Podem millorar el planeta des de l’alimentació?

Els sistemes agroalimentaris, tal com estan majoritàriament dissenyats avui dia, són altament demandants de recursos finits, per tant, no són sostenibles. El nostre recursos no són infinits, són pocs i cada any els acabem abans.Aquest dissabte la Terra va esgotar els seus recursos naturals destinats per al 2020

Veure també: https://www.forbes.com.mx/hoy-la-tierra-agoto-sus-recursos-naturales-destinados-para-2020/

¿Podemos mejorar el planeta desde la alimentación?

En los últimos años se ha generado un intenso debate sobre la necesidad de cambiar nuestros hábitos alimentarios por diversos motivos, entre los que se encuentra la preservación de los ecosistemas y los equilibrios planetarios.

En el origen de estos debates hay varios informes y artículos científicos. En ellos se alerta sobre las consecuencias negativas de mantener las actuales tendencias de producción y consumo de alimentos, y se informa de las opciones para mantener los sistemas alimentarios dentro de los límites planetarios.

La alimentación es una de las actividades humanas con un mayor impacto ambiental. No es la única, pero sí una de las más importantes. Por eso es urgente cambiar nuestros patrones actuales para mejorar el estado del planeta, al tiempo que obtenemos beneficios económicos y de salud.

La cara B de la alimentación

Uno de los impactos que más preocupan de los actuales sistemas agroalimentarios es su gran contribución al cambio climático. La alimentación en su conjunto es responsable del 26 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

Estas emisiones se producen en toda la cadena de valor, desde la producción animal y vegetal (52 % y 29 % del total de los sistemas alimentarios, respectivamente), su procesado y empaquetado (9 %) y el transporte y distribución (9 %). Un tercio de estas emisiones corresponden a pérdidas y desperdicios alimentarios.

Además, la forma en que producimos y consumimos alimentos en la actualidad está afectando gravemente a los ecosistemas y a la biodiversidad. Se estima que desde inicios del siglo pasado la abundancia de especies nativas se ha visto reducida en un 20 % a nivel global, en gran medida por la sobreexplotación y degradación de los ecosistemas derivadas de la producción agroalimentaria.

Las consecuencias de estas pérdidas no son solo estéticas o patrimoniales (una riqueza ecosistémica de la que no podrán disfrutar las futuras generaciones), sino que suponen una amenaza para el bienestar y la seguridad alimentaria de las personas: la reducción del número de insectos y especies polinizadoras es un gran riesgo para la producción de alimentos.

Por otro lado, los sistemas agroalimentarios, tal y como están mayoritariamente diseñados hoy día, son altamente demandantes de recursos finitos o de lenta recuperación, como agua (más del 70% del consumo de agua dulce total), tierra (43% del uso de tierra libre de hielo y desierto), fósforo (90% de la roca fosfórica usado en agricultura), energías fósiles (30% del consumo energético mundial), etc.

En el otro extremo, estos sistemas son una importante fuente de contaminación por el excesivo uso de nutrientes como el nitrógeno y fósforo y la incorrecta gestión de los residuos ganaderos.

Los culpables no son los animales

Los impactos de las producciones agrarias, no obstante, no deberían ser vistos como responsabilidad única de quienes producen los alimentos. Las ganaderas, ganaderos, agricultoras y agricultores son un eslabón más de la cadena alimentaria. A menudo no son quienes más se benefician de ella, ni quienes más reconocimiento reciben por la labor crucial que desempeñan.

La culpa tampoco es de las vacas, ni de los cerdos, ni de los pollos, ni tan siquiera de la soja. También sería desafortunado culpabilizar a las personas por sus decisiones alimentarias. Los sistemas agroalimentarios –desde la producción al consumo– están profundamente influidos por políticas agrarias y decisiones financieras que, lamentable y tradicionalmente, no han tenido en cuenta los impactos ambientales, sobre la salud humana o el bienestar animal. En estos eslabones se tiene más poder para definir qué, cómo y cuánto se produce.

No obstante, sería erróneo pensar que las decisiones de consumo son triviales en la configuración de los sistemas agroalimentarios. Los cambios en los hábitos individuales tienen un potencial mucho mayor del que a menudo se les atribuye.

El poder del cambio social

El impacto ambiental directamente achacable a una sola persona puede parecer irrisorio a escala planetaria, pero no puede decirse lo mismo de las repercusiones en su entorno social. Recientemente se han desarrollado una serie de modelos climáticos que incluyen el factor social en sus ecuaciones matemáticas, frente a los tradicionales que solo incluyen variables biofísicas.

Considerar variables sociales permite observar cómo los comportamientos de unas personas influyen sobre otras, y qué impactos tendrían a escala planetaria. Según estos estudios, el aprendizaje social puede tener un impacto en la anomalía climática de más de 1℃.

Otras investigaciones advierten que es casi imposible lograr los objetivos climáticos sin una transformación profunda de nuestros hábitos alimentarios.

Transformar desde la ciudadanía

El 97 % de la ciudadanía española afirma que le preocupa el medio ambiente y la mayoría percibe que le preocupa más que a su entorno social. Esto último, además de ser matemáticamente imposible, contribuye a inhibir la intención de actuar de manera sostenible e, incluso, de expresar preocupación o interés por cuestiones ambientales.

La interiorización de la idea de que a la mayoría de las personas no les importa el medio ambiente, y que lo normal es mostrar interés y preocupación por otras cuestiones –como el dinero, el tiempo, el confort o el estatus social– tiene consecuencias negativas.

En las últimas décadas, esta norma social ha afectado a nuestras decisiones, contribuyendo a transformar nuestros hábitos alimentarios hasta niveles difícilmente sostenibles tanto para el planeta como para nuestras arterias.

No obstante, llevar una alimentación sostenible es tan fácil como seguir una dieta sana, primar alimentos de temporada y cercanía, elegir alimentos producidos mediante prácticas ecológicas o agroecológicas y evitar el desperdicio alimentario.

Como sociedad, transitar hacia una alimentación sostenible puede ser tan fácil como favorecer contextos que inviten a tomar elecciones sostenibles, y hacer del consumo consciente y responsable un comportamiento a imitar.

Ivanka Puigdueta Bartolomé. Doctoranda en cambio climático y sistema alimentario, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Alberto Sanz Cobeña. Profesor e investigador en el Centro de Estudios e Investigación para la Gestión de Riesgos Agrarios y Ambientales, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Fuente: https://theconversation.com/podemos-mejorar-el-planeta-desde-la-alimentacion-144439

Una persona de Hong Kong que ha tornat a Espanya, primer reinfectat per COVID-19 en el món

Potser hi ha casos anteriors de persones de la Xina que havíen tornat a recaure amb el virus però no existia la total veracitat de dades. Aquest cas si està totalmenta contrastat. La immunitat no s’adquireix per què un ésser humà hagi passat la malaltia. Tenim encara molt per aprendre d’aquest virus.

La immunitat podria ser poc duradora, s’hauria de considerar també la vacunació per a aquells que han passat per un episodi d’infecció .

https://www.lavanguardia.com/ciencia/20200824/483014314146/hongkones-regresado-espana-primer-reinfectado-covid19-mundo-coronavirus.html

Un hongkonés de 33 años se ha convertido en el primer caso documentado de reinfección por COVID-19 en el mundo, según investigadores de la Universidad de Hong Kong, ha informado este lunes los medios locales de la región administrativa especial china.

El paciente fue dado de alta tras curarse del virus en abril pero a principios de este mes volvió a dar positivo en las pruebas después de regresar desde España, señala la televisión pública local RTHK. Según las autoridades sanitarias de la ciudad, en un primer momento se pensó que el hombre podría ser un “portador persistente” del SARS-CoV-2, coronavirus causante de la pandemia de la COVID-19, y mantener el agente infeccioso en su organismo desde su anterior padecimiento.

Muchos creen que los pacientes recuperados de la COVID-19 tienen inmunidad contra las reinfecciones debido a que la mayoría desarrollaron una respuesta basada en anticuerpos neutralizantes en suero”

Sin embargo, los investigadores de la Universidad de Hong Kong aseguran que las secuencias genéticas de las cepas del virus que contrajo el hombre en abril y en agosto son “claramente distintas”.

Este descubrimiento podría suponer un revés para quienes basan su estrategia contra la pandemia en la supuesta inmunidad obtenida tras pasar la enfermedad. “Muchos creen que los pacientes recuperados de la COVID-19 tienen inmunidad contra las reinfecciones debido a que la mayoría desarrollaron una respuesta basada en anticuerpos neutralizantes en suero”, apunta el estudio de la Universidad de Hong Kong.

Los investigadores recuerdan que “hay pruebas de que algunos pacientes tienen niveles decrecientes de anticuerpos pasados unos pocos meses”. El estudio ha sido aceptado por el diario médico ‘Clinical Infectious Diseases’ (‘enfermedades infecciosas clínicas’, en inglés), publicado por la universidad británica de Oxford.

Los investigadores recuerdan que “hay pruebas de que algunos pacientes tienen niveles decrecientes de anticuerpos pasados unos pocos meses”

Según los expertos de la Universidad de Hong Kong, “el SARS-CoV-2 podría persistir entre la población humana, como es el caso de otros coronavirus humanos comunes asociados a los resfriados, incluso a pesar de que los pacientes hayan conseguido inmunidad a través de una infección natural”. Por lo tanto, recomiendan que los pacientes recuperados de la COVID-19 sigan llevando mascarillas y respetando la distancia social.

Asimismo, la ausencia de una inmunidad natural duradera implicaría que los recuperados de la enfermedad no evitarían someterse a la vacunación toda vez que una vacuna eficaz sea descubierta: “Ya que la inmunidad podría ser poco duradera (…), se debería considerar también la vacunación para aquellos que han pasado por un episodio de infección”.

A mediados de julio, la Organización Mundial de la Salud (OMS) mostró su esperanza en que los recuperados de la COVID-19 mantuviesen cierto grado de inmunidad durante varios meses. Según recordó entonces la jefa del Departamento de Enfermedades Emergentes de la institución, Maria van Kerkhove, “en otros coronavirus como el MERS o el SARS, la inmunidad se prolongó unos doce meses o incluso un poco más”. No obstante, a pesar de que los contagiados desarrollan una respuesta inmune, todavía se desconoce cómo de sólida esta es o su duración.