Com les grans potències econòmiques trenquen l’Acord de París

Les emissions de CO2 van augmentar en pràcticament tots els sectors de l’economia dels països que componen el G-20. Pràcticament cap dels Estats ha desenvolupat polítiques i fulls de ruta per complir amb els compromisos climàtics acordats a París.

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Las veinte principales potencias económicas del planeta, el denominado G-20, están aumentando sus emisiones de gases de efecto invernadero e incumpliendo los compromisos mínimos que se sellaron en el Acuerdo de París de 2015 para limitar el calentamiento global a 1,5 grados, tal y como recoge el último informe Brown to Green de Climate Transparency publicado semanas antes de cumbre del clima de Madrid.

Los resultados del trabajo, un mapeo intenso sobre los logros y derrotas en la lucha de los estados del G-20 contra la crisis climática, dejan ver que ninguna de las prácticas económicas, a niveles generales, ha conseguido decrecer sus emisiones. Ni el sector energético, ni el entramado eléctrico, ni el mundo de los transportes, ni las actividades constructivas han conseguido descender sus niveles de contaminación. De hecho, las emisiones han incrementado en todas las parcelas económicas durante el último año.

“Las emisiones generales de CO2 aumentaron en prácticamente todos los sectores, pero estamos viendo que están apareciendo nuevos líderes de los que algunas potencias pueden aprender, como el caso de las políticas de China para promover vehículos eléctricos y transporte público”, manifiesta Lena Donat, una de las autoras del informe.

Aunque el papel de las energías renovables creció un 5% en el último año en el entramado energético de los países del G-20, la realidad muestra que los combustibles fósiles siguen teniendo un poder importante, en tanto que producen el 82% de la combinación energética de estas potencias económicas. Además, lejos de decrecer, las emisiones de CO2 del sector energético se incrementaron un 1,8%. Esto hace que el objetivo de atajar la subida de temperaturas y limitarla a los 1,5º se aleje, si cabe, aún más.

De hecho, el suministro de energía primaria sucia se disparó en Australia (+1%), Canadá (+4), China (+3%), India (+4%), Indonesia (+5%), Rusia (+4%), Sudáfrica (+1%), Corea del Norte (+3%) y Estados Unidos (+4%). Además, solamente hay dos estados miembros del G-20 –Alemania y Brasil– que han desarrollado planes para implementar energías renovables a largo plazo. Por lo que se refiere al reto de descarbonizar la economía, tan sólo Canadá, Francia, Italia y Reino Unido han llevado a cabo compromisos para conseguirlo de cara a 2030.

Transportes y edificios

Por lo que se refiere al sector de los transportes –uno de los que más emisiones de gases de efecto invernadero libera a la atmósfera a nivel mundial–, sus emisiones también se han visto incrementadas durante el último año en el cómputo general de los países del G-20. Concretamente, un 1,2%. “El último vehículo con motor de combustión interna debería venderse en 2035”, advierte el estudio en este apartado.

“El último vehículo con motor de combustión interna debería venderse en 2035”

Si bien es cierto que hay datos positivos dentro de la transición del tráfico rodado –como el caso de China, que duplicó la proporción de coches eléctricos en el último año– los mayores retos están en conseguir que el sector de la aviación decrezca sus emisiones –que se han disparado en los últimos años– y encontrar alternativas para los vehículos pesados. De esta forma, el estudio recalca que para conseguir cumplir con el objetivo de reducir el ritmo del calentamiento del planeta es necesario que las potencias económicas reduzcan los subsidios al sector de la aviación e implementen medidas fiscales que graven el combustible, entre otras cosas.

El sector inmobiliario de las potencias mundiales, por su parte, ha incrementado sus emisiones de CO2 en un 4,1% durante el último año. Un crecimiento que va contra las premisas de los acuerdos climáticos de la ONU, que reclama un escenario de emisiones nulas, al menos para las nuevas construcciones, de cara a 2020-2025. Estados Unidos, Arabia Saudí y Australia son los estados con mayores índices de contaminación de sus edificios per cápita y, según recoge la publicación de Climate Transparency, carecen de políticas ambiciosas para revertir la situación. La Unión Europea, no obstante, sí que tiene estrategias para reconvertir su parque inmobiliario y caminar hacia un escenario de cero emisiones.

Industria, agricultura y usos de la tierra

El Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU (IPCC) advertía que las emisiones de CO2 del sector industrial deberían reducirse al menos un 60% de cara a 2050 si se quiere limitar el calentamiento del planeta a 1,5 grados. La realidad es que, lejos de disminuir, los datos del informe apuntan a un crecimiento de la contaminación de entorno al 3%, según los últimos datos disponibles del año 2016. No sólo eso, sino que ninguno de los estados analizados presentan hojas de ruta para conseguir el descenso de polución industrial reclamado por la ciencia.

El mundo agrícola, según los últimos datos de 2016, es el único que esconde cifras globales positivas dentro del G-20, ya que recortó las emisiones de gases de efecto invernadero en un 0,4%. En el ámbito agropecuario gran parte de las emisiones tienen que ver con la deforestación para monocultivos o para el desarrollo de prácticas de pastoreo. Así, Argentina, Indonesia y Brasil son los estados que mayores estrategias desarrollaron en el último año para combatir la pérdida de hectáreas boscosas, mientras que otros países como Australia –azotada por grandes incendios durante el último mes– y Canadá carecen de políticas contra la deforestación.

Política financiera

Entre los reclamos de la ciencia, destaca la necesidad de un cambio de rumbo de las políticas financieras con un incremento de las inversiones en infraestructuras verdes, en detrimento de las energías fósiles. Sin embargo, la realidad es que las grandes potencias económicas no terminan de despegar sus intereses de los recursos que más contribuyen a la crisis climática.

Según los datos recopilados por el informe, en 2017 se invirtieron 127.000 millones de dólares en carbón, petróleo y gas, lo que, en cualquiera de los casos, supone un descenso de más de 240. 000 millones respecto a 2013. Este descenso tiene que ver “con una caída dramática de los precios”.

En este contexto, las grandes potencias están comenzando a promover políticas reguladoras sobre los recursos fósiles, para impulsar el crecimiento verde. Sin embargo, estas medidas están lejos de limpiar del todo la economía global, ya que se trata de pequeñas iniciativas que, como en el caso de Francia y Brasil, advierten a los inversores de los riesgos que puede tener la compra de activos vinculados a los combustibles fósiles por la coyuntura de crisis climática.

Por último, el trabajo de Climate Transparency recoge algunas de las repercusiones que la crisis climática ha tenido en la población del G-20 durante el último año. La omisión de las advertencias de la ciencia, en cierta medida, tiene impactos notables sobre las formas de vida de los principales estados del mundo, en tanto que los fenómenos meteorológicos extremos vinculados a la coyuntura del calentamiento del planeta dejan cada año cerca de 16.000 muertes y pérdidas económicas de unos 142.000 millones de dólares.

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