Recuerdos de mis padres, y 3

-Mi padre. Es decir o pensar en esa palabra y me vienen tantos momentos que he vivido a su lado, tantas lágrimas, tantas risas, tantos enfados, pero tanto amor…El, no es que sea el típico padre que me deja hacer lo que quiero, ni el que siempre me lleva a todas partes, ni el que me compra todo lo que pido, ni el que me deja toda la libertad que quiero. Tiene sus defectos, pero sobre todo, tiene sus grandes virtudes. Unos de los momentos que nunca voy a olvidar, por mucho que me empeñe, es él que he pasado junto a el este verano. Nos hemos conocido tanto… casi tanto como en estos trece, casi catorce años que llevo siendo su hija, y él mi padre.

Recuerdo cuando di el primer paso, adentrándome en el avión, el estaba a mi lado, y me miraba con la típica mirada que hace cuando intenta decirme que es el más feliz del mundo por poder ir tan lejos de España, y llevarme con el. Nunca imagine que un tiempo fuera de nuestro país  natal, nos fuera a aportar tantas cosas. Una vez allí, en América,  un día cualquiera, me vino a buscar con el coche, a la salida de unos cursillos que tomaba de “wakeboarding” y “kneeboarding” que hacía de lunes a viernes, de las ocho de la mañana, a las tres de la tarde. Me dijo que iríamos al centro comercial: “Mision Bay”.

De camino al centro comercial, mi padre se desconcentró cambiando el canal de la radio, y por error, giró a la derecha en la calle equivocada. Estuvimos yendo recto un buen rato y no encontrábamos la forma adecuada de volver a atrás. Me parece que llevaríamos unos diez minutos siguiendo la carretera “que en teoría” no nos llevaba a ninguna parte, cuando de repente, a nuestra derecha vimos el parque más grande, verde, bonito y encantador que hubiéramos podido ver nunca. Decidimos parar y comprar algo para merendar, en el bar que había enfrente de la entrada del parque. Al acabar de comprar la merienda, decidimos ir al parque, a merendar allí, tirados en el césped. Sé que no fue algo muy emocionante, ni algo realmente expectante, pero para mí, (y estoy segura de que para el también,) fue una de las mejores tardes que habíamos pasado nunca juntos. Hablamos de cosas de las que nunca habíamos hablado, por la sencilla razón de que nunca habíamos pasado una tarde entera juntos, solos y tranquilos.

-Llegue a descubrir cosas sobre él, que no sabía, y supongo que el igual. Y lo mejor fue que descubrí que al fin y al cabo, no es tan malo pasar un rato con tu padre. Al contrario, es algo que te puede hacer cambiar completamente tu opinión acerca de él, saber comprender que puedes disfrutar a su lado, y ver que hay cosas que echamos de menos de cuando éramos pequeños, como poder acurrucarte a su lado y decirle que tenías ganas de poder pasar una tarde junto a él. Y ahora comprendo que el padre que te deja total libertad para hacer lo que quieras, donde quieras, y cuando quieras… no es el mejor del mundo. Ahora comprendo que el mejor padre del mundo no es tan diferente al mío, ni está tan lejos de lo que yo esperaba… ¿Por qué? Porque el padre del que hablo es el mío.

Yasmin Juan

3º ESO B

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