Pols en el vent…. o un futur amb menys pols

“Pols en el vent, tot el que son (els meus somnis) són pols en el vent. Pols en el vent, tot el que som és pols en el vent. Pols en el vent, tot és pols en el vent”. (Estrofes de la cançó “Dust in the wind” de Kansas, veure https://www.youtube.com/watch?v=2-I-BhaiTzw).

I pols és precisament el que menys tindrem en determinats indrets del món degut al canvi climàtic. Això és el que podem llegir en un article publicat al diari “El Diario” (http://www.eldiario.es/sociedad/Cambio-climatico-Amazonas-Sahara_0_519698173.html). I un pot pensar que si no tenim pols millor ja que en certes ocasions és una molèstia.

Però el que poca gent sap és que el pols produït en el Sàhara, aquella pols que de tant en tant ens arriba amb les pluges de fang ací Catalunya, viatja entre altres llocs  a la Selva Amazònica. I quan cau en aquesta zona, de sòls pobres, li proporciona fertilitat.

Cada any el harmattan (veure https://es.wikipedia.org/wiki/Harmattan), escombra grans àrees de la part sud del Sàhara i transporta entre 400 i 700 milions de tones de pols fora del continent africà. Si la força del vent és intensa pot arribar al Carib, Nordamèrica, la selva amazònica o Europa. En concret sobre la Selva amazònica poden arribar a caure fins a 28 milions de tones de pols que ajuden a fertilitzar un sols pobres en nutrients com a conseqüència de l’intens rentat que pateixen per les pluges constants.

Ara en un estudi publicat per Evan et al. (2016) a la revista Nature (veure http://www.nature.com/nature/journal/v531/n7595/full/nature17149.html), aquests investigadors han trobat que al llarg del segle 21 i coincidint amb l’augment dels gasos hivernacle es produirà un afebliment de la circulació tropical. Aquest afebliment comportarà que cada vegada hi hagi menys injecció de pols procedent del Sahara i que per tant hi hagi menys aportació de nutrients en altres zones del planeta. I no només això, aquesta situació provocarà també menys obscuriment atmosfèric – al reduir-se el paper de filtre de la pols en suspensió a l’atmosfera – i per tant més calor. Això podria provocar un augment més marcat de les temperatures, més del que indiquen fins ara els model i a més “This feedback may also enhance warming of the tropical North Atlantic15, which would make the basin more suitable for hurricane formation and growth” (un increment en les temperatures de l’atlàntic nord situat en el tròpic que faciliti la formació i creixement d’huracans en aquesta zona).

Mentre els nostres polítics – bé els del govern en funcions – poden seguir com fins ara tapant-se els ulls i fent com si no passés res de res (http://www.eldiario.es/sociedad/Espana-reduccion-emisiones-contaminantes-UE_0_522847917.html). El problema de passar d’aquestes coses és que al final ens afecten greument i provoquen patiment innecessari. Poder és ja hora de que comencem entre tots a intervenir i no deixar el nostre futur en segons quines mans.

Un futuro con menos polvo, y peor

Las variaciones meteorológicas en África tienen un impacto global porque influyen en la emisión de polvo a la atmósfera

La jungla amazónica y el Océano Atlántico reciben nutrientes esenciales del Sáhara por este mecanismo

Modelos climáticos indican una tendencia a la reducción futura de estas polvaredas con consecuencias globales

Imagen meteosat del polvo sahariano / SeaWiFS Project

Imagen meteosat del polvo sahariano / SeaWiFS Project

El  desierto del Sáhara es una de las zonas menos fértiles del planeta, una amplia región donde la falta de agua hace muy difícil la supervivencia de cualquier tipo de ser vivo. Sin embargo, sabemos que la desbordante proliferación de vida que es la selva amazónica debe parte de su fertilidad precisamente al Sáhara y sus emisiones de polvo, las mayores del planeta. Nutrientes clave como el fósforo, que las incesantes lluvias de la cuenca del Amazonas lavan de los suelos, son repuestos por inyecciones de polvo sahariano transportadas desde el otro lado del Atlántico; los animales y plantas de este océano también se benefician de los minerales salidos de las arenas del mayor y más cálido desierto del planeta.

Algunos de los más ricos pulmones vivos dependen así del polvo emitido desde una de las áreas más muertas.  Una reciente investigación reconstruye la historia de esta distante pero vital relación y la proyecta hacia el futuro. Y las noticias no son buenas.

Cada año los vientos africanos transportan entre 400 y 700 millones de toneladas de polvo fuera del continente y los reparten sobre mares y tierras lejanas. Dependiendo de la época del año, el destino de todo este polvo es diferente: entre noviembre y marzo sopla un viento conocido como Harmattan desde el noreste sobre el África Occidental llevando aire frío y seco. Este viento barre el sur del Sáhara y levanta tales cantidades de polvo que el tráfico aéreo queda interrumpido por baja visibilidad en amplias regiones del Golfo de Guinea y acaba formando la denominada  Capa de aire Sahariana sobre el Atlántico. Cuando es lo bastante fuerte los granos acaban en el Caribe, Norteamérica o la cuenca del Amazonas. Durante la primavera el viento cambia de dirección y sopla del suroeste, lo que lleva  nubes de polvo sobre Europa que a veces provocan lluvias de barro.

El Harmattan  barre algunas de las áreas productoras de polvo atmosférico más prolíficas del planeta como la  depresión Bodélé (antaño el lecho de un gran lago) y las montañas de Tibesti, ambas en la zona norte del Chad. Allí las partículas de entre 0,1 y 20 micrones de diámetro quedan suspendidas en el aire y son transportadas miles de kilómetros. Pero si sus efectos sobre la meteorología local son marcados (calimas espesas, sequedad extrema, reducción de temperaturas) los efectos en el clima mundial son aún más importantes.

Esencial para la salud de la selva

Mediante datos de satélite se ha estimado que la cuenca amazónica recibe cada año casi 28 millones de toneladas de polvo procedente de África, una sustancial cantidad de material. Y estos granos diminutos transportan algunos nutrientes clave sin los cuales la jungla simplemente no podría sobrevivir como fósforo, potasio y calcio, que desaparecen de los suelos del Amazonas debido a las intensas lluvias. Estas aportaciones de minerales son esenciales para la salud de las selvas, que a su vez ejercen una influencia determinante en el clima global. Y no solo eso: el polvo africano también es imprescindible para la vida marina al enriquecer las aguas del Atlántico en hierro, elemento que potencia el crecimiento de algas marinas que liberan oxigeno y atrapan y eliminan dióxido de carbono. En conjunto estos vientos son por tanto muy beneficiosos para todos habitantes del planeta a los que nos gusta respirar.

Por eso es tan mala noticia que se reduzcan estas emisiones de polvo, y por tanto sus efectos positivos. Según  un análisis publicado en Nature la intensidad de los vientos que levantan y acarrean el polvo africano varía año tras año dependiendo de numerosos fenómenos atmosféricos como El Niño, la  Oscilación del Atlántico Norte, la intensidad de la estación de lluvias en el  Sahel y en general lo que ocurre en la Zona de Convergencia Intertropical.

Para evaluar las tendencias a futuro los climatólogos reconstruyeron el patrón de vientos en el área desde 1850 y lo contrastaron con datos de deposición de polvo sahariano en arrecifes de Cabo Verde. Su reconstrucción reproduce con precisión diversos fenómenos conocidos del pasado como el aumento de polvaredas durante la sequía del Sahel en la década de los 80, lo que da confianza sobre sus números. Números que predicen que durante el próximo siglo habrá menos vientos, y menos polvo.

Menos oscurecimiento atmosférico significa más temperatura, como también tenderá a aumentar el calor cualquier reducción de la productividad de algas en el Atlántico y su absorción de CO2 o el empobrecimiento de las junglas del Amazonas por escasez de nutrientes. La reducción de una única variable, la intensidad de los vientos en una región concreta de África, puede tener como consecuencia que la temperatura global aumente más de lo previsto en nuestros modelos. Y subraya la exquisita interconexión entre lo que sucede en distintos puntos de la Tierra separados por miles de kilómetros, pero unidos por una atmósfera común.