Si menteixes, et serà més fàcil tornar a fer-ho en el futur

L’home sempre aprèn. Les dites populars sempre diuen que allò  dolent s’aprèn abans. La neurociència acaba de demostrar que, en aquest aspecte al qual es refereix l’article, és veritat.

Investigadors de l’University College London, al Regne Unit, i de la Universitat de Duke, als EUA, han trobat en el cervell humà el fre emocional que evita que mentim, i han descobert que el perdem conforme ens acostumem a enganyar, segons un estudi que publica avui la revista Nature Neuroscience.

Segons el nou estudi, l’amígdala ens faria sentir rebuig quan enganyem a altres per obtenir un benefici a costa seva.

Aquesta resposta emocional negativa s’aniria atenuant a mesura que mentim, de manera que cada vegada ens seria més fàcil fer-ho.

http://www.lavanguardia.com/ciencia/cuerpo-humano/20161024/411275796446/mentira-respuesta-emocional-si-mientes.html

Muchos grandes fraudes empiezan presumiblemente con pequeños embustes, como si los estafadores se acostumbrasen poco a poco al engaño y lo que fuera que les impedía mentir en un principio desapareciera de forma progresiva. Investigadores del University College London, en el Reino Unido, y de la Universidad de Duke, en EE.UU., han encontrado en el cerebro humano el freno emocional que evita que mintamos, y han descubierto que lo perdemos conforme nos acostumbramos a engañar, según un estudio que publica hoy la revista Nature Neuroscience .

La amígdala, centro cerebral de las emociones

La clave parece hallarse en la amígdala, un pequeño núcleo con forma de almendra que se encuentra en las profundidades de ambos hemisferios cerebrales, y que participa en el procesamiento de las emociones, tanto positivas como negativas. Según el nuevo estudio, la amígdala nos haría sentir rechazo cuando engañamos a otros para obtener un beneficio a su costa. “Todavía no sabemos si esta respuesta de la amígdala es innata o nace del aprendizaje”, explica a Big Vang Neil Garrett, autor principal del estudio e investigador del University College London. Sea como sea, esta respuesta emocional negativa se iría atenuando a medida que mentimos, de forma que cada vez nos sería más fácil hacerlo.

La emoción negativa que nos impide mentir se origina en la región del cerebro conocida como amígdala

La emoción negativa que nos impide mentir se origina en la región del cerebro conocida como amígdala (janulla / Getty Images/iStockphoto)

Los investigadores sometieron a 55 voluntarios a un experimento en el que debían estimar junto a un compañero la cantidad de dinero que había en distintos tarros de vidrio llenos de peniques, en sucesivas rondas. Los científicos comunicaron a los participantes que su recompensa económica tras el experimento variaría según las condiciones de cada ronda. En una de ellas, mentir acerca de la cantidad que había en el tarro los beneficiaba a ellos y perjudicaba a sus compañeros, que en realidad eran cómplices de los investigadores. En otra, la situación se invertía: eran los participantes los que salían perjudicados si mentían. Y en la tercera ronda, el engaño favorecía tanto a los voluntarios como a sus supuestos compañeros.

El calibre de los engaños aumenta si nos benefician

El experimento reveló que la magnitud de las mentiras aumentaba a medida que progresaba el experimento si éstas beneficiaban a los participantes, independientemente de si perjudicaban o favorecían a sus compañeros. Paralelamente, los investigadores monitorizaron la actividad del cerebro de un grupo de reducido de voluntarios mientras se desarrollaba el experimento. Así, detectaron que la región de la amígdala se activaba intensamente cuando los participantes mentían. Sin embargo, la respuesta se mitigaba a medida que se acostumbraban a los engaños y éstos se agravaban. Así pues, los resultados cuadran con la hipótesis de que la emoción negativa que nos impide mentir se origina en la amígdala.

El peligro de las pequeñas mentiras

Los investigadores piensan que la adaptación de la respuesta de la amígdala podría estar implicada en la desensibilización al asumir riesgos o ante comportamientos violentos. También advierten sobre “los peligros de caer en pequeñas mentiras, un riesgo habitual en terrenos como el mundo de los negocios, la política y la aplicación de la ley”, ya que podrían escalar progresivamente hasta convertirse en graves engaños.

Mantener a ralla la deshonestidad

Por otra parte, Garret considera que su investigación abre la puerta a nuevas formas de mantener a ralla la deshonestidad, por ejemplo, en la rehabilitación de delincuentes. “Consistirían en reproducir una emoción negativa para evitar caer en este comportamiento”, explica el investigador. Garret declara que dicha emoción podría reproducirse mediantefármacos, pero también cita el trabajo de su coautor, Dan Ariely, de la Universidad de Duke, que demuestra que recordar a las personas sus valores las hace más honestas. “No sabemos si eso se debe a que se reproduce una emoción negativa ante la mentira, pero es una posibilidad que sería interesante investigar”, admite.