Salvem el Tetrao urogallus cantabricus, queden menys de 300

El gall fer cantàbric (Tetrao urogallus cantabricus) és una subespècie del gall fer occidental (Tetrao urogallus), una au gal·liforme de la família Phasianidae endèmica de les muntanyes Cantàbriques. Actualment les poblacions estan restringides a les zones muntanyoses d’Astúries, algunes zones de nord de Castella i Lleó (especialment a la província de Lleó) i a àrees de muntanya de l’occident de Cantàbria.

https://es.wikipedia.org/wiki/Tetrao_urogallus_cantabricus

Nuevas intervenciones intentan ayudar a la subespecie cantábrica de urogallo, única en el mundo, cuya población en situación crítica no logra recuperarse. Quedan solamente 290 ejemplares. Desde FSC, organización sin ánimo de lucro dedicada a promover y avalar la gestión forestal responsable en todo el mundo, y la Fundación Biodiversidad han puesto en marcha un proyecto piloto en Asturias para intentar salvar a esta peculiar y amenazadísima gallinácea.

Pocos tienen la fortuna de encontrarse con uno. Tampoco es fácil escuchar su peculiar canto carrasposo. El urogallo, cuya subespecie cantábrica habita en nuestros bosques primigenios del Norte, está desapareciendo y hasta ahora nada parece poner freno a un declive que lo ha llevado, desde 2018, al funesto listado de especie “en situación crítica”. Refugiado en la frontera entre León y el sur de Asturias, recientes investigaciones ponen el foco en la imprescindible necesidad de proteger totalmente sus hábitats, mientras por otro lado se inician medidas que intentan paliar los daños y extender unas áreas de vida cada vez más reducidas por infraestructuras y actividades ganaderas. Su mayor enemigo es el ser humano.

Hoy apenas revolotean entre robles y hayas 290 ejemplares de urogallo cantábrico, según el último censo, en una extensión de unos 350 km2; el 80% está en zona leonesa y el resto en la asturiana. Los expertos coinciden: habría que eliminar toda nuestra presencia donde habitan si queremos que sigan existiendo. Compartir espacios y tiempos hoy es condenarlos. “Amenazas sobre ellos son el sobrepastoreo, las vallas de alambre con espinos, la explotación forestal, las minas a cielo abierto no restauradas, la caza, las vías eléctricas, carreteras, incluso el turismo y el simple trasiego de personas por sus zonas en determinados momentos”, va enumerando Nicolás López, de SEO/BirdLife, en un evento on line organizado la semana pasada por la organización FSC sobre actuaciones ambientales en torno a esta gallinácea salvaje.

Manuel Gómez, biólogo y coordinador del libro recientemente publicado El último urogallo (de la Universidad de León), va todavía más lejos: “Lo que la ciencia nos dice es que hay que crear santuarios para el urogallo, que la única forma de que se recupere es dejarlos tranquilos, porque la realidad es que llevamos 30 años aplicando medidas de protección y no funcionan”, asegura tras ese exhaustivo repaso al trabajo científico de 15 investigadores.

La historia peninsular de este ave, que se alimenta de hierba, frutos como bellotas, larvas y crisálidas de hormiga, lagartijas e incluso serpientes, se remonta a la última glaciación, cuando el continente se congeló y la especie quedó relegada a las penínsulas del sur de Europa, como los neandertales. Al retirarse los glaciares, volvieron hacia el norte y surgieron entonces dos subespecies, la boreal y la meridional, si bien acabaron por mezclarse en todos los lugares, salvo en el Cantábrico, donde la subespecie meridional se mantiene pura, y por tanto única genéticamente en el mundo.

Urogallo del Cantábrico.

Aunque a medida que nos expandimos, los fuimos cercando, la debacle de los urogallos cantábricos se cree que tiene mucho que ver con el cuello de botella que se produjo entre los años 40 y 80 del siglo pasado, cuando los machos más grandes se convirtieron en deseados trofeos de caza. “Aquello acabó con su diversidad genética, si bien faltan por hacer más estudios al respecto. Sin embargo, tampoco es solución introducir ejemplares de otros lugares porque serían de otra subespecie y ésta se perdería para siempre. Además, el del cantábrico está muy adaptado al bosque de robles o hayas que tenemos ahí, mientras los de otras zonas viven en pinares, así que igual no funcionaba”, explica Gómez.

En este contexto, FSC termina ahora en junio un proyecto piloto, financiado por la Fundación Biodiversidad , que se ha desarrollado en el concejo asturiano de Degaña. En esta parroquia de menos de mil habitantes, además de sensibilizar sobre la importancia de la especie, han realizado actuaciones directas, como la sustitución de las alambradas con espinos, donde quedan ensartados algunos ejemplares de urogallo, por vallas de madera de castaño certificada FSC, mucho más sostenibles. También se acordó restaurar una ladera donde hay zonas de quercus que han quedado aisladas unas de otras. Marcos Estévez, técnico de la organización, aseguraba: “Se ha cumplido el objetivo propuesto como piloto, pese a que coincidió con el inicio de la pandemia”. Y anunció: “SEO/BirdLife se ha implicado en un acuerdo de custodia del territorio, por lo que se abren oportunidades para conseguir fondos, también públicos, para que puedan extenderse estas iniciativas a más territorio”.

Un trabajo a más largo plazo va a tener que ser el de la sensibilización de las poblaciones cercanas porque, como señalaba en el evento el alcalde de Degaña, José Luis Fernández, “el urogallo aún se ve como un problema, que genera restricciones y no deja recursos; la gente es la que ha conservado el bosque todo este tiempo y ahora nos prohíben hasta pasear”. “Si se generan proyectos y empleo sería más fácil”, concluye.

De momento, sin embargo, la situación es tan mala para este ave que no hay muchas alternativas. Nicolás López recordaba que en el pasado se pusieron en marcha medidas que fueron auténticos errores y también que, pese a estar previsto desde 2007 un Plan de Recuperación del Urogallo en el Principado, 14 años después sigue en un cajón, con lo que ahora no hay seguridad jurídica a la hora de eliminar presiones sobre el urogallo. “Es verdad que son zonas Red Natura 2000, con restricciones, pero las administraciones deberían compensar a las poblaciones si hay que limitarles actividades, como también hay que contar con la comunidad científica para saber qué es lo mejor y para hacer un seguimiento de la situación”, señalaba el representante de SEO/BirdLife.

Si algo tienen claro los investigadores de la Universidad de León, es que la fórmula no puede ser la cría en cautividad, que ahora se trata de promover desde la Junta de Castilla y León, donde por cierto sí hay un plan para recuperar urogallos desde 2005, aunque no ha dado ningún resultado y ha costado millones de euros. “La cría en cautividad se dejó de hacer hace 50 años en Europa, porque no funciona. Un urogallo que crece en cautividad no se enfrenta a sus depredadores porque no sabe cómo hacerlo, no es un lince; así que puedes tener 200 urogallos en cautividad, pero ninguno en el monte. Además, cogen huevos de urogallos salvajes para tener stock para la cría. Por ello, como decía, son necesarios los santuarios para el urogallo, aunque políticamente no convenga porque no gusta a ganaderos o cazadores. Es evidente que si hay un cantadero de urogallo y pasa una reala de 20 perros con 40 cazadores, les van a molestar. Tampoco se recomienda un turismo rural de observación como el que hay para otras especies, al menos hasta que los 290 urogallos actuales sean 500. El valor añadido para los habitantes debe ser saber que en su monte tienen un ave única en el mundo, el urogallo cantábrico, algo que requiere mucha sensibilización y comunicación”, concluye Manuel Gómez.

A ello hay que añadir que tampoco algunas autoridades parecen tener claro su apoyo. Ni las asturianas ni tampoco las castellano-leonesas, porque ese plan que tienen (que incluye la denostada cría) no impidió que se autorizaran 20 parques eólicos en una zona donde se reproducía, proyecto que fue tumbado por el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León en 2018, pues no coló que dividieran el informe de impacto ambiental en fragmentos.

Así que si algo queda claro es que a los urogallos no les gustan ni los pinchos ni las personas ni las aspas.