L’Àrtic ja no és només blanc, ara cada vegada és més verd

Els satèl·lits també estan capturant altres canvis, incloses les diferències en el moment del desglaç i la humitat dels paisatges. Les plantes de tundra actuen com una barrera entre l’escalfament de l’atmosfera i les enormes reserves de carboni emmagatzemades a terra congelat. Els canvis en la vegetació alteren l’equilibri entre la quantitat de carboni capturat i el seu alliberament a l’atmosfera.

https://www.ecoticias.com/cambio-climatico/199062/A-rtico-blanco-ahora-cada-vez-mas-verde

El tránsito del paisaje blanco al verde Ártico observado desde el espacio es causado por algo más que las respuestas de las plantas de tundra al calentamiento en el suelo.

Un equipo de 40 científicos de 36 instituciones, dirigido por dos exploradores de National Geographic, ha revelado que las causas de este proceso de ‘enverdecimiento’ de las regiones árticas son más complejas y variables de lo que se pensaba anteriormente.

El Ártico ya no es solo blanco, ahora cada vez es más verde

A medida que las temperaturas del verano en el Ártico son cálidas, las plantas responden. La nieve se está derritiendo antes y las plantas están llegando a las hojas antes en primavera. Continua la lectura de L’Àrtic ja no és només blanc, ara cada vegada és més verd

El Govern ha gastat 125 milions en sis anys a reconstruir platges i costes que els temporals tornen a destrossar. Sostenibilitat?

Un litoral cada vegada més feble per l’urbanisme i les infraestructures obliga a destinar repetidament fons públics d’emergència per pal·liar els danys.

L’actuació que més repeteix en les fitxes d’aquests plans d’emergència és l’aportació de sorra a les platges afectades. També la reconstrucció d’infraestructures com els accessos o els passejos marítims de què parlava el polític valencià. I en un tercer grup treballs per assegurar la sostenibilitat de la costa i mitigar els efectes de futurs temporals i galernes.

https://www.eldiario.es/sociedad/Espana-millones-emergencia-destrozos-temporales_0_990751176.html

Cuando las olas, el viento, la lluvia –y el foco mediático– se retiran quedan los destrozos: playas menguadas, construcciones abatidas, cosechas anegadas… Una costa que a base de urbanismo e infraestructuras se ha convertido en cada vez más vulnerable obliga a gastar un buen pellizco de dinero público para paliar los estragos causados cuando arrecia un temporal como Gloria. Solo en los últimos seis años la sucesión ha obligado al Gobierno español a gastar 125 millones de euros en obras de urgencia.

La secuencia de planes litorales en los últimos años ha sido la siguiente: los temporales de febrero de 2014 en el noroeste (desde Gipuzkoa a Pontevedra) exigieron 35 millones. En 2015, otros 21,2 millones. Las galernas de noviembre y diciembre de 2016 entre Catalunya y Cádiz derivaron en el Plan Litoral 2017 dotado con 16,5 millones. Los temporales de febrero y marzo de 2018 supusieron 40,9 millones en obras desde Tarragona a Huelva, Melilla y Canarias. Las reparaciones de la DANA de septiembre de 2019 cuentan con 11,4 millones. Y queda por presupuestarse el plan que intente restañar el paso de Gloria.

Esta semana, el alcalde de Bellregard (Valencia), Álex Ruiz, ante la visión del paseo marítimo de su localidad destruido por Gloria, se preguntó si merecía la pena reconstruirlo y “malgastar millonadas cíclicamente engullidas por el mar”.

La actuación que más repite en las fichas de estos planes de emergencia es el aporte de arena a las playas afectadas. También la reconstrucción de infraestructuras como los accesos o los paseos marítimos de los que hablaba el político valenciano. Y en un tercer grupo “trabajos para asegurar la sostenibilidad de la costa y mitigar los efectos de futuros temporales y galernas”.

Destrucción en la playa de las Devesas en Denia (Alicante) en 2017. En 2020 ha sido una de las zonas más afectadas por 'Gloria'.
Destrucción en la playa de las Devesas en Denia (Alicante) en 2017. En 2020 ha sido una de las zonas más afectadas por ‘Gloria’.

El catedrático de Puertos y Costas de la Universidad Politécnica de Valencia, José Serra Peris, ha asegurado tras el paso de este último temporal que “con todo lo invertido en parchear se podría haber resuelto el problema”. El investigador de la Universidad de Alicante, José Ignacio Pagán Conesa, matiza que la solución a largo plazo pasa más por “soluciones blandas repetidas en el tiempo y sostenibles que acciones muy agresivas puntuales”. Se refiere a definir una línea de costa “razonable”, recuperarla y mantenerla más que “construir un espigón, una barrera o verter muchísima arena y luego olvidarse”.

La costa española está a merced de los embates de un clima alterado que deriva en temporales más frecuentes y más virulentos. Sobre todo la franja de Levante. Allí ha desaparecido la defensa natural de la linea de costa que constituía “el perfil de playa más ancho y con dunas”, repite Pagán. Sin barrera, la agresión de los temporales es más dañina y se repite.

“Naturalizar la costa sería la mejor opción” cuenta la ingeniera e investigadora de la costa de Alicante, Isabel López Úbeda. “Pero no es tan viable, ya que hay muchas construcciones de primera línea que hace 50 años no estaban en primera línea”.

El litoral levantino ha perdido su naturaleza. Las dunas costeras es uno de los ecosistemas más agredidos en España. La península y las islas suman aproximadamente 45.500 hectáreas de superficies dunares. De ellas, 38.500 están en la región mediterránea, “los tipos de hábitat más degradados”, según confirma el Ministerio de Transición Ecológica. Solo el 24,5% tiene un índice alto de naturalidad.

Las causas del ciclo ruinoso

Para la geógrafa Eulalia Sanjaume, el vertido de arena sin más “es tirar el dinero si no se acometen las causas”. Es una manera de mantener cierto ciclo ruinoso. Entre ellas, la imposibilidad de que los sedimentos que tienen que alimentar esos ecosistemas lleguen debido a “la construcción de presas, las canalizaciones de ríos y los puertos” remacha López Úbeda.

Obras de reparación en Zarautz (Gipuzkoa) en 2014.
Obras de reparación en Zarautz (Gipuzkoa) en 2014.

Los embalses regulan entre el 75% y el 95% del caudal de los ríos de la cuenca mediterránea. El caso del Ebro y su delta es muy conocido, pero, por ejemplo, en Almería, el río Adra ha pasado de aportar 100.000 m3 de sedimentos a unos 5.000-10.000. El Almanzora, de 140.000 a 10.000.

En la Región de Murcia, y por no mirar siempre al Mar Menor, la agricultura intensiva de regadío se ha extendido por la mayoría de las zonas de crecida fluvial de la llanura litoral Marina de Cope, lo que ha provocado que, sin sedimentos, su línea de costa haya retrocedido entre 16 y 68 metros. Pagán Conesa explica que “cuando la playa se estrecha y llega el temporal, las olas tocan las dunas y se llevan una arena que no se repone”.

Y luego está el urbanismo. Los informes del estado de los hábitats de Transición Ecológica resaltan que la desaparición de dunas se debe “al retroceso acelerado por acciones antrópicas (relacionadas con la actividad humana) sobre el sistema litoral o, directamente, por la urbanización”.

En España, entre 1996 y 2006 (cuando se alcanzó el récord histórico anual), se inició la construcción de 5,2 millones de viviendas libres, según el registro del Ministerio de Transporte, Movilidad y Agenda Urbana. Solo tres provincias litorales: Málaga, Alicante y Murcia supusieron el 20% de todo ese volumen (un millón) y superaron la suma de Madrid y Barcelona.

El Colegio Oficial de Geólogos expuso, al ver los efectos del temporal Gloria, que era el momento de pensar en “deconstruir” la costa. “Reconstruir y que la naturaleza recupere lo que es suyo”. El grupo de investigadores costeros de Alicante, sin embargo, amortiguan esta frase con una pregunta: “¿Y hasta dónde nos retiramos?”