Si alguien alguna vez me preguntara por algún recuerdo de mi infancia al lado de mis padres, no sabría qué decir. Hay tantos… Demasiados. Casi imposible decantarme por alguno en concreto y elegirlo, porque todos tienen algo, todos son especiales. Sí. Especiales. Esa es la palabra.
Podría explicar todas esas Navidades junto a mi familia, preparando el árbol de Navidad, el Belén o la cena de Noche Vieja, o esa mágica ilusión mientras esperaba, ansiosa, la llegada de los Reyes Magos. Podría explicar esas vacaciones de verano en la playa o en la montaña, viendo cosas y lugares nuevos, descansando, aprendiendo, disfrutando. O quizá esas cálidas tardes de domingo mirando películas y jugando a juegos de mesa, sin más. O bien esas excursiones, cuando empezaba el buen tiempo… Podría explicar también todos los cumpleaños, un año más a su lado. Podría encontrar momentos de tristeza, de felicidad, de enfado e incluso de rabia, podría encontrar momentos llenos de paz y tranquilidad, otros más movidos, más intensos. Podría encontrar momentos de todo tipo y explicarlos.
¿Pero por qué no explicar todo lo que me han enseñado? Quizá eso sea más difícil. Sí, supongo que sí. Ellos me han enseñado a andar, hablar, leer, montar en bici y cosas así, y no digo que no sean cosas importantes, porque lo son, pero lo que realmente me han enseñado es a ser lo que soy. Me han enseñado a saber qué está bien y qué está mal, me han enseñado a saber escuchar y a hacerme escuchar, me han educado y han intentado hacer de mí la mejor persona que han podido, me han enseñado todo lo que sabían y más. Y todo esto lo han hecho dándome su cariño, sus consejos, mostrándome las cosas tal y como son, con amor y algún que otro grito, para qué negarlo, con paciencia, soportando mis quejas, mi malhumor… todo.
Así que si soy alguien es, en parte, gracias a ellos, mis padres.
CLARA MOLINS ESCUDER
3º ESO – A
Que bonitoooo!:P