Fukushima, 2018-2019

No pot passar cap any sense fer referència. Aquest és un recull d’articles. Una atapeïda selecció (resumida i més que selectiva) d’articles, entrevistes i informacions -des març de 2018 a febrer de 2019-sobre l’hecatombe nuclear de Fukushima, aquell “Txernòbil a càmera lenta” del qual ens va parlar ja des de 2011 el professor, investigador i activista Eduard Rodríguez Farré. Probablement ajudi a refrescar la nostra memòria sobre una de les majors catàstrofes (si no la més gran) de la indústria nuclear

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=253438&titular=fukushima-2018-2019-

1. 03/03/2018: “Siete años después, la radiación es excesiva en zonas de Fukushima”. Ecoportal [1]

Greenpeace denunciaba en aquel entonces que existían dosis excesivas de radiactividad en áreas próximas a la central que han sido reabiertas a sus habitantes. Según el reportaje muchas de esas áreas estaban en situación de emergencia radiológica “a pesar de que el gobierno levantó las restricciones de acceso a las mismas tras años de limpieza y descontaminación”. El inquietante panorama que presentaba Greenpeace (apoyada por Human Rights Now y otras ONG niponas), contrastaba con la versión de las autoridades de Japón, “que hablan de una progresiva vuelta a la normalidad en estas áreas castigadas por la catástrofe nuclear desencadenada por el terremoto y el tsunami del 11 de marzo de 2011”.

Según Greenpeace, en las localidades de Namie e Iitate, situadas a entre 10 y 40 kilómetros de la central, donde se levantaron parcialmente las órdenes de evacuación en marzo de 2017, la radiación continuaba en niveles “muy por encima de los estándares internacionales”. Greenpeace (Jan Vande Putte) señalaba asimismo la “escasa efectividad” de las labores de descontaminación en las zonas afectadas, y criticaba al Gobierno nipón por haber ido demasiado rápido a la hora de reabrir estas áreas pese al “alto riesgo” que ello conlleva para sus habitantes.

El Ejecutivo nipón sostenía ya entonces que la radiactividad en las áreas reabiertas no suponía riesgos para la salud humana. Decía contar con datos corroborados por expertos médicos de Japón y organismos como el Comité Científico de la ONU sobre los Efectos de la Radiación (UNSCEAR). Todo ello, sin embargo, no fue suficiente para convencer a las decenas de miles de personas que fueron evacuadas a la fuerza tras el accidente atómico (o que abandonaron voluntariamente sus hogares por miedo a la radiación) y que han regresado a sus casas con cuentagotas.

La dosis de radiación marcada como referencia por el gobierno nipón para levantar las órdenes de evacuación era de 0,23 microsieverts por hora (que suponen una exposición anual acumulada de un milisievert). Sin embargo, científicos y colaboradores de Greenpeace detectaron niveles máximos de 6,5 microsieverts por hora en algunas de las áreas reabiertas (unas 28 veces más que el límite). El informe mostraba que en el 60% de la localidad de Namie se superaba el límite permitido

2. 10/03/2018. Nieves Sánchez Guitián [NSG], “La catástrofe de Fukushima 7 años después” [2]

Había un aspecto del análisis de las consecuencias del accidente de Fukushima, sostenía NSG, que, como profesionales de la seguridad nuclear y técnicos del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), les preocupaba especialmente. ¿Qué han aprendido los organismos reguladores y, en particular, el regulador nuclear español del accidente de Fukushima? En los informes realizados por las diversas instituciones japonesas de mayor relevancia en el ámbito nuclear, al identificar las causas del desastre, se podían entresacar advertencias y conclusiones como las siguientes (algunos ejemplos):

– Captura reguladora, fallo en la independencia reguladora: El accidente de la central de Fukushima fue el resultado de la connivencia entre el poder gubernamental, los reguladores y la compañía eléctrica operadora TEPCO, y de la falta de acción de gobierno de dichas partes responsables. Ellos traicionaron el derecho de la nación a estar segura frente a accidentes nucleares.

– Fallo en la cultura de seguridad: Todos los involucrados en la energía nuclear deben tener cultura de seguridad sin la cual no habrá mejora continua de la seguridad nuclear. Los operadores de las centrales deben analizar en profundidad si han aplicado siempre las medidas apropiadas para mejorar la seguridad, cuando el riesgo no estaba en el nivel aceptable y no se tenía confianza en que la operación de la planta fuera segura en toda situación. Esto supone no dar prioridad a la seguridad frente a otras variables.

– Ignorancia hacia la ciencia: La información científica de geólogos en 2001 ya indicaba, como podía verse en la conclusión de su estudio, que la posibilidad de que ocurriera un gran tsunami que llegara hasta más allá de 3 km tierra adentro en la meseta de Sendai era alta: ya habían transcurrido más de 1.100 años desde el tsunami Jogan (13 de julio de 869), pudiendo ocurrir en cualquier momento otro similar (el periodo de retorno estimado era de entre 800 y 1.100 años).

– El mito de la seguridad absoluta: Permite creer en una ilusión de riesgo cero, siendo la forma más fácil de persuadir a los interesados y viéndose los reguladores envueltos en esta creencia. Se ven atrapados por sí mismos bajo el mito de la seguridad y capturados para pensar de manera consistente con él. Se produce una pérdida de autocrítica; pérdida de actitud de aprendizaje; aislamiento en silos; falta de comparación, evitando apoyarse en los demás, y atendiendo a la falsa idea de que “todas las instalaciones son igualmente seguras”.

3. 12/03/2018: “Emotivo recuerdo de Japón en el séptimo aniversario de Fukushima” [3]

Japón conmemoró el 11 de marzo de 2018 con diversas ceremonias y un minuto de silencio el séptimo aniversario del terremoto y tsunami. En diversos lugares, y especialmente en las zonas más afectadas por el tsunami, se homenajearon a los más de 18.000 muertos y desaparecidos que dejó la catástrofe y se guardó un minuto de silencio a las 14.46 hora local), la misma en la que golpeó el terremoto de 9 grados Richter que desencadenó la tragedia.

La hecatombe se describía en estos términos: “El agua dejó a la planta sin sistemas de refrigeración, lo que acabó provocando la fusión parcial de los tres reactores que en ese momento se encontraban operativos. A día de hoy un total de 73.349 personas siguen alojadas en casas temporales, residencias de familiares y centros hospitalarios repartidos por el territorio nipón…. La mayoría de ellas fue evacuada de las zonas más cercanas a la malograda central nuclear, algunas de las cuales aún se consideran inhabitables dados los altos niveles de radiación”. Varias zonas habían sido reabiertas progresivamente tras completar tareas de limpieza y descontaminación radiactiva, pero muy pocos habían querido regresar a sus antiguos hogares por temor a que persistiera la radiactividad.

4. 12-16/03/2018: Gira del antiguo primer ministro japonés Naoto Kan[4]

Para que esta catástrofe nuclear fuera la última, se señalaba en esta información, y que los países nuclearizados finalmente participen en una salida del átomo, Naoto Kan, ex primer ministro japonés, realizó una gira en Francia, entre París, Estrasburgo y Flamanville, del 12 al 16 Marzo de 2018.

Naoto Kan fue extremadamente afectado por el desastre: lo convirtió en un ferviente antinuclear. Kan estuvo en Francia para compartir su experiencia, con los funcionarios electos, en la Asamblea Nacional y el Parlamento Europeo, pero también para apoyar a los activistas antinucleares franceses. Su llegada a Francia fue una oportunidad para transmitir “The Sun Cover”, una docuficción en los pocos días posteriores al desastre, una inmersión en el corazón de un gobierno en crisis, incapaz de manejar lo inmanejable.

5. 13/03/2018: Juan López de Uralde [JLU], “Fukushima 7 años después nos recuerda el riesgo nuclear” [5]

Se cumplían siete años del accidente nuclear de Fukushima, en medio de los intentos infructuosos del Gobierno nipón para tratar de pasar página de la catástrofe, señalaba JLU. La idea de que una catástrofe nuclear pudiera ser ‘limpiada’, y de que los afectados pudieran retomar sus vidas con normalidad era un mito. “La realidad es muy distinta: estamos ante escenarios de contaminación a muy largo plazo, y con consecuencias directas sobre la salud y el medio ambiente”. A pesar de los constantes intentos de minimizar su impacto, proseguía, el efecto del accidente de Fukushima sobre la salud empezaba a hacerse visible: el primer efecto esperado era (lo sigue siendo) el incremento de cáncer de tiroides en niños y jóvenes a partir del 3º-4º año del escape nuclear.

El primer estudio epidemiológico publicado ya entonces constataba esa realidad: se encontró un aumento del cáncer de tiroides en el área de Fukushima (entre 2011 y 2014) que ya era entonces 30 veces superior al resto de Japón.

6. 23/03/2018. “Japón acelera el regreso a la energía nuclear tras el desastre de Fukushima” (Redacción de Reuters, Por Osamu Tsukimori y Aaron Sheldrick) [6]

La compañía japonesa Kyushu Electric Power Co reactivó entonces un reactor en su planta Genkai, la quinta central nuclear del país que recibía el visto bueno bajo las nuevas normas de seguridad impuestas tras el desastre de Fukushima. La decisión indicaba que el retorno de Japón a la energía nuclear estaba tomando ritmo. Para principios de junio, “el país podría tener hasta ocho reactores en funcionamiento, lo que representa el 20 por ciento de las unidades disponibles”. Todos los reactores reactivados estaban ubicados en el oeste de Japón, lejos de la costa noreste, donde la central Fukushima Daiichi.

Kyushu Electric indicó entonces que también tiene previsto reiniciar el reactor Número 4 de Genkai en mayo. La unidad Número 3, la reactivada, llevaba más de siete años inactivo. Kyushu Electric, que presta servicios a la isla de igual nombre, planea reactivar también el reactor Número 1 de su planta de Sendai.

A día de hoy, la “normalidad nuclear” es moneda corriente en el Japón oficial.

7. 30/03/2018: Keiko N. y Miguel Muñiz, “Fukushima, siete años” [7]

Una de las consideraciones de los autores:

Comencemos por el exterior de Japón. En primer lugar hay que apuntar la reducción de la cantidad de las informaciones. Una simple búsqueda en internet con las palabras “2018 Fukushima”, muestra que el número de referencias estrictas no llega al centenar y que, como sucedió en el caso de Chernóbil, esas referencias cristalizan en una serie de tópicos que se repiten con variantes mínimas. Luego hay que mencionar el discurso dominante de presentar la catástrofe en términos de cosa pasada, es decir se silencia el dato de que la reacción nuclear continúa activa y que las secuelas de dicha situación se multiplican a todos a los niveles (sanitarios, ambientales y sociales). Lógicamente aparecen las anécdotas que ocultan la ausencia de la información significativa del alcance global de lo que pasa. Por ejemplo, el 7 de marzo, cuatro días antes del aniversario, circuló profusamente la noticia de que los restaurantes de sushi de Tailandia se enfrentaban a una crisis por la llegada de partidas de pescado de Japón que provenían de aguas cercanas a Fukushima, y que la organización de consumidores de Tailandia exigía medidas al gobierno. En cambio, sobre la creciente contaminación radiactiva del océano Pacífico y sus consecuencias globales poco o nada. Las informaciones más críticas se han centrado en la constatación de nuevos vertidos de radiación, pero sin situarlos en el contexto de una catástrofe global y de alcance planetario.

Si se hablaba de la situación dentro de Japón la palabra clave era “censura” (en el lenguaje políticamente correcto, “restricciones a la libertad de información”):

El informe de Reporteros Sin Fronteras ha vuelto a situar Japón, en 2017, en el número 72 de la escala de países clasificados por la libertad de prensa, el mismo lugar que ocupaba en 2016, lo que supone un retroceso, o una estabilidad, teniendo en cuenta que en 2015 estaba en el puesto 61 y que en 2010, antes de que comenzase el desastre, estaba en el 11. Aquí también podemos reseñar otro botón: el 1 de marzo la rama japonesa de la organización Greenpeace hizo público un informe que mostraba que en zonas que el gobierno japonés ha ido desclasificando como “zonas de exclusión”, es decir, zonas a las que se anima a regresar a la población, las medidas de radiactividad continuaban siendo altas, superiores a las que el gobierno declaraba oficialmente. Pues bien, dicha información, que tuvo una cierta repercusión mediática en medios europeos, norteamericanos y latinoamericanos, sólo apareció de manera mínima en escasos medios japoneses.

8. 26/04/2018: Sabu Kohso, “Socialización catastrófica y capitalismo apocalíptico” [8]

Extenso trabajo. La nota de edición del artículo:

 El 11 de marzo de 2011, un tsunami azotó el lado noreste de Japón. En los días posteriores, tres reactores explotaron en la central nuclear de Fukushima Dai-ichi. A esta catástrofe se sumó otra: la gestión gubernamental del desastre. Lejos de constituir un «accidente» ahora «bajo control», el drama continúa con mil consecuencias más o menos visibles: contaminación, desplazamientos de poblaciones, conmoción de las intimidades. A través del relato de seis activistas japoneses, este libro trata de pensar de otro modo el desastre nuclear. Un fenómeno que pone en tela de juicio la textura misma de la materia también tendría que ser abordado como una catástrofe metafísica. Con ocasión de la publicación del nuevo cuaderno de investigaciones políticas Fukushima & ses invisibles el 26 de abril próximo en Éditions des mondes à faire , los editores hicieron llegar al sitio web de lundimatin un texto inédito de Sabu Kohso, uno de los autores del libro. En Artillería Inmanente presentamos la traducción castellana.

Algunas de las consideraciones del autor:

1. Donde recordamos que la catástrofe de Fukushima es un asunto de gran magnitud, un acontecimiento que nos despuebla al arrebatarnos el futuro. El capitalismo catastrófico aparece aquí como una máquina que desenvuelve tiempos que no terminan de terminar, y el apocalipsis como la ocasión de una revelación.

2. Donde el movimiento antinuclear japonés se pierde entre vanas tentativas para inmiscuirse en el parlamento y desfiles repetitivos con pancartas en la calle: ¡tigre de papel! Donde se recupera aliento cuando este movimiento se transforma en política del conocimiento, en trayectoria existencial y en potente vehículo para nuevos imaginarios: «¡Ir al norte!», «Ir al oeste!».

3. Donde se recuerda que el Japón moderno es el producto de un largo proceso de reconstrucción poscatástrofe. Hiroshima-Nagasaki-Fukushima, o cómo la reestructuración del tejido sociotécnico se opera a la sombra de un consenso irradiante.

4. Donde la dimensión ecológica de la catástrofe de Fukushima nos insta a partir en búsqueda del mundo desde el entramado de la sociedad, de nuestros cuerpos y de nuestras mentes. Algo que ocurre en el caso de los trabajadores de la energía nuclear / los habitantes cercanos a la zona / todos los cuerpos que viven.

5. Donde se explora un reino aterrador e ilusorio, en la confluencia del sueño estatal del arma omnipotente y de la utopía capitalista de la energía sin fin. En este reino, el poder nuclear es un monstruo acéfalo que impone su absurda necesidad.

6. Donde la descomposición del mundo se convierte en la ocasión de redescubrir la tierra, y de ver cómo esquizo-polillas llevan adelante su vida fugaz aquí.

En el apartado “Lucha de clases y radiactividad”, señalaba Sabu Kohso:

Los trabajadores más expuestos a las radiaciones pertenecen al grupo de los «jornaleros», la fracción más precaria y más nómada de los trabajadores japoneses. Ellos viven en los yosebas, los guetos de las grandes ciudades industriales, donde esperan a ser reclutados en obras de construcción, en los muelles o en sitios irradiados. Excluidos de la sociedad civil fueron ellos quienes construyeron las infraestructuras del Japón de post-guerra. Muchos han tenido que abandonar su región por las metrópolis luego de la instalación de una central. En las cercanías de Fukushima, por ejemplo, las tierras de Futaba u Okuma no se prestaban ya a la agricultura, lo que condujo a los hombres en edad de trabajar a formar parte de las ciudades, en particular Tokio. Ironía de la suerte, fue después hacia nuevas centrales que tuvieron que dirigirse para encontrar trabajo y dar de comer a su familia… a condición de que aceptaran ser irradiados.

Entre estos trabajadores se encuentran asimismo personas que vienen de Corea o de Okinawa, así como burakumin, un grupo social minoritario discriminado, descendientes de la casta de los parias de la época feudal. Después de la guerra, los yosebas se han vuelto con todo ello en zonas monosexuales, situadas en las proximidades de los barrios de las prostitutas, que a menudo vienen de Tailandia, Birmania, Corea, China u otros países del sureste de Asia.

9. 26/06/2018: “El periodista japonés Kolin Kobayashi [KK] habla sobre las consecuencias del accidente nuclear: “No hablamos de los peligros tras Fukushima porque entraríamos en pánico” (Revista Ballast, Publié le 26 juin 2018 dans ÉcologieInternational par Ballast) [9]

Algunas de las reflexiones de KK:

El antiguo primer ministro japonés Naoto Kan ha hecho saber que se le informó, al día siguiente de la explosión, que el secretario general de la agencia de seguridad nuclear no era un “especialista de la energía nuclear” sino ¡un economista! Una metáfora global, se le pregunta.

Sí. La situación era realmente caótica porque las autoridades japonesas no estaban del todo preparadas para afrontar un gran accidente nuclear. El gobierno no podía imaginarse un accidente de la magnitud de Chernobyl. No supieron gestionar la situación y creo que nada ha cambiado hasta hoy. ¡La situación es la misma! De todas formas un accidente de este orden es ingestionable. Pero el lobby nuclear internacional intenta mostrar que es capaz de asumir un accidente nuclear y habla de él como si se tratara de un riesgo natural a gestionar, como un tifón o un seísmo. El accidente nuclear importante se considera entre estos riesgos; uno entre otros, en resumen: ése es el discurso oficial. ¡Pero es incomparable! Dos años después del 11 de marzo de 2011, en la ciudad de Sendai, se llevó a cabo un gran simposio internacional con las organizaciones de la ONU. A pesar del hecho de que se trata de un accidente que nos deja todavía hoy en un estado de urgencia, no hablaron en absoluto de Fukushima. Es increíble ¿no?

Sobre la transmisión a las generaciones futuras:

Los jóvenes tienen miedo de sufrir la contaminación y las familias con niños no quieren regresar. Entonces los pueblos, aunque ya eran pequeños —6.000 personas vivían en Iitate antes del accidente, 400 ahora — , están constituidos en su mayoría por una población de personas de más de 65 años que, una vez muertos, no tendrán a nadie detrás de ellos. Hasegawa Kenichi era granjero; eligió volver con su madre de más de 80 años enferma de alzheimer para no seguir viviendo en una barraca prefabricada. Él es totalmente consciente de que su pueblo y su casa están completamente contaminados. Pero se resignó. Es bastante trágico.

Sobre los vínculos económicos existentes entre la ingeniería francesa y japonesa:

Japón tenía desde el principio de los años 70 un convenio de cooperación con Francia. Se intercambian los conocimientos, principalmente en lo que se refiere a los reactores. Los japoneses trabajan mucho más con la ingeniería estadounidense pero el lobby industrial nuclear francés ha comenzado a estar más presente, sobre todo en la cuestión del reprocesamiento. Hay una fábrica de reprocesamiento en Japón, la de Rokkasho, que es enteramente de tecnología francesa. Es por eso que Areva [multinacional francesa de la energía nuclear] estaba presente: para intercambiar tecnologías. Hay un fuerte vínculo actualmente porque Japón quiere conquistar la potencialidad de la industria nuclear militar para ser elegido miembro del Consejo de Seguridad. ¡Sin cabezas nucleares, no hay nada que hacer! Los miembros del club están vinculados a lo nuclear, son vínculos fuertes. Actualmente, ASTRID es un nuevo proyecto de cuarta generación de reactores; es la continuación de Superfénix. Es una invención franco-japonesa. Los japoneses tenían un reactor generador de prototipo Monju que fracasó –como Superfénix [reactor que formaba parte de una tecnología de reprocesamiento o reciclaje de partículas, y que fue abandonada por inviabilidad económica, N. del E.]–, pero quieren seguir invirtiendo.

11. 21/10/2018: Unai Aranzadi “ Fukushima, área restringida”[11]

Extenso e interesante reportaje in situ. Una de sus consideraciones:

Cruzar a las poblaciones cerradas a cal y canto por las autoridades requiere un permiso especial del Gobierno que tarda días en tramitarse. Ya en la barrera, los policías que custodian las vías que dan acceso a los fantasmagóricos municipios de Futaba y Okuma dan por hecho que aquel que cruza sabe a lo que se expone y cumplirá las tres reglas básicas: No tocar nada, no entrar en las propiedades, y no fotografiar objetos personales que puedan herir las sensibilidad de sus dueños, si es que han sobrevivido para verlo. Siguiendo rigurosamente todos estos preceptos, provista de un geiger y una simple aplicación en su Iphone, una mujer estima la peligrosidad de su visita, asegurando que, “no es nociva para una inspección rápida”. Se trata de Karin Taira, activista de Safecast, una organización sin ánimo de lucro que recoge datos sobre los niveles de radiación en algunos de los puntos más críticos de la zona aún cercada. “Y como se puede ver, este lugar es crítico”, afirma mientras se gira hacia los reactores de la central que se distinguen a su espalda.

Si poblaciones como Odaka, o la desolada Namie, proseguía el autor, transmitían una visión distópica del futuro, la zona restringida de Fukushima era aún más tétrica.

Lo es cuando el visitante se asoma a una enorme residencia de ancianos donde se ven mesas con partidas a medio jugar, así como camillas con las sábanas perfectamente planchadas a la espera de alguien que jamás llegará. También en sus decenas de esplendidos coches abandonados, y en las tiendas abiertas de par en par con unos productos nuevos que ni el más desesperado de los ladrones se ha atrevido a tocar. Sin embargo, y muy contrariamente a lo que se podría pensar, no toda la contaminación está siempre asociada a la cercanía a donde se ha producido la fuga de radioactividad. “Las zonas más afectadas por altos niveles de radiación no fueron siempre las más cercanas al reactor, pues fue el viento quien definió la ruta de la contaminación hasta lugares como Litate que está algo lejos, a unos cuarenta kilómetros”, asegura la activista, Karin Taira. Viéndose en un mapa que coincide perfectamente con lo que ha ido indicando el geiger a lo largo de la inspección, la herida radiactiva no se propagó circularmente alrededor de la central, sino en dirección noroeste hacia el interior del litoral. Al igual que sucedió en el accidente en la central nuclear de Chernóbil (el único precedente similar) fue el viento lo que hizo viajar a esas sustancias que de forma invisible nuestro planeta comienza a acumular.

12. 01/11/2019: Antonio M. Vélez, “ENTREVISTA | Nieves Sánchez, presidenta de ASTECSN. “España no ha aplicado las lecciones de Fukushima al regulador nuclear”[12]

Un comentario de la presidenta de ASTECSN sobre las lecciones de Fukushima que no se han aplicado en España:

Las lecciones de Fukushima se han aplicado a las instalaciones nucleares, pero no al regulador, que sigue teniendo unos parámetros similares a los que tenía antes o incluso han empeorado por ese autoritarismo. Seguimos sin analizar a fondo el problema cultural que hay dentro del regulador y sin analizar nuestros propios procesos, si nos están llevando por el camino adecuado o no. Esa es la gran asignatura pendiente en España: aplicar las lecciones de Fukushima al regulador.

13. 25/02/2019: Miguel Muñiz, “Fukushima 2019, avances prácticos para normalizar la catástrofe” [13]

Un trabajo reciente del autor, uno de sus imprescindibles artículos publicados en el mientras tanto electrónico. Sus palabras de obertura:

El 10 de septiembre de 2013 el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, intervino en el Foro Económico de Davos; tres días antes, el 7 de septiembre, Tokio había sido seleccionada como sede de los Juegos Olímpicos del 2020; la nominación, en la sesión 125 del Comité Olímpico Internacional (COI), representó un respaldo global a los esfuerzos combinados de los poderes económicos y políticos que dirigen Japón para contribuir a la gobernanza internacional con la normalización de una situación anómala; habían pasado dos años y seis meses desde el inicio de la que sigue siendo la mayor catástrofe nuclear de la historia, y tanto políticos como empresarios sabían que enfrentaban una situación irreversible y en progresiva degradación. Por eso, tanto el discurso de Abe como el informe especial difundido en Davos por el gobierno japonés, sentaban las bases de la normalización; en cuatro páginas había tres referencias a Fukushima: reinicio de las nucleares cerradas, expansión de la industria atómica japonesa, y el anuncio de la creación del primer parque eólico flotante en la zona, con fotografía incluida.

Sus palabras de cierre:

Más allá de la denuncia, las personas que propugnamos el cierre ordenado y urgente de todos los reactores nucleares operativos, tenemos la obligación de interrogarnos sobre cuál debe ser la línea de actuación correcta hacia los sectores sociales víctimas de una catástrofe irreversible en términos ecológicos y humanos, con secuelas que no tienen equivalente en ninguna catástrofe industrial. No se puede tolerar la impunidad, ¿pero cómo se afronta un futuro de progresiva degradación social y de salud desde una perspectiva ética? Las víctimas, las presentes y las futuras, deben ser reconocidas y compensadas, pero es necesario también superar secuelas que van más allá del reconocimiento y la compensación. La estrategia del poder es clara: el olvido y la amnesia selectiva inducidas socialmente, el arte de mirar para otro lado. Pero los que nos oponemos a semejante estrategia carecemos de estrategia alternativa en clave propositiva, algo que vaya más allá de la necesaria denuncia.

A pesar del tiempo transcurrido, ocho años, Fukushima está lejos de ser una página superada de la historia de la Humanidad. Sigue estando allí y también aquí de algún modo. La situación, como señala Miguel Muñiz, cada vez está más ocultada mientras que, como idea-fuerza planificada, se intenta que lo no-normal, incluso lo extraordinario (por sus grandes y graves peligros), se convierta en vida normalizada, en nuestra forma de estar en el mundo. No hay otra. El “progreso” y “nuestra civilización” es eso, debe ser eso. Con peligro y caminando al borde del abismo, se vive mejor.

El movimiento antinuclear (el nipón especialmente) no desconoce las falacias científicas, políticas y morales y los intereses insaciables de las grandes corporaciones que se esconden detrás de ese falso y perverso escenario diseñado.

Notas:

(1) “Siete años después, la radiación es excesiva en zonas de Fukushima”. https://www.ecoportal.net/paises/7-anos-despues-la-radiacion-es-excesiva-en-zonas-de-fukushima/

(2) Nieves Sánchez Guitián, “La catástrofe de Fukushima 7 años después” https://www.eldiario.es/tribunaabierta/catastrofe-Fukushima-anos-despues_6_748285201.html

(3) EFE, Tokyo. “Emotivo recuerdo de Japón en el séptimo aniversario de Fukushima” http://www.lavanguardia.com/internacional/20180311/441433524943/recuerdo-japon-septimo-aniversario-fukushima.html

(4) Gira del antiguo primer ministro japonés Naoto Kan (original en francés, Réseau sortir du nucléaire : Tournée de l’ancien Premier Ministre japonais Naoto )https://translate.google.es/translate?sl=fr&tl=es&js=y&prev=_t&hl=ca&ie=UTF-8&u=http%3A%2F%2Fwww.sortirdunucleaire.org%2FTournee-de-l-ancien-Premier-Ministre-japonais%3Forigine_sujet%3DLI201802&edit-text =

(5) Juan López de Uralde, “Fukushima 7 años después nos recuerda el riesgo nuclear” http://blogs.publico.es/ecologismo-de-emergencia/2018/03/11/fukushima-7-anos-despues-nos-recuerda-el-riesgo-nuclear/

(6) “Japón acelera el regreso a la energía nuclear tras el desastre de Fukushima” (Redacción de Reuters, Osamu Tsukimori y Aaron Sheldrick)https://es.reuters.com/article/topNews/idESKBN1GZ1VO-OESTP

(7) Keiko N y Miguel Muñiz, “Fukushima, siete años” http://www.mientrastanto.org/boletin-167/notas/fukushima-siete-anos

(8) Sabu Kohso, “Socialización catastrófica y capitalismo apocalíptico” https://artilleriainmanente.noblogs.org/post/2018/04/26/kohso-capitalismo-apocaliptico/

(9) Kolin Kobayashi: “No hablamos de los peligros tras Fukushima porque entraríamos en pánico” ( http://www.rebelion.org/noticia.php?id=244251 , traducción de Eduardo Pérez)

(10) Agencias: “Japón reconoce la primera muerte por radiación entre los trabajadores de Fukushima” https://www.lavanguardia.com/internacional/20180906/451676520990/japon-reconoce-primera-muerte-radiacion-trabajadores-fukushima.html

(11) Unai Aranzadi “ FUKUSHIMA, ÁREA RESTRINGIDA” https://www.naiz.eus/eu/hemeroteca/7k/editions/7k_2018-10-21-07-00/hemeroteca_articles/fukushima-area-restringida

(12) Antonio M. Vélez “ENTREVISTA | Nieves Sánchez, presidenta de ASTECSN. “España no ha aplicado las lecciones de Fukushima al regulador nuclear”https://www.eldiario.es/economia/Espana-aplicado-lecciones-Fukushima-regulador_0_830817975.html

(13) Miguel Muñiz, “Fukushima 2019, avances prácticos para normalizar la catástrofe”. http://www.mientrastanto.org/boletin-177/notas/fukushima-2019-avances-practicos-para-normalizar-la-catastrofe

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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