Sao Paulo té set………

En el mes de Juliol del 2014 va aparèixer una notícia on es feia referència a la possibilitat de que hi haguessin sequeres i inundacions relacionades amb el fenomen del Niño en zones extenses de l’Amèrica Llatina i el Carib (veure http://noticiaaldia.com/2014/07/el-nino-agravara-la-sequia-en-america-latina/ ).

No és la primera vegada que es produeix aquesta situació, però ara a la zona de Sao Paulo (Brasil) – i degut a la mala gestió humana – s’agreuja de manera que no es pot garantir l’abastament hídric a la ciutat (veure http://www.informador.com.mx/tecnologia/2014/562244/6/la-sequia-de-sao-paulo-una-amenaza-global.htm). El procés ve de llarg i estaven advertits de que podia passar però la Cia explotadora, semi-privada, no va fer les inversions necessàries – ja se sap que cal guanyar el màxim invertint el mínim – quan tocava. A més, l’acció de l’home sobre el medi ambient de la zona (amb la desforestació massiva de la pluviselva) també sembla estar implicada. Ara el problema sembla certament greu i suggerir, tal com alguns diuen, que resin per tal que plogui……tampoc és una solució molt fiable.

Tot i que passi al Brasil, el fenomen es bastant comú en molts llocs. Cal recordar que l’aigua és un bé preuat que ha de ser garantit per a tots. La privatització de la seva gestió, de manera semblant a la majoria de privatitzacions de serveis essencials (sanitat, educació, dret a la vivenda….), NO garanteix en la majoria de casos NI LA QUALITAT NI L’ACCÉS DE TOTHOM ALS MATEIXOS. Prima sempre el diner i el lucre per damunt de qualsevol altre consideració. Curiosament la realitat ens ho demostra contínuament, fins i tot els estudis complerts i detallats de la sanitat a Anglaterra ho confirmen, però els defensors del BAU insisteixen una i altre vegada en negar la major. I és que els creients són així: la realitat és la que ells veuen no la que és……i, a més, cal imposar-la a la resta que son ignorants. Fins quan?

La sequía de Sao Paulo, una amenaza global

‘La sequía puede ya ser el resultado de la destrucción de la Amazonía’ afirma investigador del INPE. EFE / ARCHIVO
    • La represa del río Jacareí muestra sólo maleza y tierra seca, agrietada por el sol

La sobreexigencia del sistema y la mala gestión se suman a la falta de almacenamiento

PIRACAIA, BRASIL (28/NOV/2014).- El pescador Ernane da Silva mira el valle que se extiende a sus pies. En ese lugar donde pescó por tres décadas ahora sólo hay maleza y tierra seca, agrietada por el sol.La peor sequía en 80 años golpea al estado de Sao Paulo en Brasil. Y sirve de alerta para muchas otras metrópolis: la deforestación, las mayores temperaturas y la expansión de centros urbanos replican este desastre en otros rincones del planeta.”Fui uno de los primeros pescadores que llegaron aquí y ahora soy uno de los últimos que quedan”, cuenta Da Silva, de 60 años, en medio de la represa del río Jacareí, en el pequeño municipio de Piracaia, a unos 100 km de la ciudad de Sao Paulo.

”Pesqué aquí durante 30 años. ¿Cómo iba a pensar que un día se acabaría el agua?”, se pregunta con una mezcla de incredulidad y de tristeza, reflejando un problema que no lo afectó sólo a él, sino en mayor o menor medida a millones de paulistas.

Vestido con ropa sencilla y un gorro que lo protege del sol ardiente, cuenta que dejó su casa a orillas de la represa y que este año debió pescar en zonas más altas donde aún queda agua, pero que ya no sabe si el próximo año podrá seguir haciéndolo.

Lluvias insuficientes

La represa de Jacareí, construida a fines de los años 1970, es una de las cinco del enorme sistema Cantareira, que surte de agua a 45 por ciento de los 20 millones de habitantes de la región metropolitana de Sao Paulo.

Las lluvias de esta temporada húmeda (de octubre a marzo) son insuficientes. En la región de las represas de Cantareira las precipitaciones han sido de 90 mm en noviembre contra una media histórica de 161.2 mm.

”La falta de lluvia ha sido severa en este último año, acompañada de altas temperaturas tanto en verano como en invierno, lo que acelera la evaporación de las represas”, dice  el meteorólogo Marcelo Schneider, del oficial Instituto Nacional de Meteorología (Inmet).

”Y todo empeora porque, a diferencia de sequías anteriores, ahora la población y la demanda por agua son mucho mayores”, añadió.

Epicentro económico e industrial de Brasil, Sao Paulo ya vivió una fuerte sequía en 2001 y una muy grave a inicios de los años 1960.

Mala gestión, otro villano

”La sequía no es sólo un asunto climático: es importante si estamos o no preparados para enfrentarla”, dice la investigadora María Assunçao Silva, del Departamento de Ciencias Atmosféricas de la Universidad de Sao Paulo.

En Sao Paulo, la sobreexigencia del sistema y la mala gestión se sumaron a la falta de inversiones e infraestructura para almacenar agua en años de abundancia. No se informó adecuadamente a la población y no se racionó el recurso, dicen los expertos.

La mayor empresa de aguas de Sao Paulo, Sabesp, afirma que tomó medidas y que no es necesario racionar, lo que fue reafirmado constantemente por el gobernador Geraldo Alckmin, reelecto en octubre.

El gobierno anunció hace poco que construiría una planta para reutilización de agua y nuevos depósitos para almacenaje.

En la capital, tanto en el periferia como en el centro, han tenido lugar cortes de agua sin aviso ni planificación.

Otras ciudades del estado, donde viven 40 millones de personas, sí racionaron agua fuertemente, entre ellos Guarulhos o Itú, donde no opera la Sabesp.

Menos árboles, menos lluvia

Para algunos expertos hay además un asunto clave: la deforestación.

”La sequía excepcional que vive la región sureste de Brasil, especialmente Sao Paulo, puede ya ser el resultado de la destrucción de la Amazonía”, dijo el investigador Antonio Donato Nobre, del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE).

”La Amazonía exporta humedad (…) y lleva lluvias al sureste, el centro-oeste y el sur de Brasil, y también a otras regiones de Bolivia, Paraguay, Argentina, a miles de kilómetros”, explica Nobre.

Científicos resaltan también que eventos como las fuertes lluvias en Asia Pacífico, la mayor temperatura del mar y la sequía en California están conectados y son parte de un mismo desequilibrio global.

Los cada vez más populosos centros urbanos, con poca vegetación y enormes extensiones de asfalto y cemento, contribuyen a ese desequilibrio.

”La sucesión de extremos lluviosos y secos llegó para quedarse”, comenta María Assunçao Silva.

El pescador Ernane da Silva sigue mirando el lugar donde ahora sólo hay tierra. ”Esta sequía cambió toda mi vida. Aquí antes el agua sobraba, estaba lleno de gente pescando, nadando, disfrutando. Ahora no hay nada, no queda nadie”, se lamentó.

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