan-mayor-mortalidad-calor_1_6743659.html

El cambio climático es una cuestión de extremos. De dientes de sierra. Un planeta recalentado conlleva picos de calor, sí. Pero también olas de frío como la que afronta esta semana España y que provocan, además, una mayor mortalidad que la asociada al exceso de temperatura.

El calentamiento global de la Tierra está detrás de episodios extremos como tormentas, huracanes, sequías y picos de frío. Es decir, un globo cada vez más cálido, experimenta un clima alterado en el que se producen extremos gélidos.

La relación hay que buscarla en la subida de temperaturas en el Ártico que en los últimos 30 años se ha recalentando el doble que el resto del planeta. Según pierde hielo y nieve, su superficie es más oscura y absorbe todavía más calor. Esto está alterando la corriente de aire de chorro que regula buena parte del clima en el hemisferio norte, lo que se conecta con una mayor probabilidad de padecer olas de frío como han evidenciado las investigaciones de la doctora Jennifer Francis del Centro de Investigación Climática de Woodwell en EEUU.

En España ocurre esto mismo. Tras las observaciones de la series temporales que abarcan 34 años de temperaturas en Castilla-La Mancha se ha comprobado que el calentamiento global no ha dado lugar a “una disminución del número de días con ola de frío ni en su intensidad”, según ha comprobado la Escuela Nacional de Sanidad del Instituto Carlos III al estudiar la mortalidad de estos fenómenos. Es decir, una ola de frío no desmiente la realidad de que la temperatura global del mundo no para de subir. 2020 ha empatado como el año más cálido registrado junto a 2016 y, al arrancar 2021, ha entrado una corriente de aire polar con la borrasca Filomena, su temporal de nieve y ahora este pico de frío.

Así que la crisis climática no elimina los episodios gélidos que, además en España tienen un precio más alto para la salud pública. Que haya calentamiento no significa “que las olas de frío vayan a desaparecer”, avisa el científico principal del ISCIII, Julio Díaz. Pero esos picos van a llegar cuando “nos estamos desadaptando a las temperaturas más bajas”. Por eso, las olas gélidas tienen “un mayor impacto en la mortalidad atribuible a la caída de temperaturas que la de los picos de calor”.

“La gente está acostumbrada a vivir en un rango de temperaturas y se dan adaptaciones fisiológicas y socioeconómicas”, abunda Díaz. “Puede que vayamos a un escenario de menos olas, pero, al mismo tiempo, con más impacto. El frío no suele producir en España una muerte directa, es decir, por congelación, sino que es un efecto indirecto porque agrava patologías”, cuenta Díaz. De hecho, los fallecimientos asociados al exceso de frío se producen entre 5 y 15 días después del episodio, lo que “rebaja la alerta”, explica el investigador. Según los trabajos de Díaz y Cristina Linares en el ISCIII, por cada día de ola cálida se produce una media de tres fallecimientos relacionados con el exceso térmico. Por cada día de frío extremo, se han contabilizado 3,5 fallecimientos. Por esta razón, aunque las muertes totales por calor son más (unas 1.300 atribuidas al año frente a 1.100), al producirse durante más días, la mortalidad de las olas de calor está por debajo de la asociada a las de frío.

Este pico alcanzará muchas temperaturas de disparo

Lo que han acreditado estos científicos, es que, en España, el umbral de alerta por frío varía según la zona en la que haga mella. No es lo mismo en la Región de Murcia o Sevilla que en Madrid o Ávila. Cada una tiene una temperatura mínima a partir de la cual “se dispara la mortalidad”, analizan. En Almería, está en 6ºC, en Murcia en 4ºC. En Madrid es -2ºC . En Ávila es -10ºC y en Barcelona es 0 ºC.

La ola de frío en la que está metida España en enero de 2021 trae desplomes de la temperatura en ese umbral o incluso por debajo en muchas provincias. En Almería van a estar sobre los 5 o 6ºC de mínima toda la semana; en Murcia las mínimas rondarán entre 1 y 3 grados. En Madrid se bajará a -4 y -5 grados. En Castellón tocarán los -1 y -3º C cuando su temperatura de disparo está en 2 ºC. En Sevilla, van a caer hasta 0 y -1ºC varios días y su umbral es de 2ºC. Toledo se desplomará a -9, tres grados menos que la temperatura a partir de la cual se multiplica la mortalidad por frío.

El episodio va afectar a localidades acostumbradas al termómetro en negativo. Teruel, cuyo umbral de alarma es ya de por sí bajo: -8ºC, va a superar ese límite y alcanzar -11ºC en la capital. Las ciudades de Cáceres, Badajoz, Guadalajara, Soria, Valencia, Albacete, Ciudad Real, Cuenca o Salamanca tienen previsiones de caer por debajo de sus temperaturas de disparo, según los cálculos de la Aemet.

Sin embargo, la preparación ante el frío decae mientras la desarrollada contra el calor ha aumentado. “Los planes de calor comenzaron a activarse en 2004 tras la tremenda ola de 2003. Y han funcionado. Se ha pasado de un incremento de mortalidad del 14% por grado centígrado a un 2% por cada grado excesivo”, ilustra Julio Díaz. “Ahora es normal ver salir en verano a las personas mayores con una botella de agua y pantalones cortos. Hace 30 años era impensable”, recuerda el investigador.

En el mismo periodo de tiempo, con las mismas mejoras socioeconómicas y del sistema sanitario, el impacto del frío se ha mantenido estable en torno al 4% por grado. “Hacer planes para el frío es más complicado porque entran en juego enfermedades infecciosas que hace que sea mucho más difícil, pero eso no quita que se haga porque podemos disminuir esa mortalidad”, pide Díaz.

Adéu metro i autobús, hola patinets i bicicletes

En temps de pandèmia, la micromovilidad es presenta com una alternativa més barata, respectuosa amb el medi ambient i capaç de minimitzar el risc de contagi per coronavirus. Getty Creative

Adiós metro y autobús, hola patinetes y bicicletas

La pandemia no ha tratado a todos los sectores por igual. Mientras que para muchos ha supuesto el cierre de sus negocios y la caída en picado de sus ingresos, el sector de la micromovilidad se ha visto enormemente beneficiado.

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Els desastres climàtics han costat milers de milions d’euros, morts i desplaçaments en 2020

Els esdeveniments climàtics més extrems de 2020 han suposat un cost de 127.000 milions d’euros, 3.500 morts i més de 13,5 milions de desplaçaments.

Los desastres climáticos han costado miles de millones de euros, muertes y desplazamientos en 2020

Los eventos climáticos más extremos ocurridos este año han causado enormes estragos en las personas: 3.500 han fallecido y más de 13,5 millones se vieron obligadas a desplazarse. Asimismo, las consecuencias del cambio climático también han tenido importantes consecuencias económicas: los diez mayores desastres climáticos han supuesto un coste de 155.000 millones de dólares (127.000 millones de euros), una cifra superior a la de 2019. Así lo recoge el informe anual que elabora Christian Aid, una ONG internacional con sede en Reino Unido. Continua la lectura de Els desastres climàtics han costat milers de milions d’euros, morts i desplaçaments en 2020

Ni taps ni palletes: 2021, l’any que posarà fi als plàstics d’un sol ús

Al juliol, tots els estats hauran d’haver fet una transposició de la directiva europea en les seves legislacions nacionals. Què estris desapareixeran definitivament? ¿Solucionarà el problema de contaminació dels oceans?

https://www.publico.es/sociedad/contaminacion-tapones-pajitas-2021-ano-pondra-plasticos.html Continua la lectura de Ni taps ni palletes: 2021, l’any que posarà fi als plàstics d’un sol ús

L’abundància de carn magra va facilitar la domesticació del gos

Els humans prehistòrics no van haver de competir amb els llops pels mateixos recursos gràcies a la gran disponibilitat de proteïnes procedents de grans mamífers.
És a dir, si hi ha per a tots no hi ha problema, el problema sorgeix quan no hi ha prou recursos que repartir-nos. Aquesta fet es pot aplicar en qualsevol moment de la nostra vida.

https://www.lavanguardia.com/ciencia/20210107/6172359/humano-domestico-perro-gracias-excedente-proteinas-caza.html

Disponer de proteínas en abundancia por parte de los antiguos humanos fue clave para la domesticación de los perros, según un nuevo estudio publicado hoy en Scientific Reports. En una época donde lobos y personas competían por las mismas presas, que los humanos alcanzaran un excedente de este nutriente mediante la caza facilitó la adopción de los lobos como animal de compañía. Continua la lectura de L’abundància de carn magra va facilitar la domesticació del gos

Antropocè: els materials fabricats per l’home ja pesen tant com el conjunt de la biomassa

Un nou estudi publicat a la revista Nature per un equip d’investigadors de l’Institut Weizman d’Israel li dóna un tomb a aquesta visió. El conjunt del que s’ha construït per l’home (i és una cosa que es compleix precisament en aquest any esgarrifós) posseeix ja la mateixa massa que tots els organismes vius de la planeta.

Antropoceno: los materiales fabricados por el hombre ya pesan tanto como el conjunto de la biomasa

Nuestras limitaciones siempre han determinado nuestras vidas. También las de nuestros ancestros más remotos, en la última edad de hielo.

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Canvi climàtic: 5 raons per les quals 2021 pot ser un any crucial en la lluita contra el canvi climàtic

Per tenir una possibilitat raonable d’assolir l’objectiu d’1,5 ° C, hem de reduir a la meitat les emissions totals per a fins de 2030, segons el Panell Intergovernamental sobre Canvi Climàtic, l’organisme recolzat per l’ONU que recopila la ciència necessària per informar les polítiques. Això implicaria aconseguir cada any la reducció d’emissions que hi va haver el 2020 gràcies als confinaments massius a causa de la pandèmia. Les emissions, però, ja estan tornant als nivells que tenien en 2019.

La veritat és que molts països han expressat grans ambicions de reduir el carboni, però pocs han implementat estratègies per assolir aquests objectius. El desafiament per a Glasgow serà aconseguir que les nacions del món s’adhereixin a polítiques que començaran a reduir les emissions ja.

L’ONU diu que vol veure el carbó eliminat per complet, la fi de tots els subsidis als combustibles fòssils i una coalició global per arribar al zero net per al 2050. Això segueix sent una tasca molt difícil, fins i tot si els sentiments globals sobre enfrontar l’escalfament global estan començant a canviar. Continua la lectura de Canvi climàtic: 5 raons per les quals 2021 pot ser un any crucial en la lluita contra el canvi climàtic

La qüestió de les compensacions climàtiques

O es permet als emigrants climàtics desplaçar-se, o bé se’ls compensa pels danys que causen les emissions de gasos d’efecte hivernacle.

https://www.elsaltodiario.com/elbuenjuicio/la-cuestion-de-las-compensaciones-climaticas-

Cuando se trata de lidiar con inundaciones, sequías, olas de calor u otras adversidades que nos brinda nuestro inquieto planeta, una solución clásica de la humanidad es simplemente recoger y marcharse. La movilidad ha sido siempre una estrategia de los humanos para enfrentarse a los cambios climáticos, ya sean estacionales, sequías regionales o pequeñas glaciaciones. Y todos estamos potencialmente expuestos al desplazamiento, desde una evacuación temporal o un traslado regular por estaciones hasta una reubicación más permanente.

Pero ¿qué sucede cuando muchas personas, en números sin precedentes, tienen que marcharse, como está empezando a suceder con el cambio climático (de ahí que se les conozca como “migrantes climáticos”)? ¿Cómo no reaccionar en defensa de quienes tienen que trasladarse, y promover de forma proactiva una “justicia de la movilidad”?

Estas cuestiones se agravan por el hecho de que, aunque en última instancia todos somos potenciales migrantes climáticos, no todos tenemos el mismo grado de responsabilidad ante el cambio climático. Algunos de nosotros tenemos estilos de vida con una gran incidencia energética y con unas emisiones excesivas de dióxido de carbono, lo que provoca un desplazamiento climático por todo el planeta. Quienes habitamos las regiones industrializadas del Norte Global (un término que se refiere en líneas generales a las sociedades más desarrolladas que se caracterizan por la riqueza, el progreso tecnológico, la estabilidad política, un bajo crecimiento poblacional y el predominio mundial en el comercio y la política) consumimos más energía y combustibles fósiles que la mayoría de la población mundial; y dentro de este Norte Global, el 10 por ciento más rico consume aún más.

A causa de esta situación, investigadores como Daniel Farber, de la Universidad de Berkeley en California, sostienen que los estadounidenses son “responsables de una cantidad desproporcionada de gases de efecto invernadero, y que hemos sacado provecho […] de unas emisiones descontroladas que nos han permitido generar beneficios empresariales y mantener un estilo de vida que requiere un intenso gasto energético”. Como consecuencia de ello, los estadounidenses tienen la obligación moral de compensar a otros desplazados por el cambio climático que se debe a nuestro error colectivo a la hora de tomar unas medidas razonables para limitar nuestras emisiones. Algunos gobiernos de América Latina se refieren a esto como una “deuda climática” que los países desarrollados deben al Sur Global.

Quienes habitamos las regiones industrializadas del Norte Global consumimos más energía y combustibles fósiles que la mayoría de la población mundial; y dentro de él, el 10 por ciento más rico consume aún más.

Pero ¿en qué consiste la deuda climática? ¿Y cómo podría la gente que vive en Europa Occidental, Norteamérica, Australia o Nueva Zelanda suministrar tales compensaciones a los destinatarios adecuados? En primer lugar está la cuestión de cómo plantear la problemática. En segundo, cómo distribuir y estructurar estas compensaciones. Analizamos ambos aspectos por separado.

Replantear la deuda climática. Si entendemos que el desplazamiento climático está provocado por nuestros estilos de vida en el Norte Global, que se nutren de los combustibles fósiles, empezaremos a establecer unos fundamentos comunes que nos permitirán discutir la recepción de la gente desplazada a causa del cambio climático. La movilidad no consiste solo en el traslado, ya que este está cargado de significados, valores y formas de justificación. Los políticos reaccionarios se han apropiado del término “refugiados climáticos” en sus discursos de seguridad nacional, con los que generan miedo ante refugiados “que inundan nuestras costas”. Las espirales de miedo conducen a iniciativas como la construcción de un muro, campos de internamiento, separación de hijos y padres en la frontera y la muerte de miles de personas en el desierto de Sonora o en el mar Mediterráneo.

En lugar de pensar que la gente que se desplaza por el calor, las sequías o los desastres naturales son ‘refugiados climáticos’ que vienen a inundarnos ‘a nosotros’, deberíamos pensar en una relación en la que la movilidad cotidiana de algunas personas conlleva una necesidad más extrema de movilidad para otras personas. Ambas se pueden considerar dentro de las “movilidades del Antropoceno”, lo que indica la constante transformación humana del sistema terrestre. Son “las infraestructuras del transporte aéreo, la automoción, la suburbanización y el consumismo” las que determinan las alteraciones climáticas y abocan a la migración, como escriben Andrew Baldwin, Christiane Frölich y Delf Rothe en De la migración climática a las movilidades del Antropoceno: cambiar el debate. Recoger y marcharse a la fuerza, además de ser una calamidad natural, es el resultado social y político de los estilos de vida móviles de otra gente.

Mediante demandas colectivas, se podría solicitar una reparación para aquellos que han sufrido daños por las emisiones de gases de efecto invernadero, y responsabilizar a las corporaciones de un daño específico.

Este sutil cambio al replantear el problema fomenta nuevas conversaciones y políticas en torno a la recepción responsable de los migrantes climáticos, y da paso también a una apertura generalizada de fronteras en un mundo asediado por los desastres climáticos. Ya tenemos la obligación ética y legal de adherirnos a las convenciones de las Naciones Unidas en lo referente al derecho al movimiento, la recepción de refugiados y la protección de personas ante situaciones letales [en sus países de origen]. Hoy día, la inestabilidad climática ha convertido muchas partes del planeta en letales. ¿No tenemos en el Norte Global la obligación moral de compensar por las pérdidas y daños en base a nuestra deuda climática?

En vez del cierre excluyente de fronteras que está teniendo lugar en todo el planeta, deberíamos centrarnos en las cuestiones de responsabilidad e indemnización en un marco moral, legal y financiero conforme a la ley internacional. El crecimiento de un sistema de rutas letales, campos de detención y espacios de confinamiento en nuestras fronteras es una respuesta ilegal, inútil e inmoral que debe someterse a un análisis crítico desde enfoques alternativos antes de que se convierta en la respuesta de facto para cualquier migración futura.

La cuestión de las compensaciones climáticas. Hay dos vías principales para abordar las indemnizaciones climáticas.

La primera se conoce como “justicia correctiva” y consiste en una negociación entre gobiernos conforme a la jurisdicción internacional. En esta situación, la base jurídica para hacer a Estados Unidos o la Unión Europea moralmente responsables de una parte calculable y asumible de los daños del cambio climático consiste en que la responsabilidad moral colectiva recaiga sobre los grandes emisores de gases de efecto invernadero, que deben recompensar económicamente a los acreedores del clima. Este método ofrece un mecanismo financiero a través del cual la recepción de migrantes se podría gestionar mediante un Fondo Verde para el Clima.

Las compensaciones climáticas entre naciones permitirían a los “países acreedores” –por ejemplo, pequeños estados insulares– que fortalecieran su resiliencia al financiar la reducción del riesgo de desastres, los seguros y la adaptación para ayudar a que las personas permanecieran en su lugar. Un mecanismo práctico para lograr este objetivo sería una comisión internacional de compensaciones, que recibiría peticiones de países que han generado gastos de adaptación, a imagen y semejanza de la Comisión de Indemnización de las Naciones Unidas que se creó tras la primera guerra del Golfo para gestionar las reparaciones de guerra en Iraq.

La reivindicación de una “justicia climática abolicionista” implica gestionar un racismo histórico medioambiental e interseccional que genera vidas precarias, trauma social y desplazamientos más allá de los asociados al “clima”.

La segunda vía para la compensación climática, bastante diferente a la anterior, consiste en exigir una indemnización por daños y perjuicios a las empresas más grandes de combustibles fósiles; dicho de otro modo, demandar a las empresas petrolíferas. Mediante unas demandas colectivas que se presentarían en múltiples jurisdicciones, se podría solicitar una reparación para aquellos que han sufrido daños por las emisiones de gases de efecto invernadero, y responsabilizar a las corporaciones de un daño específico, sobre todo si ya lo sabían y lo encubrieron; una estrategia que funcionó contra las empresas tabaqueras. “El llamamiento a la indemnización por daños y perjuicios se apoya también en las normas y principios bien consolidados de la ley internacional, incluido el derecho a recibir una indemnización por los daños derivados de las violaciones del derecho internacional”, escriben Margaretha y Salili. Según los principales argumentos jurídicos que esgrimieron en nombre de Vanuatu, un país vulnerable de baja altitud, el Mecanismo Internacional de Varsovia es la mejor opción para financiar los daños y perjuicios, al amparo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

Por otra parte, mediante este enfoque jurídico de “daños y perjuicios”, los estados podrían presionar a las empresas de combustibles fósiles al establecer una legislación que las obligue a pagar el llamado impuesto por los daños climáticos. Este impuesto se basaría en la cantidad de dióxido de carbono por tonelada de carbón, barril de petróleo o litro cúbico de gas que extrae cada empresa petrolera. La propuesta de Vanuatu proporciona una referencia de la variedad de actividades que podría cubrir dicho fondo, incluidos los:

costes de reubicación de las comunidades costeras a causa del aumento del nivel del mar; costes de una reconstrucción resistente al clima tras eventos climáticos extremos; medidas de protección social y de género; programas de protección social mínima para los más vulnerables; programas para transformar los medios de subsistencia; microseguros para erradicar la pobreza, seguros de cosechas y/o subvenciones a las primas de seguros a varios niveles; reservas financieras de emergencia o fondos para imprevistos a escala nacional y local; planificación para imprevistos y gestión integral de riesgos, sobre todo de ámbito local; desarrollar la capacidad y las instituciones a todos los niveles; y cooperación y transferencia tecnológica, como por ejemplo los instrumentos de evaluación de daños y perjuicios”.

Todas estas acciones pueden contribuir a que las personas se queden en sus casas y desarrollen resiliencia climática.

Por último, existe una tercera vía: un argumento moral aún más profundo a favor de las compensaciones climáticas basadas en los efectos a largo plazo que provocan los sistemas de capitalismo colonial y racial, y la negación de la plena ciudadanía para las personas negras, marrones e indígenas. Estos grupos son los más vulnerables ante el desplazamiento climático en Estados Unidos. La reivindicación de una “justicia climática abolicionista” implica gestionar un racismo histórico medioambiental e interseccional que genera vidas precarias, trauma social y desplazamientos más allá de los asociados al “clima”. Esta iniciativa incorpora la deuda climática a plazos históricos más largos que incluyan reparaciones de infraestructuras.

Ya sea mediante el método de las compensaciones climáticas que se basa en el estado, el de los daños climáticos basado en el mercado o la vía abolicionista decolonial, hay que rechazar la representación de los refugiados climáticos como un peligro creciente que va a “inundar” nuestras fronteras. Es precisamente “nuestro” estilo de vida el que perjudica a las personas, en Estados Unidos y fuera. Quizá algún día todos seamos migrantes climáticos, así que también por nosotros mismos hay que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y elaborar mecanismos internacionales justos que aseguren el refugio temporal y la reubicación permanente.

Mimi Sheller es profesora de sociología y directora del Center for Mobilities Research and Policy en la Universidad de Philadelphia. Entre sus libros están Mobility Justice e Island Futures.Original en Mother Jones

Traducción de Javier Roma