Males notícies per taurons i ratlles oceàniques

Les poblacions d’aquestes espècies emblemàtiques han disminuït un 70% en els últims 50 anys. S’hauria de prohibir totalment la pesca de les espècies classificades en perill crític o amenaçades i prendre mesures per a un maneig sostenible de les que estan gairebé amenaçades o són vulnerables, segons la classificació.

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El extraño y espectacular tiburón martillo, el popularmente aterrador tiburón blanco o la llamativa mantarraya gigante son especies emblemáticas que todos conocemos y suponemos que siempre surcarán los océanos, pero las noticias sobre el estado de sus poblaciones no son buenas. El último y más completo estudio ha constatado una alarmante disminución de hasta el 70% en la mayor parte de las 31 especies existentes de tiburones y rayas oceánicos en los últimos 50 años.

La sobrepesca directa de estos grandes predadores se señala como la causa más importante de la drástica disminución, que hace que más de las tres cuartas partes de estas especies que viven en aguas abiertas y se pueden desplazar grandes distancias (por eso se denominan oceánicas o pelágicas) estén en peligro en la actualidad.

Los grandes predadores ocupan la cima de las cadenas alimentarias en la naturaleza e influyen mucho en ellas de forma directa e indirecta, por lo que tienen una función ecológica básica en la conservación de los ecosistemas. Esto sucede tanto en tierra como en el mar, con la diferencia de que en los océanos es mucho más difícil estimar su abundancia.

A este esfuerzo se lanzaron algunas instituciones de distintos países que se unieron en el Global Shark Trends Project para vigilar el estado de todos los tiburones y las rayas y rellenar las lagunas de información a las que se enfrentan los encargados de establecer la presión sobre las especies, a través de la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN, o su abundancia, a través del Índice Living Planet, de WWF. Sus conclusiones, basadas en la comparación de la situación actual con los datos disponibles del último medio siglo, constatan el declive de las poblaciones de los tiburones y rayas oceánicos y que éste es mucho mayor que el esperado.

“Esta es una estimación global y los resultados son tremendos”, afirma Nick Dulvy, uno de los investigadores, de la universidad canadiense Simon Fraser. “La situación es mucho peor que la de otras poblaciones animales que hemos estudiado. Es un ritmo de disminución bastante más rápido que el de elefantes y rinocerontes, especies emblemáticas que son el motor de esfuerzos de conservación en tierra firme”.

El riesgo de extinción de las 31 especies de tiburones y rayas oceánicos ha aumentado considerablemente desde 1980. Algunos tiburones figuran ya en la categoría más alarmante de la UICN, la de peligro crítico: son el oceánico de puntas blancas, el martillo común y el martillo gigante. Otras cuatro se clasifican en la siguiente, la de especies amenazadas: el zorro pelágico, el oscuro o arenero, el marrajo común y el marrajo negro o de aleta larga. En total se consideran en peligro 24 de las 31 especies según el criterio de rápida reducción de las poblaciones. Se puede resaltar que algunas llevan el apellido común en su nombre popular, lo que por sí solo indica su abundancia histórica.

Que esta situación se debe sobre todo a la pesca, muy difícil de controlar en alta mar, está claro para los investigadores. “Podemos comprobar las alarmantes consecuencias de la sobrepesca en los océanos en los fuertes declives de algunos de sus habitantes más icónicos”, asegura Nathan Pacoureau, principal autor del estudio, que se publica en la revista Nature. “Los países deben conseguir nuevas medidas de protección internacionales para tiburones y rayas pero por lo pronto pueden cumplir ya sus obligaciones internacionales”.

Para acusar a la sobrepesca de esta situación se basan en el gran aumento constatado de técnicas de pesca capaces de capturar tiburones y rayas oceánicos, como el palangre, con 18 veces más capturas que en 1970. El mayor aumento se produce desde 1990 para cubrir la creciente demanda de aletas y agallas para el mercado asiático, aunque también se pescan por su carne y aceite de hígado. Los expertos echan en falta que estos antiquísimos habitantes del océano no hayan sido objeto de preocupación hasta ahora en el mismo nivel, al menos, que el atún rojo o las ballenas. En 2019 ya se vio que el 24% de las zonas en las que se mueven los tiburones pelágicos coinciden con zonas de pesca industrial.

Su opinión es que se debería prohibir totalmente la pesca de las especies clasificadas en peligro crítico o amenazadas y tomar medidas para un manejo sostenible de las que están casi amenazadas o son vulnerables, según la clasificación. Las consecuencias en los ecosistemas oceánicos del posible colapso de poblaciones de tiburones y rayas no se conocen bien, pero sí se sabe que producen cambios importantes en las cadenas tróficas. Por otra parte, está en peligro el medio de vida de muchas comunidades humanas que han pescado tradicionalmente los tiburones y rayas (de los que se conocen 1.200 especies), por lo que las medidas resultan urgentes, en su opinión.

Los investigadores señalan también algunos datos alentadores, como la recuperación relativa del tiburón blanco en varias zonas, la del tiburón martillo en el Atlántico noroeste y la mejor situación del tiburón azul respecto a la de sus congéneres, posiblemente debido a su tasa de reproducción más elevada.