El repte d’una educació ambiental transversal, des de les aules fins als ministeris

Necessitem crear competències perquè els alumnes puguin tenir, a més de coneixements, comportaments i habilitats perquè, el dia de demà, puguin realitzar aquest canvi de model que necessitem per la crisi climàtica.

Experts en formació, activistes ecologistes i professors reclamen que el model educatiu s’organitzi de manera transversal al voltant de criteris ambientals.

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“No podemos abordar el cambio climático como un nuevo contenido, sino como algo transversal”, expone Miriam Leirós, profesora de Educación Primaria y miembro de Teachers For Future (TFF), organización que nació en 2019, al calor de las movilizaciones juveniles contra la emergencia climática. Hasta el momento, las soluciones a esta crisis han girado en torno a lo material: nuevas formas de producir energía, una movilidad limpia o una alimentación de proximidad. Sin embargo, la situación requiere de un cambio que trasciende a lo físico, una transformación radical de la cosmovisión contemporánea. Y para ello, explica esta maestra, hace falta un modelo educativo diferente en el que la ecología vertebre el currículum académico.

Lo más rápido y sencillo podría ser un crear una nueva materia, con sus horas lectivas y su temario regulado, pero los expertos coinciden en que sería una medida insuficiente para generar una cosmovisión alternativa que nazca de la mano de los nuevos ciudadanos. “Hace falta más que eso, necesitamos crear competencias para que los alumnos puedan tener, además de conocimientos, comportamientos y habilidades para que, el día de mañana, puedan realizar ese cambio de modelo que necesitamos por la crisis climática”, expone Sera Huertas, técnico en Educación Ambiental y miembro de EA26, un colectivo de expertos y profesionales de enseñanza ecosocial.

En cierta medida, la idea es que los jóvenes, sean de la Educación Primaria o la ESO, puedan entender que el problema climático es una consecuencia de la suma de miles de malas prácticas. “Tenemos que incidir en esa idea de ecosistema, que es lo que nos hace ver que todo está relacionado entre sí. Es lo que está pasando justo ahora con la pandemia: nuestros impactos en al biodiversidad han generado un problema de zoonosis”, arguye Huertas.

Leirós, más pragmática, asienta lo que sería a nivel curricular esa idea de educación ambiental: “Si en una asignatura hablamos de cadena alimentaria, que es un tema muy recurrente, se puede hablar de los alimentos kilómetro cero; de cómo es posible que se pueda consumir quinoa en España sin ser un producto autóctono y los impactos que tiene; de lo que es un producto de temporada”. También se puede hacer un símil con las matemáticas, una de las materias troncales del actual sistema educativo: “Si hablamos de distancias o medidas, se puede utilizar ejemplos con gases de efecto invernadero”.

“Es importante que los alumnos tengan más trabajos colaborativos, que aprendan a pensar en comunidad”

María Pastor, coportavoz de Equo Madrid, reconoce la importancia de esa transversalidad en tiempos de crisis climática. “Por ejemplo, se puede incluir dentro de Historia, la importancia que tuvo la industrialización a la hora de generar una economía ligada a los combustibles fósiles”. Sin embargo, la educación ambiental también debe ir encaminada a transformar los centros escolares y renaturalizar sus espacios. “Hay todo un trabajo por delante sobre cómo convertir a los centros educativos en espacios verdes, libres de plástico, con caminos seguros y zonas verdes que ayuden a luchar contra la subida de temperaturas que trae el cambio climático”, agrega. Se trata de crear pequeñas “islas verdes” que permitan acercar al alumnado al medio y a la naturaleza, potenciando esa idea de ecosistemas. Algo parecido, aunque con grandes limitaciones, es el programa desarrollado por el Ayuntamiento de Barcelona en el año 2020 que buscaba pacificar las calles que rodean las escuelas, y librarlas de coches y humos. Una decisión simple que buscaba crear espacios para el juego tras el colegio y dar una mayor seguridad e independencia a los menores a la hora de regresar al colegio.

Eva Saldaña, responsable de Movilización de Greenpeace, pone el foco en el individualismo que impera en los sistemas educativos tradicionales, lo cual debe ser paliado desde una perspectiva ecosocial. Y es que, para entender que la emergencia climática es un problema colectivo al que no se puede enfrentar en solitario, es necesario inculcar en colegios e institutos esa idea de compañerismo y apoyo mutuo. “Es importante que los alumnos tengan más trabajos colaborativos, que aprendan a tomar decisiones conjuntas y a pensar en comunidad”, agrega la activista, que reclama que el Plan de Acción de Educación Ambiental para la Sostenibilidad que prepara el Gobierno haga hincapié en el trabajo emocional de los estudiantes. “Necesitamos que aprendan a gestionar todo lo que vamos a vivir. Si vamos a tener una Filomena o una pandemia cada poco tiempo, hay que trabajar las emociones”.

Educar a los adultos

“Para conseguir que esa competencia ecosocial vertebre los programas educativos hace falta que haya una formación al profesorado muy específica”, sostiene Huertas. Leirós coincide en ello y denuncia la falta de apoyo que se brinda a los profesionales de la educación: “Hay muchísimos profesores con sensibilidad hacia estos problemas y que quieren incluirlos en sus clases, pero no saben por donde empezar. Hay un vacío enorme. La nueva Ley LOMLOE habla de que el proyecto educativo del centro escolar debe contemplar medidas de cuidado de medio ambiente, sin embargo, a día de hoy, no tenemos acceso a ningún curso de formación que sea público y que trate estos temas”.

“Las decisiones de políticos pueden marcar el destino del mundo entero. De Lambán a Trump no hay tanta distancia”

No sólo se trata de facilitar libros de texto con contenidos climáticos y ecológicos, sino facilitar que los maestros interioricen el problema y adquieran nuevas dinámicas de enseñanza. En cualquier caso, el aprendizaje ambiental trasciende a los alumnos y profesores. Así lo entienden los expertos que reclaman que estás nuevas líneas de enseñanza lleguen a todas las capas de población: desde universidades, hasta la formación profesional, pasando por empresas y ministerios.

“Esta es la línea de actuación. El que toma las decisiones es el adulto y la ciencia nos dice que tenemos sólo una década para revertir esta situación. Por eso hay que trabajar en esa dirección. Es tan importante, que las decisiones negacionistas de políticos pueden marcar el destino socioeconómico de una zona concreta o del mundo entero. De Lambán [que utilizó la nevada de Filomena para negar el cambio climático] a Trump no hay tanta distancia”, dice Huertas, que reclama que se cree un organismo ligado a Presidencia del Gobierno que actúe como eje transversal de todas las carteras ministeriales para incluir los criterios ambientales en todas las decisiones.