Hay mucha gente que no se da cuenta de la buena vida que tienen y siempre se comparan con los superiores. Y así todo el mundo sabe que no se disfruta nada de la vida.
No pido que no nos quejemos directamente, porque siempre habrá alguien que tenga algo que no le guste, algo que preferiría de otra manera, etc… pero, si por un momento, nos paráramos a pensar en los miles de niños y personas pobres (no tan solo del Tercer Mundo, sino también de ciudades de nuestro alrededor) que ni tan solo tienen un techo donde dormir, entonces, creo yo, que sí que nos daríamos cuenta de que todos merecemos un poco de dignidad. Y la gente parece que se olvida de eso. Se encierra en sus “yo”, en sus familias, en sus planes, en sus historias y se olvidan de que hay alguien afuera que necesita una mano. Es una cosa que debería ser inherente a todo hombre: querer el bien para los demás.
Si tan solo tratáramos de ponernos en el lugar de los otros e intentar mejorar en algo la calidad de vida, nos daríamos cuenta de qué estilo de vida llevan las personas en peores condiciones a nosotros.
Maria Vladimirova, 3º ESO B