TTIP i interessos de les transnacionals

El TTIP es presenta com un tractat comercial, negociat a esquenes de la ciutadania dels estats units i d’europa, que mena cap a la construcció de bases econòmiques més sòlides per assegurar parcel·les de creixement en un món afectat per l’ofegament intern i extern de la valorització capitalista. El tractat de fet vol re-configurar les estructures socio-econòmiques d’ambdues àrees geopolítiques, donant lloc a un bloc comercial unificat de quasi 1000 milions de persones. Això es farà a través d’un procés d’homogeneització de les condicions productives a ambdues vores del Atlàntic i sempre a favor del gran capital. Però de fet el TTIP és un acord fonamentalment polític que sota la disfressa d’un tractat econòmic vol fer una sèrie de reformes polítiques que son en realitat un cop d’Estat coordinat de baixa intensitat. L’objectiu final es aconseguir que l’estat es converteixi en una institució supeditada als interessos i les decisions de les grans corporacions. De fet el tractat suposarà la victòria definitiva del món del capital sobre el món laboral. Podríem acabar dient que el TTIP és una fugida cap endavant impulsada per el gran capital davant dels reptes del segle XXI i el seu futur de crisi permanent. Es tracta de fer un bloc geopolític davant de la progressiva pèrdua de poder econòmic d’Europa i Estats units. El problema es que tot això comportarà grans reestructuracions en sectors com el de la carn, el dels  fertilitzants, el del bio-etanol, el del sucre, el dels equips de transport, el del metall, els sectors primaris i els serveis de negocis, personals i de comunicació. En definitiva les transnacionals volen assegurar-se el màxim de guanys en un món de recursos decreixents. El medi ambient, com sempre, no té cap mena de consideració i quedarà sotmès al caprici de les grans transnacionals.

Tota aquesta introducció, un xic llarga però penso que necessària, ve al cas de l’article aparegut al diari “El Diario” (veure http://www.eldiario.es/politica/Carlos-Taibo-TTIP-intereses-transnacionales_0_472453128.html). En ell ens parlen del darrer llibre publicat sobre el TTIP  (“Para entender el TTIP”) pel professor de de ciències polítiques de la universitat autònoma de Madrid, el Dr. Carles Taibo (https://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Taibo). Continua la lectura de TTIP i interessos de les transnacionals

L’aigua de la Lluna prové de xocs d’asteroides

El satèl·lit de la Terra es va formar fa 4500 milions d’anys aproximadament a partir de l’impacte d’un cos de la grandària de Mart contra el nostre planeta, segons publca la revista Nature Communications.  Un dels punts més interessants del treball és que confirma les idees que l’aigua de la Terra i de la Lluna sorgeixen majoritàriament de l’arribada d’asteroides hidratats, els que produeixen un tipus de meteorits anomenats condrites carbonàcies. Aquests van aportar grans quantitats d’aigua a la Lluna però també a la Terra

http://www.lavanguardia.com/ciencia/fisica-espacio/20160531/402176453410/agua-luna-tierra-colisiones-asteroides.html

La mayoría del agua que contiene la Luna procede de asteroides que impactaron contra ella en las primeras etapas de su formación, hace entre 4500 y 4300 millones de años, según revela un nuevo estudio publicado en la revista Nature Communications.

En ese período  de la biografía del Sistema Solar éste no era el vecindario cósmico tranquilo que ahora conocemos, sino que estaba en plena formación y unos cuerpos impactaban contra otros de forma virulenta. Es así, a partir de esos choques y de los restos producidos por las colisiones, como se fueron formando los planetas y sus satélites.

También la Luna. Los astrónomos consideran que se creó a partir del choque de un planeta del tamaño de Marte, que se ha convenido en llamar Theia, contra la Tierra hace unos 4500 millones de años.

Como la Tierra, la Luna también se sabe que alberga agua, pero cómo llegó ese agua a nuestro satélite, cuándo, y hasta qué punto contribuyeron las colisiones de asteroides o cometas, o incluso de Theia, no se conocía con precisión.

De hecho, el análisis de rocas lunares traídas por las misiones Apolo de la NASA en los años 70 mostraba que los páramos lunares tienen una composición prácticamente idéntica a la del manto de la Tierra. Y eso a pesar de que se sabe que las composiciones de elementos de los distintos objetos del Sistema Solar son distintas, como si fueran una especie de huella dactilar única que permite identificarlos.

“La única pareja de objetos que tiene una composición de isótopos de oxígeno similar es la Tierra y la Luna. Y es la mayor demostración geoquímica de que la Luna se formó a partir de la colisión entre la Tierra y Theia, un embrión planetario de las dimensiones de Marte”, asegura Josep Maria Trigo, investigador principal del grupo Meteoritos, Cuerpos Menores y Ciencias Planetarias del Instituto de Ciencias del Espacio (IEEC-CSIC).

Ahora, un equipo internacional de investigadores ha arrojado luz sobre el tema. Empleando una combinación de modelos numéricos y de mediciones de las composiciones isotópicas de muestras lunares, publicados en estudios previos, han descubierto que el agua llegó a la Luna durante un periodo de entre 10 y 200 años tras su formación.

Representación artística del océano de magma de la Luna poco después de la formación del satélite terrestre. El periodo en que duró este océano de magma es el tiempo en que los asteroides llevaron elementos volátiles al interior de la Luna.
Representación artística del océano de magma de la Luna poco después de la formación del satélite terrestre. El periodo en que duró este océano de magma es el tiempo en que los asteroides llevaron elementos volátiles al interior de la Luna. (NASA/ GSFC)

En ese tiempo el satélite terrestre albergaba un gran océano de magma, que desempeñó un papel clave. Según Trigo, “las superficies líquidas retienen mejor los elementos volátiles tras un impacto que las superficies sólidas. Así, ese océano de magma debió absorber los elementos ligeros procedentes de los objetos que impactaban contra la Luna”.

Los cometas y asteroides que impactaron contra el magma crearon una especie de tapón termal en la superficie, que evitó que los elementos volátiles esenciales para formar agua se escaparan hacia el espacio y los retuvo en el interior de la Luna. Según los investigadores, la mayoría de agua lunar tiene pues este origen. No obstante, los autores de este trabajo también apuntan que parte del agua en la Luna podría proceder delembrión de Tierra a partir del cual se formó nuestro satélite.

De hecho, “uno de los puntos más interesantes del trabajo es que confirma las ideas de que el agua de la Tierra y de la Luna surgen mayoritariamente de la llegada de asteroides hidratados, los que producen un tipo de meteoritos llamados condritas carbonáceas. Estos aportaron grandes cantidades de agua a la Luna pero también a la Tierra”, considera Trigo, experto de referencia en los procesos de hidratación de asteroides y cometas, que no ha participado en esta investigación. “Los cometas, más ricos en hidrógeno pesado o deuterio habrían contribuido en un porcentaje inferior a un 20% de la masa de agua total”, concluye.