Un trasplantament de sorra per salvar el delta de l’Ebre de la pujada del mar

 Treballant pel dimoni. 360.000 m3 de material de tres zones de la desembocadura, víctima de la crisi climàtica, aniran a tres punts vulnerables més com els que es van emportar les tempestes Glòria el 2020 i Filomena el 2021.

El delta de l’Ebre és una mostra aguda de com es gasta la crisi climàtica. Amb el vistiplau ambiental gairebé fet, i un pressupost de tres milions, aquesta desembocadura espera un trasplantament de sorra, que el salvi, de moment, de la pujada del mar que impulsa el reescalfament de la Terra.

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Se trata de llevar 360.000 m3 de material desde tres zonas del propio delta a otras tres especialmente vulnerables y erosionadas. Una suerte de autotransplante. “Compensar la pérdida de sedimentos (…) mediante la aportación artificial desde las zonas de sedimentación de un volumen equivalente al perdido”, en lenguaje técnico. Un parcheo urgente en el mayor humedal de la costa mediterránea y el tercer mayor delta de todo el Mare Nostrum.

 Porque la desembocadura del río más caudaloso de España está casi inerme ante los embates marinos. En enero de 2020, la imagen de un delta tragado por el mar copó la atención más allá de los círculos ambientalistas: la tormenta Gloria había empujado las aguas mediterráneas delta adentro hasta anegarlo. No había ya barrera alguna que frenara el empuje del Mediterráneo. El programa europeo de observación por satélite Copernicus dijo haber visto el delta “devastado”.

La factura del cambio climático en algunos puntos del planeta, como la desembocadura del Ebro, es alta y, sobre todo, urgente: no hay tiempo para esperar soluciones más naturales como facilitar que la arena retenida en las presas fluya río abajo. Tardaría demasiado, según la evaluación de impacto ambiental del plan ahora en revisión pública. El presupuesto del Gobierno llega a los 3,6 millones de euros.

El proceso nefasto que disuelve el delta es sencillo de resumir y concatena:

  • 1º) Un déficit de sedimentos que se quedan en los embalses de la cuenca del Ebro: le llegan 30.000 m3 al año. Faltan entre 180.000 y 519.000 m3 anuales, según ha calculado el Cedex.
  • 2º) La erosión del mar: la subida del nivel marino y la multiplicación de temporales costeros por la crisis climática se comen el litoral.
  • 3º) La subsidencia: el delta se hunde cada vez más porque le falta material con el que sostenerse.

Esta desembocadura es uno de los puntos privilegiados donde existen lagunas costeras en España. Un hábitat considerado prioritario por la Comisión Europea que marcha camino a la desaparición. Ilustran esa decadencia sus compañeros de viaje: el 90% de todo este hábitat lo componen el Delta, L’Albufera de València, el Mar Menor y Doñana. Seo-Birdlife y Ecologistas en Acción han pedido al Gobierno que active el Catálogo Español de Hábitats en Peligro con este biotopo.

Los trasplantes, de norte a sur, se reparten así por el mapa del Delta de l’Ebre. Desde la Punta del Fangar –que es reserva natural de fauna salvaje– deben salir 120.000 m3 a las playas de la Marquesa, Riumar y Balsa de Arena más otros 30.000 a la zona sur de la misma punta. Desde la playa del Serallo (en el centro) viajarán 60.000 m3 de arena para proteger la Isla de Buda. Y desde la punta de la Banya, el extremo sur, se trasplantarán 150.000 m3 al malherido Trabucador.

Asedio por todos los frentes

La lectura de la evaluación ambiental del proyecto muestra un delta que asemeja un bastión asediado por todos sus frentes marinos: norte, centro y sur.

En la parte septentrional de la desembocadura es por donde avanzó, casi imparable, el agua salada soplada por Gloria. “La reducción de la playa en esta zona supone una amenaza para la costa y los fenómenos que pueden favorecer la inundación de los terrenos adyacentes”, describe este documento. Ese enero de 2020, la inundación penetró 2,5 km, calcula. “La erosión que sufre todo el frontal del hemidelta norte en el municipio de Deltebre ha provocado la desaparición de parte del sistema dunar de protección así como parte de la playa en el frente costero”. Traducido: aquí el delta retrocede a una tasa de 3,5 metros cada año.

Por el sector central, solo un año después de Gloria, entró Filomena. Se llevó por delante buena parte del cordón de dunas de la isla de Buda. Esa defensa de montículos de arena redujo su anchura a menos de 50 metros, cuando, explican los técnicos de Costas, “una situación de equilibrio” se considera en 100 metros. Las dunas ya estaban muy debilitadas: en la década de los años 50 del siglo XX superaban los 600 metros de anchura. En poco más de medio siglo se ha encogido un 91%.

Por el frente sur, “los últimos temporales han provocado roturas y rebases de la barra del Trabucador que, acompañados de la subida del nivel del mar, han ocasionado la inundación del 60% de la barra”. Cuando se rompe esta delgada línea arenosa, por esa puerta entra el parásito Haplosporidium hacia las poblaciones sanas de nacra, el mejillón gigante del Mediterráneo en peligro crítico de extinción. Desaparecida del litoral andaluz y balear, la Pinna nobilis sobrevive a duras penas en el delta y el Mar Menor. Dos hogares que no pasan sus mejores horas.

Josep Juan Segarra, de la Plataforma Sediments, cuenta que este plan de reubicación de arena “es solo una solución a corto plazo que puede servir para mantener algunas actividades económicas como las salinas o algunos arrozales que lo necesitan, pero no sirve para afrontar a fondo el problema: que lleguen los sedimentos”. Juan Segarra explica que “habría que aprovechar la energía de las riadas para transportarlos, pero todavía no se sabe ni cómo es el estado del fondo de las compuertas de las presas río arriba como Riba-roja para poder gestionar tanto la arena como la seguridad”.

Lo que ha quedado descartado es blindar la línea del litoral con cemento. La construcción de espigones y escolleras sí devolvería la estabilidad, explica este análisis técnico, pero “no podría implementarse en las próximas semanas ni es una alternativa socialmente bien vista”. En todo caso, temporales como Gloria, que multiplicó la destrucción de paseos marítimos y construcciones que invadían la costa del Levante, han demostrado que el mar, a la larga, acaba reclamando (y ganando) su espacio.

¿Y por qué no dejar que el Ebro vuelva a llevar los sedimentos al delta? Liberar las arenas del complejo de embalses río arriba “requerirá un cierto tiempo debido a su elevada complejidad técnica, ambiental y administrativa”, justifican en Costas. Habría que, primero, sacar esos sedimentos acumulados de los embalses para que luego fluyeran. No sirve, dicen, para salvar la emergencia porque “el sistema costero responde de manera lenta a la llegada de sedimentos”. Es decir, la situación se ha degradado ya a un nivel que no pueden respetarse estos tiempos más naturales.

Josep Juan Segarra añade: “Nos dicen que la gestión de esos sedimentos sería para medio o largo plazo, pero si no comienzan alguna vez, no será nunca”.