Els aniversaris més tràgics de la NASA coincideixen aquesta setmana

Els accidents de l’Apolo 1, el transbordador Challenger i el transbordador Columbia es van cobrar un total de 17 vides.

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Esta semana se celebra el aniversario de tres de los hechos más dramáticos en la historia de la NASA. Y es que en la exploración espacial no todo han sido éxitos. El riesgo que supone lanzar a alguien fuera de la atmósfera a veces se manifiesta en desastres.

Tal día como hoy pero de 1967, morían tres astronautas a bordo del Apolo 1. Gus Grissom, Ed White y Roger Chaffee estaban realizando un ensayo en el complejo de lanzamiento situado en Cabo Cañaveral, en Florida (EE.UU.), cuando la cápsula de la nave se incendió. La triple escotilla de la cabina no permitió que los astronautas escaparan tan fácilmente y los tres tripulantes fallecieron asfixiados. Más tarde se vio que la causa fue un cortocircuito que, debido al oxígeno a presión de la cabina, provocó que todo ardiera.

El accidente ocurrió menos de un mes antes de la fecha prevista para del lanzamiento del cohete, programado para el 21 de febrero. Apolo 1 era la primera misión tripulada del programa homónimo de la NASA que tenía por objetivo llegar a la Luna. El accidente hizo que el proyecto se paralizara durante 20 meses. Los estadounidenses lograron pisar el satélite en 1969 tras el éxito de la misión Apolo 11, ganando a los rusos en la carrera espacial.

Tripulación del Apolo 1. Gus Grissom, Ed White y Roger Chaffee

Tripulación del Apolo 1. Gus Grissom, Ed White y Roger Chaffee (NASA)

El gran éxito del paseo lunar de Armstrong y Aldrin no libraría a la agencia estadounidense de más desastres. Mañana, martes 28, se cumplirán 34 años del accidente del transbordador Challenger . A los 73 segundos del despegue, la nave se desintegró con siete personas a bordo: Francis “Dick” Scobee, Michael J. Smith, Ronald McNair, Ellison Onizuka, Gregory Jarvis, Judith Resnik y Christa Corrigan McAuliffe. La causa del accidente en esta ocasión fue el fallo de uno de los motores del cohete.

El intenso frío del día del lanzamiento hizo que las juntas perdieran elasticidad, así que fallaron y colapsaron al poco tiempo de separarse del suelo. Los ingenieros ya habían mostrado su preocupación ante las condiciones climáticas pero aún así se mantuvo el lanzamiento pues la NASA no quería retrasarlo más. Los restos acabaron en el océano Atlántico, frente a la costa de Florida.

Una comisión independiente nombrada por el gobierno estadounidense, La Comisión Rogers, realizó una investigación exhaustiva sobre el accidente. El informe presentado obligó a detener el programa de transbordadores espaciales durante casi tres años por los problemas encontrados y tras llegar a la conclusión de que la nave no debió ser lanzada.

Challenger iba a cumplir la misión STS 51-L, en la que por primera vez en la historia viajaba un civil, la profesora McAuliffe, como parte del programa Teachers in Space (“Profesores en el espacio”).Con él se pretendía atraer nuevamente el interés por la exploración espacial a la sociedad, que parecía ya acostumbrada a las noticias sobre misiones en el espacio. Por ello el lanzamiento, y por tanto el accidente, fue retransmitido en directo en todo el país y generó tal impacto en la sociedad. La misión también iba a realizar experimentos vinculados a al paso cercano del cometa Halley y a colocar en órbita a un satélite de comunicaciones

EL transbordador Challenger segundos antes de la explosión

EL transbordador Challenger segundos antes de la explosión (Photo 12 / Getty)

El más reciente de los accidentes se dio el 1 de febrero del 2003, el del transbordador Columbia . En él también murieron siete personas: Rick Husband, William McCool, Michael Anderson, Ilan Ramon, Kalpana Chawla, David M. Brown, y Laurel Blair Salton Clark. Esta vez la nave regresaba a la Tierra tras haber completado con éxito la misión que tenía encomendada y fue en la entrada en la atmósfera cuando se desintegró. Tan sólo le quedaban 16 minutos para aterrizar en Cabo Cañaveral.

Una investigación posterior demostró que el accidente fue debido al daño en la capa aislante por el desprendimiento de un trozo de aislante del tanque de combustible que provocó un recalentamiento con el roce de la atmósfera y causó la desintegración. La pieza se desprendió en el momento del despegue, momento captado por las cámaras de la NASA.

De forma similar a las secuelas del Challenger, las operaciones de vuelo del transbordador espacial fueron suspendidas durante más de dos años. La NASA compensó a los familiares de los fallecidos con 26,6 millones de dólares (unos 24 millones de euros).

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