L’escalada d’hospitalitzacions dispara l’alarma entre el personal sanitari, esgotat després de mesos d’epidèmia: “Si ve la segona onada no sé com aguantarem”

Només unes dades: el 6 d’agost, 673 persones havien estat hospitalitzades en els últims set dies. El 21 de juny, dia en què va acabar l’estat d’alarma, aquesta xifra era de 99 persones, sis vegades menys.

Dona la sensació que no hem après gairebé res. Com a societat, quan veiem les irresponsabilitats que es fan es cau l’ànima als peus, i tampoc veiem els polítics fer la seva feina per garantir suficients recursos, humans i materials. Calen canvis concrets perquè no es repeteixi el que ha passat aquests mesos.

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La epidemia de coronavirus sigue su tendencia ascendente en España tras la caída de casos registrada por las medidas excepcionales impuestas en el estado de alarma. Agosto ha arrancado multiplicando por diez los contagios del final del confinamiento obligatorio, con Aragón, Catalunya y Madrid como principales focos. Los últimos datos indican que los ingresos en hospitales también están elevándose. “En marzo vino un tsunami, ahora estamos observando cómo sube la marea”, resume la doctora Belén Padilla, del Hospital Gregorio Marañón de Madrid. Como demostró la primera oleada de la pandemia, el pico de hospitalizaciones llega días después del máximo de contagios registrados.

El incremento de la transmisión del coronavirus asoma a España a una segunda ola de la pandemia

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Aunque no se ofrecen las cifras totales de las personas hospitalizadas que hay por COVID–19 en toda España (el Ministerio de Sanidad asegura que recoge ese dato, pero “el número total de personas aporta poco al seguimiento de la epidemia ya que algunos llevan ingresados dos meses”, ha dicho Fernando Simón), los informes diarios de Sanidad sí informan de las hospitalizaciones acumuladas cada día y en la última semana, en función de los datos que les remiten las comunidades autónomas.

El 6 de agosto, 673 personas habían sido hospitalizadas en los últimos siete días. El 21 de junio, día en que acabó el estado de alarma, esta cifra era de 99 personas, seis veces menos. El último informe de Sanidad reportaba 41 nuevos ingresos en UCIs en la semana anterior, frente a las 5 del 21 de junio. El siguiente gráfico muestra la evolución de las hospitalizaciones e ingresos en cuidados intensivos cada semana durante los últimos dos meses.

Así han aumentado los ingresos desde el 21 de junio

Evolución de las hospitalizaciones y los ingresados en UCI acumulados durante la última semana

Fuente: Ministerio de Sanidad

Aunque la tendencia al alza es clara, los datos deben ser tomados con cautela, ya que las cifras podrían ser aún peores. Como publicaba esta semana El Confidencial, los datos de hospitalizados facilitados por el Ministerio de Sanidad no coinciden con los de las comunidades autónomas.

Catalunya es uno de los territorios donde este desfase es mayor. El 3 de agosto, el documento del CCAES notificaba que 45 casos habían precisado hospitalización con fecha de ingreso en los últimos 7 días en la región, y otros 2 casos habían sido ingresados en UCI. Sin embargo, los datos publicados por la Generalitat ese mismo día cifraban en 414 el número de ingresos en la última semana, y en 84 los ingresos en UCI.

“Estamos cansados y agotados”

Sanitarios y asociaciones profesionales contemplan con inquietud la evolución de estos datos, entre otros motivos porque no se sienten preparados para asumir una embestida de la COVID-19 como la que vivieron a partir del mes de marzo. “Tenemos mucha preocupación, la situación que se vivió fue muy dura y desde el punto de vista personal de los médicos también. Por mucha Medicina que hayas estudiado, ver morir a tantos pacientes así deja muchas secuelas”, asegura el médico de familia y secretario general de AMYTS Julián Ezquerra. A su juicio “una cantidad de casos parecidos sería un verdadero drama para el personal sanitario, probablemente habría muchas bajas por depresión y ansiedad”.

Su criterio es muy similar al del resto de los profesionales consultados, y al que expresan públicamente en lugares como Twitter. La doctora Padilla, microbióloga e infectóloga del Gregorio Marañón, hacía constar hace pocos días su “rabia y tristeza” por la vuelta de Madrid a las cifras de ingresados de principios de marzo, y advertía de que los sanitarios están “muy cansados y agotados”.

“Moralmente estamos muy agitados, en el hospital comentamos que no podríamos soportar otra vez lo que hemos pasado, porque no nos hemos recuperado ni anímicamente ni médicamente”, abunda en declaraciones a este periódico la doctora, también vicepresidenta del Colegio de Médicos de Madrid. Ella misma ha sido una de los más de 53.000 sanitarios infectados por COVID-19 durante estos meses. El último Consejo de Ministros aprobó la prórroga de la consideración como contingencia profesional derivada de accidente de trabajo de las enfermedades padecidas por el personal sanitario como consecuencia del virus SARS-CoV2. “Como sanitario también es muy duro pensar que puedes caer enfermo y contagiar a tus familiares. Esta es una enfermedad muy cruel, porque aísla a los pacientes”, relata la infectóloga.

Padilla afirma que la situación en los centros sanitarios ha cambiado respecto a la primavera, pero sienten temor ante lo que están viendo: “los pacientes son diferentes, ahora son más jóvenes (la media de edad de los contagiados ha caído a 40 años en hombres y 43 en mujeres). En marzo fue una estampida de pacientes muy graves en poco tiempo. Vimos un tsunami y ahora estamos viendo cómo sube la marea. Es un goteo que la última semana ha ido aumentando”, describe.

Por el momento, el Ministerio de Sanidad asegura que la epidemia está bajo control y afirma que aunque las cifras globales no paren de aumentar, no se puede comparar el contexto con el de marzo, entre otras cosas porque ahora mismo se rastrean los contactos de cada caso positivo, y se les realizan pruebas PCR (ya se han efectuado 4,6 millones desde el inicio de la pandemia), mientras que en los primeros meses solo se analizaban los casos más graves. De hecho, más de un 60% de los positivos detectados son asintomáticos, como suele destacar el portavoz del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, aunque en el caso de la Comunidad de Madrid este porcentaje es solo del 15%, lo que indica poca capacidad de rastreo.

Pero a pesar de la negativa de Sanidad a reconocer una segunda oleada por la ausencia de expansión comunitaria descontrolada (sí lo considera así el gobierno vasco sobre la situación en esa comunidad), la evolución de los acontecimientos genera preocupación en todo el sector sanitario, también entre las enfermeras. “No ha dado tiempo a la recuperación física ni emocional. Hace tres meses nos pilló a todos de sorpresa y pusimos toda la carne en el asador, pero ahora estamos observando conductas irresponsables, y sentimos impotencia: nos dejamos la piel para sacar adelante a nuestros pacientes y parte de la sociedad está ahora haciendo el ganso”, lamenta la portavoz de SATSE María José García.

Críticas a la gestión sanitaria

Aparte de las actitudes sociales irresponsables (las reuniones de familiares y amigos siguen siendo el principal motivo de los brotes, un 35%, y el ocio nocturno es el que provoca más casos asociados a cada brote) las críticas de estos profesionales tienen mucho que ver con la gestión sanitaria. “No hace falta apoyo psicológico, sino poder descansar de jornadas maratonianas y sin fines de semana”, explica Julián Ezquerra. La falta de personal que denuncian se agrava además por la temporada veraniega. “En la Comunidad de Madrid hay médicos de Primaria encargándose de las consultas de hasta cinco compañeros porque no hay sustitutos”, afirma. Un problema que se repite en la mayoría de las comunidades (la sanidad en España es una competencia autonómica).

“El sentimiento es de estrés continuo, agotamiento y necesidad de que aporten los recursos necesarios, muchos de ellos basados en la contratación de personal para reducir cargas y no doblar cupos por vacaciones, bajas u otras ausencias”, subraya una médico de Primaria de Osakidetza (la sanidad pública vasca). El sindicato SATSE denuncia que la epidemia ha venido a empeorar la precariedad laboral en el sector de la enfermería y la fisioterapia: “no se está sustituyendo al personal y se acrecienta cansancio físico. Ofrecen contratos de tres días en un hospital, cuatro en otro, o incluso dentro del mismo cambiando de unidades. Esto es una noria que no para en ningún momento”, afirma su portavoz.

Más allá de la necesidad de personal, que ya saben que existe y seguirá en septiembre, la doctora Padilla, infectóloga en el Marañón, denuncia que los profesionales no saben si hay planes de contingencia o los recursos médicos necesarios en caso de segunda ola. Entre los planes que a su juicio se deben poner en marcha con urgencia se refiere a reforzar el trabajo de los rastreadores (buscando eventuales positivos entre los contactos de los contagiados por COVID-19), labor que en muchos casos están haciendo los médicos de Primaria. “Hacen falta recursos humanos, es un trabajo para el que no vale cualquiera, hacen falta conocimientos médicos para interpretar lo que te dicen, no se pueden buscar rastreadores en la Universidad” (como está haciendo la Comunidad de Madrid). También habla de protocolos clínicos específicos en todos los centros sanitarios y el establecimiento de circuitos concretos a los que enviar a los pacientes que llegan con síntomas como tos o fiebre, algo que será cada vez más frecuente en la próxima estación. “Ahora cada uno nos vamos organizando”, asegura.

“Nos da la sensación de que no hemos aprendido casi nada. Como sociedad, cuando vemos las irresponsabilidades que se comenten se nos cae el alma a los pies. Y tampoco vemos a los políticos hacer su trabajo para garantizar suficientes recursos humanos y materiales. La frase ‘hay que cuidar a quien te cuida’ no significa que nos aplaudan, que nos den palmaditas o ni siquiera que nos aumentaran el sueldo, sino medidas y cambios concretos para que no se repita lo que ha pasado estos meses”, concluye la doctora.

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