Els bombers forestals denuncien falta de personal: “Ens estem jugant la vida”

Organitzacions sindicals de bombers reclamen l’aprovació definitiva d’un estatut que professionalitzi el sector i posi fi a l’eventualitat de l’ocupació.

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Los helicópteros ya empiezan a sobrevolar los montes. Cargan agua en pantanos y la arrojan con fuerza desde lo alto contra las llamas. Es la rutina del verano. Aunque el número de incendios producidos cada año ha descendido, los grandes fuegos –con impactos superiores a las 500 hectáreas– no han parado de crecer en la última década, según los datos del Fondo Mundial para la Naturaleza. Quienes cuidan del monte, los bomberos forestales, saben bien lo que es la crisis climática. “Lo vivimos a diario”, dice Clara Martínez, bombera de Castilla-La Mancha. Cada año es más difícil hacer frente a las llamas, y no es por una mayor virulencia, sino por la falta de medios, la temporalidad de las contrataciones y la falta de formación. 

“Hay necesidades muy claras en todos los operativos. Necesitamos formación, porque entendemos que esto es una profesión de futuro. No nos vale con que la gente del pueblo salga a trabajar y a ayudar, ni a que contraten durante cuatro meses personal en verano y después se vayan. Necesitamos estabilidad”, dice Jose Morilla portavoz de la Plataforma Asociativa y Sindical de Bomberos Forestales, que denuncia que, aunque en España cada comunidad autónoma tiene sus competencias atribuidas, la falta de personal y la temporalidad está generalizada.

“Las vacantes de jubilación no se están reponiendo”, expone la bombera forestal de Castilla-La Mancha, que denuncia que desde 2019 “no se han cubierto todas las plazas que se van liberando”. Esto tiene un impacto directo en los equipos de extinción, en tanto que los retenes han pasado de estar compuestos por nueve personas hace una década a estar dotados de tan sólo cinco personales. GEACAM, la empresa pública que gestiona el cuerpo de bomberos forestales de la comunidad manchega, no sólo deja de contratar personal fijo, sino que está reforzando las campañas de manera progresiva, dejando meses de verano con brigadas muy empobrecidas en cuanto a personal. “Antes se hacia una contratación directa y los compañeros se incorporaban el 1 de junio y finalizaban el 30 de septiembre. Ahora se van sumando poco a poco, primero un 10%, luego otro 20%. Hasta el 1 de julio no hemos tenido los medios normales, es decir, hemos estado trabajando un mes de verano bajo mínimos y en precario”, argumenta Martínez.

En la Comunidad Valenciana tampoco afrontan el verano de la mejor manera. Según el Sindicato Profesional de Policías y Bomberos (SPPB), el verano de 2021 está contando con un 30% de efectivos menos y la Sociedad Valenciana de Gestión Integral de los Servicios de Emergencias (SGISE) ha dejado sin dar cobertura a más de 60 plazas. Esta situación ha llevado a los sindicatos a convocar una huelga en la región para los días 14, 20 y 26 de julio y a plantearse una huelga indefinida para el mes de agosto si la Administración no ataja éste y otros problemas relacionados con la temporalidad de los contratos. Y es que, al menos el 35% del personal dispone contratos de tipo indefinidos no fijos, lo que quiere decir perderían sus puestos de trabajo en el momento en el que saliera una oferta pública de empleo.

“Ahora mismo nos faltan componentes en casi todas las unidades y encima el personal de refuerzo no se está cubriendo. Esto quiere decir que si una unidad tiene que estar formada por seis personas, ahora hay muchas de tan sólo tres”, sostiene Manuel Rubio, delegado sindical de SPPB. “En un incendio tiene que haber un responsable, un conductor con autobomba, otra persona que lleve la manguera y al menos otras dos personas que suban hasta la línea de fuego. Eso lo hacemos con la mitad de personal“, declara.

“Los incendios son cada vez más virulentos y más grandes y necesitamos profesionales preparados”

El modelo de contratación con refuerzos en verano se ve agravado con la falta de formación que los apoyos estivales reciben. “Nos estamos jugando la vida”, apostilla Martínez. “Los incendios son cada vez más virulentos y más grandes y necesitamos profesionales preparados. Hay que pensar que corremos mucho riesgo y que nosotros no trabajamos individualmente, somos un equipo y lo que haga uno influye en el resto“, arguye la bombera.

Morilla, el portavoz de la Plataforma Asociativa y Sindical de Bomberos Forestales, comparte la misma preocupación que su compañera. “Este es un oficio relativamente moderno, antiguamente era la gente del campo quien gestionaba y salía a la calle para apagar el fuego, pero ya no. Necesitamos que la formación se sume a la estabilidad. Es decir, muchos de esos compañeros que trabajan sólo durante los cuatro meses de verano pueden ser muy válidos durante el invierno en las labores de prevención, que es algo que se olvida. En el caso de Madrid, en invierno se trabaja en el 2% del terreno forestal y es algo que vendría muy bien ampliar”.

Las Brigadas de Refuerzo contra los Incendios Forestales, único cuerpo estatal dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica, no tiene problemas relacionados con el número de personal disponible, explica a Público Pablo González, presidente de la Asociación de Trabajadores de las Brigadas de Refuerzo contra Incendios Forestales (ATBRIF). Con 600 personas dando apoyo a las comunidades autónomas, “tenemos lo suficiente”, pero si que se arrastran algunos contratos eventuales, el 40% del total.

Por un estatuto básico

Todos los problemas confluyen en una causa: la ausencia de un estatuto básico para los bomberos forestales. En un contexto climático en el que los incendios son cada vez más virulentos esta medida se ha convertido en una de las demandas principales de las asociaciones de profesionales dedicados a la extinción del fuego.

El eje central de este reclamo es conseguir que el sector adquiera homogeneidad para impedir que sean las comunidades autónomas quienes decidan al cien por cien el modelo de contratación, muchas veces orientado hacia la privatización. El estatuto servirá para sentar unas bases mínimas que regulen el número de profesionales necesarios y ponga freno al modelo de contratación eventual que durante décadas ha predominado en España.

Tras años de lucha, las organizaciones sindicales han conseguido que el Gobierno apruebe un anteproyecto de ley que, en parte, recoge gran parte de los reclamos de un sector que verano tras verano debe salir al monte sin recursos suficientes.