Ens mengem una targeta de crèdit a la setmana

No serveixen les falses solucions, cal desplastificar les nostres societats i el nostre menjar.

Nos comemos una tarjeta de crédito a la semana

Los microplásticos están por todas partes. Pero curiosamente, o lógicamente, los hay en mucha mayor cantidad en la tierra que en nuestros sufridos océanos. Tantos, que nos los comemos sin saberlo. Según denuncia Amigos de la Tierra, estamos consumiendo sin quererlo ni saberlo alrededor de 2.000 pequeñas piezas de plástico cada semana, aproximadamente 21 gramos al mes, poco más de 250 gramos al año. Esto es el equivalente al peso de una tarjeta de crédito a la semana (5 gramos).

Tal y como denuncia el informe Plastívoros presentado por Amigos de la Tierra y Justicia Alimentaria, los datos actuales muestran que los microplásticos presentes en la tierra son mucho más numerosos que los acuáticos y que, de hecho, la inmensa mayoría del plástico que encontramos en los sistemas acuáticos tiene su origen en una contaminación terrestre anterior.

El informe señala que la contaminación microplástica en la tierra podría ser hasta 23 veces mayor que en el océano y apunta que, de hecho, aproximadamente el 80 % de la contaminación por microplásticos en el océano proviene de la tierra.

Sociedad plástica

Según este informe, en España se producen al año alrededor de 4 millones de toneladas de plástico de una gran complejidad química. Los más de 4.000 aditivos que se añaden al plástico son en muchos casos sustancias tóxicas, persistentes y bioacumulativas, con efectos perjudiciales para la salud y para el medioambiente.

Sus negativos efectos son de larga duración. La durabilidad del plástico acostumbra a ser superior a una, dos e incluso más generaciones humanas.

¿Qué es la plasticultura?

De acuerdo con Amigos de la Tierra, el sector agroalimentario español es el que más consumo de plásticos hace, un 25% del total. Uno de cada cuatro kilos de plásticos usados está relacionado con los alimentos y un 6% corresponde a la producción agrícola.

Este porcentaje supone toneladas de plásticos cuyo uso y, especialmente, desuso, están teniendo efectos muy negativos para la sociedad y el medio ambiente. Es lo que los ecologistas han bautizado como la “plasticultura“, que según sus datos supone más de 220.000 toneladas anuales. Transformada en bolsas de plástico, se podría decir que el sector agroganadero utilizaría cada año 40.000 millones de bolsas de plástico que, extendidas en el suelo, corresponden a toda la superficie de la Comunidad Autónoma de Madrid.

La producción de frutas y verduras en el actual sistema alimentario (basado en una agricultura industrial y globalizada) se basa en el uso del plástico. Todos los sistemas de riego, invernaderos y túneles están hechos de este elemento; las redes de plástico mantienen a las aves fuera de los árboles; campos enteros están cubiertos con láminas para calentar el suelo y extender la temporada de cosecha.

No obstante, la mayor puerta de entrada de microplásticos a los suelos agrarios se encuentra en el uso de los lodos de depuradora como fertilizante, denuncian los ecologistas. Los microplásticos arrastrados por la actividad doméstica, industrial o agraria acaban en los lodos de depuradora y, de ahí, la inmensa mayoría son vertidos a los campos agrarios. A nivel estatal, esto corresponde a más de 17.000 toneladas anuales de microplásticos vertidos en los suelos agrarios, lo que equivale a más de 3.000 millones de bolsas de plástico de supermercado.

Usar y tirar

Las organizaciones ecologistas apuntan al concepto de “desechable” (producir – comprar – tirar) como piedra angular del actual modelo lineal de consumo basado en la sobreexplotación de recursos naturales y la externalización de sus impactos, que recaen en los ecosistemas, en la salud de las personas y en las regiones y poblaciones más desfavorecidas. Y apuntan que cualquier propuesta política o corporativa que no tenga en cuenta este contexto será un parche, inútil para afrontar la emergencia ambiental y social a la que nos enfrentamos.

“No sirven las falsas soluciones, hay que desplastificar nuestras sociedades y nuestra comida” exige Adriana Espinosa, responsable de residuos y recursos naturales de Amigos de la Tierra.