Els deures de Cassandra.

El últim article de Ferran P. Vilar (http://ustednoselocree.com/2015/03/18/los-deberes-de-casandra-suplica-a-la-comunidad-cientifica-del-clima/), és subtitula “súplica a la comunitat científica del clima”. I és una suplica que es fa davant de la passivitat, incomprensió i  ignorància de la comunitat política. D’aquesta comunitat política que majoritàriament segueixen polítiques neoliberals que s’entesten en mantenir el model BAU de créixer-créixer. Polítiques que ens han dut a l’actual etapa de coexistència de 3 crisis: la econòmica, la de recursos (sobretot energètics i minerals) i la ambiental. Les tres es van retroalimentant i agreujant amb el temps, però dona igual tot sigui pel sant creixement.

Davant d’aquest fet Ferran P. Vilar exhorta als científics a fer una passa endavant i prendre la iniciativa. Perquè ja no queda temps i el canvi climàtic, de no fer res, cada vegada serà més intens i durador.

Los deberes de Casandra (súplica a la comunidad científica del clima)

Este texto ha sido escrito tras la charla que tuve el honor de pronunciar en ocasión de la mesa redonda sobre comunicación climática que clausuró el congreso internacional sobre cambio climático en España CLIMATE-ES, el viernes 13 de marzo pasado en Tortosa. Fui el último de la mesa en tomar la palabra. Lo que sigue refleja, y complementa solo levemente, las ideas que allí expuse y el tono con que las expresé.

Una cuestión previa al hilo de los acontecimientos

Climate-ES 2015Empecé mi intervención con la cuestión previa referida al rector de la URV para pasar a reconocer a continuación los indudables méritos de la comunidad científica del clima. Tengo para mí que son los héroes del siglo XXI, y que ellos no lo saben. No están investigando cualquier cosa, sino nada menos que la evolución previsible de las condiciones de contorno en las que se desarrolla la vida. Lo que ellos saben, y descubren, es muy doloroso. Cada día que pasa es de más difícil digestión. Y encima son objeto de ataques inmisericordes ymiserables por parte del negacionismo organizado, que ocasionalmente les hace tambalear – pero nunca llega a torcerles. Así, mi respeto por ellos es virtualmente insuperable. Y anticipé que quería hablar de la pequeña distancia entre dicha virtualidad, y la totalidad.

Ejercí mis mejores oficios en una parte de los 9 minutos que me asignaron para convencerles de que los medios de comunicación mainstream son incapaces de llevar al público la severidad del problema climático (y energético, cabría añadir). Lo son estructuralmente, sistémicamente, de modo que no es cosa de esperar a que vayan cambiar en el futuro. Y como no queda tiempo ellos, los climatólogos, tienenla obligación de cubrir este fallo de mercado, como dirían los economistas al uso. Nadie lo va a hacer por ellos. Están éticamente obligados; lo suyo no es una opción.

Porque no estamos hablando de cualquier cosa. No estamos hablando de prever un accidente, de alertar sobre un desastre meteorológico previsible o incluso de advertir de la devastación vital consecutiva a una gran guerra[1]. Es más serio todavía. Estamos hablando de las condiciones para la vida, y para la muerte, de gran parte de la humanidad. Y ellos lo saben mejor que nadie. Si se dan cuenta de que si no lo hacen ellos, nadie lo va a hacer, cuento con que se sentirán en la obligación de levantar su voz.

Y es que la división de tareas teórica de la democracia liberal no se está produciendo, ni se la espera. No se puede confiar en “el papel de cada uno”. Y lo que sabemos es demasiado grave como para, simplemente, recluirse en un laboratorio y templar gaitas en las pocas ocasiones en que les hacen una entrevista. Contando con que, de esta forma, serán llamados en una próxima ocasión.

Taula rodona Climate-es 13.03.2015Que los medios de comunicación mainstreamestán estructuralmente impedidos de tratar el problema climático en toda su extensión y gravedad debería ser evidente – y desde luego lo era para la mayoría de las inteligentes personas que habían llenado la sala – pero en todo caso intentaré justificarlo brevemente a continuación, con un solo argumento.

Hoy en día, el poder económico es, básicamente, el poder financiero. El poder financiero tiene una influencia decisiva en los contenidos de los medios, a tres niveles.

El primero, el estándar, el de más a corto plazo, es la contratación de publicidad en grandes cifras que, de ser retirada, podría suponer algo tan serio como la propia inviabilidad del medio o, como mínimo, su severa desestabilización. El segundo es la concesión, o no, de crédito a unas empresas que están financieramente agonizantes. El tercero es que los grupos mediáticos tienen a muchos bancos por accionistas. Y no sólo para controlar mejor el uso del crédito.

El producto central que el sistema financiero vende al mercado no es otra cosa que un futuro mejor. Vende expectativas de futuro. Sin ellas o no se otorgarían créditos, o no se podrían devolver los préstamos con intereses, que es donde reside su negocio. Ocurre en principio con casi todas las inversiones económicas: salvo excepciones, no se realizan si no se percibe un futuro próspero. Es una necesidad esencial del capitalismo. Pero en el caso del sistema financiero este hecho adquiere una importancia decisiva, y la banca (por citar solo un sector económico) no puede permitir que el futuro sea percibido como amenazante para ellos. Y desde luego lo sería si se detuviera el crecimiento económico por un menor uso de los combustibles fósiles, a pesar del imprescindible giro hacia las energías alternativas.

No hay mucha censura directa (aunque la hay), ni indicaciones explícitas (aunque las hay, siempre verbales). Lo que se provoca es la autocensura de los propios periodistas y meteorólogos, cuyos perfiles son a su vez elegidos por las empresas entre los más moderados. En definitiva, el sistema conspira para que el público no perciba el cambio climático como algo muy grave o severamente amenazante, y por tanto la presión popular resulta convenientemente acotada. En estas condiciones, el sistema no solo es una amenaza contra sí mismo, sino contra todos nosotros.

Hoy, los medios de comunicación no son otra cosa que instrumentos de propaganda de justificación del sistema, portadores de fe en las bondades y conveniencia del crecimiento del PIB, actual o futuro. Sea esta fe racional, o no lo sea.

Esto lleva a que el negacionismo de baja intensidad, como acertadamente denominó Antonio Cerillo[2] a las presiones a las que está sometido el poder mediático, ejerza una influencia indudable, reconocible. Recordemos que el negacionismo no tiene como finalidad principal negar el cambio climático, aunque esto le sirva en ocasiones de manera instrumental para reducir la percepción de gravedad. Lo que pretende negar es su origen antropogénico, no vaya a ser que decidamos pedir responsabilidades a alguien. Su pretensión es retrasar las respuestas políticas y, por encima de todo, limitar y constreñir el espacio de respuestas posibles al fenómeno, ocultando de facto, por inconvenientes (para ellos a corto plazo), las que serían verdaderamente eficaces. Y es que cada día de retraso son muchos millones de dólares.

Así, de la misma forma que Warren Buffet afirma que la lucha de clases desde luego que existe, y que los ricos la van ganando por goleada, creo que es posible sostener que el negacionismo climático está triunfando, desde luego en sus objetivos centrales de paralización de la movilización ciudadana y de las necesarias acciones de política institucional al respecto. Los resultados a la vista están: los medios no hablan del cambio climático salvo ocasionalmente, y nada indica que el proceso político de la UNFCCC en curso vaya a tomar decisiones realmente efectivas para paliar el problema. En las pocas ocasiones en que los medios hablan de ello lo hacen, en el mejor de los casos, de una forma políticamente correcta, y siempre cosmética.

Otros actores de las sociedades democráticas se encuentran a su vez paralizados por el fenómeno y por el propio sistema. ¿Cuándo hemos oído hablar de cambio climático a Podemos, por ejemplo? ¿No estarán haciendo como Syriza que, como comentó el primer ministro griego Alexis Tsipras personalmente a Naomi Klein, alejó este asunto del discurso público tras la crisis de 2008?[3]

Por si todo ello fuera poco, cabe añadir que la población no quiere saberlo. ¡Pero tiene que saberlo! Luego hay que decirlo más fuerte, y también mejor.

Proseguí en los siguientes términos:

Primero nos dijisteis que el hielo del Ártico se fundiría completamente alrededor del año 2100. Después hablasteis de 2060. Ahora sospecháis que puede ser en 2020-2030. Mientras que hoy, mientras os hablo, el hielo está en valores récord y andamos todos cruzando los dedos para que este Ártico libre de hielo no se produzca este mismo año 2015. El latiguillo de “se han superado las peores previsiones de los científicos”, “worst than previously thought” es casi una constante en la (escasa) información climática. Decir esto ¿es alarmismo?[4]

Señalar la posibilidad bien real y nada despreciable de que a mitad de siglo la temperatura media haya aumentado 4 °C si se mantiene la evolución actual de la intensidad del forzamiento ¿es eso alarmismo?

La deriva de la climatología hacia un universo académico nuevo donde del servicio, la crítica y la advertencia a la sociedad se pasaría a ofrecer servicios mercantiles remunerados a las empresas, promovida por la Unión Europea, no fue recibida con demasiado entusiasmo por parte de los congresistas. Uno de ellos recordó ayer que, según la Organización Meteorológica Mundial, el primer objetivo de un meteorólogo es salvar vidas. Yo defiendo que es posible trasladar esta máxima a los climatólogos, en relación a las civilizaciones.

Porque ¿para qué investigáis? ¿Cuáles son vuestras prioridades? ¿No sabemos ya lo bastante? ¿Qué sentido tiene afinar la evolución de la temperatura del río Ebro a la milésima de grado?[5] 

¿Para qué sirve un excelente currículo académico en un mundo 4°C más caliente?

Si los actores teóricamente destinados a trasladar vuestros hallazgos a la sociedad no lo hacen, y no hay tiempo de esperar que lo vayan a hacer (si es que esto fuera previsible) ¿quién tiene que hacerlo? ¡Sólo quedáis vosotros, científicos del clima! Nadie lo hará por vosotros, y menos con el eco, la eficacia y la credibilidad con que vosotros podéis llevarlo a cabo.

Tenéis la obligación de hacerlo, os guste más u os guste menos. No hay escapatoria. Es un imperativo ético categórico, en el sentido de Kant. Es una responsabilidad que la historia, el azar si se quiere, ha puesto frente a vosotros. Que no la hayáis elegido no significa que podáis prescindir de ella. Y en cómo respondáis a ella seréis vistos desde la historia.

Permitidme tres citas. La primera fue mencionada ayer aquí por Ernesto Rodríguez, de la AEMET, y corresponde al meteorólogo Allan H. Murphy (1993):

“Forecasts have no intrinsic value.”

La otra es de un psicólogo existencialista estadounidense, Rollo May:

“En nuestra sociedad, lo opuesto al coraje no es la cobardía, sino la conformidad.”

Y la última, cuya autoría no he sido capaz de averiguar:

“The courage to be an intellectual warrior is a duty to offer mother nature and all of us as a merci for being intellectually gifted[6]

Y es que cuando se sabe lo que vosotros sabéis, y se temen las consecuencias que vosotros teméis, y se es capaz de reconocer que las estructuras sociales vigentes son incapaces de vehicular el problema en toda su amplitud, ya no se puede vivir de la misma manera. ¡Levantaos! ¡Pero levantaos ya! El tirón mediático de este año, debido a la conferencia de París, ofrece una oportunidad excepcional. ¡Haceros arrestar si es preciso![7]

¡Basta ya de eufemismos! Dejad de hablar de pérdida de biodiversidad, y hablad de extinción de especies. Dejad de recrearos en “la pausa” artificialmente magnificada – y por cierto inexistente, como sabéis – y desmentidla con contundencia expresiva. ¡Decid que los océanos se están calentando a razón de 12 bombas atómicas por segundo![8]  ¡Decid que se prevé una próxima aceleración del aumento de temperatura! ¡Decid que +2°C son demasiados, y no permitáis que pongan en vuestra boca que suponen un umbral de seguridad! ¡Sabéis que no es así!

Desde luego, elegir uno u otro mensaje, por parte de un comunicador, no es una decisión cualquiera. Es una decisión política, ética, que influye en la vida y la muerte de seres humanos de forma determinante y que define cómo se ubica uno en relación a los demás.

¡Decid alto y claro que ya no valen medias tintas, meras soluciones incrementales! Es tarde ya para esto. Y vosotros lo sabéis. ¡Lo comentáis en los pasillos! Esto no se detiene sin algún revulsivo fundamental.

Mostrad pues que, mientras el Titanic se está hundiendo, no se puede seguir como si nada, tocando valses. Hay que cambiar de estrategia, de objetivo. No basta con recolocar las camas de los camarotes, o con cambiar simplemente de lugar las sillas o los roles o los negocios de los integrantes de primera clase. No sirve de nada. ¡Y vosotros lo sabéis! ¡Decidlo! ¡Gritadlo!

¡Mostrad públicamente vuestra angustia! Pienso que no sois conscientes de la solidaridad que seríais capaces de generar, y que os paraliza el temor a no recibirla. ¡Pues hay que jugársela! ¡Es que sólo quedáis vosotros!

Es posible, y la probabilidad no es despreciable, que a medio plazo nos quede poco más que la solidaridad y el amor como únicos valores civilizados a disposición. Con toda mi humildad de outsider, y mi enorme agradecimiento por esta oportunidad, tal vez irrepetible, de dirigirme a vosotros personalmente os pido por favor, os imploro, que honréis y ejerzáis estos valores desde ahora mismo. Haciendo lo que sea necesario, aún a riesgo de vosotros mismos. Tened por seguro que muchos os acompañaremos. ¡Os necesitamos!

Muchas gracias.

Notas al pie

[1] Guerra mundial convencional, porque la guerra nuclear si ha sido comparada con la potencialidad de los peores escenarios del cambio climático
[2] Antonio Cerrillo, responsable de medio ambiente de La Vanguardia, me precedió en la palabra y aprecié en gran manera la honestidad intelectual de su intervención
[3] Mencionado en su última obra: Clima y Capitalismo, ya disponible en español
[4] Este comentario fue espontáneo, no previsto, fruto de haber escuchado como Florenci Rey, con quien compartí mesa, había equiparado negacionismo con alarmismo, expresión que me alarmó
[5] Nadie presentó trabajo alguno con esta orientación, pero sirva como metáfora para no señalar algunas líneas de investigación concretas que se presentaron en el congreso y que se me antojaron muy avanzadas científicamente, pero poco relevantes socialmente. Desde luego no todas, pues la mayoría tenían gran interés
[6] El coraje de ser un luchador intelectual es un deber que hay que ofrecer a la madre naturaleza y a todos nosotros como correspondencia por haber sido intelectualmente agraciado
[7] Tomo esta expresión del financiero Jeremy Grantham (respecto a la escasez energética) en Nature doi:10.1038/491303a: “Be persuasive. Be brave. Be arrested (if necessary)”
[8] http://www.skepticalscience.com/global-warming-not-slowing-its-speeding-up.html

Anexo

Dos libros recomendados sobre herramientas de comunicación para científicos

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà Els camps necessaris estan marcats amb *