Com combatre la injustícia alimentària amb el teu carro de la compra

El semàfor dels aliments és molt perillós perquè no serveix per regular la publicitat dels aliments processats. L’OMS va elaborar un sistema d’etiquetatge que funciona perfectament, però des de l’any 2006 segueix en un calaix criant pols per pressions diverses.

https://www.lavanguardia.com/comer/tendencias/20210420/6965053/como-combatir-injusticia-alimentaria-carro-compra.html

El nuevo semáforo de los alimentos les duele a la vista y razones no les faltan. “El etiquetado de los alimentos en España es una paradoja. Los lobbies lograron de las empresas de alimentos procesados que hayan diseñado un sistema compensatorio y poco categórico, y evidentemente lo han ido desarrollando a conveniencia y a sabiendas que sería obligatorio.”, advierte Javier Guzmán, Director de Justicia Alimentaria, la organización que lucha por el cambio en el sistema agroalimentario y la consecución de una soberanía alimentaria global desde 1987.

La semana pasada presentaron “La gran mentira de Nutri-Score”, su nueva campaña que denuncia una clasificación que esconde muchos alimentos altos en azúcar, grasa y/o sal como saludables. “El semáforo de los alimentos es muy peligroso porque no sirve para regular la publicidad de los alimentos procesados. La OMS elaboró un sistema de etiquetado que funciona perfectamente, pero desde el año 2006 sigue en un cajón criando polvo por presiones varias”. Este es sólo uno de los combates al estilo David contra Goliat de Justicia Alimentaria. Con una red de 40 profesionales con contrato, 200 voluntarios y más de 1000 socios, han confeccionado un esqueleto con armadura de piel dura que no esquiva la lucha cuerpo a cuerpo, o despacho a despacho, y es capaz de discutir la supremacía de gigantes camuflados en molinos de viento.

Sabemos que hay batallas que podemos ganar y en otras nos contentamos con denunciar las malas prácticas concienciando a la sociedad civil

Javier GuzmánDirector de Justicia Alimentaria

Pese a que la experiencia les ha demostrado que la metamorfosis es lenta y en demasiadas ocasiones adaptada a los peces gordos, la opción de rendirse no se contempla. “Existe el desgaste pandémico y el desgaste de activista, pero no podemos bajar los brazos. Sabemos que hay batallas que podemos ganar y en otras nos contentamos con denunciar las malas prácticas concienciando a la sociedad civil”. Como en el sistema alimentario actual hay un poder específico enorme de las grandes empresas, su apuesta se ha constituido como un contrapoder ciudadano. “Si la gente comprende que hay que politizar la alimentación, existirá un margen de maniobra en el sector de consumo. Por ejemplo, todos queremos una alimentación ecológica y más barata, pero, ¿se debe lograr a costa de menos beneficios de las empresas o a costa de los jornaleros? Nosotros lo tenemos claro. Y no hacemos referencia sólo a la explotación de la mano de obra inmigrante, también a las conserveras, las freseras, los repartidores con bicicleta… A un sistema alimentario que debe cambiar”.

Jornaleros trabajan en un campo de fresas

Jornaleros trabajan en un campo de fresas

Getty Images/iStockphoto

Por eso la tónica habitual de Justicia Alimentaria es denunciar las malas prácticas, pero ante todo proponer alternativas viables en España, América Latina y África, generando alianzas con otras organizaciones afines con los preceptos de la soberanía alimentaria, los derechos del campesinado y el feminismo. De la cooperación han cosechado pequeñas grandes victorias que dignifican el buen trabajo realizado. “Hace unos años nadie hablaba de la importancia de proteger los comedores escolares. Estaban todos atrapados por las grandes multinacionales y se nos dijo que era imposible desprenderse de sus tentáculos. Con la campaña ‘CortoCircuito’ logramos incidir en el modelo alimentario escolar para favorecer los mercados locales y concienciar a las madres y los padres de los alumnos de que el comedor es un elemento transformador”, dice Guzmán. Una acción, que como el resto que se llevan a cabo, se enmarca en un plan estratégico que discuten cada cuatro o cinco años.

Si la gente comprende que hay que politizar la alimentación existirá un margen de maniobra en el sector de consumo

Javier GuzmánDirector de Justicia Alimentaria

Así ha sido desde hace 34 años, cuando se establecieron con el nombre de Veterinarios Sin Fronteras gracias a la acción de alumnos y profesores de la Facultad de Veterinaria de Barcelona. Progresivamente, la asociación ha ido dejando atrás una perspectiva más técnica para abrazar los derechos alimentarios desde la transformación a través de un corpus de pensamiento más comprometido, que tiene asumido que no hay que entrar en el fango de la batalla narrativa en los medios. “El aparador de la publicidad de estas grandes marcas con miles de millones de euros invertidos es un muro infranqueable”. Dando una vuelta de tuerca fue como salieron vencedores de otra batalla aún más cruda contra el poder omnipresente del azúcar. “Cuando sacamos la campaña “25 Gramos” ningún medio de comunicación quería hablar del tema. Es más, el discurso de la prensa era muy favorable al consumo de azúcar. El azúcar era inofensivo, el azúcar “endulza tu vida”, rezaba la publicidad del lobby a nivel nacional. Estamos muy orgullosos de la imposición de impuestos adicionales a los productos con azúcar, pero para llegar ahí fue importante cambiar la conciencia de la gente, sacando a la luz otro discurso alternativo”.

Mejores menús escolares, menos azúcar o fortalecer las políticas contra la pesca ilegal en tierras africanas son logros que quedan para la eternidad, pero actualmente siguen al pie del cañón con 9 campañas en marcha. Por ejemplo, ‘Dame Veneno’, contra la comida que nos enferma, ‘Mentira Podrida’, con las mentiras alimentarias más usadas en publicidad, ‘Banca Bajo Control’, para denunciar la especulación con fondos de inversión en materias primas, ‘Carne de Cañón’, contra las malas prácticas de la producción cárnica, o ‘IVA 0’, para eliminar el IVA de los alimentos saludables. Todas ellas con el objetivo de reivindicar la valía de lo público en la alimentación y convertir el carro de la compra en un carro de combate. “Es prioritario dejar de culpabilizar a las personas para poner en la picota a los responsables reales de las malas prácticas alimentarias. ¿Cómo puede ser que a día de hoy el Estado no haya confeccionado ninguna campaña a nivel nacional sobre los peligros del consumo excesivo de carne roja procesada de los que advirtió la OMS en 2015? Siete años más tarde seguimos esperando, mientras que la patronal del cerdo promociona el consumo de su carne como carne blanca cuando en realidad es roja. Somos el país de Europa con más barra libre y el que menos recomendaciones alimentarias de la OMS ha seguido”.

Por las razones que sea, lo cierto es que en España hay muy pocas organizaciones entre el consumidor y la industria alimentaria. A veces, incluso puede dar la sensación errónea de que el activismo a nivel alimentario es el hermano menor del activismo medioambiental. Como si defender un nuevo sistema alimentario fuera menos que defender la lucha contra el cambio climático, como si el activista de Greenpeace fuera más activista que el de Justicia Alimentaria. “Es todo lo contrario. Las acciones ecologistas está incluyendo en sus agendas temas alimentarios porque son conscientes de que la gran batalla se librará en el territorio de lo rural. Es decir, ¿la economía verde seguirá siendo igual de capitalista? El mundo rural no puede ser ese lugar donde se instala todo aquello que las ciudades no quieren: macrogranjas, mega invernaderos, vertederos, placas solares, etc. Los próximos años son cruciales y la lucha del ecologismo político también es nuestra. Ellos trabajan el tema alimentario y nosotros el tema medioambiental”.

Con sinergias y buen trabajo de base, Justicia Alimentaria se financia mayoritariamente a través de fondos públicos (ayuntamientos, comunidades y Estado) para trabajar en proyectos de cooperación internacional, y en menor grado con las aportaciones económicas de los socios. “Ha habido intentos de meter la pata dentro de la asociación como socios prioritarios. Y la experiencia fue más negativa que positiva, con intentos de patrocinios envenenados e incluso con amenazas de denuncia. Es importante recalcar que somos una asociación independiente con una asamblea que vigila rigurosamente que ningún socio caiga en conflictos de interés. Para no perder la legitimidad social, no se aceptan empresas ni partidos políticos”, puntualiza Javier Guzmán, profesional formado en ciencias políticas y sociología, que ostentó el cargo de Director de Operación Internacional de Cruz Roja en Catalunya antes de aceptar el reto de Justicia Alimentaria.

Jornadas de impulso de los comedores escolares en zonas rurales

Jornadas de impulso de los comedores escolares en zonas rurales

@albertogarsan

Desde su perspectiva cada vez más comprometida, observa con atención e incredulidad el devenir de la cadena global de alimentación en base al poder oculto de las grandes cadenas de supermercados. “Cuando la gente entra en un gran supermercado multicolor tiene la sensación de estar eligiendo entre miles de marcas cuando en realidad todo pertenece a los cuatro grandes grupos de siempre. La elección es ficticia. O, mejor dicho, provocada. En uno de los últimos estudios al que tuvimos acceso se apreciaba que entre el 60 y el 70% del beneficio de un producto agrícola se lo llevaba un supermercado. Y esto es una barbaridad que exige circuitos más cortos sin tantos intermediarios y apoyar los economatos y las cooperativas de consumo”.

Imposición de precios y pagos estrangulados a los productores, dos factores que aún se verán más acentuados ante la nueva vuelta de tuerca del sistema. Una nueva amenaza que augura el siguiente campo de acción de Justicia Alimentaria. “Hay que poner el foco en los grandes operadores logísticos. Ya avanzo que el famoso food delivery será otro frente de batalla muy poderoso. En realidad, los supermercados son del siglo XX, en el siglo XXI empezaremos a ver cómo estos grandes operadores se están quedando con el poder que pertenecía casi en exclusiva a los supermercados y nos llevarán la comida a casa. No sólo hablo de empresas que reparten comida preparada sino también de grandes supermercados online controlados por imperios como Amazon. Además, las cocinas fantasma están acabando con los restaurantes populares de barrio, donde se comía un precio razonable cocina casera”, dice Guzmán. “Junto con el food delivery, lo más peligroso será el lavado de imagen cada vez más salvaje de las grandes empresas de alimentación. Va a ser más complicado dilucidar qué es alimentación saludable y qué no. Y, en definitiva, será más complejo descifrar cuál es el modelo de alimentación que se esconde detrás de esos gigantes”.

Otra vez los gigantes, otra vez los molinos de viento quijotescos. Irónicamente, si algún día se cumplieran todos los objetivos de Justicia Alimentaria, Justicia Alimentaria como tal debería desaparecer y congratularse por los servicios prestados. Una situación utópica que está lejos de darse. “Alcanzar el 100% de justicia dentro del sistema alimentario sería el fin de nuestra organización. Somos un artefacto ciudadano en permanente revisión, que, si algún día tiene que desaparecer porque no hay nada que transformar, pues desaparecerá sin ningún problema. O somos útiles o no tiene ningún sentido. Ya existen demasiadas organizaciones ‘zombies’ con una enorme cantidad de dinero que no sirven para nada o están dopadas por empresas”, concluye Guzmán.

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