Sobre la vacunació (II)

Ara ja fa uns dies vaig penjar un post sobre les vacunes i la seva importància en la salut poblacional (https://blocs.xtec.cat/cienciasexperimentals/wp-admin/post.php?post=4725&action=edit). En concret era el cas d’un noi que afectat per un càncer va decidir fer-se, aconsellat per amics i coneguts, un tractament de medicina no convencional amb el resultat de mort. No era un article al cent per cent sobre les vacunes, però si que introduïa alguns aspectes de la seva problemàtica.

De fet l’article ens parlava de l’enfrontament entre dos concepcions diferents sobre la medicina: la medicina al·lopàtica i la homeopàtica. Per resumir les diferencies entre ambdues podem dir

” En primer lugar, mientras que para la medicina alopática estar sano depende del correcto funcionamiento del organismo, para la homeopática dependería del equilibrio adecuado entre mente, cuerpo y alma. Para la primera, la enfermedad no es más que una alteración orgánica y funcional, en cambio para la segunda, sería un estado inducido por el desequilibrio energético del organismo en su totalidad. Cuando se trata del diagnóstico, la medicina convencional determina las causas de la enfermedad gracias a las visitas médicas y los exámenes clínicos, la homeopatía, en cambio, además de las visitas, apuesta por el análisis del estado energético para intuir el origen del problema.

En cuanto al tratamiento, los médicos utilizarán medicamentos alopáticos, cirugía y otros métodos científicos para acabar con los síntomas y curar el cuerpo, mientras que los homeópatas recurrirán a los remedios para curar el “interior del hombre” y reequilibrar a la persona en su totalidad. Por último, en lo que respecta a la prevención, la medicina alopática apostaría por las pruebas médicas para un diagnóstico precoz, mientras que la medicina natural lo haría sobre una correcta higiene de vida: equilibrio psíquico, emocional y espiritual; la alimentación; y la actividad física. Cosas que, hoy en día, los propios médicos ya suelen recomendar.”

Moltes de les persones que conformen l’anomenat “grup dels antivacunes” pertanyen al col·lectiu de persones creients de l’homeopatia. Amb això no vull desqualificar l’homeopatia, sinó als creients. Els creients son els que accepten de manera acrítica una determinada fe (sovint religiosa). Bàsicament els mou la fe i mitjançant aquesta s’aproximen al seu món. Davant d’un fet sovint no el qüestionen sinó que tracten d’adaptar-lo dins del seu corpus doctrinal. La ciència i la fe es troben separades per aquest fet. Mentre la primera qüestiona les coses, la segona no ho fa. Mentre la primera es basa en observacions, hipòtesis, comprovacions, refutacions, la segona no. Segons Gould (2004; Érase una vez el zorro y el Erizo), la ciència podria ser definida pel seu escepticisme i la seva indagació constant. Fe i ciència enraonarien doncs amb llenguatges diferents i s’ocuparien de dominis separats (en aquest punt podem citar l’acrònim creat per S.J. Gould….NOMA (non overlapping magisteria), veure http://www.casadellibro.com/libro-ciencia-versus-religion-un-falso-conflicto/9788484329183/1138486)

Per a molts d’aquests creients n’hi ha prou tant sols amb un sistema immunitari en correcte funcionament per tal de no ser infectat per cap virus ni bacteri. I això es cert fins a un cert punt. Ningú qüestiona l’avenç en la millora de salut que va suposar, en el cas dels països desenvolupats, l’accés a una millor alimentació i a unes millors condicions higièniques. Els fets demostren que es va reduir la presència i domini de moltes malalties infeccioses. Però amb això no n´hi ha prou, i aquest és el discurs de la Dra Concepción Cruz Rojo (http://personal.us.es/cruzrojo/) en el seu article publicat a Rebelion (http://www.rebelion.org/docs/201574.pdf) arran del cas del noi que va morir per diftèria a Olot recentment (http://www.ara.cat/societat/Nen-difteria-mort-Vall_d-Hebron-malaltia-vacuna_0_1383461859.html).

No penjo tot l’article, per ser molt llarg, però poso alguns fragments extrets del mateix:

* La ciencia de la salud humana no solo incluye los aspectos biológicos que ocurren en los organismos humanos, sino que su biología está en una continua relación con las influencias sociales que nos rodean. No hablamos solo de los aspectos físicos: Reacciones químicas, rutas metabólicas y procesos eléctricos que operan en el interior de nuestro organismo, sino también de los aspectos psíquicos que no pueden separarse de lo anterior. Porque lo psíquico es producto del estado de nuestro cerebro, sus neuronas, dendritas y axones; de iones que transitan entre dichas prolongaciones de las células cerebrales, las referidas neuronas. Y además, lo físico es psíquico y lo psíquico es físico, cuyas patologías son muy frecuentes en nuestras sociedades, pese a los prejuicios que todavía se tiene sobre las alteraciones o enfermedades psicológicas. Somos una entidad físico-psíquica que está también íntimamente relacionada con múltiples influencias positivas o negativas a diferentes niveles externos e internos que en otras ocasiones hemos tratado1 . Nuestro sistema inmunitario, ese que nos protege -entre otras- de las infecciones o del cáncer, muestra la gran interrelación que existe entre órganos y funcionamientos muy diferentes del organismo humano. Y a su vez, el sistema inmunitario puede verse afectado por situaciones de estrés, de agresiones de todo tipo. Porque el cuerpo humano es una unidad bio-psico-social; una pequeña afección, el propio dolor del tipo que sea, aun siendo “intangible” actúa a su vez sobre esa unidad o algunas de sus partes.

* Hace ya muchos años que las enfermedades transmisibles, su mayor o menor propagación epidémica, son cada vez mejor comprendidas gracias a los avances de la epidemiología, la microbiología y la ecología. Existe todo un mundo de organismos microscópicos que pueblan el planeta, algunos de ellos patógenos para los humanos y animales. El conocimiento de las epidemias también se ha ampliado a través de la historia, indagando en aquellas que ocurrieron en el pasado más remoto y en la actualidad, sus ondas expansivas y sus causas más amplias y particulares. Que “prende” primero en las poblaciones más pobres es bien admitido por la comunidad, porque a una alimentación insuficiente, donde el sistema inmunitario se encuentra más vulnerable, se añade la deficiencia en la calidad del agua, los suelos, la vivienda y del medio en general. Pero decir esto no invalida, sino todo lo contrario, la teoría del germen, la cadena epidemiológica, que explica que se necesita un germen patógeno para los humanos, una persona susceptible -no inmune- a dicho germen y un mecanismo de transmisión (aéreo, hídrico, alimentario, etc.) para que la infección se produzca. Comprender todos estos elementos nos ayudan a actuar a nivel individual y, sobre todo, poblacional. Por ello, seguíamos diciendo en el mismo escrito citado: Negar la existencia de estos microorganismos, los conocimientos sobre los mecanismos de transmisión y, por tanto las medidas de prevención primaria que se deben seguir para evitarlos, o la utilidad de antibióticos y vacunas cuando se hace necesario, es hacerle un flaco servicio a las poblaciones más azotadas por todo tipo de epidemias infecciosas.

* Tenemos que decir que las vacunas supusieron y supone una de las principales medidas de Salud Pública. Incluso en zonas donde las condiciones socioeconómicas son deficientes, las campañas de vacunación masivas contra la poliomielitis, la triple bacteriana (tosferina, tétanos y difteria) o la vacuna contra el sarampión, han salvado muchas vidas en amplias regiones y desde hace décadas. Enfermedades de distribución universal y que por ello han sido objeto de campañas organizadas de eliminación por parte de movimientos y organismos sanitarios nacionales e internacionales. Otras enfermedades infecciosas de gravedad como el sida o el paludismo (malaria) , aún no tienen una vacuna suficientemente segura y eficaz. Sobre todo en el último caso ha habido voces críticas que con toda razón cuestionan que se priorice la investigación sanitaria en patologías que afectan a países más ricos porque suponen mayores beneficios económicos. Las vacunas no dejan de ser una parte, objeto de la mercantilización de las tecnologías sanitarias, que igualmente priorizan en aquellas que son más rentables económicamente.

* La vacuna contra la difteria (toxoide diftérico) se comienza a utilizar en 1926 y su administración aumenta a partir de los años 40 del siglo XX en mayor o menor medida según los países. Hasta entonces la distribución de la enfermedad era mundial y las epidemias se presentaban cada 10 años en los meses fríos. En la era pre-vacunal la enfermedad afectaba mayoritariamente a los más pequeños, casi el 70% se producía en menores de 15 años. Este patrón por edad se veía en Estados Unidos en el primer tercio del siglo XX16, en Alemania en los años 30 del mismo siglo17 , y en Inglaterra y Gales también en los años 30 de dicho siglo18 . Como ha ocurrido, y ocurre, con otras enfermedades infecciosas, estás se producían predominantemente en los primeros años de vida. De hecho, tenían nombre genérico, infecciones propias de la infancia. Varios eran los motivos: la mayor vulnerabilidad inmunológica, y en general biológica, en la edad infantil; el primer año de vida, y los primeros 5 años de vida es un periodo especialmente vulnerable que marca la mayor o menor esperanza de vida de una población. Tanto las infecciones, como la malnutrición, se centran en estas edades cuando las condiciones de vida no son las más adecuadas. De hecho, la mortalidad infantil es un indicador no solo sanitario, sino sobre todo, de las condiciones socioeconómicas de un país o región. Estas infecciones propias de la infancia, como la difteria, al predominar la enfermedad en las primeros años, va provocando una inmunidad natural en los supervivientes que protege a las cohortes de más edad.

* En el tema que hemos tratado en este escrito, defendemos la vacunación como una medida primordial contra enfermedades de gravedad y que inciden especialmente en los primeros años de vida. La poliomielitis, el tétanos, la difteria, la tosferina, el sarampión, la parotiditis, la rubeola (que produce graves malformaciones congénitas si lo padecen mujeres embarazadas), la meningitis meningocócica… ¿seguimos? Y, además, defendemos las vacunaciones sistemáticas al máximo número de niños y niñas, evitando las contraindicaciones y minimizando los posibles efectos secundarios. Los medicamentos nunca son inocuos, siempre implican algún riesgo, se trata de valorar las ventajas y desventajas en cada caso a nivel individual y colectivo. No todo vale, no todas las vacunas se administran, o se deben administrar de forma sistemática hay que considerar muchos factores. Pero partiendo siempre de dar y recibir una información transparente que promueva la participación de la población en este como en otros asuntos esenciales de sus vidas.

* Desde una visión materialista y dialéctica, creemos que el avance del conocimiento de la salud y enfermedad de las poblaciones debe promover el análisis de todas las causas, desde las más sociales y políticas a las más individuales y biológicas, para reivindicar y exigir todas las intervenciones posibles en estos mismos contextos. Esta perspectiva nos ayuda en no caer ni en los simplismos técnicos que abundan en las ciencias de la salud ni en los holismo complejos que no consideran lo biológico, lo físico (que es psíquico), sobre el que recaen las agresiones del medio natural y social. En definitiva, nos evitan caer en el idealismo, en obviar la materia de la que estamos hechos. Esto que puede sonar muy teórico es también muy práctico, desde las acciones más políticas a las más cotidianas, pasando por todas las posibilidades intermedias, debemos practicar la crítica y autocrítica que nos ayude individual y colectivamente a tomar las decisiones, las intervenciones más justas para uno mismo y para los que nos rodean. Creando debate abierto y sincero en todos los foros en donde nos movamos, estaremos más preparados para construir al nivel que nos permita nuestro entorno esa sociedad futura que promueva la verdad. Desde ya, que llegue a la raíz de los problemas, que siempre será revolucionaria aunque duela.

Tant sols em sobren alguns “creemos”, que seria millor substituir per un “pensem” (terme més adient a la nostre reflexió).

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