Carregar el cotxe als endolls públics, fins a tres vegades més car que a casa

El Gremi del Motor, ERC i Cs critiquen la decisió de l’Ajuntament de fer pagar els usuaris dels punts de recàrrega públics i asseguren que pot suposar un desincentiu per electrificar el parc. Tot això en moments de pandèmia…

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Des d’aquest dilluns, 18 de gener, els punts públics de recàrrega de cotxes i motos elèctrics són de pagament. Segons la pàgina web oficial de l’Ajuntament, Endolla.barcelona, la tarifa bàsica per utilitzar el servei és de 0,49 €/kWh.

betevé hem comparat el cost dels endolls públics amb les dues alternatives més habituals (punts de recàrrega en pàrquings i punts de recàrrega domèstics), i es dona la circumstància que carregar el cotxe o la moto a la xarxa pública és fins a tres vegades més car que fer-ho a casa.

L’Ajuntament justifica el pagament

L’empresa pública B:SM assegura que el pagament servirà per garantir un ús eficient de la infraestructura, mentre que el govern municipal creu que atraurà inversors privats per fer més electrolineres

Què surt més a compte: al carrer o a casa?

Per fer la comparativa hem agafat com a referència un cotxe amb una bateria estàndard de 40 kWh, i hem plantejat la hipòtesi de voler-la carregar fins al 50 % (és a dir, 20 kWh).

  • Punts públics: Posem pel cas que som usuaris esporàdics de la xarxa de carregadors de l’Ajuntament; en aquest cas haurem de pagar 0,49 €/kWh (perquè no tenim cap abonament que en rebaixi el cost). Omplir mig dipòsit costarà 9,8 €.
  • Punt en un pàrquing privat: Les tarifes oscil·len en funció de cada pàrquing, però es poden situar al voltant dels 0,45 €/kWh. Omplir mig dipòsit costarà 9 €. A més, caldrà sumar-hi el cost de l’aparcament en si.
  • A casa: La llum regulada, a data de 18 de gener, té un cost mitjà de 0,15 €/kWh i, per tant, omplir mig dipòsit costarà 3 €.
comparativa preus recarrega electrica

A més a més, cal tenir en compte que les companyies elèctriques ofereixen tarifes adaptades a cada client. Així doncs, en funció de la potència contractada, carregar el cotxe a casa pot sortir fins i tot més barat que en el cas de l’exemple.

Punts de recàrrega per a vehicles elèctrics

Consulta sobre el plànol els 500 punts de recàrrega per a vehicles elèctrics que hi ha a la ciutat de Barcelona

Roura (Gremi del Motor): “Això no és ajudar”

El president de FECAVEM i del Gremi del Motor, Jaume Roura, ha carregat contra la decisió d’acabar amb la gratuïtat del servei. En una entrevista a betevé, Roura ha lamentat que el govern d’Ada Colau i Jaume Collboni hagin tret una ajuda per renovar el parc mòbil: “Això no és ajudar a l’objectiu que volen, transformar la Barcelona verda”.

ERC i Cs, també crítics amb el pagament de l’electricitat

El cost dels punts públics de recàrrega ha generat diferents crítiques. Des de l’oposició, Jordi Coronas (ERC) ha admès que “és lògic que s’hagi de pagar”, però ha lamentat que s’hagi pres la decisió “quan encara no hi ha ni una xarxa suficient de recàrrega elèctrica”.

Per la seva banda, Paco Sierra (Cs) ha avisat que el pagament suposa “una trava important per al foment del cotxe elèctric”. També ha dit que “Colau i el PSC prioritzen l’afany recaptatori”, en comptes d’oferir ajudes per afavorir l’electrificació del parc de cotxes de la ciutat.

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Tres grans amenaces a la vida a la Terra que hem d’afrontar el 2021

Tot i que la pandèmia és el principal tema en les nostres ments, hi ha altres grans amenaces a la longevitat de la nostra espècie i de la planeta. Aquestes inclouen: aniquilació nuclear, catàstrofe climàtica, destrucció neoliberal del contracte social.

Tres grandes amenazas a la vida en la Tierra que debemos afrontar en 2021

Grandes partes del mundo —fuera de China y unos pocos otros países— enfrentan un virus descontrolado, que no ha sido detenido debido a la incompetencia criminal de los gobiernos.

El hecho de que estos gobiernos en países ricos dejen de lado hipócritamente los protocolos científicos básicos publicados por la Organización Mundial de la Salud y por organizaciones científicas revela su práctica maliciosa. Cualquier cosa que no sea centrar la atención en manejar el virus mediante el testeo, la trazabilidad de los contactos, y el aislamiento —y si esto no es suficiente, imponer un confinamiento temporal— es imprudente. Es igualmente preocupante que estos países ricos hayan seguido una política de “nacionalismo de la vacuna”, acaparando candidatas a vacuna en vez de alinearse con una política de creación de una “vacuna de los pueblos”. Por el bien de la humanidad, sería prudente suspender las normas de propiedad intelectual y desarrollar un procedimiento para crear vacunas universales para todos los pueblos.

 Aniquilación nuclear. En enero de 2020, el Bulletin of the Atomic Scientists [Boletín de científicxs atómicxs] fijó el Reloj del Juicio Final de 2020 a 100 segundos de la medianoche, demasiado cerca para la comodidad. El reloj, creado dos años después de que se desarrollaron las primeras armas atómicas en 1945, es evaluado anualmente por el Consejo de Ciencia y Seguridad del Boletín, consultando a su Consejo de Patrocinadores, quienes deciden si mover el minutero o dejarlo en el mismo lugar. Para cuando vuelvan a fijar la hora, es probable que estemos más cerca de la aniquilación. Los ya limitados tratados de control de armas están siendo destruidos, mientras las principales potencias poseen cerca de 13.500 armas nucleares (más del 90% de las cuales están solamente en manos de Rusia y Estados Unidos). El rendimiento de estas armas podría fácilmente hacer este planeta aún más inhabitable. La Armada de Estados Unidos ya desplegó ojivas nucleares tácticas W76-2 de bajo rendimiento. El Día de Hiroshima, conmemorado cada 6 de agosto, debe convertirse en una jornada más importante de reflexión y protesta.

 

Aline Amaru (Tahiti), La Famille Pomare, 1991.

Aline Amaru (Tahiti), La Famille Pomare [La familia Pomare], 1991.

Catástrofe climática. En 2018 apareció un artículo científico con un título impactante: “La mayoría de los atolones serán inhabitables a mediados del siglo XXI debido a que el alza del nivel del mar aumentará las inundaciones provocadas por marejadas”. Lxs autorxs concluyeron que los atolones desde las Seychelles a las islas Marshall están en peligro de desaparecer. Un informe de 2019 de la ONU estimó que un millón de especies animales y plantas están en peligro de extinción. A esto hay que agregar los catastróficos incendios forestales y el grave blanqueamiento de los arrecifes de coral y resulta claro que ya no necesitamos quedarnos en clichés de que una cosa u otra es el canario en la mina de la catástrofe climática: el peligro no está en el futuro, sino en el presente. Es fundamental que las grandes potencias —que siguen fallando en dejar de usar combustibles fósiles— se comprometan con el enfoque de “responsabilidades comunes pero diferenciadas” de la Declaración de Río de Janeiro sobre Medio Ambiente y Desarrollo de 1992. Es decidor que países como Jamaica y Mongolia hayan actualizado sus planes climáticos frente a las Naciones Unidas antes de que termine 2020, como lo exige el Acuerdo de París, a pesar de que estos países producen una fracción minúscula de las emisiones globales de carbono. Los fondos que fueron prometidos a los países en desarrollo para su participación en el proceso prácticamente se han evaporado, mientras la deuda externa ha aumentado exponencialmente. Esto muestra una falta de seriedad básica de parte de la “comunidad internacional”.

Karim Saifou (Iraq), Baghdad the Day After, 2003.

Karim Saifou (Irak), Baghdad the Day After [Bagdad el día después], 2003.

Destrucción neoliberal del contrato social. Los países de América del Norte y Europa han destripado su función pública a medida que el Estado ha sido entregado a los especuladores y la sociedad civil se ha mercantilizado vía fundaciones privadas. Esto significa que los caminos de la transformación social en estas partes del mundo han sido obstaculizados grotescamente. La terrible desigualdad social es el resultado de la relativa debilidad política de la clase trabajadora. Es esta debilidad la que permite que los multimillonarios establezcan políticas que causan que aumenten las tasas de hambre. Los países no deben ser juzgados por las palabras escritas en sus constituciones, sino por sus presupuestos anuales. Estados Unidos, por ejemplo, gasta casi un billón de dólares (si se suma el presupuesto de inteligencia estimado) en su maquinaria de guerra, mientras gasta apenas una fracción en bienes y servicios públicos (como atención sanitaria, algo evidente durante la pandemia). La política exterior de los países occidentales parece estar bien lubricada por acuerdos de armas: los Emiratos Árabes y Marruecos aceptaron reconocer a Israel bajo la condición de que puedan comprar 23.000 millones de dólares y 1.000 millones en armas hechas en EE. UU., respectivamente. Los derechos de las personas palestinas, saharauis y yemeníes no importaron para estos acuerdos. El uso de sanciones ilegales por parte de Estados Unidos contra treinta países, incluyendo Cuba, Irán y Venezuela, se ha vuelto parte de la vida normal, incluso durante esta crisis de salud pública mundial provocada por la pandemia. Es un fracaso del sistema político que las poblaciones en el bloque capitalista sean incapaces de obligar a sus gobiernos —que en muchos casos son democracias solo en el papel— a adoptar una perspectiva global frente a esta emergencia. El aumento de las tasas de hambre revela que la lucha por sobrevivir es el horizonte para miles de millones de personas en el planeta (todo esto mientras China logra erradicar la pobreza absoluta y eliminar en gran medida el hambre).

La aniquilación nuclear y la extinción por la catástrofe climática son amenazas gemelas para el planeta. Mientras tanto, para las víctimas del ataque neoliberal que ha sido una plaga para la última generación, los problemas de corto plazo para sostener su propia existencia desplazan cuestiones fundamentales sobre el destino de nuestrxs hijxs y nietxs.

Los problemas globales de esta escala requieren de la cooperación mundial. Presionados por los países del Tercer Mundo en los años 60, las grandes potencias aceptaron el Tratado sobre la no proliferación de armas nucleares (1968), aunque rechazaron la profundamente importante Declaración sobre el Establecimiento de un Nuevo Orden Económico Internacional (1974). Ya no está la correlación de fuerzas para impulsar ese tipo de agenda de clase en el escenario internacional. Ciertas dinámicas políticas en los países occidentales, en particular, pero también en los grandes Estados del mundo en desarrollo (como Brasil, India, Indonesia y Sudáfrica), son necesarias para cambiar el carácter de sus gobiernos. Se necesita un internacionalismo robusto para prestar una atención adecuada e inmediata a los peligros de la extinción: extinción por la guerra nuclear, por la catástrofe climática, y por el colapso social. Las tareas por delante son abrumadoras y no pueden ser aplazadas.

Fuente: https://www.thetricontinental.org/es/newsletterissue/1-noam-chomsky/