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Vivir como un perro, 2

Muchos de nosotros no pensamos en las miles de personas que hay en la calle en el mundo. No solo eso, también hay millones de personas en países del Tercer Mundo que viven incluso con menos de 1 euro al día. En cambio nosotros no sabemos apreciar la fortuna que tenemos. Siempre nos estamos quejando y pidiendo más y más. Estamos a dos meses de Navidad y por la televisión ya se empiezan a ver anuncios en los que se anuncian juguetes, colonias… Y pensar que mientras nosotros estemos celebrando la Navidad con una buena cena. Habrá gente en la calle, pasando frío entre cartones y con suerte con una barra de pan y un “tetra brik” de vino. ¿El verdadero espíritu navideño no se basaba en la generosidad? Sí, tal vez con nuestra familia y nuestros seres queridos lo seamos, pero ¿por qué no serlo con la gente no tan afortunada?

No solo eso, sino que a veces cuando vemos a un vagabundo rebuscando en un contenedor de basura, le señalamos. No sólo no les ayudamos sino que les quitamos la poca dignidad que les queda. Y los grandes gobernantes del mundo gastan el dinero de sus países en aviones militares, bombas nucleares… Mientras, intentan nombrar lo mínimo posible a las persona que viven bajo los puentes, si a eso se le puede llamar vivir.

Pero no solo eso, nosotros mismos, por diversión, hemos hecho posible el fichaje de Cristiano Ronaldo 94 millones de euros. Tal vez con todo este dinero se podría alimentar a toda una aldea africana durante cientos de años.

La sociedad actual está basada en el egoísmo.

Como dijo Miguel de Cervantes “El pobre honrado, si es que puede ser honrado el pobre…”

Yamel Lanjari, 3º ESO B

VIVIR COMO UN PERRO

 Hay mucha gente que no se da cuenta de la buena vida que tienen y siempre se comparan con los superiores. Y así todo el mundo sabe que no se disfruta nada de la vida.

No pido que no nos quejemos directamente, porque siempre habrá alguien que tenga algo que no le guste, algo que preferiría de otra manera, etc… pero, si por un momento, nos paráramos a pensar en los miles de niños y personas pobres (no tan solo del Tercer Mundo, sino también de ciudades de nuestro alrededor) que ni tan solo tienen un techo donde dormir, entonces, creo yo, que sí que nos daríamos cuenta de que todos merecemos un poco de dignidad. Y la gente parece que se olvida de eso. Se encierra en sus  “yo”, en sus familias, en sus planes, en sus historias y se olvidan de que hay alguien afuera que necesita una mano. Es una cosa que debería ser inherente a todo hombre: querer el bien para los demás.

Si tan solo tratáramos de ponernos en el lugar de los otros e intentar mejorar en algo la calidad de vida, nos daríamos cuenta de qué estilo de vida llevan las personas en peores condiciones a nosotros.

Maria Vladimirova, 3º ESO B

Recuerdos de mis padres, y 3

-Mi padre. Es decir o pensar en esa palabra y me vienen tantos momentos que he vivido a su lado, tantas lágrimas, tantas risas, tantos enfados, pero tanto amor…El, no es que sea el típico padre que me deja hacer lo que quiero, ni el que siempre me lleva a todas partes, ni el que me compra todo lo que pido, ni el que me deja toda la libertad que quiero. Tiene sus defectos, pero sobre todo, tiene sus grandes virtudes. Unos de los momentos que nunca voy a olvidar, por mucho que me empeñe, es él que he pasado junto a el este verano. Nos hemos conocido tanto… casi tanto como en estos trece, casi catorce años que llevo siendo su hija, y él mi padre.

Recuerdo cuando di el primer paso, adentrándome en el avión, el estaba a mi lado, y me miraba con la típica mirada que hace cuando intenta decirme que es el más feliz del mundo por poder ir tan lejos de España, y llevarme con el. Nunca imagine que un tiempo fuera de nuestro país  natal, nos fuera a aportar tantas cosas. Una vez allí, en América,  un día cualquiera, me vino a buscar con el coche, a la salida de unos cursillos que tomaba de “wakeboarding” y “kneeboarding” que hacía de lunes a viernes, de las ocho de la mañana, a las tres de la tarde. Me dijo que iríamos al centro comercial: “Mision Bay”.

De camino al centro comercial, mi padre se desconcentró cambiando el canal de la radio, y por error, giró a la derecha en la calle equivocada. Estuvimos yendo recto un buen rato y no encontrábamos la forma adecuada de volver a atrás. Me parece que llevaríamos unos diez minutos siguiendo la carretera “que en teoría” no nos llevaba a ninguna parte, cuando de repente, a nuestra derecha vimos el parque más grande, verde, bonito y encantador que hubiéramos podido ver nunca. Decidimos parar y comprar algo para merendar, en el bar que había enfrente de la entrada del parque. Al acabar de comprar la merienda, decidimos ir al parque, a merendar allí, tirados en el césped. Sé que no fue algo muy emocionante, ni algo realmente expectante, pero para mí, (y estoy segura de que para el también,) fue una de las mejores tardes que habíamos pasado nunca juntos. Hablamos de cosas de las que nunca habíamos hablado, por la sencilla razón de que nunca habíamos pasado una tarde entera juntos, solos y tranquilos.

-Llegue a descubrir cosas sobre él, que no sabía, y supongo que el igual. Y lo mejor fue que descubrí que al fin y al cabo, no es tan malo pasar un rato con tu padre. Al contrario, es algo que te puede hacer cambiar completamente tu opinión acerca de él, saber comprender que puedes disfrutar a su lado, y ver que hay cosas que echamos de menos de cuando éramos pequeños, como poder acurrucarte a su lado y decirle que tenías ganas de poder pasar una tarde junto a él. Y ahora comprendo que el padre que te deja total libertad para hacer lo que quieras, donde quieras, y cuando quieras… no es el mejor del mundo. Ahora comprendo que el mejor padre del mundo no es tan diferente al mío, ni está tan lejos de lo que yo esperaba… ¿Por qué? Porque el padre del que hablo es el mío.

Yasmin Juan

3º ESO B

Recuerdos de mis padres

Si alguien alguna vez me preguntara por algún recuerdo de mi infancia al lado de mis padres, no sabría qué decir. Hay tantos… Demasiados. Casi imposible decantarme por alguno en concreto y elegirlo, porque todos tienen algo, todos son especiales. Sí. Especiales. Esa es la palabra.

Podría explicar todas esas Navidades junto a mi familia, preparando el árbol de Navidad, el Belén o la cena de Noche Vieja, o esa mágica ilusión mientras esperaba, ansiosa, la llegada de los Reyes Magos. Podría explicar esas vacaciones de verano en la playa o en la montaña, viendo cosas y lugares nuevos, descansando, aprendiendo, disfrutando. O quizá esas cálidas tardes de domingo mirando películas y jugando a juegos de mesa, sin más. O bien esas excursiones, cuando empezaba el buen tiempo… Podría explicar también todos los cumpleaños, un año más a su lado. Podría encontrar momentos de tristeza, de felicidad, de enfado e incluso de rabia, podría encontrar momentos llenos de paz y tranquilidad, otros más movidos, más intensos. Podría encontrar momentos de todo tipo y explicarlos.

¿Pero por qué no explicar todo lo que me han enseñado? Quizá eso sea más difícil. Sí, supongo que sí. Ellos me han enseñado a andar, hablar, leer, montar en bici y cosas así, y no digo que no sean cosas importantes, porque lo son, pero lo que realmente me han enseñado es a ser lo que soy. Me han enseñado a saber qué está bien y qué está mal, me han enseñado a saber escuchar y a hacerme escuchar, me han educado y han intentado hacer de mí la mejor persona que han podido, me han enseñado todo lo que sabían y más. Y todo esto lo han hecho dándome su cariño, sus consejos, mostrándome las cosas tal y como son, con amor y algún que otro grito, para qué negarlo, con paciencia, soportando mis quejas, mi malhumor… todo.

Así que si soy alguien es, en parte, gracias a ellos, mis padres.

CLARA MOLINS ESCUDER 
3º ESO – A

Recuerdos de mi padre

Aún recuerdo esas calurosas noches de verano con mi padre. Esa tumbona blanca que tanto me gustaba en la que se sentaba cada noche después de cenar para tomar el fresco. Y luego, mientras mi madre recogía la mesa y terminaba de limpiar la cocina, yo iba a sentarme con él. Como cada noche, me hacía cantarle las tablas de multiplicar sentada sobre sus piernas. Mientras él corregía todos y cada uno de mis errores aún recuerdo el ruido de los cubiertos y de los platos que sonaban desde la cocina, donde mi madre aún estaba limpiando.

Recuerdo que, poco a poco, insistiendo más y más cada día, allí, bajo la parra de la cual colgaban los racimos, como cada verano, y bajo esa luz tenue que salía de cada uno de los focos instalados en las paredes de la terraza, mi padre consiguió hacer que me aprendiera todas las tablas de multiplicar. Y hoy, 9 años después, ese recuerdo aún sigue en mi cabeza, como la mayoría de las tablas que me aprendí durante ese verano del 2000. 

Ariadna Domingo, 3r ESO

Rascar las nubes

Llega el buen tiempo y no hacemos más que rascar las nubes. Los hay que las rascan para que les caiga del cielo algún deseo que ansían intensamente. Que pase el tiempo y los plante en medio de una piscina con toda la tarde y todo el mes de julio por delante. Los hay que rascan las nubes con la punta de sus dedos, puestos de puntillas, porque piensan que así es como se cumplen de verdad todos  nuestros pensamientos.

Pero no hace falta tanto. Las nubes están dentro nuestro: en cada una de nuestras palabras se escapan restos de nubes que hemos atrapado en algún momento. Las nubes nos delatan como seres con los pies en la tierra o como seres con el casquete volador permanentemente conectado. Rascamos las nubes de la misma forma que nos rascamos la cabeza, o que nos rascamos la espalda o el codo: para sentirnos mejores de lo que somos, para exprimirnos como si fuéramos una fruta fresca en cuyo interior está lo mejor de nosotros aún por descubrir.

Rasco las nubes y cae un ligero polvillo de ideas. Las recojo y las transformo en palabras. Las ordeno y te las pongo una detrás de otra para que las leas. Aquí las tienes. Que te aprovechen.

Abril es una isla

Abril es una isla, una puerta, una ventana abierta al verano que se ve en el horizonte. Con las vacaciones de Semana Santa a la espalda hemos dado el cierre al invierno, y las lluvias constantes a lo largo de estos últimos días parecen que quieran borrar de nuestra memoria los fríos, las fiebres, las ventoleras, las nieblas que siempre nos acompañan desde que alguien a finales de octubre aparece un día algo más abrigado de lo que es natural, y ya luego todos empiezan a cambiar las cazadoras por los anoracs, las bufandas, los guantes e incluso a veces algún gorrito gracioso, de los que se han puesto de moda recientemente.

Abril es una isla. Estás en medio de un desierto del que se observa ya el sol radiante y la alegría de la jornada Sant Jordi. Se esperan con impaciencia las primeras fiestas mayores, que no tardarán en sacar la cabeza durante las primeras fiestas de mayo, y de las que el día de la Mona es un anticipo.

Abril es una isla por todo lo que he dicho, pero también porque todo lo que he dicho me llena de esperanza y de ganas de vivir sabiendo lo que está por venir. Por todo eso y porque no me importaría quedarme a vivir en estos días permanentemente, Abril es una isla.

El Dr. Jekyll y un señor extraño

Esta novela trata de un tipo que investiga sobre los transtornos de la personalidad. Busca una sustancia química que saque el lado oculto de las personas. Un día decide probar una poción que cree que le permitirá conocer su otro yo. Su hallazgo funciona, pues le permite descubrir a Mr. Hyde, que es su lado malo, el otro ser que está dentro suyo. Lo que pasa es que las consecuencias de este experimento le comportan una serie de imprevistos problemáticos.

Este libro parece tratar el tema de mucha gente que se siente insatisfecha siendo quien es, y que intenta buscar otras formas de ser, pero que cuando las encuentran tampoco les gustan, y a veces son peores que la vida original que tenían. [N.Dahahine]