Espanya multiplica les alarmes per l’escassetat d’aigua i espera més mesos amb poques pluges

Les confederacions hidrogràfiques han elevat els nivells d’alerta després que les precipitacions no hagin refet les reserves, minvades per les campanyes de reg intenses, i les portes d’una nova temporada de regadius.

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España ya está metida en un problema cada vez más acuciante de falta de agua disponible para satisfacer el alto nivel de consumo. Las alertas por escasez que se están activando en muchas partes del país no se refieren a poca lluvia sino a la dificultad para atender la demanda.

El consumo masivo condena a España a la escasez de agua sin importar cuánto llueva

Las precipitaciones han disminuido casi un tercio entre octubre y febrero respecto a la media histórica, de manera que las reservas no se han recuperado después de ser exprimidas durante el curso anterior.

Lo malo es que el cuatrimestre pasado es el, estadísticamente, más húmedo del año hidrológico. A los gestores del agua les preocupan los meses venideros cuando aumentará el consumo, ya que en abril empieza la temporada de regadíos. La vicepresidenta de Transición Ecológica, Teresa Ribera, se ha reunido este martes con las confederaciones hidrográficas que administra: las diez ubicadas en dos o más comunidades autónomas.

Aunque el territorio en sequía prolongada por falta de precipitaciones está alrededor del 10%, según el Ministerio de Transición Ecológica, el estado de prealerta, alerta o emergencia se extiende por casi toda la cuenca del Guadalquivir, Andalucía oriental, la mayor parte del Guadiana, el Segura y partes del Júcar y de la cuenca del Duero. Incluso en la demarcación noroeste del Miño-Sil. Muchos kilómetros cuadrados donde reconocen problemas de escasez de agua almacenada.

El regadío se bebe, aproximadamente, la mitad de todo el agua que se almacena en los embalses cada año y supone tres cuartas partes del consumo anual de agua. En algunas cuencas supera el 85%

La sequía meteorológica, que llueva poco, es un fenómeno asociado al clima mediterráneo que domina gran parte de la península ibérica, aunque la crisis climática las está convirtiendo en más frecuentes y agudas. Es un factor que se distingue de la gestión del agua que llega y el nivel de consumo que se le exige al recurso.

Las reservas hídricas peninsulares en España están en el 44,3%. El año pasado a estas alturas eran un 62% (en la media de la última década). Como no ha llovido lo esperado entre octubre y febrero, muchos embalses, vaciados por el alto consumo durante las campañas de 2021, están bastante secos.

Pero ese valor incluye partes donde se llega al 100%. En las cuencas del Guadalquivir, Andalucía mediterránea, Guadalete-Barbate y Guadiana no llegan a un tercio. En el Segura están justo en ese nivel. Todas las demarcaciones hidrográficas afrontan, a partir de abril, la campaña de riegos agrícolas que multiplicará la demanda.

Más producción e ingresos a costa del uso intensivo

Su demanda es alta. El regadío genera un 60% de la producción agrícola total, aunque con solo el 14% de la superficie agraria. La economía de los riegos incrementa la producción (hasta seis veces por hectárea respecto al secano) y también multiplica por cuatro los ingresos: supone el 80% de las exportaciones agrícolas en España.

Pero, para eso, precisa una utilización intensiva de recursos, especialmente de agua. El regadío se bebe, aproximadamente, la mitad de todo el agua que se almacena en los embalses cada año y supone tres cuartas partes del consumo anual de agua. En algunas cuencas supera el 85%.

¿Por qué se activa la prealerta, la alerta o la emergencia? Cada confederación hidrográfica maneja unos indicadores, unos valores, de agua disponible contra demandas aceptadas. En todo caso, esas alarmas siempre implican un escenario en el que el agua almacenada empieza a ser insuficiente para cubrir el consumo o ya no da para el 100%.

Lo primero, en todas las demarcaciones, es garantizar el abastecimiento para beber, como impone la Ley de Aguas. Una vez se ha asegurado este uso para tres, dos o un año completos –incluso en los peores escenarios de lluvia registrados históricamente– viene el turno, por orden, de los riegos, la industria, la acuicultura (piscifactorías) y el ocio.

Embalse de La Viñuela (Málaga) en febrero de 2022. Jorge Zapata

La parte agrícola es la que más líquido va a consumir. En el Guadiana, por ejemplo, la alerta se activa cuando hay asegurado un año de riegos y la emergencia, cuando solo hay agua para el 50% de lo planificado. En torno al 85% de los recursos de agua en esa demarcación se destina al regadío (más un 2% a la ganadería), según el análisis de demandas de la Confederación para el horizonte 2021.

En el Guadalquivir establecen la escasez moderada cuando la caída de agua embalsada “puede suponer un riesgo para la atención de las demandas”. La alerta indica “un claro riesgo” para satisfacer el consumo demandado. La emergencia supone el “máximo grado de afección por disminución de los recursos disponibles”, es decir, el agua que queda no da para la demanda admitida: más del 80% es para regadíos, según la Confederación.

En el Segura son menos duros: la prealerta, dice su plan, “no representa una situación preocupante”, aunque sí admite que, si se mantiene la tendencia decreciente “en un determinado plazo, más o menos cercano, esa situación reflejará ya problemas relacionados con la escasez coyuntural”. La alerta refleja “problemas coyunturales significativos para poder atender las demandas satisfactoriamente”. Cuando se activa la emergencia, la Confederación intenta alargar lo más posible los recursos. El 85% de la demanda de la cuenca es agraria, según el organismo.

En la Demarcación del Júcar, el 80% de la demanda proviene de las actividades agroganaderas (2.439 de 3.064 hm3), según el proyecto de plan hidrológico ahora en borrador. En la cuenca del Duero la demanda de las actividades agrícola y ganadera supone más del 90% de la demanda de agua (3.108 de 3.408 hm3), según los cálculos de la confederación para la próxima planificación.

Embalse de Lindoso (Ourense) en febrero de 2022. Brais Lorenzo

El Gobierno pedirá ayudas a la UE

La Federación Nacional de Comunidades de Regantes (Fenacore) insiste en que estamos “en una sequía que asola nuestro país” para reavivar sus demandas confrontadas desde hace meses con el Ministerio de Transición Ecológica. Llaman “ecologismo radical” al plan para que los ríos tengan más agua en lugar de mantenerla en los embalses.

Quieren que se construyan más infraestructuras que regulen el agua: almacenar más y trasvasar para regar. Es su plan para “hacer frente a las sequías”. Además, demandan que se les aplique un IVA reducido del 10% en la energía que consumen para regar sus explotaciones.

El ministro de Agricultura, Luis Planas, planea solicitar ayudas en el Consejo de Ministros de la Unión Europea. Considera que las explotaciones del sur de Europa atraviesan una “preocupante situación como consecuencia de la sequía”.

La cuestión es que, según pasan las semanas, se amplían las zonas con avisos de escasez. Y lo esperable es que vaya a peor porque se ha superado ya el cuatrimestre del año hidrológico más húmedo. La Agencia Estatal de Meteorología ha analizado que los siguientes meses tienen más probabilidad de ser más secos de lo habitual.