És “Proxima b” el futur llar de la humanitat ?

Guillem Anglada-Escudé és professor d’astrofísica a la Universitat Queen Mary de Londres. Amb 37 anys ha descobert un planeta probablement habitable a només 4,2 anys llum de la terra, una distància extremadament curta en termes còsmics.

El que el fa especialment interessant és que el planeta es mou a la zona ‘ temperada ‘ de l’estrella , en aquella en què potser seria possible trobar aigua en estat líquid. “Proxima b” té una massa de 1,3 vegades la de la Terra i orbita al voltant de l’estrella Pròxima Centauri. Proxima Centauri  és una nana vermella , un estel fred de la constel·lació de Centaurus que es troba prop d’un parell d’estrelles molt més brillants conegudes com Alfa Centauri A i B.

La mida aparent de la seva estrella al cel seria gairebé el triple que el nostre, tot un espectacle. A l’estar tan a prop de l’estrella, és probable que Propera b estigui acoblat en la seva rotació amb Propera Centauri , de la mateixa manera que ho estem nosaltres amb la Lluna (sempre veiem la mateixa cara ). És a dir, el planeta oferiria sempre la mateixa cara a la seva estrella, el que complicaria l’habitabilitat del mateix, segons Miguel Santander, astrónomo y escritor de ciencia ficción: “en estar el costat diürn molt calent i el nocturn tan fred que, d’haver atmosfera, aquesta podria arribar a congelar-se, literalment ” . Una altra possibilitat interessant és que existís un cinturó habitable a la frontera entre els dos hemisferis, el fred i el més calent, encara que per ara aquesta possibilitat és pura especulació.
Els dos següents articles ens amplien respectivament  la informació de Proxima B i expliquen l’experiència de Guillem Anglada.
Stephen Hawking creu que hi ha vida extraterrestre i és moment de buscar-la. Jo continuo pensant, per lògica,  que si només estem nosaltres,  quant  espai desaprofitat …

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El equipo del astrónomo Guillem Anglada-Escudé publica este miércoles en la revista Nature uno de los descubrimientos astronómicos más impactantes y esperados: la existencia de un planeta de tamaño similar a la Tierra en la órbita de la estrella más cercana a nuestro Sistema Solar, a apenas cuatro años luz de distancia de nosotros. A partir de los datos obtenidos desde dos telescopios del Observatorio Europeo Austral (ESO) entre 2000 y 2014 y una serie de observaciones realizadas entre enero y marzo de 2016, los científicos han detectado la presencia de un planeta rocoso, de una masa de 1,3 veces la de la Tierra, que orbita alrededor de la estrella Próxima Centauri.

“El siguiente paso es la búsqueda de vida en Próxima b”, aseguran sus descubridores

Lo que lo hace especialmente interesante es que el planeta se mueve en la zona ‘templada’ de la estrella, en aquella en que quizá sería posible encontrar agua en estado líquido.  El planeta, bautizado como Próxima b, da una vuelta a su estrella cada11,2 días y lo hace tan rápido porque está mucho más cerca de lo que estamos nosotros del Sol, a unos 7,5 millones de kilómetros (un cinco por ciento de la distancia que nos separa a nosotros de nuestra estrella). Por otro lado, Próxima Centauri es una enana roja, una estrella fría de la constelación de Centaurus que se encuentra cerca de un par de estrellas mucho más brillantes conocidas como Alfa Centauri A y B.

El hallazgo es especialmente meritorio porque se ha hecho a partir del análisis cuidadoso de los minúsculos cambios en el efecto Doppler. Observando la luz de la estrella, los astrónomos detectaron pequeñas variaciones que indicaban la presencia de un planeta cuya gravedad estaba alterando la luz. “Se han encontrado muchos exoplanetas y van a descubrirse aún muchos más, pero buscar el potencial análogo de la Tierra más cercano y conseguirlo ha sido la experiencia de toda una vida para todos nosotros”, asegura Anglada-Escudé. “El siguiente paso es la búsqueda de vida en Próxima b”.

Aunque Próxima Centauri es mucho más débil que el Sol, el hecho de estar tan cerca hace que el planeta se vea fuertemente afectado por las llamaradas de rayos X y de radiación ultravioleta procedentes de la estrella. “La densidad de flujo magnético de Próxima Centauri sobre este planeta es 600 veces mayor que la del Sol sobre la Tierra, el flujo de rayos X es unas 400 veces más intenso que el que recibe nuestro planeta, y otro tanto ocurre con la radiación ultravioleta que alcanza Próxima b”, explica a Next Carlos Briones, investigador del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA) y experto en astrobiología. “Es difícil aventurar si en ese entorno de radiación tan extremo la vida podría haberse originado y mantenido”, añade. Y más teniendo en cuenta que se desconoce si Próxima b tiene un campo magnético como el de la Tierra, que le protege de las radiaciones. De lo contrario, las fuertes tormentas harían difícil la proliferación de algún tipo de vida.

Aunque aún falta muchísima información para conocer su Próxima b es potencialmente habitable, sí podemos hacernos una idea del aspecto que tendría este planeta si pudiéramos posarnos sobre su superficie. “El tamaño aparente de su estrella en el cielo sería casi el triple que el nuestro, todo un espectáculo”, asegura Miguel Santander, astrónomo y escritor de ciencia ficción. “Se trata de una estrella rojiza y mortecina que apenas emite luz en el espectro visible, de modo que el planeta estaría envuelto, para nuestros ojos adaptados a la vida en la Tierra, en una penumbra constante que las cercanas Alfa Centauri A y B no lograrían deshacer”. Por otro lado, al estar tan cerca de la estrella, es probable que Próxima b esté acoplado en su rotación con Próxima Centauri, del mismo modo que lo estamos nosotros con la Luna. Es decir, el planeta ofrecería siempre la misma cara a su estrella, lo que complicaría la habitabilidad del mismo, según Santander, “al estar el lado diurno muy caliente y el nocturno tan frío que, de haber atmósfera, esta podría llegar a congelarse, literalmente”. Otra posibilidad interesante es que existiese un cinturón habitable en la frontera entre ambos hemisferios, el frío y el más caliente, aunque por ahora tal posibilidad es pura especulación.

¿Cómo podemos aprender más cosas sobre las características de este mundo tan cercano y prometedor? Si tuviéramos la suerte de que Próxima b transita en algún momento entre su estrella y nosotros (los científicos estiman que solo existen un 1,5% de probabilidades de esto) podríamos utilizar la espectroscopia de transmisión para analizar la composición de su atmósfera y saber más detalles sobre las posibilidades de viajar hasta allí.  Con el lanzamiento del telescopio espacial james Webb en 2018, los astrónomos esperan encontrar muchos más exoplanetas en la zona templada de las enanas rojas, lo que permitiría comparar los datos. Las enanas rojas son las estrellas más abundantes de la galaxia, pero solo se han descubierto unos cuantos planetas del tamaño de la Tierra en sus zonas templadas. Como escribe Artie Hatzesen Nature, “si solo una pequeña parte de las enanas rojas tuvieran planetas en su zona templada, nuestra galaxia podría estar bullendo de vida”. Como curiosidad, Próxima Centauri seguirá existiendo muchos cientos de miles de años después de que se extinga nuestro sol, lo que permitiría a cualquier forma de vida existente allí seguir evolucionando mucho después o, quién sabe, a los propios humanos mudarse de barrio dentro de la galaxia si la tecnología nos permite superar la distancia.

Se investiga en sistemas que nos permitirían llegar a la estrella más cercana en 20 años

De momento, la humanidad se encuentra un poco lejos de llegar hasta un sistema situado a cuatro años luz, lo cual no quiere decir que sea imposible. La sonda más rápida lanzada hasta ahora es la Voyager 1, que se aleja del Sol a una velocidad de 17 km/s. A esa velocidad, recuerda el astrofísico y divulgador Daniel Marín, tardaríamos 74.000 años en llegar a Próxima Centauri. “Usando la tecnología que ya está disponible es posible enviar naves no tripuladas que vayan casi cinco veces más rápido gracias al empleo de velas solares y sobrevuelos cercanos del Sol y Júpiter”, añade. “Evidentemente, no es suficiente, ya que tardaríamos más de 14.000 años en llegar”. Para alcanzar Próxima b hace falta introducir nuevas tecnologías, asegura el astrofísico, como la propulsión mediante velas láser. “En ese caso sería posiblellegar a la estrella más cercana en 20 años”. Ya se ha presentado un proyecto para trabajar en esa vía, aunque todavía nos falta mucho para alcanzar este nivel de desarrollo. “Pero si de lo que hablamos es de enviar personas, me temo que todavía nos queda mucho por delante”, concluye Marín. “Para eso no solo deberíamos desarrollar nuevas tecnologías, sino crearlas casi desde cero (propulsión de antimateria, fusión nuclear, etc.) y ni siquiera sabemos si son factibles”.

Referencia: A terrestrial planet candidate in a temperate orbit around Proxima Centauri(Nature) DOI 10.1038/nature19106

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Guillem Anglada-Escudé és professor d’astrofísica a la Universitat Queen Mary de Londres. Amb 37 anys ha descobert un planeta probablement habitable a només 4,2 anys llum de la terra, una distància extremadament curta en termes còsmics

¿Podrem arribar a visitar algun dia el planeta Proxima b?

Jo no crec que el vegi, i tu potser tampoc. Però hi ha una fundació anomenada Breakthrough Starshot que està buscant les maneres d’arribar-hi tecnològicament. Els seus inversors són multimilionaris com el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, i el magnat rus Iuri Milner. La idea és agafar un xip molt petit i enganxar-lo a una vela solar. Aleshores s’impulsa amb un làser des de la Terra i és possible accelerar-lo a molta velocitat. D’aquí 20 o 30 anys aquestes nanonaus podrien arribar a les estrelles més pròximes, en un altre Sistema Solar. Enviar informació des de tan lluny és bastant problemàtic, però seria la idea.

¿Mark Zuckerberg s’ha interessat per la descoberta?

Ahir a les 4 de la matinada ens van posar en videoconferència amb un grup de Silicon Valley. Ens els van presentar com “els milionaris locals”. Hi havia Mark Zuckerberg, el cofundador de Google [Larry Page] i Iuri Milner. Han posat uns 100 milions de dòlars en el projecte Breakthrough Starshot, i ens van fer unes quantes preguntes. Estaven especialment interessats a saber si se li podia posar un nom al planeta. De moment es diu Proxima b, i encara és aviat per rebatejar-lo, perquè ara la comunitat científica ha de verificar la nostra descoberta.

Què hi podríem trobar, al planeta?

El més interessant no és tant que s’hagi localitzat el planeta com que pertany a l’estrella més pròxima al sol. No hi ha res més a prop. El Sistema Solar s’acaba, i Pròxima Centaure és el primer objecte que hi ha. Sabem que Proxima b té 1,3 vegades la massa terrestre, i que la seva òrbita a l’estrella és d’11,2 dies. La temperatura és de -40 graus, molt freda. Però la Terra també seria freda si no fos per l’atmosfera, que atrapa la calor. Per això és tan important descobrir si el nou planeta té atmosfera i com és. La descoberta de Proxima b no és el final, és el principi.

Quan i com podrem saber si té atmosfera?

De vegades tens sort i el planeta en qüestió passa davant la seva estrella alineat amb la teva línia de visió. És el que es coneix com a mètode de trànsit. Molts planetes es detecten així: la llum passa a través de l’atmosfera del planeta i et permet fer diversos càlculs, com ara comprovar si efectivament n’hi ha, d’atmosfera. El cas és que tenim una probabilitat del 2% que l’òrbita estigui alineada i en puguem veure el trànsit. En aquest cas, creiem que l’òrbita del planeta està bastant alineada, així que les probabilitats podrien ser més altes. Si això passés, d’aquí dos anys podríem esbrinar si hi ha atmosfera, i com és. Si no, haurem d’esperar que acabi de construir-se la nova generació de telescopis, que d’aquí sis o set anys ens permetrien obtenir imatges del planeta.

¿És escèptic amb la idea de trobar-hi aigua?

És especular una mica. Hem fet diverses simulacions, i de moment no exclouen que tingui una bona atmosfera amb uns quants oceans. Però perquè hi hagi vida depèn molt de com es va formar el planeta, quanta aigua tenia al principi i què li va passar a aquesta aigua durant els primers cent milions d’anys de vida de l’estrella. Aquests escenaris ens els plantegem sovint, i la majoria de vegades són ràpidament descartats. En aquest cas, hi ha una possibilitat bastant gran que hi pugui haver vida. I quan dic que hi pot haver vida, vull dir que hi ha tot un rang de possibilitats que permeten que avui dia el planeta sigui habitable.

No és el mateix que hi hagi vida que que sigui habitable. ¿Creu que hi ha vida, allà fora?

Al nostre Sistema Solar? No ho crec. No sembla que ningú hagi vingut a fer-hi res, aquí. El fet que no hi hagi aquesta evidència em fa pensar que no hi ha vida enlloc excepte a la Terra. Això o que, per algun motiu, els altres no deixen el seu planeta, igual que els dofins no deixen el mar.

Com és el seu dia a dia?

Sóc professor a la Universitat Queen Mary de Londres, i el meu dia a dia consisteix a arribar a l’oficina i mirar el correu electrònic, com tothom [riu]. La investigació pura, quan te’n vas al telescopi i comences a explorar, la fas quan pots, quan els estudiants no hi són o no tens burocràcia. Fa quatre anys que perseguim aquest planeta, i no ho fèiem cada dia.

Per què no hem sentit més el seu nom a Catalunya? Ho teniu difícil, aquí, els astrofísics?

Sí, he provat de tornar moltes vegades, però no hi ha manera. No es creen places, i quan se’n creen hi ha molta cua. Jo no sóc funcionari però a Anglaterra tinc un contracte. ¿Els investigadors han de ser funcionaris? No ho veig necessari. Però com que no es creen places el resultat és que estem tots dispersats pel món.

¿Sempre va saber que volia ser astrofísic?

Tenia clar que volia estudiar alguna cosa relacionada amb l’espai o amb l’enginyeria. Tothom ha volgut ser astronauta, en algun moment. De tota manera, el que més m’atrau ara és l’exploració. Fer com a Star Trek i anar allà on no ha anat ningú, encara que no hi posis ni un peu.