La covid agreuja la crisi de l’Espanya buida: així viuen els pobles un confinament pensat per a les ciutats empitjora

El món rural compleix amb les mesures establertes en l’estat d’alarma, encara que algunes estan més pensades per a l’entorn urbà. L’emergència ressalta els problemes que pateixen pagesos i ramaders, i les mancances tecnològiques en molts llocs.

L’estat d’alarma ha atacat a l’economia i en el cas del món rural ha agreujat una crisi que estava encesa i marcada per les creixents protestes del tractor. Però també ha evidenciat altres problemes que des de fa temps assoten als pobles d’Espanya. La bretxa digital és un d’ells.

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Las ciudades se han vaciado y, fruto de la pandemia, parecen pueblos. Se ven hasta animales por el asfalto. Hay quien podría pensar que el confinamiento no podría vaciar más a esa España rural que resiste a la despoblación y al envejecimiento paulatino de sus gentes. Sin embargo, las sillas al fresco y quietud de lo rural se ha vuelto más quieta que nunca, fruto de un estado de alarma que, como en todo, tiene sus particularidades en estas zonas del Estado.

“En el mundo rural se están cumpliendo también las medidas del Gobierno”, cuenta orgullosa Lidia Díaz, presidenta de la Asociación Española Contra la Despoblación (AECD). “Eso sí —puntualiza—, hemos estado muy expuestos porque, cuando se decretó el estado de alarma, hubo mucha gente de las ciudades que se vino a los pueblos”. Las problemáticas estructurales que van ligadas a la España rural parecen haberse potenciado con esta emergencia sanitaria, tal y como denuncian desde las organizaciones a favor de la repoblación.

Al fin y al cabo, el estado de alarma se ha pensado desde y para la ciudad. Así, las restricciones a la movilidad de esos territorios rústicos y diversos han venido a dinamitar una forma de vida muy apegada a la tierra y a la soberanía alimentaria. Tanto es así, que en la mayor parte del Estado, los ciudadanos no pueden acudir a su huerta particular para trabajarla y llevarse sus productos de autoconsumo. “No tiene sentido”, opina Alberto Alfonso, delegado de la Asociación Contra la Despoblación Rural (ACDR) de Teruel. “Si te paras a pensarlo es absurdo porque tienes más riesgo de coger el virus yendo al supermercado a comprar que recogiendo la comida de tu huerto”.

Pero esta crisis no sólo ataca a esa tradicional costumbre de comer lo que se siembra en lugar de venderlo. Los pequeños y medianos agricultores y ganaderos están teniendo grandes problemas para salir adelante, ya que los mercados donde colocaban sus productos, esos puestos al aire libre que se montan en tiempo récord en las plazas centrales de los pueblos, han quedado cerrados por el decreto de estado de alarma. Lo mismo ocurre con los locales gastronómicos donde la mayor parte de medianos empresarios rurales vendían sus piezas de lechales.

“Da la sensación de que los alimentos llegan a las tiendas urbanas por arte de magia”

Además, las grandes cadenas de supermercado han aprovechado esta situación de crisis para imponer su tiranía sobre los precios, por lo que las posibilidades de colocar los productos en el mercado alimentario no es del todo viable, ya que en determinados cultivos los precios se están hundiendo, tal y como informan desde la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos de España (COAG). “Da la sensación de que los alimentos llegan a las tiendas urbanas por arte de magia y esto tiene un impacto en los productores medianos y pequeños que tienen dificultades para la subsistencia del sector”, valora Andrés Muñoz, responsable de Soberanía Alimentaria en Amigos de la Tierra.

El estado de alarma ha atacado a la economía y en el caso del mundo rural ha agravado una crisis que estaba encendida y marcada por las crecientes protestas del tractor. Pero también ha evidenciado otros problemas que desde hace tiempo azotan a los pueblos de España. La brecha digital es uno de ellos. “Al no tener casi acceso a la fibra óptica nos encontramos con que en el campo es casi imposible teletrabajar en las mismas condiciones que en la ciudad”, denuncia Alfonso. “Aquí, en Oliete, tenemos casos de chicos que estudian en la universidad y no han podido pasar el confinamiento con sus familias porque no tienen acceso a internet. Se han tenido que quedar en la ciudad para poder seguir con las clases virtuales”.

Esta privación de la red imposibilita también que toda la ciudadanía rural pueda acceder al flujo informativo y a las noticias digitales con rapidez, lo que ahora se vuelve fundamental si se tiene en cuenta el momento de incertidumbre y cambios políticos en el que se encuentra la sociedad española. “Todas las leyes, que son muchas, se están divulgando en la red y hay que pensar que en los pueblos hay una parte importante de personas que no tienen acceso, sea por el envejecimiento de la población o por la falta de infraestructuras de telecomunicación”, expone Díaz.

Ejemplo de solidaridad

Pese a todo, el campo es un ejemplo de apoyo mutuo y, en momentos de crisis, aflora esa solidaridad vecinal que ahora empieza a despertar también en las ciudades, donde el individualismo y el ritmo feroz del turbocapitalismo habían hecho del ser humano un ente asocial. Así, los pueblos que resisten el envite de la covid-19 han tenido esa capacidad de garantizar que los más débiles de las comunidades –los ancianos, que son la principal víctima del coronavirus– puedan vivir sin exponerse demasiado.

“Si alguien va a ir a hacer la compra, aprovecha y la hace para cinco o seis vecinos más”

“Las tiendas del pueblo llevan la compra a las personas mayores para que no salgan de casa, el médico te visita en casa, el alguacil te saca la basura… Al final, en los pueblos, tenemos una cercanía más grande; no somos seres anónimos, lo que facilita un poco más el confinamiento”, argumenta Alfonso.

“La gente trabaja a través de la cooperación. Si hay una persona que está viviendo sola en el pueblo, los vecinos le ayudan y le traen comida”, narra Díaz. “Por suerte, esto está empezando a verse en las ciudades, pero en menor medida porque aquí todos somos conocidos. Por ejemplo, si alguien va a ir a hacer la compra, aprovecha y la hace para cinco o seis vecinos más”.

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