Guerra contra una central tèrmica: “Ens posen una xemeneia que escup substàncies cancerígenes a la banda de casa”

Els habitants de Montsó (Osca) protesten contra una incineradora on es cremarien 1.200 tones de serradures a el dia a tres pams de nassos de la població. La incineradora pretén construir-se en un terreny de la que va ser ‘mà dreta’ de president aragonès Javier Lambán.

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La incineradora ya estaría en marcha si Ecologistas en Acción no llevara peleando años contra el proyecto con el apoyo explícito de varios miles de habitantes de Monzón, una de los mayores municipios de Aragón, con sus algo más de 17.000 habitantes censados. La organización medioambientalista ha conseguido ralentizar todo el proyecto mediante una batería de recursos contencioso-administrativos donde se cuestiona, entre otras cosas, las chapuzas e irregularidades a su juicio cometidas durante la tramitación del expediente, al tiempo que se denuncian los peligros de vivir junto a una enorme chimenea de sesenta metros de altura liberando al aire 8.000 horas al año toneladas de óxidos de nitrógeno y azufre, compuestos orgánicos volátiles, benzopirenos y cientos de sustancias cancerígenas y partículas letales.

Entre tanto, concejales del PAR como Javier Vilarrubí siguen defendiendo este proyecto en el nombre, entre otras cosas, de sus posibles beneficios en el empleo. Según Alejandro Serrano, de Ecologistas en Acción, el número de puestos de trabajo han sido hinchados y falseados deliberadamente por la empresa para ganarse el favor de la población. “Existen claras incongruencias entre los veinte empleos de la planta y los 140 en el medio forestal de los que se habla en el proyecto, y los 750 que se llegaron a mencionar en algunos medios de comunicación”, apostilla.

La central térmica de 49.90 megavatios ha sido promovida por Forestalia a través de su filial Solmasol. Su intención es generar electricidad para más de 60.000 habitantes quemando biomasa procedente de 8.000 hectáreas de plantaciones de chopos. En palabras de Serrano, ni siquiera han resuelto todavía el problema del abastecimiento de semejante cantidad de madera. “Además, de acuerdo con nuestros datos, se precisarían entre diez y quince mil hectáreas para alimentar esa caldera. El número de chopos que precisan quemar consignados es inferior porque necesitan demostrar que se ajustan a ciertos parámetros de eficiencia energética”.

Monzón ha sido siempre una ciudad industrial especialmente castigada por la polución. La capital del Cinca Medio acaparó antaño el honor de ser una de las mecas españolas de la industria química más tóxica y contaminante, lo que a menudo se ha vinculado con su tasa de mortalidad por cáncer y su elevado índice de afecciones broncopulmonares. En los mejores tiempos de industrias como Hidro Nitro, los habitantes de la población convivieron durante años con partículas en suspensión que los días de niebla dejaban sobre las casas y los vehículos una fina capa de mugre contaminante, la misma que inhalaba la gente de la ciudad.

“En torno a su casco urbano, y en las proximidades de industrias como Monsanto, había antaño verdaderas bañeras de detritos industriales. Era tal el espesor de los residuos que se habían acumulado en el vertedero de la Armentera que decidieron dejarlos allí, impermeabilizados, para que los lixiviados no llegaran hasta el Cinca”, recuerda Alejandro Serrano. Comerse una trucha o un lucio pescada aguas abajo del puente de Monzón equivalía a ingerir un pildorazo de metales pesados, los mismos que convirtieron su caudal en una cloaca de despojos industriales. A excepción de la izquierda, también los políticos de la población defendieron en su día la presencia de aquella industria química, posteriormente proscrita por las leyes europeas y el sentido común del que en su día carecieron algunos de los miembros de los equipos locales de gobierno. A menudo, y tal y como ocurre ahora, Izquierda Unida (Cambiar Monzón) y la Chunta Aragonesista tuvieron que lidiar en solitario contra estos proyectos “dudosos de progreso”.

A juicio de los medioambientalistas, se han vuelto a resucitar los viejos fantasmas de esas iniciativas industriales indeseables con el apoyo entusiasta del PAR y la ambigüedad equívoca del PSOE y del PP, que, según Serrano, “evitan incluso pronunciarse”. Claro que gracias, entre otras cosas, a la actividad desarrollada durante años por Ecologistas en Acción hay una población especialmente concienciada con el medio ambiente, lo que explica que esa organización haya logrado recoger hasta la fecha más de cinco mil firmas contra la incineradora.

“No hace falta mucha imaginación para imaginar lo indeseable que puede resultar tener a poco más de medio kilómetro una planta de biomasa emitiendo más de dos mil millones de metros cúbicos de humo anuales. Y eso, por no hablar del tránsito de camiones. Más de 20.000 serían necesarios para transportar toda esa cantidad de chopo que dicen que quemarían”, asegura Serrano. Incluso el propio Instituto Aragonés de Gestión Ambiental ha reconocido que el impacto que esa planta tendría en la atmósfera sería severo.

Representantes políticos de la población, con las más de cinco mil cuatrocientas firmas de vecinos contra la central térmica cerca de la localidad promovida por Forestalia.
Representantes políticos de la población, con las más de cinco mil cuatrocientas firmas de vecinos contra la central térmica cerca de la localidad promovida por Forestalia.  PÚBLICO

Según el ecologista,  “la incineradora está calificada como industria molesta e insalubre pues los humos y el polvo que genera son directamente perjudiciales para la salud humana. Y eso por no hablar de los daños a la riqueza agrícola o forestal que provocarían los SO2 y NOx que, entre otros impactos, son los causantes de la lluvia ácida”.

El proyecto, además, se ha tramitado a juicio de Ecologistas en Acción con todas las ventajas que ofrecen lo que ellos denominan “puertas giratorias”. “Nos referimos a que ellos se lo guisan y ellos se lo comen”, asegura Serrano. “Los mismos representantes y abogados de la empresa Forestalia que han defendido el proyecto de la incineradora de biomasa junto al casco urbano de Monzón eran antaño altos funcionarios de organismos de del Goberno de Aragón como el Instituto Aragonés de Gestión Ambiental. Curiosamente, una de las cotitulares de los terrenos con opción a compra donde pretenden construir es María Teresa Somalo, mano derecha del actual responsable del Ejecutivo aragonés Javier Lambán, en sus tiempos de la Diputación Provincial de Zaragoza”, dice. Claro que los propietarios de esas tierras situadas junto a un paraje conocido como el Pinar de Salas dicen que es una coincidencia.

Entre la larga lista de coincidencias de las que Forestalia se ha beneficiado se halla contar o haber contado a su servicio con personajes como Luis Marruedo Espeja, Eduardo Sánchez Salcedo, Carlos Ontañón o Alfredo Boné, ex consejero de Medio Ambiente. “Todos fueron altos cargos en distintos gobiernos de Aragón y terminaron trabajando para los promotores de esta central térmica”, sostiene Serrano.

Parece claro, y así lo han reconocido, que la oposición a este proyecto no hubiera sido tan aguerrida si Forestalia no se hubiera propuesto desde el principio instalar la chimenea a poco más de medio kilómetro del casco urbano de Monzón, en las cerca de diecisiete hectáreas que posee la excolaboradora de Lambán y su pareja. Según los ecologistas, a los promotores les interesaba instalarlo allí por la proximidad una subestación eléctrica y porque el coste es notablemente inferior al de crear la planta en el polígono industrial, algo más alejado del casco urbano. En tal caso, deberían haber llevado a cabo una serie de cesiones para viales o zonas verdes. Esto es, en opinión de Ecologistas en Acción, se han antepuesto criterios económicos a la salud de la población. “De alguna manera, se las arreglaron para que el Ayuntamiento emitiera un informe diciendo que en el polígono no hay suficiente superficie y la que hay, no es adecuada, informe contra el que interpusimos en su día una querella criminal que no llegó a progresar porque la juez no apreció dolo”.

“Lo que hemos puesto sobre la mesa desde el principio son un buen número de informes científicos donde se demuestran que estos procesos de combustión deben instalarse a una distancia no inferior a cinco kilómetros de distancia de las zonas habitadas para evitar daños a la población y por el contrario, pretenden persuadirnos de que instalar junto a nosotros una chimenea de sesenta metros dispersando partículas no plantea problemas para la salud”, sostiene Ecologistas en Acción.

¿En qué punto se halla el proyecto? Según Serrano, Forestalia no tiene ninguna prisa actualmente por agilizar la tramitación porque carece de megavatios. “Es decir, para producir energía es preciso concurrir a un concurso de adjudicación. Forestalia concurrió a él en 2016 y obtuvo 108 megavatios para biomasa, pero dedicó cincuenta de ellos a un proyecto del Bierzo financiado con fondos Miner y vendió el resto a Ence para una central de Puertollano. La esencia de la actividad empresarial de Forestalia es de naturaleza especulativa y ahora, además, están a la espera de una nueva subasta, lo que explique que hayan buscado diferentes excusas para retrasar la tramitación de la incineradora”.

Contra Forestalia, una división de negocio de la familia Samper, hay ahora mismo tres contenciosos vivos de los ecologistas.