L’enorme petjada ecològica del consum de carn

Reduir el consum tant de carn com de productes lactis podria reduir en dos terços la petjada de carboni dels aliments que consumim. Un 25% de les emissions anuals de gasos d’efecte hivernacle, corresponen al sector de l’alimentació.

En reduir al 50% el consum de carn, les emissions anuals es redueixen en una quantitat equivalent a la generada per un vol comercial entre Londres i Nova York.

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Aunque una creencia, en ocasiones muy arraigada, asume que la industria, el transporte y el sector energético son las actividades que más contaminan, el papel de la alimentación en el computo global de las emisiones de gases de efecto invernadero es una realidad que no se puede dejar de lado. Así, el estudio titulado The global impacts of food production y publicado en 2018 en la revista Science por científicos de la Universidad de Oxford, apuntaba a un dato muy significativo: al menos un 25% de las emisiones anuales de gases de efecto invernadero, corresponden al sector de la alimentación.

Un 25% de las emisiones anuales de gases de efecto invernadero, corresponden al sector de la alimentación

De este cuarto de las emisiones, un 58% corresponde a la generación de productos animales, y a su vez, un 50% de las mismas corresponde con la producción de carne de ternera y cordero.

Según el estudio, de estos datos se desprende que reducir el consumo tanto de carne como de productos lácteos podría reducir en dos tercios la huella de carbono de los alimentos que consumimos. Si queremos tener un impacto positivo a este respecto, los expertos recomiendan consumir menos carne y productos derivados de los animales, pero también incluir en nuestra dieta más alimentos locales, y sobre todo de temporada.

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Esto segundo es de gran importancia pues, a veces, por menor carne que consideremos consumir, la huella de carbono de un filete de ternera procedente de un entorno cercano a nuestras ciudades, en ocasiones podría ser menor que el de un aguacate importado de Ecuador, una naranja procedente de China, o unas fresas cultivadas fuera de temporada. Y es que el cálculo global de la huella de carbono, más allá de la naturaleza del producto, hay que tener en cuenta el conjunto de emisiones generadas desde el momento en que el producto es producido, hasta que, a veces cruzando medio planeta, llega a nuestros platos.

Así, la adopción de ciertas pautas de comportamiento a la hora de alimentarnos puede marcar una gran diferencia en la huella de carbono individual generada por cada persona; desde ahorrar agua hasta reducir la contaminación y la pérdida de bosques.

Dietas bajas en productos cárnicos –sobre todo ternera y cordero– son menos perjudiciales para el medio ambiente. En este sentido, Peter Scarborough profesor asociado de la Universidad de Oxford afirma que “si un carnívoro típico adoptase la dieta vegana, su huella de carbono quedaría reducida a la mitad. Al reducir al 50% el consumo de carne, las emisiones anuales se reducen en una cantidad equivalente a la generada por un vuelo comercial entre Londres y Nueva York”, concluye.