Literatura 3º ESO

 

  • UNIVERSALIDAD DE LA EPOPEYA

En las más distintas y alejadas culturas ha existido o existe todavía una poesía tradicional que celebra las hazañas de los antepasados, las victorias del propio pueblo y las guerras contra vecinos u opresores; que encomia el valor de los héroes muertos gallardamente, y que narra traiciones, venganzas y luchas internas. Es tarea difícil trazar un inventario de la poesía heroica universal, en el que entrarían obras aparentemente tan diversas como los poemas griegos Iliada y Odisea, el asiático Gilgamesh (conservado en fragmentos babilónicos, hititas y asirios), los ugariticos Aqhat y Keret, el germánico Hildebrand, los anglosajones Beowulf Maldon, Brunanburth, etc., los Edda escandinavos, el francés Cantar de Roldán y el castellano Cantar del Cid. Tendría que entrar también en este inventario la poesía heroica que ha vivido oralmente y ha sido recogida desde hace siglo y medio en diversos países, en muchos de los cuales conserva su vitalidad. Se trata de poemas tradicionales de Rusia, sobre todo los localizados en las remotas regiones del lago Onega y del mar Blanco, de Ucrania. de Bulgaria, de Yugoslavia (tanto de cristianos como de mahometanos), de Albania, de Grecia, de Estonia. por lo que se refiere a Europa. En Asia, los poemas de los caucasianos, armenios y osetas, los de los calmucos, uzbekos y kara-kirguiz; los de los vacutos y los ribereños del Liena, en Siberia; los de los pobladores del oeste de Sumatra y de la islajaponesa de Hokkaidó; los de algunas tribus de Arabia. Y en África se han hallado muestras de poesía bélica en Sudán.

 

  • LOS «NIBELUNGOS».

La leyenda de los Nibelungos y de Sigfrido constituye la creación más considerable de la epopeya germánica, y, gracias a la ópera de Wagner, es hoy día universalmente conocida. Los núcleos originarios de esta leyenda parecen derivar de tradiciones antiquísimas de tipo mitológico, que adquirieron la primera forma literaria a que podemos remontamos en cantos del edda posiblemente creados en los siglos VIII a XI, transmitidos oralmente y luego confiados a la escritura en el XII. o el XIII. Esta labor, realizada en Islandia, Groenlandia y Noruega, parece basarse en temas legendarios sobre Sigfrido (Sigurdh en los textos nórdicos), nacidos entre los francos del bajo Rin, y en leyendas burgundias del alto Rin sobre la figura de Gunter, trasunto del histórico Gundakar, rey burgundio que en el año 437 fue vencido por los hunos. Al parecer, los textos éddicos reflejan con cierta fidelidad la trama y el espíritu de las primitivas leyendas renanas. Por otra parte, el tema legendario de Sigfrido es independiente en estas primitivas versiones del tema de los Nibelungos, y ambos se unirán luego por tener personajes y escenarios comunes.

Entre 1160 y 1170 esta leyenda es narrada en verso alemán por un poeta austríaco que titula su poema La ruina de los Nibelungos (Dar Nibelunge Not), fase literaria intermedia entre los cantares de los edda y el Cantar de los Nibelungos (Nibelungenlied). Este gran poema fue escrito por un caballero austríaco entre los años 1200 y 1205, y es la reelaboración de la anterior materia legendaria en obra de grandes alientos (unos nueve mil quinientos versos distribuidos en treinta y nueve cantos), estructurada con la finalidad de dotarla de unidad y homogeneidad y amoldada a los gustos refinados de las cortes, en la que, ya se introducía la moda de los cantares de gesta, de las novelas y de la lírica de importación románica.

 

  • LOS CANTARES DE GESTA

La epopeya románica

Las epopeyas románicas se denominan cantares de gesta (en francés chansons de geste), del latín gesta, «hechos, hazañas», pero que adquirió el sentido de «linaje» con referencia a las pretéritas acciones gloriosas de que se podía envanecer una familia. Los cantares de gesta románicos conservados llegan al centenar, una gran mayoría en lengua francesa, con diversas peculiaridades (francés de la isla de Francia, picardo, anglonormando, francoitaliano, etc.), y otros, en ínfima proporción en provenzal y en castellano. La extensión de estos cantares es muy irregular: oscila entre los ochocientos y los veinte mil versos, si bien los de mayor longitud suelen ser tardíos y presentar contaminaciones con la novela.

Al igual que lo que hemos indicado al tratar de la epopeya homérica, los cantares de gesta no se componían para ser leídos, sino para ser escuchados. De divulgarlos se encargaban unos recitantes llamados juglares, que se solían acompañar de instrumentos de cuerda y que ejercitaban su misión frente a toda suerte de público, tanto el aristocrático de los castillos como el popular de las plazas, de las ferias o de las romerías. Consta, como más adelante tendremos ocasión de considerar, que antes de trabarse batallas los juglares entonaban versos de gestas a fin de enardecer a los combatientes.

 

  • EL CANTAR DE ROLDÁN

La más antigua de las conservadas y al propio tiempo la más bella de las gestas francesas es el Cantar de Roldán[2] (la Chanson de Roland, nombre dado modernamente a la obra, sin título en el manuscrito original), que conocemos a partir de un texto anglonormando (el francés hablado en Inglaterra) que se puede fechar entre los años 1087 y 1095.

El hecho histórico.

Los acontecimientos narrados en este cantar, cuya acción transcurre sólo en una semana, constituyen una especie de novelización de una desafortunada expedición de Carlos, rey de los francos, a España. Entre el suceso histórico y el texto del cantar que hoy leemos transcurrieron tres siglos, durante los cuales es indudable que la tradición trabajó ampliando y embelleciendo las circunstancias y los protagonistas de aquél, sin duda de un modo similar a lo que debió de ocurrir desde la última histórica destrucción de Troya y la !liada que hoy leemos en hexámetros griegos. En nuestro caso, no obstante, disponemos de datos y de indicios que permiten llegar a unas conclusiones aceptables y que difícilmente puede proporcionar el estudio de aquella tan lejana historia de los pueblos griegos.

El paso de la historia a la gesta, o sea de lo que realmente ocurrió en Roncesvalles al más antiguo de los textos del Cantar de Roldán, nos brinda un excelente ejemplo del nacimiento de una epopeya, y por ello vale la pena de dar una sintética versión de lo que aquí entra en juego. Sabemos que al proclamarse ‘Abd al-Rabmán, en Córdoba, emir independiente de los lejanos califas abasidas de Damasco, no todos los musulmanes españoles aceptaron la nueva señoría, y en el norte de la península algunos gobernadores o reyezuelos se opusieron a Abd al-Rabmán, incluso con las armas, y la ciudad de Zaragoza se mantuvo fiel a Damasco. Algunos de estos gobernadores irreductibles, entre ellos al- Arabi, señor de Barcelona y de Gerona, emprendieron un largo viaje a Paderborn (Westfalia), donde conferenciaron con Carlos, rey de los francos, y lo convencieron de que los apoyara enviando una expedición militar a España, en lo que éste vio la posibilidad de establecer al sur de los Pirineos una especie de protectorado que defendería sus extensos dominios de presuntos ataques por parte de Abd al-Rabmán. Carlos convocó un poderoso ejército, que dividió en dos columnas, las cuales atravesaron los Pirineos por Navarra y por Cataluña y convergieron en Zaragoza, ciudad que, mientras tanto, se había sometido al emir de Córdoba y por ello se cerró a los francos, que no pudieron conquistarla. Carlos, convencido de que había sido traicionado por los moros que fueron a verle a Paderborn, aprisionó a varios de ellos, entre ellos a al-Arabi, y emprendió el regreso a Francia en una sola columna. En la baja Navarra el ejército franco sufrió un golpe de mano de los moros, que consiguieron libertar a al- Arabi; y al llegar a la cumbre de los Pirineos la retaguardia, en la que figuraba Roldán, gobernador o marqués de Bretaña, fue aniquilada por los vascos, que cayeron inopinadamente sobre los francos desde las altas cumbres y los mataron a todos, acción que tuvo efecto el 15 de agosto del año 778.

 

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