Perquè fan fallida les cimeres sobre el clima?

Iñigo Capellan, del grup de Dinàmica de Sistemes de la Universitat de Valladolid, és fa aquesta interessant pregunta en un article publicat a la web d’ecologistes en acció (http://www.ecologistasenaccion.org/article30324.html). Al llarg de l’escrit repassa les diferents cimeres que hi hagut, els resultats i els entrebancs sorgits. També ens dona la resposta a la qüestió, que us avanço que té a veure – com no – amb l’important poder que tenen les multinacionals…….

¿Por qué fracasan las cumbres climáticas?

Entre la protección de los intereses privados y la complejidad del sistema.

Iñigo Capellán-Pérez. Grupo de Energía, Economía y Dinámica de Sistemas de la Universidad de Valladolid. Revista El Ecologista nº 85.

Aunque la urgencia de actuar de forma decidida contra el cambio climático es cada vez más perentoria, las cumbres donde se deberían adoptar compromisos fracasan una y otra vez. La complejidad e inercia de un sistema multipolar, la tremenda fuerza de los grupos que se benefician del uso generalizado de los combustibles fósiles, y la propia forma de adoptar las decisiones condicionan unos resultados poco alentadores.

Tras la cumbre de la Tierra de Río de 1992 se iniciaron una serie de proyectos internacionales, coordinados por Naciones Unidas, centrados en algunas de las crisis medioambientales globales que se habían ido revelando o acentuando en las décadas anteriores (muchas ya identificadas en la Conferencia de Estocolmo de 1972). Entre ellas destacan la pérdida de biodiversidad, la desertificación o el cambio climático. Ha sido este último, con diferencia, el que más relevancia política ha disfrutado desde entonces [1]. Así, los y las representantes reunidos se comprometieron a impulsar un tratado global que permitiera una planificación de la reducción de las emisiones de gases efecto invernadero (GEI), con el objetivo de evitar la alteración peligrosa del clima del planeta. Para ello se constituyó un organismo centrado en la investigación del cambio climático (Panel Intergubernamental del Cambio Climático, IPCC) encargado de asesorar a los participantes en una conferencia anual (Conferencias de las Partes, COP) en la que representantes de todos los gobiernos se reúnen con el objetivo de alcanzar un acuerdo en este tema.

Este impulso inicial se concretó en 1997 (COP3) con la firma del Protocolo de Kioto, que se proponía el modesto objetivo de reducir en aproximadamente un 5% las emisiones GEI con respecto de los niveles de 1990 de los países más industrializados para 2012. Lamentablemente, la efectividad de esta primera piedra, cuyo valor principalmente residía en ser el primero de una serie de futuros tratados más ambiciosos, fue anulada por diversos factores. Por un lado, la falta de compromiso de la mayoría de países (incluido EE UU, el mayor contaminante del mundo, que nunca lo ratificó) provocó que hasta 2005 no entrara en vigor. Por otro, la aceleración de los procesos de globalización y deslocalización de los procesos industriales más intensivos en energía hacia países emergentes ha provocado que, aunque algunos países industrializados hayan visto estabilizadas o incluso reducidas sus emisiones territoriales respecto de los niveles de 1990, estas hayan aumentado en realidad si se computan las emisiones desde el punto de vista de la demanda del consumidor [2]. La fracasada cumbre de Copenhague de 2009, en plena resaca del estallido de la burbuja financiera y transición a un mundo multipolar, no fue capaz de proponer una prolongación al sufrido Protocolo de Kioto, extinguido en 2012.

Así, aunque desde el punto de vista político hemos retrocedido a los años 90, la situación actual es, sin embargo, mucho más preocupante que entonces, debido a que:
- En vez de interpretar la crisis ecológica como oportunidad de transformación, la crisis económica ha relegado al segundo plano las preocupaciones medioambientales. Se priorizan los recursos para el mantenimiento del statu quo (por ejemplo el rescate de la banca privada) en lugar de invertir en la transición.
- Falta de liderazgo (la UE ha perdido su papel relevante; además sus emisiones han caído por debajo del 10% mundial) y mundo multipolar: la multiplicación de actores con intereses desiguales y diferentes objetivos dificulta la gobernanza.
- El calentamiento global es proporcional a la acumulación de gases GEI en la atmósfera y las emisiones globales han seguido aumentado espectacularmente (+50% en 1990-2010, a una tasa media anual del +2%). Esto se traduce en que los objetivos actuales de reducción de emisiones para estabilizar el clima son más exigentes que los necesarios hace 20 años.

Ante esta situación de impasse, es prioritario identificar las barreras que existen y han existido históricamente a las propuestas de reducciones de emisiones ambiciosas que los estudios científicos señalan como necesarias. Por simplicidad, en este artículo las agruparemos en dos categorías: complejidad del sistema, dependencia de los flujos fósiles y multipolaridad por un lado, y la defensa de los intereses privados de una élite, por el otro.

1. Complejidad del sistema, dependencia de los flujos fósiles y multipolaridad

En último término, los gases GEI son residuos originados por el funcionamiento de nuestro sistema energético y agrícola mundial, basado en el uso masivo de energías fósiles. Nuestro sistema industrial lleva 150 años evolucionando y aumentando su productividad sobre la base de la explotación de estos flujos de extraordinarias propiedades físico-químicas, siendo tremendamente dependiente de estos. Y los países emergentes y del Sur están replicando este modelo. Así pues, el abandono de estas fuentes de energía es una cuestión compleja que afecta a las bases estructurales del metabolismo del sistema económico.

Sin embargo, aquí no abordaremos la pregunta de si es posible una transición energética basada en energías renovables y sostenible en sentido amplio que sea capaz de mantener la esencia del sistema productivista capitalista actual; puesto que la realidad es que existen otro tipo de barreras, con actores e intereses identificables, que hasta el momento se han encargado, con gran éxito, de bloquear las negociaciones climáticas cualquier propuesta vinculante de objetivos de mitigación de emisiones GEI.

Por otro lado, el ascenso de China y otros países emergentes como Brasil o Rusia (a veces denominados como BRICS), ha complicado el tablero de la gobernanza global. En un sistema económico globalizado basado en la competición internacional y la carrera de la productividad, cualquier propuesta se interpreta con recelos y desconfianza.

2. Defensa de los intereses privados de una élite

¿Qué hay detrás de la negativa a afrontar el cambio climático? ¿Por qué fracasan las COP? Tradicionalmente se han identificado diferentes actores que han trabajado en contra de la consecución de estos acuerdos. Por un lado, se sabe y está extensamente documentada la financiación del negacionismo organizado por parte de lobbies de empresas del sector energético, automovilístico, etc. así como sus conexiones con el poder político (especialmente en EE UU). Así, las empresas y sectores que se verían más afectadas por una regulación estricta de las emisiones, plantean una estrategia consistente en financiar contraestudios, que aunque no consiguen pasar los filtros científicos y académicos, son masivamente distribuidos en diversos soportes (libros, blogs, etc.) y tienen su espacio en los medios de comunicación de masas. Se repite la historia de, por ejemplo, la negación de la relación entre el tabaco y el cáncer de pulmón: la estrategia es confundir para, aprovechando las inercias del sistema, retrasar al máximo la adopción de esas medidas [3]. Por otro lado, a pesar del meritorio trabajo de los equipos técnicos nacionales que preparan las COP, finalmente los y las líderes políticos, permeables a los intereses de estas industrias, son capaces de deshacer el trabajo propuesto en cuestión de horas.

Radiografiando los intereses en la sombra y sus métodos

Para ello, combinaremos la información procedente de 3 ámbitos diferentes: el científico (trabajo del IPCC), el político (resoluciones de las COP) y el económico (reservas de combustibles fósiles), lo que permitirá en último término identificar a los mismos agentes actuando de forma coordinada aunque indirectamente, en estos ámbitos.

De partida, el trabajo del IPCC es un proceso híbrido entre comunidad científica y representantes gubernamentales. El papel de los gobiernos es especialmente relevante puesto que son los encargados de nombrar las personas expertas que liderarán los proyectos, y por otro, revisan los textos preparados por las científicas. Por ello, tienen la potestad (que emplean) de introducir importantes cambios metodológicos en el diseño del proceso científico como en su evolución. Finalmente, estos textos deben de ser aprobados por consenso en sesiones plenarias por las y los representantes de los gobiernos, cerrándose el círculo [4].

Destacar que la proyección de escenarios futuros es de facto una propuesta con un fuerte componente político, y está documentado que algunos gobiernos, apoyándose en la política de consenso existente en el organismo, han ejercido una influencia desproporcionada en su diseño (EE UU, miembros de la OPEP o China) [5]. ¡No deja de ser profundamente irónico que los gobiernos intervengan en el diseño de unas recomendaciones a las que luego no sean capaces de comprometerse! Por supuesto, la implementación de soluciones al cambio climático necesita de la interacción con los gobiernos, pero, mientras no lo identifiquen como una prioridad, su participación es de hecho contraproducente.

En segundo lugar, echando un ojo a la hemeroteca, se aprecia cuáles son los países que históricamente han bloqueado o rebajado hasta dejar insustanciales los acuerdos en las COP: de nuevo, encontramos a EE UU, China y países exportadores de energía como Rusia o la OPEP. Por ejemplo, se puede recordar el fracaso de la cumbre de Copenhague (COP15), en la que la UE y los países del Sur fueron directamente excluidos de las negociaciones finales, que fueron lideradas por EE UU junto con China, Sudáfrica, India y Brasil [6].

En tercer lugar, aunque ya se sabía que limitar el incremento de la temperatura del planeta por debajo de niveles peligrosos implica dejar numerosas reservas bajo tierra (la Agencia Internacional de la Energía apuntaba en 2012 a una proporción de 2/3) [7], recientes investigaciones considerando el coste de extracción de los recursos han permitido identificar con mayor concreción específicamente qué países se verían más afectados [8]: los países productores de Oriente Medio (petróleo y gas), Rusia (gas y carbón) y EE UU (carbón) (ver tabla 1).

Por supuesto, estas esferas interaccionan y se retroalimentan: las industrias y sectores estratégicos más afectados financian el negacionismo, lo que afecta a las posturas de los gobiernos así como al trabajo del propio IPCC que se ve en la necesidad de dedicar decenas de páginas a defenderse de estas posturas (ver último informe de 2014) y con una tendencia sistemática a la subestimación de la evaluación de los impactos climáticos [9].

Tabla 1: Reservas no extraíbles por región (antes de 2050) como porcentaje del total mundial a no extraer.

País Petróleo Gas Carbón
África 6% 4% 3%
Canadá 9% 0% 1%
China e India 2% 3% 23%
exURSS 6% 36% 24%
Sur y Centroamérica central 14% 5% 1%
Europa 1% 0% 8%
Oriente Medio 59% 47% 0%
OECD Pacífico 1% 2% 10%
Otros países asiáticos en desarrollo 1% 2% 2%
EE UU 1% 1% 28%
Total 100% 100% 100%

Fuente: [8]

La conjunción de todos estos factores provoca la dilución del problema climático desde el diagnóstico científico inicial, pasando por las síntesis del IPCC y llegando muy debilitado a las negociaciones políticas de las COP (ver Figura 1).

Figura 1: La dilución del problema del cambio climático. *Además de la intervención de los representantes de los gobiernos, diversos factores hacen que los informes producidos por el IPCC subestimen la gravedad del cambio climático [5].

Conclusión

El cambio climático requiere de la modificación del statu quo en un mundo complejo en profundo cambio y sujeto a sus propias dinámicas económicas. Mientras tanto, el movimiento por la desinversión en fósiles gana terreno y aquellos países con gran dependencia energética como la UE seguirán impulsando políticas unilaterales contra el cambio climático para fomentar indirectamente las mejoras en eficiencia y su seguridad energética. La próxima COP21 de París revelará la situación actual de las dinámicas de los grupos de poder.

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