L’acció de l’home i una intensa sequera, possibles causes de la desaparició dels Maies

Sabem que el clima de la Terra ha experimentat, experimenta i experimentarà grans canvis al llarg del temps. La majoria de canvis han estat lligats, fins l’antropocé (l’era de l’home), a la dinàmica terrestre (canvis en la posició dels continents, increment de l’activitat volcànica….) o bé a l’acció de cossos planetaris (canvis en l’òrbita solar, impactes d’asteroides i cometes…). Amb la revolució industrial i l’ús massiu dels combustibles fòssils,  l’acció de l’home sobre el medi ambient – sobretot pel que fa al consum de recursos per part dels paisos rics – està provocant ja un canvi en el clima de la Terra (reconegut com a tal, amb més d’un 99,5% de fiabilitat, pels científics de l’IPCC).

Respecte al declivi i desaparició de la civilització Maia, hi ha hagut diverses hipòtesis. Ara, diverses troballes en sediments recuperats per sondeig del gran forat blau de Belize, conjuntament amb dades subministrades per l’anàlisi d’estalactites i de troballes arqueològiques, permeten establir per una banda l’acció agressiva de la civilització Maia sobre el seu entorn i una intensa sequera entre el 800 i el 900 d.C. Que existeixi una relació entre tots dos fets encara esta per provar del tot.

Abuso del hombre y sequía destruyó a los mayas: agujero de Belice da nuevas evidencias

Un estudio del geólogo André Droxler confirma períodos de sequía coincidentes al colapso maya, atribuido también por el arqueólogo Richard Hansen al abuso del hombre contra el ambiente
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Extensión del área maya y su localización en el globo terrestre.

Nuevas evidencias sobre el clima histórico estudiado en los sedimentos de la cueva submarina del agujero azul de Belice confirma las afirmaciones de los arqueólogos internacionales, que la antigua civilización Maya colapsó al afrontar largos períodos de sequía.

Un estudio de los minerales reveló una sequía extrema entre los años 800 y 900 d. C., fecha correspondiente al colapsos de la gran cultura mesoamericana en su período clásico.

Los nuevos resultados refuerzan el argumento de que la sequía está relacionada. Eso es debido a que los datos proceden de varios lugares, dijo el coautor del estudioAndré Droxler, científico de Universidad Rice, según Live Scences el 24 de diciembre.

La civilización Maya se caracterizó por monumentales construcciones decoradas con relieve artísticos, entre ellas las miles de pirámides que en su origen eran pintadas de rojo, los sofisticados diques para controlar el agua, las primeras carreteras y puentes, y su gran conocimiento de la agricultura que surgió desde más de 1.500 años a.C.

El período preclásico floreció en la cuenca del Mirador en Guatemala y México, y en la zona y en Yucatán 700 a 300 años a.C. Se conoce que los períodos de sequía fueron acompañados de luchas internas, importantes migraciones y abandono de ciudades entre el período preclásico y clásico maya, según el arqueólogo Richard Hansen en entrevista con La Gran Época.

El período clásico Maya surgió desde el año 200 d.C. con nuevos y esplendorosos centros ceremoniales, juegos a la pelota, templos y más pirámides, además de evidencias del desarrollo de la escritura y el famoso calendario, según estudios de la Universidad de Rice.

Según Hansen, lo que contribuyó a la sequía de la civilización fue la activa destrucción del ambiente. Su técnica de tala y quema originó la desaparición masiva de los bosques y su biodiversidad. La falta de vida, insectos y animales transformó a los suelos en poco productivos, sin capacidad de retener el agua.

Un estudio de una estalagmita de 2.000 años de edad permitió confirmar en 2.012 que al menos en Belice, donde también prosperó esta civilización, se registraron fuertes disminuciones de las precipitaciones, coincidentes a los períodos de disminución de la cultura Maya, informa Lives Science.

André Droxler ahora amplió el estudio para analizar el sistema meteorológico llamado de convergencia intertropical (ZCIT) que origina en las regiones tropicales vertederos de agua de lluvia en el verano, y que se desplaza en invierno hacia el sur.

Para ello observó los sedimentos en las lagunas rodeadas de arrecifes de coral de Bélice. Durante las tormentas anuales, el agua y sus sedimentos se escurren por los ríos y arroyos formados por la lluvia y se depositan ahí.

Los datos encontrados revelaron como fueron las estaciones de lluvia a lo largo de los años. Durante el período entre los años 800 d.C. y 1.000 d.C., cuando la civilización maya terminó por derrumbarse, se evidenciaron uno o dos grandes ciclones tropicales cada dos décadas, en contraposición a un registro habitual de cinco o seis. Esto significó una importante falta de agua.

Datos arqueológicos revelan que la sequía de esa época obligó a los mayas a trasladarse al norte, por ejemplo a la ciudad de Chichén Itzá, que fue construida en los años 525 d.C. en lo que hoy es México.

Los nuevos resultados también encontraron que entre el año 1.000 y el año 1.100, durante el apogeo de la Pequeña Edad de Hielo, se produjo otra gran sequía que golpeó toda la región, y que coincide con historias de pugnas, luchas y migraciones en Chichén Itzá, y el colapso del período post clásico maya.

Richard Hansen al explicar la sequía que golpeó a los mayas destacó que no se la puede atribuir solo al clima o a la deforestación masiva de los árboles jóvenes, cuya corteza se usaba en el fuego para preparar los vivos colores con que pintaban las pirámides como símbolo de poder, sino a una acción conjunta abusiva contra el ambiente.

“No fue el uso de los arboles lo que les hizo mal a los mayas, sino el abuso ambiental”. Imagínese, el mensaje que significa para los gobiernos actuales. Si ese abuso antiguo hizo un colapso, que raro que estemos haciendo lo mismo hoy”, dijo el arqueólogo.

La opinión es que ese abuso originó que los animales e insectos de los bosques desaparecieran, y con ello las tierras en su entorno se hicieran poco productivas para enfrentar los cambios del clima. Los pobladores posiblemente entraron en competencia por el agua, originando luchas internas. El debilitamiento también pudo dar lugar a invasiones y destrucción de sus territorios.

Pese a las advertencias, el arqueólogo alertó que las personas “hace rato siguen quemando los bosques”, para usar las tierras con otros fines comerciales.

“Siguen deforestando, cortando los árboles”, agregó el arqueólogo, haciendo un apelo de conciencia a las comunidades, ya que hay modelos más lucrativos y de mayor valor preservando la zona.