L’excés d’antibiòtics a la ramaderia industrial afegeix un altre risc a la salut humana en contaminar els rius

Un estudi de diverses universitats detecta residus de medicaments en espais fluvials del nord d’Espanya, amb especial intensitat en àrees amb focus de ramaderia industrial, i la presència en aquestes aigües de bacteris per a les quals aquesta gamma de fàrmacs resulta innòcua després d’haver desenvolupat resistències a els efectes.

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“No se trata de crear alarma, sino de saber lo que hay y de conocer la situación real. Aunque está claro que los resultados llaman a prestar atención y a buscar soluciones, porque esto a largo plazo puede generar problemas como no disponer de medicamentos para tratar infecciones“, explica Francisco Laborda, catedrático de Química Analítica de la Universidad de Zaragoza y coordinador del Proyecto Outbiótics.

Se trata de un trabajo de cuatro años desarrollado por las universidades de Zaragoza, Navarra y Lleida, un centro de investigación de Pau adscrito al CNRS (el CSIC francés) y la empresa Navarra de Infraestructuras Locales que ha confirmado la presencia de residuos de antibióticos, y junto a ellos de bacterias resistentes a estos, en las aguas de varios ríos de esos cuatro territorios, en un fenómeno que entraña riesgos para la salud pública y que parece estrechamente relacionado con la ganadería industrial o intensiva, en la que históricamente ha sido frecuente el uso de esos fármacos, especialmente en especies de abasto como los pollos y los cerdos.

Los trabajos de muestreo han detectado la presencia de residuos medicamentosos en las aguas de todos los ríos investigados y con mayores concentraciones en zonas rurales de la cuenca del Ebro y, dentro de estas, en áreas próximas a granjas de ganadería intensiva de aves y de cerdos de los tramos medios y bajos del Segre, el Gállego y el Cinca, donde bactericidas de uso veterinario como la enrofloxacina y la sulfadiazina llegan a presentar niveles de cronificación.

Esa es la principal zona de crianza de ganado porcino de España, con 9,3 de los 32 millones de plazas del país solo en las provincias de Huesca y Lleida y otros 3,2 en la de Zaragoza, según los datos del Ministerio de Agricultura, y una de las principales de pollo, con 1.600 de las 6.000 granjas del país entre las dos comunidades.

Paralelamente, los trabajos del consorcio de cooperación transfronteriza, cuyas operaciones han sido financiadas por los fondos comunitarios Feder-Interreg, han detectado la existencia de bacterias resistentes a los antibióticos, entre ellos varios patógenos que figuran en la lista de “prioridad alta y crítica” de la OMS (Organización Mundial de la Salud), en el 96% de los ríos que han analizado y en el 100% de depuradoras de aguas residuales y colectores de hospitales y mataderos que han supervisado.

El 96% de los microorganismos hallados eran multirresistentes, es decir, que les resulta inocuo más de un medicamento. La resistencia más frecuente era a distintos tipos de penicilinas.

Por último, las conclusiones del estudio califican como “habitual” la presencia de azitromicina, enrofloxacina y trimetoprima, utilizados para infecciones de zonas mucosas, dermatológicas y de la orina en los colectores de entrada de las depuradoras de grandes núcleos de población.

Los peligros para la salud humana

“Los consumidores de antibióticos somos las personas y los animales, y hay muchos más de estos últimos, y la resistencia a los antibacterianos supone un problema global”, explica Laborda, que anota que el estudio “ha confirmado que en los ríos hay residuos de medicamentos y bacterias que resisten a sus efectos“.

¿Qué peligro entraña ese tipo de procesos para la salud humana? “La resistencia a los antibióticos es hoy una de las mayores amenazas para la salud mundial, la seguridad alimentaria y el desarrollo”, sostiene la OMS, que recuerda que se trata de “un fenómeno natural, aunque el uso indebido de estos fármacos en el ser humano y los animales está acelerando el proceso” hasta el punto de que “cada vez es mayor el número de infecciones —por ejemplo, neumonía, tuberculosis, gonorrea y salmonelosis— cuyo tratamiento se vuelve más difícil debido a la pérdida de eficacia de los antibióticos”.

Consiste, de manera resumida, en que las bacterias, microorganismos que se encuentran entre los principales causantes de infecciones que afectan a la salud humana junto con los virus, van progresivamente ganando capacidad de resistir a los medicamentos que se utilizan para combatir esos procesos, al parecer por el frecuente contacto que mantienen con ellos.

Y eso está dando lugar a problemas de salud pública en algunas zonas del planeta. “La persistente incapacidad para desarrollar, fabricar y distribuir nuevos antibióticos eficaces está potenciando aún más los efectos de la resistencia a los antimicrobianos y pone en peligro nuestra capacidad para tratar con éxito las infecciones bacterianas”, señala Hanan Balkhy, responsable del programa de la OMS sobre la resistencia a los antimicrobianos.

El elevado consumo de antibióticos en España

“Todo acaba en el desagüe. Las concentraciones son bajas pero están ahí”, advierte Laborda, que destaca el elevado nivel de precisión que se ha utilizado en los muestreos, que llegaba a densidades de nanogramos por litro.

Los resultados del estudio, en cualquier caso, ponen sobre la mesa otro flanco del deterioro de los sistemas fluviales y los acuíferos como consecuencia de actividades humanas, que tan pronto provocan la presencia de drogas en los ríos como la de nitratos en las redes de agua potable, esta última relacionada también con una agroindustria que está dejando una intensa huella en zonas como el Ebro o en A Limia, además de en el Mar Menor.

Ese mejorable manejo de los residuos domésticos de medicamentos convive en España con un desmesurado consumo de antibióticos tanto en los hogares como en las granjas, en ambos casos con niveles claramente superiores a los comunitarios.

En este sentido, y pese a las tendencias descendientes que se registran desde 2015, el consumo de antibióticos en humanos alcanza casi 25 dosis diarias por cada mil personas frente a los apenas 20 de la UE, mientras que el de carácter veterinario resulta más de un 60% superior, según los datos de la Agencia Española del Medicamento y los Productos Sanitarios (Aemps).

“El problema de la resistencia de las bacterias a los antimicrobianos está ahí porque hay un uso excesivo de los antibióticos que ha dado lugar a su aparición, y eso genera una escalada en la que se corre el riesgo de acabar por no disponer de medicamentos para hacer frente a las infecciones“, anota el catedrático, que llama la atención sobre otro aspecto.

Depurar en emisores de alto riesgo y meter nanopartículas de plata en la comida

“Los antibióticos no son contaminantes regulados sino emergentes. La OMS recomienda hacer el seguimiento de la presencia de algunos de ellos en las aguas, porque el problema es que no hay datos. Pero se le están empezando a ver las orejas al lobo”, explica Laborda, que al mismo tiempo llama la atención sobre cómo “algunas depuradoras, aunque no están diseñadas para tratar estos medicamentos, llegan a eliminarlos por completo en unos casos y a reducir su presencia en otros”.

Por último, el estudio de las universidades y la empresa propone dos estrategias para atajar la presencia de antibióticos en los cauces fluviales y, con ella, de la posibilidad de que las bacterias vayan desarrollando resistencias a esos medicamentos.

En este sentido, recomiendan incluir en la comida del ganado compuestos con nanopartículas de plata en la fase inicial de la crianza como método antibacteriano para reducir la incidencia de las enfermedades infecciosas y centrar la depuración en los grandes emisores, como son las macrogranjas si nos referimos a mataderos y los hospitales, en el caso del consumo humano.
“Se han evaluado algunas tecnologías nuevas y perfectamente viables, y los resultados son esperanzadores”, señala el catedrático.