L’aigua envasada és el normal, o un problema?

L’alumini està apareixent com una opció més sostenible per atendre consumidors conscients del medi ambient. Aquest canvi amenaça de desallotjar la posició atrapada dels plàstics a la indústria de les begudes nord-americanes, alhora que contribueix a impulsar accions d’empreses com Ball Corp., el major productor d’alumini que pot arribar al món.

Però la tendència de creixement del consum d’aigua embotellada suposa un veritable problema, a més de per la mercantilització d’un bé comú, per l’impacte ecològic que comporta i per l’impacte que poden tenir en la nostra salut els plàstics. Un gest tan senzill com beure aigua de l’aixeta es converteix en la millor alternativa.

https://www.boston.com/news/national-news/2019/10/19/aluminum-replacing-plastic-as-greenest-bottle

https://www.elsaltodiario.com/saltamontes/agua-envasando-lo-comun

El agua es un bien común y por eso,nos pertenece a todas las personas y de todas depende su cuidado.

El 28 de julio de 2010 la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoce que “el derecho al agua potable y el saneamiento es un derecho humano esencial para el pleno disfrute de la vida y de todos los derechos humanos”.

Sin embargo, en la sociedad de consumo en que vivimos, en la que casi todo vale, el agua se ha convertido en un auténtico negocio que factura en España más de mil millones de euros anuales, según la Asociación Nacional de Empresas de Aguas de Bebida Envasadas. Más del 95% de los manantiales de agua mineral de España son explotados por empresas privadas. Gracias a la Ley de Minas 22/1973 por la que se rige, estas empresas explotan un recurso público y no con ello se ven obligadas a que parte de dicho beneficio redunde en el interés general.

“Nuestro objetivo es elevar el consumo al nivel de la cerveza o cualquier otra bebida” eran las palabras de una conocida multinacional dedicada, entre otras cosas, a la comercialización del agua. Se venden botellas de agua con diseños atractivos para niños en jugueterías y farmacias. Si pides agua en un restaurante, salvo contadas excepciones, te la sirven embotellada. Encontramos máquinas expendedoras en nuestros trabajos. Las botellas de plástico están normalizadas en muchos programas de moda de televisión o internet y tertulias; se reparten en ciertos autobuses y VTC. Incluso en algunas tiendas de ropa y complementos te invitan a comprar agua embotellada indicando que el dinero recaudado de su venta se empleará en proyectos de cooperación.

Se publicita el agua embotellada como una alternativa saludable al consumo de otras bebidas. De esta manera las grandes marcas pretenden favorecer su consumo frente al agua del grifo. Y lo consiguen: en España, el consumo de agua embotellada, excepto entre el 2009 y 2013, siempre ha ido en aumento, situándose en la cuarta posición en producción de agua mineral en Europa, según la Federación Europea de Aguas Envasadas. Este hecho es un gran éxito de publicidad si tenemos en cuenta que nos están vendiendo algo que es prácticamente gratis.

La tendencia de crecimiento del consumo de agua embotellada supone un verdadero problema, además de por la mercantilización de un bien común, por el impacto ecológico que conlleva. Es una evidencia que producimos más residuos de los que somos capaces de reciclar. La mayoría de los plásticos que tiramos acaban incinerados (con las correspondientes emisiones) y otra parte importante termina en el mar o en vertederos. Estos plásticos tardan 500 años en descomponerse, frente a los 10 minutos que se tarda en beber su contenido. Entre 5 y 13 millones de toneladas de plástico acaban en los océanos cada año en estos tiempos de usar y tirar. Además, el agua comercializada tiene que ser envasada, almacenada y transportada, con el consiguiente gasto de agua y energía.

Por otro lado, en diversos análisis realizados en botellas de agua, se ha podido comprobar una migración de compuestos y de micropartículas de plástico que pasan al agua. Esto sucede durante el proceso de fabricación o una vez envasada, especialmente por altas temperaturas o por largo tiempo embotellada. Algunos de los compuestos que se han detectado en estos análisis (ftalatos) pueden actuar como disruptores endocrinos. Hace poco, conocíamos los resultados de un estudio piloto en el que se confirmaba la existencia de microplásticos en el intestino humano. Según este estudio, uno de los plásticos más comunes encontrados es el PET o tereftalato de polietileno, material con el que se fabrican la mayoría de las botellas de agua.

Ante este panorama, debemos poner en valor el agua del grifo como alternativa necesaria, accesible y saludable. En toda España el agua que sale del grifo es potable y pasa por múltiples controles de calidad, regulados por el Real Decreto 140/2003, que garantizan su aptitud para el consumo. En algunos lugares el agua del grifo presenta mal sabor debido a diversos factores como su procedencia, época del año, o al cloro que se le añade para garantizar su desinfección. Esto normalmente se puede solucionar mediante sistemas de filtrado caseros como jarras o grifos.

El precio del agua del grifo es 150 veces más bajo que el del agua embotellada. La energía necesaria para llenar un vaso con agua del grifo es más de mil veces menor que la empleada en el proceso completo del agua embotellada.La sociedad debe hacerse consciente de que urge un cambio de hábitos, que pasa por las administraciones, el sector de la hostelería y, desde luego, por una ciudadanía consciente del problema que supone el consumo de agua embotellada.

En Ecologistas en Acción llevamos tiempo trabajando en este sentido. Entre las diferentes acciones, en Madrid, , se ha llevado a cabo una campaña en defensa y por la instalación de fuentes en la ciudad de Madrid. En las ciudades ha existido y existe una tendencia a “privatizar” el espacio público. Las fuentes dejan de tener importancia cuando estos lugares de encuentro, como son las plazas, se convierten en lugares de paso y uso comercial, a los que se va a consumir. Apostar por las fuentes en las ciudades es una manera más de reivindicar el espacio público como lugar de encuentro.

Actuaciones individuales, como pedir un vaso de agua del grifo en los bares o llevar un envase reutilizable para rellenar en fuentes o grifos, pueden marcar un cambio de costumbres que debe llegar a la sociedad desde varios lugares: desde los lugares de trabajo sustituyendo a las máquinas expendedoras de botellas de agua por fuentes, desde los establecimientos de hostelería ofreciendo jarras de agua del grifo y desde las autoridades locales velando por la calidad del agua del grifo, mejoras en la red o instalación de sistemas de mejora de las características en edificios públicos de aquellas poblaciones en las que sea necesario, y promoviendo la instalación de fuentes en plazas, parques y jardines.

Desde Ecologistas en Acción, junto a plataformas como la Red de Agua Pública de Madrid seguiremos trabajando con el objetivo de concienciar de la importancia de cada gesto individual y colectivo, y para poner de manifiesto que todo el mundo puede formar parte de la solución, en este caso con algo tan sencillo como beber agua del grifo.

https://www.boston.com/news/national-news/2019/10/19/aluminum-replacing-plastic-as-greenest-bottle

Aluminum is replacing plastic as the greenest bottle

“This growth has happened so quickly that we’re just trying to keep up with demand.”

DASANI® takes steps to reduce plastic waste through increased use of recycled materials.
DASANI® takes steps to reduce plastic waste through increased use of recycled materials. – (Photo by Mike Coppola/Getty Images for DASANI)

The drive to turn products more eco-friendly is sweeping through the U.S. beverage market, with plastic being replaced in everything from red Solo cups to Coca-Cola Co. and PepsiCo water bottles.

In place of the petrochemical material, aluminum is emerging as a more sustainable option to cater to environmentally conscious consumers. That shift is threatening to dislodge the entrenched position of plastics in the American drinks industry, while helping boost shares of companies such as Ball Corp., the biggest aluminum can producer in the world.

Most of the plastic the world has made so far has been discarded as waste, causing environmental and social damage of .2 trillion a year as it pollutes the globe’s oceans, according to research from Frontiers in Marine Science. The Aluminum Association estimates that almost 50% of the cans made of the lightweight metal in the U.S. are recycled, compared with about 29% for plastic bottles.

Companies are responding. Firms including Nestle and Unilever have announced plans such as changing wrapping material and making packaging recyclable or resuable. Coca-Cola said in August that it’s putting its Dasani water brand into aluminum cans, which followed rival PepsiCo’s announcement that it would experiment selling its own water brand, Aquafina, in cans at restaurants and stadiums.

“This growth has happened so quickly that we’re just trying to keep up with demand,” Ball Chief Executive Office John Hayes said in a telephone interview. “This has all been driven by the consumer.”

The Broomfield, Colorado-based company’s stock is up more than 60% over the past 12 months, making it one of the top 10 performers on the S&P 500 index of equities. It closed 1% lower at 2.16 on Tuesday. In a bid to boost the appeal of aluminum containers, the company went after the plastic red Solo cups — ubiquitous at football tailgates across U.S. college campuses — with a metal competitor.

Demand in the U.S. for can sheet — the type of aluminum used for beverage cans — will grow about 3% to 5% a year through at least 2025 as metal cans gain further market share against plastic, according to research firm Harbor Intelligence. By contrast, growth was effectively flat for the last 20 years, with all but one mill in the country shutting operations.

“The brand owners are now getting on board — you’ve seen it with Aquafina and Dasani and a whole litany of others,” said Hayes. “But now NGOs and policy makers are also saying, ‘Wait a minute here, we are polluting our planet, and our constituents want it stopped.’”

Previously, U.S. producers typically focused their efforts on the auto industry, letting imports fill the needs of can manufacturers. Alcoa Corp., the largest American maker of the metal, was one of the firms that was ramping up its automotive sheet production as part of a supply-agreement with Ford. Now, it’s also bullish about can sheet’s future.

“We’ve started to see that the North American can shipments are showing signs of growth,” Tim Reyes, Alcoa’s executive vice president of aluminum who is soon to become the Pittsburgh-based producer’s chief commercial officer, said in an interview. “There’s a lot of advantages toward using aluminum for sure, and I think that’s the trend that we’re seeing now versus the disadvantage of a single-use plastic beverage container.”

Still, the drive to substitute plastic with aluminum faces some challenges in the U.S.

The environmental benefits of aluminum over plastic largely rest with how often consumers recycle the containers. About 100 billion cans are consumed each year in North America, according to Ball’s Hayes.

Another problem is the potential supply gap in the U.S. aluminum industry, according to Wood Mackenzie analyst Uday Patel. It remains unclear what the required production rate will be for the substitution of plastic bottles with can sheet, he said.

About 15% of U.S. consumption of aluminum can sheet is expected to come from imports this year, compared with 10% last year and 7% in 2017, according to Wood Mackenzie. The American market is also expected to record a deficit of 200,000 tons this year, up from a shortfall of 115,000 tons in 2018 and 80,000 tons in 2017.

Ball is buying an increasing amount of aluminum can sheet from outside the U.S., according to the company, and even a one-percentage-point bump in demand means it would need an additional 19-20 billion cans.

The firm is “just trying to keep up with existing customer demand, because we have very little inventory; it’s a high class problem, but it’s a problem nonetheless,” Hayes said. “The biggest challenge we have is procuring the necessary aluminum and having our own production capability.”