Quan els límits importen: un nou informe de l’IPCC adverteix sobre la urgència de canviar el nostre model productiu

Se’ns acaba el marge de maniobra per fer front al pitjor de la crisi climàtica i ecològica, si és que encara existeix aquest marge. La cruïlla més important ens obre la porta a dues possibles realitats: la cooperació o la confrontació pels recursos.

La solució implica canvis tan radicals en la nostra forma de vida, en les nostres economies i societats, que ningú està disposat a fer el primer pas.

https://www.elsaltodiario.com/medioambiente/limites-importan-nuevo-informe-ipcc-urgencia-cambiar-modelo-productivo

El 8 de agosto se presentó un nuevo informe del IPCC, el Grupo de Expertos sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas, sobre suelo y clima. En él se alerta sobre el impacto asociado a la utilización de la tierra por el ser humano y como su uso insostenible y el cambio climático se retroalimentan mutuamente e incrementan los impactos y los riesgos el uno sobre el otro. Aproximadamente el 70% de la tierra libre de hielo es utilizada de una u otra manera para extracción de recursos, agricultura o silvicultura. Los impactos agravan los riesgos y los efectos del cambio climático, y a su vez el cambio climático agrava estos efectos. Es un círculo vicioso que se retroalimenta y que incrementa los impactos sobre los ecosistemas y sobre el propio ser humano: erosión y pérdida de suelo fértil, desertificación, emisión de CO2, degradación del suelo, riesgo sobre los sistemas alimentarios o déficit hídrico.

Cuarenta días antes, el 27 de junio, finalizaba en Bonn la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Clima. Patricia Espinosa, la secretaria ejecutiva, aludía a que “necesitamos un cambio profundo, transformador, y sistémico en toda la sociedad” si queremos hacer frente a lo peor del cambio climático. Sin embargo, después de décadas de cumbres, reuniones, declaraciones e informes, aún nos queda todo por hacer. Aunque se diga que se avanza en la lucha contra el cambio climático, los datos demuestran lo contrario.

En las mismas fechas, también en junio, BP liberaba su informe estadístico anual sobre la energía en el mundo. En el documento se recoge un aumento del 2,9% en el consumo de energía entre 2017 y 2018, y de un 2% en las emisiones asociadas, el mayor incremento desde los años 2010 y 2011. De hecho, el consumo mundial de energía se ha incrementado a un ritmo medio del 2,5% anual durante las últimas cinco décadas. El descenso que se produjo en 2009 debido a la crisis económica mundial se recuperó con creces al año siguiente, de igual manera que se recuperó en años posteriores el descenso del consumo durante los años 1980 a 1982.

Las energías renovables aún representan tan sólo el 4% de la energía total consumida en el mundo

Es cierto que las energías renovables representan en todo el mundo el mayor avance en el sector de la energía. La reducción de los precios, fundamentalmente de eólica y fotovoltaica, ha hecho que sea más rentable apostar por estas fuentes energéticas que por las tradicionales y contaminantes energías fósiles. El informe de BP refleja un espectacular incremento del 14,5% en la generación a partir de fuentes renovables. Aunque estas cifras invitan al optimismo, las energías renovables aún representan tan sólo el 4% de la energía total consumida en el mundo. Además, al mismo tiempo que se incrementa el consumo de renovables, también se incrementa el de energía nuclear y de todos los combustibles fósiles sin excepción. El consumo de petróleo, carbón y gas natural, que representan casi el 85% del total, se incrementó en un 2,4% en 2018.

Al mismo tiempo se publicaba la noticia sobre el récord en la concentración de CO2 en la atmósfera, 415 partes por millón, una situación que no se había producido al menos desde hace 3 millones de años, antes de que existieran seres humanos o sus predecesores sobre la faz de la Tierra. Y el Global Footprint Network establecía el 29 de julio como día del Sobregiro de la Tierra en 2019, esto es, el día en que hemos agotado todos los recursos que nuestro planeta es capaz de proporcionar, regenerar y absorber. De forma que los restantes cinco meses del año vivimos a costa de los recursos almacenados durante millones de años, que no estarán disponibles para las generaciones próximas, y también a costa de expulsar a la atmósfera, la tierra y el agua cantidades ingentes de subproductos tóxicos que la naturaleza es incapaz de procesar.

UN PROBLEMA DE LÍMITES

En resumen, estos datos muestran que vivimos demasiado rápido, sin prestar atención a las limitaciones que tiene el planeta que nos alberga, arrasando a nuestro paso con la vida y las condiciones que la hacen posible, y, en general, de una forma poco sensata. Para muestra un botón: aproximadamente tres de cada diez kilos de comida que se produce en el mundo acaba en la basura, mientras casi mil millones de personas pasan hambre y dos mil millones padecen sobrepeso u obesidad. Vivimos como si el planeta no tuviera límites, como si fuera infinito y tuviera recursos ilimitados y espacio suficiente para albergar toda la basura que generamos, pero la realidad no es esa.

En 1972 la publicación del informe Los límites del crecimiento, encargado por el Club de Roma al MIT, y llevado a cabo por un equipo de científicos dirigido por la biofísica y experta en dinámica de sistemas Donella Meadows, dejaba claro que el modelo de desarrollo basado en un crecimiento ilimitado del consumo de recursos no renovables, contaminación y expansión sin fin del crecimiento poblacional es imposible en un planeta finito. Desde entonces hasta ahora han sido muchos los autores que han abundado en la misma tesis desde distintos ángulos.

En 2009, un grupo de investigadores liderados por Johan Rockström, del Stockholm Resilience Center, y por Will Steffen, de la Universidad Nacional Australiana, definió el concepto de límites planetarios o “planetary boundaries”, y estudió nueve parámetros en los que se estaba en camino de sobrepasar o ya se había sobrepasado, a nivel global, el límite soportable por el planeta de forma sostenible. El cambio climático es uno de esos aspectos, pero hay otros, como la pérdida de diversidad genética o capacidad funcional de los ecosistemas, la deforestación, los cambios en el uso de la tierra, la contaminación química o los ciclos del fósforo y del nitrógeno.

La solución implica cambios tan radicales en nuestra forma de vida, en nuestras economías y sociedades, que nadie está dispuesto a dar el primer paso