El canvi climàtic causa més migracions que la guerra i els factors econòmics

Potser ja no hauríem de parlar de canvi climàtic, sinó d’emergència climàtica, o millor d’emergència energètica. Un nou anàlisi sobre migració a 16 països de l’OCDE entre 1980 i 2015 conclou que, en els països d’origen, el canvi climàtic és un motor més important.

“Hi ha proves sòlides que la migració és fonamentalment una estratègia d’adaptació als efectes del canvi climàtic”, afirmen els autors en l’estudi. L’escalfament global “farà que algunes zones siguin senzillament insostenibles”, assegura l’investigador principal, Dennis Wesselbaum

https://www.eldiario.es/sociedad/desplazados-cambio_climatico-refugiados_climaticos-ciencia_0_900110505.html

“El cambio climático es más importante para las migraciones que los factores económicos y políticos en los países de origen”. Esta afirmación, realizada por el investigador de la Universidad de Otago (Nueva Zelanda), Dennis Wesselbaum, a eldiario.es, está respaldada por un estudio publicado en la revistaGlobal and Planetary Change.

 El cambio climático se deja notar de múltiples maneras: sequías, precipitaciones torrenciales, inundaciones… El impacto en zonas depauperadas se traduce en la pérdida de la forma de vida de miles o millones de personas. El cambio climático destruye cosechas, mata rebaños o hace invivibles áreas enteras, como ha recogido el informe sobre desplazamientos en 2018 de la ONU. Ahí, se relatan historias como la de Roda, una mujer de Somalilandia que tuvo que abandonar su región natal en busca de agua y comida cuando una sequía acabó con su rebaño de cabras: “Dependíamos de ellas. Bebíamos su leche y las vendíamos para lo demás”, contaba en el informe.

Este último estudio ha analizado los datos sobre migración a 16 estados miembros de la OCDE desde 198 países de origen entre 1980 y 2015. Según sus resultados, las temperaturas más altas y el número cada vez mayor de desastres naturales relacionados con el clima en los países de origen son factores fundamentales en el aumento los flujos migratorios.

“Hemos encontrado pruebas sólidas de que la migración hacia estos países de la OCDE es fundamentalmente una estrategia de adaptación para hacer frente a los efectos del cambio climático”, afirman los autores del estudio. El análisis se ha centrado en 16 países, entre los que se encuentran los siete que más inmigrantes recibieron en 2015: EEUU, Alemania, Reino Unido, Canadá, Australia, España e Italia.

Según sus resultados, los efectos de la temperatura sobre las migraciones hacia estos países son hasta tres veces mayores que los encontrados en estudios anteriores, mientras que el de los eventos meteorológicos extremos es aproximadamente el doble.

Aunque los factores que impulsan las migraciones a nivel internacional son complejos y cambian con el tiempo, históricamente, la mayor parte de los estudios se han centrado en aspectos políticos, relacionados con la persecución ideológica o con la guerra en los países de origen, y socioeconómicos, como la expectativa de mejora en las condiciones de vida. De hecho, Wesselbaum afirma que “los ingresos en el lugar de destino siguen siendo el factor más importante”.

Diversos estudios señalan el cambio climático como razón de fondo de los conflictos armados en Siria a causa de las migraciones internas.
Diversos estudios señalan el cambio climático como razón de fondo de los conflictos armados en Siria a causa de las migraciones internas. CC

Sin embargo, en los últimos años el efecto de las variables climáticas en los países de origen ha sido estudiado como uno de los motores de la migración, especialmente debido al impacto que el cambio climático puede producir en las condiciones de vida. “Los cambios en los sistemas naturales ya han tenido y probablemente tendrán efectos aún más graves en muchos países”, afirman Wesselbaum.

El cambio climático: motor de desplazamientos

Estudios anteriores ya habían analizado los efectos del cambio climático sobre los desplazamientos que se producen dentro de las fronteras de los países. Según el Centro de Monitoreo de Desplazamientos Internos, en 2018 se registraron 17 millones de nuevos desplazamientos relacionados con desastres naturales y con los efectos del cambio climático, mientras que otro informe elaborado por el Banco Mundial asegura que el cambio climático expulsará de sus hogares a 140 millones de personas en los próximos 30 años.

Desplazamientos

También ha habido estudios que han mostrado cómo el cambio climático puede reducir la productividad agrícola y afectar negativamente al rendimiento de los cultivos y cómo esto puede terminar forzando los desplazamientos transfronterizos. En concreto, un estudio publicado en 2015 mostró cómo el calentamiento global contribuyó a la sequía y al colapso del sector agrícola en Siria, provocando la inestabilidad en la región que posteriormente daría lugar al conflicto y al éxodo de refugiados.

El estudio realizado en Siria también pone de relieve como el calentamiento global puede generar desplazados de forma indirecta, alterando la estabilidad sociopolítica de los países afectados, algo que ya había sido advertido en un informe del pentágono publicado en el año 2003. Según dicho documento, el aumento de eventos meteorológicos extremos asociados al cambio climático supone “un grave riesgo para la estabilidad social, económica y política” del planeta.

El cambio climático generará más inestabilidad

En una revisión de estudios publicada más recientemente en la revista Annual Review of Economcis, los investigadores concluyeron que las variaciones de temperaturas y de patrones de precipitación aumentan sistemáticamente el riesgo de conflicto. En conclusión, asegura Wesselbaum, “el cambio climático hará que algunas zonas sean sencillamente insostenibles”.

El nuevo estudio destaca la importancia de comprender los factores determinantes de las migraciones y la inestabilidad, “para desarrollar herramientas políticas adecuadas que puedan hacer frente al aumento previsto” en las próximas décadas.

Según el último Informe de las Naciones Unidas sobre Migración Internacional, el 3,3% de la población mundial, es decir, unos 250 millones de personas, son migrantes. Además, el informe también muestra que el cambio en la migración se está acelerando y proyecta unos 405 millones de migrantes internacionales para 2050.

Sin embargo, los autores del nuevo estudio aseguran que “esta parece ser una estimación bastante conservadora, teniendo en cuenta el aumento de la movilidad mundial, los conflictos emergentes y los migrantes climáticos previstos para 2050”. Aunque actualmente no existen estimaciones fiables de cómo aumentarán los desplazamientos inducidos por el cambio climático, la estimación más citada suele ser 200 millones para 2050, una cifra que equivale, aproximadamente, al número actual de migrantes internacionales en todo el mundo.

La dificultad de definir los refugiados climáticos

Respecto al tratamiento que se dará a los desplazados por el cambio climático, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), anunció el pasado año la creación de un grupo de trabajo para abordar estos desplazamientos y, el pasado mes de diciembre, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó el Pacto Mundial para los Refugiados, en el que se reconoce que “el clima, la degradación del medio ambiente y los desastres naturales interactúan cada vez más como impulsores de los desplazamientos de refugiados”.

Sin embargo, a pesar de este reconocimiento explícito, las instituciones internacionales no respaldan el término “refugiado climático” y se refieren a ellos como “personas desplazadas en el contexto de los desastres naturales y el cambio climático”. Según señalan desde ACNUR, esta figura no existe en el derecho internacional, ya que la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 los define como personas que han cruzado una frontera internacional “por temor fundado a ser perseguidos por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opinión política”.

Además, Wesselbaum destaca otro problema “fundamental” y es que “no está claro cómo podemos identificar cuándo alguien se ha desplazado debido a los efectos del cambio climático”. Según este investigador, “en un análisis estadístico como el nuestro, podemos calcular el efecto de los factores climáticos en los flujos migratorios, pero en un caso individual esto es extremadamente difícil”.

Sin embargo, advierte este investigador, “independientemente de que nos pongamos o no de acuerdo sobre una definición o una terminología, dada la abrumadora evidencia sobre los efectos adversos previstos del cambio climático, podemos asegurar que el número de desplazados ambientales seguirá aumentando”.

Es pot alimentar 10.000 milions de persones sense acabar amb el planeta?

No hi ha forma coneguda d’alimentar a una població de 10.000 milions de persones”, diu Stephen Emmott. No dins de l’ordre socioeconòmic vigent, però sí -sense dubte- amb agroecologia, sobirania alimentària, conservació de la biodiversitat natural i agropecuària, regeneració dels sòls i dietes bàsicament vegetarianes.”

En definitiva, amb una agricultura basada en la diversitat a tots els nivells, recuperant la simbiosi amb la natura: però clar, això exigeix canviar el model de producció i les formes de consum.

Menjar llum solar té futur. Menjar petroli i minerals fosfatats com fem avui, és a dir, consumir una riquesa mineral que hem dilapidat i està esgotant-se ràpidament, resulta radicalment no sostenible.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=256131&titular=%BFse-puede-alimentar-a-10.000-millones-de-personas-sin-acabar-con-el-planeta?-

The Conversation
 En apenas un par de siglos desde la Revolución Industrial, la población humana se ha multiplicado por ocho. Desde 1800, ha crecido de unos 900 millones de seres humanos a 7.600,camino de los ocho mil millones y más allá.

La mayor parte de esa enorme expansión demográfica ha tenido lugar durante el período que sin duda hemos de llamar la Gran Aceleración, la posguerra de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945): todavía en tiempos de mis abuelos, hacia 1930, poblaban el planeta Tierra solo 2.000 millones de seres humanos.

Esta humanidad enorme ha sido posible solo gracias a la agricultura industrializada que, con raíces en el siglo XIX, se desarrolló sobre todo a partir de 1920-1930. Supuso la eliminación progresiva del campesinado, la salarización de las y los agricultores, el uso de fertilizantes de síntesis y semillas híbridas (y luego transgénicas), la mecanización de las labores del campo, los grandes monocultivos, la irrigación de enormes superficies, los sistemas de distribución a larga distancia y los oligopolios agroalimentarios.

Un modelo que, si solo hubiéramos de juzgarlo en términos de producción actual, habría de considerarse exitoso. Solo tiene un pequeño problema: es radicalmente insostenible. Estamos cultivando y criando ganado como si no hubiese un mañana.

Agricultura ajena a la naturaleza

Hay que interpretar la Revolución Industrial capitalista a través de dos dinámicas clave: la fractura metabólica (en el intercambio de estas sociedades con la naturaleza) y la puesta en marcha de un dispositivo fosilista de crecimiento (acumulación capitalista basada en combustibles fósiles) que conduce inexorablemente a la extralimitación con respecto a los límites biofísicos planetarios. Estas son las dos cuestiones clave para la “trampa del progreso” (por emplear la expresión del escritor Ronald Wright ) en que nos hemos metido: fractura metabólica y extralimitación.

El profesor Joaquim Sempere , en su libro Las cenizas de Prometeo (2018), propone distinguir entre tres componentes de la fractura metabólica: energía (combustibles fósiles), materiales (uso intensivo de la riqueza mineral de la corteza terrestre que desemboca en extractivismo) y agricultura. Esta última es la que más nos interesa ahora.

Las formas de vida basadas tanto en la recolección, el forrajeo y la caza, como en la agricultura campesina, constituyeron comunidades humanas en simbiosis con la naturaleza que prosperaban aprovechando los frutos de la fotosíntesis —lo que no quiere decir que no tuviesen impactos apreciables sobre la biosfera—.

La fractura metabólica rompe esta situación. Se forman sociedades industriales que son esencialmente sociedades mineras, dependientes ya no de la luz solar y de la fotosíntesis, sino de riquezas del subsuelo escasas y agotables. El impacto de estas sociedades sobre la biosfera crece además de forma exponencial (por eso estamos hoy debatiendo sobre el Antropoceno ).

Hacia la intensificación agropecuaria

La nueva agronomía del XIX, de la mano del químico Justus von Liebig y otros, descubre primero y perfecciona luego la fertilización mineral de las plantas. Tras la I Guerra Mundial, elproceso Haber-Bosch de obtención de nitratos inaugura una época en la que se logra producir alimentos con una intensidad antes desconocida.

La intensificación agraria incorpora además productos biocidas de síntesis, cuyo emblema –ya tras la II Guerra Mundial– es el DDT. Un compuesto insecticida que inaugura toda una fase de guerra química contra las plagas y las llamadas “malas hierbas” (pero tanto unas como otras son, sobre todo, síntoma de agrosistemas demasiados simplificados y desequilibrados).

Además, la producción agropecuaria crece enormemente en cantidad. Así, hablamos de una revolución verde , sobre todo, cuando los países del Sur asumen la agricultura industrial. Aunque también aumenta su impacto sobre los ecosistemas de los que depende nuestro porvenir (no puede insistirse demasiado en que somos ecodependientes e interdependientes ).

Tenemos, en suma, una gran intensificación agropecuaria en el seno de la Gran Aceleración capitalista que se despliega durante los últimos decenios.

Un modelo frágil e insostenible

Las bases de este sistema de producción de alimentos, fibras y otros bienes son extremadamente frágiles:

– Sus balances energéticos son muy pobres (al depender de un uso intensivo de combustibles fósiles).

– Los monocultivos de plantas de ciclo anual son una mala idea ecológica y agronómica.

– El pico de disponibilidad del gas natural y el pico del fósforo ponen en jaque la producción de fertilizantes de síntesis.

– La difusión de biocidas está dañando hasta tal punto las poblaciones de seres vivos que incluso hablamos ya de un “apocalipsis de los insectos” .

– La concentración oligopólica en megaempresas de agroquímicos y semillas tiene costes sociales cada vez más onerosos.

– La pérdida de variedades tradicionales daña la resiliencia de nuestros agrosistemas y la destrucción del suelo fértil amenaza de forma directa la supervivencia de buena parte de la enorme, excesiva humanidad que somos hoy.

Evolución de la producción mundial de fosforita. Fuente: Patrick Déry/Energy Bulletin

 

Comer luz solar tiene futuro. Comer petróleo y minerales fosfatados como hacemos hoy, es decir, consumir una riqueza mineral que hemos dilapidado y está agotándose rápidamente, resulta radicalmente no sustentable.

“No hay forma conocida de alimentar a una población de 10.000 millones de personas”, dice Stephen Emmott . No dentro del orden socioeconómico vigente, pero sí –sin duda– con agroecología, soberanía alimentaria, conservación de la biodiversidad natural y agropecuaria, regeneración de los suelos y dietas básicamente vegetarianas .

En definitiva, con una agricultura basada en la diversidad a todos los niveles, recuperando la simbiosis con la naturaleza: pero claro, eso exige cambiar el modelo de producción y las formas de consumo. Cambiar a fondo… “Producir alimentos, ciencia y dignidad”, pedía Kléber Ramírez .

Pero seguimos entrampados en el fetichismo de la mercancía, la acumulación de capital y los autoengaños anclados en tecnociencia. Nuestras sociedades, hoy por hoy, siguen de forma mayoritaria prefiriendo ignorar estas cuestiones existenciales donde nos jugamos, literalmente, el ser y el no ser de la vida civilizada. Y quizá de la misma especie humana.

 Jorge Riechmann Fernández. Profesor de Filosofía moral y política, Universidad Autónoma de Madrid

Fuente: https://theconversation.com/es-posible-alimentar-a-10-000-millones-de-personas-sin-devastar-el-planeta-116751

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