Aquest model d’activitat ha estat enregistrada i editada fent servir l’aplicació iMovie en un iphone. L’aplicació es força intuïtiva i deixar afegir títols i diferents escenes, a més a més, les pel·lícules poden ser editades en resolució 4K. La majoria d’estudiants estan molt familiaritzats amb aquestes aplicacions de creació i edició de vídeos i gaudeixen de la part creativa d’aquestes aplicacions. Les possibilitats de practicar diferents tasques amb aquesta aplicació son inacabables i molt recomanables.foto-samir

Proyecto transversal de humanidades 4º ESO

  

PROYECTO TRANSVERSAL DE HUMANIDADES

(Literatura, Historia) para 4º ESO

 

A partir de este documento los alumnos de 4º de la ESO, distribuídos en grupos de hasta 4 integrantes, basados en el aprendizaje significativo, trabajarán el Proyecto Transversal de Humanidades centrándose especialmente en la literatura y la historia de España de dicha época.

Haciendo uso de las nuevas tecnologías y trabajando cooperativamente alumnos y profesores se ha realizado este documento que, ahora el alumnado haciendo uso de las nuevas tecnologías especialmente, deberá materializar y dar vida propia, es decir, buscar la realidad de esas informaciones a través de ejemplos, testimonios, muestras, fragmentos y demás elementos que doten de viveza y veracidad al trabajo previo. Esto se podrá realizar con la ayuda y el uso de las herramientas TAC en el aula, base del proyecto junto al trabajo cooperativo y el aprendizaje significativo.

 

 

LA LITERATURA ESPAÑOLA EN LOS SIGLOS XIX Y XX

 

  

  • EL REALISMO Y EL NATURALISMO

 

  • CONTEXTO HISTÓRICO Y SOCIAL DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX

 

  • POLÍTICA Y SOCIEDAD

 

  • – Política y sociedad 1860-1870
  • – Política y sociedad 1870-1880
  • – Política y sociedad 1880-1890
  • – Política y sociedad 1890-1900

 

 

  • EL REALISMO LITERARIO

 

  • CARACTERÍSTICAS DEL REALISMO

 

  • EL REALISMO EN LA LITERATURA ESPAÑOLA

 

  • ESCRITORES DE NOVELA DEL REALISMO

 

  • Benito Pérez Galdós
  • Leopoldo “Alas” Clarín
  • Juan Valera
  • José M. de Pereda
  • Pedro Antonio Alarcón
  • Emilia Pardo Bazán
  • Luís Coloma
  • Vicente Blasco Ibáñez

 

  • ESCRITORES DE POESÍA DEL REALISMO

 

  • Ramón de Campoamor
  • Gaspar Núñez de Arce

 

  • ESCRITORES DE TEATRO DEL REALISMO

 

  • José Echegaray
  • Manuel Tamayo Baus
  • Marcelino Menéndez Pelayo

 

 

 

 

 

 

 

 

EL REALISMO

La barca de la Albufera – Sorolla

 

El Realismo es un movimiento literario que se inició en la segunda mitad del siglo XIX.

Los escritores del Realismo se dedicaron a una observación minuciosa del ser humano y su comportamiento, consignándolo en sus obras, principalmente novelas.

ESQUEMA DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX

 

 

MARCO HISTÓRICO MARCO CULTURAL MARCO LITERARIO

 

Isabel II (133 – 1868) 1850

1860

1854 – Creación del Banco de España.

1855 – Desamortización de Madoz.

1859 – Estalla la Guerra en Marruecos.

1853 – Estrena de la ópera Il Trovatore de Verdi.

1856 – Charles Darwin publica El origen de las especies.

1856 – Mendel publica Leyes de la herencia.

1859 – Claude Bernard publica Introducción al estudio de la medicina experimental.

1848 – Alejandro Dumas publica La dama de las camelias.

1857 – Flauvert publica Madame Bovary.

1856 – Fernan Caballero publica La familia de Alvareda.

Sexenio Revolucionario (1868–1874) 1860

1870

1862 – 1866 – Guerra del Pacífico.

1864 – Primera Internacional.

1868 – Revolución “La Gloriosa”. Guerra en Cuba.

1869 – Constitución de 1869.

1867 – Giner de los Ríos publica Estudios literarios. 1862 – Víctor Hugo publica Los Miserables.

1863 – Rosalía de Castro publica Cantares Gallegos.

1864 – Pereda publica Escenas Montañesas.

1865 – Leo Tolstoi publica Guerra y Paz.

1866 – Dostoievsky publica Crimen y castigo.

Alfonso XII (1875-1885) 1870

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1880

1870 – Amadeo de Saboya es coronado rey.

1873 – Primera República. Insurrección cantonal.

 

1875 – Alfonso XII es coronado rey.

 

1876 – Constitución de 1876.

 

1878 – Acuerdo de paz en Cuba

 

1879 – Fundación del PSOE

1871 – Verdi estrena su ópera Aida

1874 – Primera exposición impresionista en París.

1876 – Fundada la Institución Libre de Enseñanza.

1871 – Benito Pérez Galdós publica La Fontana de Oro.

1872 – Benito Pérez Galdós publica Episodios Nacionales.

1874 – Juan Valera publica Pepita Jiménez.

1874 – Alarcón publica El sombrero de tres picos.

 

 

 

 

    MARCO HISTÓRICO MARCO CULTURAL MARCO LITERARIO

 

Regencia de María Cristina (1885-1902) 1880

1890

1885-1902 – Muere Alfonso XII. Regencia de Maria Cristina.

1888 – Fundación de la UGT

1889 Segunda Internacional.

1880 – Menéndez Pelayo publica Historia de los heterodoxos españoles.

1882 – Richard Wagner estrena su ópera Parsifal.

1883 – Nietzsche publica su libro Así habló Zaratustra

1888 – Exposición Universal en Barcelona

1889 – Se inaugura la Torre Eiffel de París.

1880 – Fiodor Dostoievski publica Los hermanos Karamazov.

1884 – Leopoldo Alas “Clarín” publica La Regenta.

1886 – Benito Pérez Galdós publica Fortunata y Jacinta.

1887 – Pardo Bazán publica La madre Naturaleza.

1888 – Rubén Darío publica Azul.

 

 

MARCO SOCIAL Y POLÍTICO DEL REALISMO

La segunda mitad del siglo XIX comenzó con un gran deterioro social, político y económico de España lo que originó que en el año 1868 se produjera una revolución conocida como “La Gloriosa”, que acabó con el reinado de Isabel II, que tuvo que exiliarse en Francia.

Desde mediados del siglo XIX y como consecuencia del capitalismo y la Revolución Industrial, la burguesía tomó una importancia extraordinaria, logrando el poder económico y social. A partir de este momento el arte se hace “por” y “para” esta burguesía acomodada y pudiente.

Los años que van desde 1868 hasta 1874 fueron protagonizados en lo político por el sexenio revolucionario durante el cual, los gobiernos se sucedieron. El ejercicio del poder recayó en manos de dos partidos políticos, Conservadores y Liberales, que se alternaron en el gobierno.

En 1873 se proclamó la I República española.

En 1875 Alfonso XII sube al trono, restaurando así la monarquía borbónica.  10 años más tarde, a su muerte, tomó el poder la esposa del rey fallecido, María Cristina, a causa de la minoría de edad de su hijo, el futuro rey Alfonso XIII. Éste no accedió al trono hasta 1902.

Se hacen muy populares entre el gran público los folletines y novelas por entregas y gozan de gran acogida entre los lectores.

Debido al crecimiento de las industrias y las pésimas condiciones de la clase obrera, se extienden entre estas clases doctrinas como el Socialismo y el Marxismo.

Durante este período son significativos los avances científicos; la sociedad muestra orgullosa sus progresos.  Se inauguran las exposiciones universales que jalonarán todo el siglo a partir de la primera, celebrada en Londres en 1851.

En 1898 estalla la guerra contra Estados Unidos, al final de la cual, España pierde sus últimas colonias de ultramar.

 

 

 

 

 

 

DEFINICIÓN Y ORIGEN DEL REALISMO

El Realismo surge en oposición al Romanticismo.  Los artistas Realistas intentan trasladar la realidad al arte, representarlo lo más fielmente posible y con el máximo grado de verosimilitud. Este pensamiento enlaza con la corriente ideológica más destacada del momento, el “krausismo”[1], un sistema filosófico que sólo admitía los conocimientos que se adquirían a partir de la experimentación en las ciencias físicas y naturales.

El Realismo como movimiento cultural surgió en Francia, en la primera mitad del siglo XIX, de la mano de los autores Honoré de Balzac y Stendhal y se desarrolló con Gustave Flauvert.

En España el inicio del Realismo coincidió con acontecimientos históricos de máxima importancia política y social. Surgió hacia 1870, después de la revolución conocida como “La Gloriosa” y tuvo su apogeo en la década de 1880, decayendo en la década siguiente.

 

EL REALISMO EN LAS CIENCIAS Y EN LAS LETRAS

 

El Realismo como movimiento cultural, se impuso en toda Europa en la segunda mitad del siglo XIX y lleva aparejada una cierta y novedosa idea del mundo, completamente distinta a la que había predominado en el movimiento anterior, el Romanticismo.

Esta nueva mentalidad hundía sus cimientos en algunas corrientes científicas y filosóficas cuya principal metodología es la observación.  En el campo de la ciencia, estas corrientes son:

– El positivismo. Esta filosofía consideraba verdadero sólo aquello que se podía observar y experimentar.

– Las teorías de la herencia biológica promulgadas por el científico Gregor Mendel.

– La teoría de la evolución de las especies de Charles Darwin.

En lo que a la literatura se refiere, el Realismo se pone como meta la representación objetiva de la realidad. En este sentido, el Realismo va de la mano a los acontecimientos sociales de este período y en muchos casos, de la burguesía que logró un poder económico y social importante, lo que le permitió convertirse en la clase dominante.

CARACTERÍSTICAS DEL REALISMO

Los escritores realistas quieren reflejar la realidad tal y como la perciben, con la máxima fidelidad y exactitud y por ello, toman apuntes del natural con sumo rigor. El género literario al cual dedican su atención es la novela.  Es en este género donde más y mejor se aprecian las características fundamentales de esta corriente literaria:

– Los autores se dedican a la realidad cotidiana, la más próxima y conocida.  Por ello describen la sociedad contemporánea tal y como la perciben y como la viven.

– Los autores dejan consignados en sus obras los ambientes en los cuales se desenvuelven sus personajes (lugares, vestidos, rutinas, tradiciones, etc.), así como los caracteres de las personas.  Es por ello que los autores se sirven de la descripción para conseguir su fin.

– La posición del autor es objetiva e impersonal y actúan como lo haría un cronista.  La narración suele ser en tercera persona.

– El estilo es natural y la lengua se adapta a las circunstancias de la situación y la condición de vida de los personajes: a veces culta, a veces popular y a veces incluso vulgar.

– En lo que a los temas se refiere, abundan la política, las relaciones sociales, los barrios bajos, etc.  La finalidad última es moralizante y crítica.
ESQUEMA DEL REALISMO LITERARIO

 

GÉNEROS TEMAS CARACTERÍSTICAS AUTORES Y OBRAS

 

Poesía

 

Prosaica

 

 

Filosóficos y moralizantes.

Sentimentalismo posromántico

Uso de un tono familiar.

Utilización de la lengua común. Concisión y brevedad.

Ramón de Campoamor: Humoradas. Doloras. Pequeños poemas
Retoricista

 

 

 

Cívicos y filosóficos Tono grandilocuente y declamatorio. Formas métricas clásicas. Gaspar Núñez de Arce: Gritos del combate.
Prosa

 

Novela prerrealista

 

Costumbrismo. Acercamiento a la cotidianidad. Lenguaje artificioso. Presencia subjetiva del autor en el relato. Fernán Caballero: La gaviota.
Novela realista Retrato de la realidad cotidiana española.

Contemporaneidad.

Narrador omnisciente. Descripción detallada de las escenas, personajes y ambientes. Diálogo realista y lenguaje corriente. Juan Valera: Pepita Jiménez.

José M. de Pereda: Peñas arriba.

Benito Pérez Galdós: Doña perfecta.

Armando Palacio Valdés: La hermana San Sulpicio.

Novela naturalista

 

Preferencia por los aspectos más míseros y malignos de la realidad contemporánea. Intensificación del lenguaje realista. Detallismo llevado al extremo. Narrador objetivo e impersonal. Emilia Pardo Bazán: Los pazos de Ulloa.

Leopoldo Alas “Clarín”: La Regenta.

Vicente Blasco Ibáñez: La barraca.

Cuento Temas muy diversos. Realismo y simbolismo Lirismo Leopoldo Alas “Clarín”: Pipá.
Teatro

 

 

Alta comedia

 

 

Conflictos morales de la alta burguesía contemporánea.

Costumbrismo.

Finalidad didáctica

Lenguaje sobrio y cuidado. Efectismo. Dominio de la técnica escénica. Adelardo López de Ayala: El tanto por ciento.

Manuel Tamayo y Baus: Un drama nuevo.

 

Drama neorromántico Pasiones extremas y sentimientos artificiales.

Melodrama llevado al máximo.

Grandilocuencia, efectismo, retórica. José Echegaray: El gran galeoto.

 

Género chico (subgénero de la Zarzuela) Descripción de ambientes populares. Habla castiza y desgarrada. Combinación de música y texto. Ricardo de la Vega: La verbena de la Paloma.

José López Silva: La Revoltosa.

 

Fuente: J. Huerta y otros (1989). Literatura Española. Madrid, Ed. Santillana

RASGOS COMUNES DE LAS NOVELAS REALISTAS

Se pueden reconocer en las novelas realistas unos rasgos comunes:

Los escritores se sirven de la observación y de las notas que toman del natural para reflejar la realidad social, con el propósito de transformarla. Existieron dos directrices ideológicas opuestas dentro de este movimiento: Por un lado la tendencia conservadora, que se decanta por la vuelta al mundo preindustrial y que defiende el mundo rural mostrándolo como la parte amable y bucólica de la realidad. Por otro lado la tendencia liberal que defiende una sociedad industrial pero justa.

Normalmente las novelas del Realismo presentan un buen número de personajes que representan diferentes clases sociales.  Cuando los personajes pertenecen a la burguesía, los autores describen minuciosamente el comportamiento, las actitudes, las relaciones que se establecen entre los miembros de esta clase social a través del matrimonio y todos los conflictos que ello genera. Sin embargo, cuando se trata de personajes de baja extracción social, los escritores trazan de ellos un retrato crudo y descarnado, igual en el ámbito rural que en el urbano. Entonces los personajes suelen ser tipos inadaptados que se enfrentan a la sociedad y acaban siendo arrollados por sus propias circunstancias.

 

DESDE UN PUNTO DE VISTA FORMAL

El rasgo que más y mejor define a este tipo de novela es la búsqueda de la credibilidad.  Las historias y argumentos, los personajes, los ambientes, deben ser creíbles y posibles.  Para lograrlo los autores se sirven de distintos recursos, el más útil de los cuales es la descripción. Éstas son muy extremadamente detalladas. Los personajes que evolucionan a lo largo de la obra pueden aparecer en diversas obras del mismo autor, lo cual produce un efecto de biografía cierta del personaje en cuestión, que no desaparece cuando finaliza la obra sino que su biografía continúa y lo encontramos en otra vivencia. Esto es especialmente efectista cuando se mezclan personajes de ficción con personas reales.

La vida privada de estos personajes a menudo se mezcla con la pública e histórica, de acuerdo al estrato social en el que se desenvuelven.

Así mismo, en la novela Realista se trata la ficción ubicándola sobre la base de hechos históricos destacados y contemporáneos al autor. .

La acción también suele transcurrir en lugares auténticos (una ciudad, un pueblo, una región o comarca, etc.) y a menudo se hace alusión a fechas coincidentes con el momento en el cual se escribe la obra.

Otro rasgo formal es la utilización de un narrador que suele aparecer en el papel de cronista, como una especie de notario que consigna lo que va aconteciendo y lo explica a los lectores.  Los personajes entre ellos establecen diálogos y a menudo también, los autores recorren al monólogo interior para dar explicaciones, ejerciendo también una función subjetiva.

 

LOS ESCRITORES REALISTAS

 

 

ARMANDO PALACIO VALDÉS

 

 

Entralgo, 1853 – Madrid, 1938. Fue novelista.

 

Republicano, se inició en Madrid, como crítico radical en la Revista Europea, con artículos publicados en los volúmenes Semblanzas literarias (1879). Su eclecticismo le llevó a la novela, en la que se distingue dos etapas claramente diferenciadas por su conversión religiosa (1889). Entre sus obras más conocidas se destacan: El señorito Octavio (1881), Marta y María (1883), La hermana San Sulpicio (1889), La alegría del capitán Ribot (1899), La aldea perdida (1909) y otras.

 

 

 

LA HERMANA SAN SULPICIO

 

“El amor, que es la vida misma, no muere, se traslada. ¿Por ventura las golondrinas que vienen a anidar en los balcones de la Córdoba actual no aman como las que anidaban en la Córdoba antigua? ¿Y dentro de aquel montón oscuro  y melancólico de casas no hay risas, no hay suspiros, no se vierten lágrimas de amor? El fuego que ardía en el pecho del poeta Ibn Hazm no se había extinguido: yo lo sentía en el mío. Los hermosos ojos aterciopelados de mi graciosa sevillana valían,por lo menos, tanto como los de su bella cordobesa” .

 

BENITO PÉREZ GALDÓS

 

 

 

Las Palmas de Gran Canaria 1843 – Madrid, 1920.  Fue novelista, dramaturgo y articulista.

Hijo del militar Sebastián Pérez Macías (1784-1871), que había participado en la guerra contra Napoleón, en 1862 se trasladó a Madrid a estudiar la carrera de derecho, que no acabó. Allí publicó su primera novela: La Fontana de Oro (1867), claro precedente de Episodios Nacionales. Antes de éstos publicó dos novelas de corte romántico: La sombra (1870) y El audaz (1871).

 

Los Episodios Nacionales empezaron a salir publicados en 1873. Desde enero de este año hasta diciembre de 1879 aparecieron las dos primeras series: veinte novelas ligadas que tienen como nexo común entre ellas, a su protagonista. Tres series más (en total veinte y seis novelas) se editaron más tarde, entre el 1898 y el 1912.  El plazo de tiempo que abarcan los Episodios Nacionales en estas entregas va de la batalla de Trafalgar a la Restauración borbónica.

 

Sin embargo, la obra más conocida de Pérez Galdós son sus novelas ubicadas temporalmente en la época de la reina Isabel II y de la Restauración, en la ciudad de Madrid.  El conjunto se inicia con La familia de León Roch (1878) y está integrado por La desheredada (1881), El amigo Manso (1882), El doctor Centeno (1883), Tormento (1884), La de Bringas (1884), Lo prohibido (1885), Fortunata y Jacinta, editada en dos volúmenes de 1886 y 1887 respectivamente, Miau (1888), La incógnita (1888), Realidad (1889).  Otra serie formada por cuatro novelas está dedicada a la figura del usurero Torquemada y son sus títulos: Torquemada en la hoguera (1889), Torquemada en la Cruz (1893), Torquemada en el Purgatorio (1894) y Torquemada y San Pedro (1895) – y Misericordia (1897). Aparte estas novelas, cabe también destacar los siguientes títulos: Doña Perfecta (1876), Gloria (1877), Marianela (1878), Ángel guerra (1890), Tristana (1892), Nazarín (1895) y Halma (1895).

La adhesión al realismo lo llevó a escribir algunas novelas dialogadas, como La loca de la casa (1892), El abuelo (1898) y Casandra (1905). También el teatro ocupó buena parte de su actividad y adaptó a la escena varias novelas suyas. Sus éxitos más sonoros fueron Electra (1901), Pedro mini (1908), La de San Quintín (1894) y Sor Simona (1915).

 

Sus artículos de prensa tratan sobre diversos temas que van desde las sesiones del Parlamento a la crítica literaria y musical.  Fue académico de la Academia Española en 1897.

 

 

FORTUNATA Y JACINTA (fragmento)

No tardaron en encontrarse dentro de un patio cuadrilongo. Jacinta miró hacia arriba y vio dos filas de corredores con antepechos de fábrica y pilastrones de madera pintada de ocre, mucha ropa tendida, mucho refajo amarillo, muza zalea puesta a secar, y oyó un zumbido como de enjambre. En el patio, que era casi todo de tierra, empedrado sólo a trechos, había chiquillos de uno y otro sexo y de diferentes edades. Una zagalona tenía en la cabeza toquilla roja con agujeros, o con orificios, como diría Aparisi; otra, toquilla blanca, y otra estaba con las greñas al aire. Esta llevaba zapatillas de orillo, y aquella, botitas finas de caña blanca, pero ajadas ya y con el tacón torcido. Los chicos eran de diversos tipos. Estaba el que va para la escuela con su cartera de estudio, y el pillete descalzo que no hace más que vagar. Por el vestido se diferenciaban poco, y menos aún por el lenguaje, que era duro y con inflexiones dejosas.

-Chicoooo…mia éste… Que te rompo la cara…. ¿sabeeees…?

-¿Ves esa farolona?- dijo Guillermina a su amiga-. Es una de las hijas de ido… Esa, esa que está dando brincos como un saltamontes… ¡Eh, chiquilla!… No oyen… Venid acá.

Todos los chichos, varones y hembras se pusieron a mirar a las dos señoras y callaban entre burlones y respetuosos, sin atreverse a acercarse.

En algunas puertas había mujeres que sacaban esteras a que se orearan y sillas y mesas. Por otras salía como una humareda: era el polvo del barrido. Había vecinas que se estaban peinando las trenzas negras y aceitosas, o las guedejas rubias, y tenía todo aquel matorral echado sobre la cara como un velo.

CONCHA ESPINA Y TAGLE

 

 

Santander, 1877 – Madrid, 1955. Fue  novelista.

 

Publicó poesías en periódicos, que recogió posteriormente en Mis flores (1904). Empezó luego a producir libros de narraciones: La rosa de los vientos (1916) y Ruecas de marfil (1917), y sobre todo novelas: La niña de Luzmela (1909), La esfinge maragata (1914), El metal de los muertos (1920), Altar mayor (1926), “La virgen prudente”, 1929. Siete rayos de sol, (1930), Copa de horizontes, (1930), Candelabro, (1933),  La flor de ayer (1934), y otros. Dejó libros de memorias sobre la guerra civil de 1936-39 desde un punto de vista franquista, como Retaguardia (1938). Todos estos títulos la hacen una de las figuras más cualificadas del realismo del siglo XIX.

 

Entre los otros premios y honores que recibió destacan en 1914 y 1924 el premio de la Real Academia Española por La Esfinge Maragata y Tierras del Aquilón. Además, en este último año, fue nombrada hija predilecta de Santander, erigiéndose en 1927 un monumento diseñado inaugurado por Alfonso XIII, que también le otorgó la Orden de las Damas Nobles de María Luísa.  Posteriormente le fue concedido el Premio Nacional de Literatura por su obra Altar Mayor.. Asimismo, llegó a ser candidata en tres ocasiones consecutivas al Premio Nobel de Literatura, concretamente en los años 1926, 1927 y 1928.

EMILIA PARDO BAZÁN

 

 

A Coruña, 1851 – Madrid, 1921. Fue novelista, ensayista y feminista.

 

De noble familia (su padre, José Pardo Bazán y Mosquera, obtuvo del papa el condado de Pardo Bazán por la defensa de la religión en las Cortes revolucionarias del 68), se inició en la lectura de los clásicos desde su infancia. La preocupación literaria, social y política marcó su obra y su vida. En el prólogo de su primera novela Viaje de novios, (1881), se declaró partidaria del realismo.

 

En 1883 publicó semanalmente, en la hoja literaria de La Época, La cuestión palpitante, donde expuso sus opiniones sobre el naturalismo francés y esbozó una teoría de la novela. De 1883 es también la novela La Tribuna, en la que describe el ambiente de la fábrica de tabacos de A Coruña, donde trabajan cuatro mil mujeres. En 1886 apareció su novela más importante, Los Pazos de Ulloa, seguida, entre otros, de La Madre naturaleza, morriña, Insolación, La Quimera, La piedra angular, en la que se enfrenta con el tema de la pena de muerto, y el libro de cuentos cuentos sacro-profanos. En 1892 dirigió la “Biblioteca de la Mujer”, que editó libros de reivindicación feminista. En Nuevo teatro crítico, publicación periódica que editó durante el año 1891, recogiendo el propósito del Teatro Crítico de Feijoo, opinó, polemizó e intervino en la vida social y política del país.

 

 

 

LOS PAZOS DE ULLOA (fragmento)

 

Y el capellán lidió con ellos a brazo partido, sin tregua, tres o cuatro horas todas las mañanas. Primero limpió, sacudió, planchó sirviéndose de la palma de la mano, pegó papelitos de cigarro a fin de juntar los pedazos rotos de alguna escritura. Parecíale estar desempolvando, encolando y poniendo en orden la misma casa de Ulloa, que iba a salir de sus manos hecha una plata. La tarea, en apariencia fácil, no dejaba de ser enfadosa para el aseado presbítero: le sofocaba una atmósfera de mohosa humedad; cuando alzaba un montón de papeles depositado desde tiempo inmemorial en el suelo, caía a veces la mitad de los documentos hecha añicos por el diente menudo e incansable del ratón; las polillas, que parecen polvo organizado y volante, agitaban sus alas y se le metían por entre la ropa; las correderas, perseguidas en sus más secretos asilos, salían ciegas de furor o de miedo, obligándole, no sin gran repugnancia, a despachurrarlas con los tacones, tapándose los oídos para no percibir el ¡chac! estremecedor que produce el cuerpo estrujado del insecto; las arañas, columpiando su hidrópica panza sobre sus descomunales zancos, solían ser más listas y refugiarse prontísimamente en los rincones oscuros, a donde las guía misterioso instinto estratégico. De tanto asqueroso bicho tal vez el que más repugnaba a Julián era una especie de lombriz o gusano de humedad, frío y negro, que se encontraba siempre inmóvil y hecho una rosca debajo de los papeles, y al tocarlo producía la sensación de un trozo de hielo blando y pegajoso.

 

FERNÁN CABALLERO

 

Cecilia Böhl de Faber

 

 

 

Morges, Vaud, Suiza, 1796 – Sevilla, 1877

 

Fernán Caballero es el seudónimo de la escritora Cecilia Böhl de Faber.  Esta escritora inició con sus novelas la reacción realista que sustituyó el idealismo fantástico del Romanticismo y enlazó con la tradición realista de la literatura castellana que, en el siglo XIX, había tomado la dirección costumbrista.

 

Escribió novelas de visión amplia y de carpintería ambiciosa que buscaron reflejar la realidad, dentro de una ideología, la realista, que se ajustó a la tradición conservadora.

 

Su obra más conocida fue La gaviota (1849), que cuenta la vida de una chica que se hace famosa gracias a su voz prodigiosa, pero, en último término, fracasa. Otras novelas son Clemencia (1852), en parte autobiográfica, y La familia Alvareda (1856). Es autora también de libros de narraciones cortas, cuentos, cuadros de costumbres, y más.

 

 

 

CLEMENCIA (Fragmento)

La Marquesa era una mujer de cuarenta y ocho años; pero su completa falta de pretensiones y la exagerada sencillez de su traje y de sus maneras, la hacían aparecer de más edad. Había quedado viuda hacía algunos años, disfrutando de pingües rentas, las que tenía la habilidad de gastar todas, y a veces tomándolas anticipadamente, sin que nadie, ni ella misma, pudiese decir en qué. Era esto tanto más extraño, cuanto que la señora sin ser cicatera no era generosa, sin ser agarrada no era rumbosa, sin ser codiciosa no era espléndida, y sin ser ordenada no era tampoco despilfarrada. En lo demás de su carácter se hallaban iguales anomalías, puesto que sin ser malévola no hacía sino contradecir, sin tener mal carácter no hacía sino regañar, y sin ser maligna era contraria a todo. Así se ven a menudo en las gentes defectos y malas propensiones, que no son hijos del corazón ni del carácter, sino malas costumbres que no corregidas en un principio, se arraigan como plantas parásitas. Pero el gran rasgo característico de esta señora era el de vivir apurada. La Marquesa no podía vivir sin un apuro que la agitase, siendo por consiguiente la antítesis de ciertos enfermos que no pueden vivir sin una dosis de opio que los calme; con la particularidad de que en invierno una gotera, y en verano un desgarrón en la vela que cubría el patio de su casa, la impresionaban y desazonaban más que algunas calaveradas de marca mayor de su hijo el mayorazgo, o la pérdida de una cosecha. Cuando no tenía un apuro que explotar, se lo forjaba; y no sólo disfrutaba ella de su creación fantástica, sino que se incomodaba cuando los demás no la reconocían como cosa cierta y real. Pertenecía pues esta señora a la falange de Jeremías que pasa su vida quejándose en un tono llorón que les es propio, como al mochuelo su lastimero canto. Se quejan de todo: de su salud, aunque sea buena; de desgana, y comen bien; de desvelo, y duermen como marmotas: y con el mismo desconsuelo se quejan de los malos tiempos y de los mosquitos, de las contribuciones y de los portes de correo, de la muerte de personas queridas y de que alumbra mal el reverbero; se quejan hasta de las cosas favorables, a las que siempre encuentran un pero, para servir de pábulo a sus lamentaciones.

Nacían en parte los defectos de esta señora de haber sido toda su vida muy mimada, primero por sus padres, luego por su marido, que fue un bendito y le siguió la corriente, y por los amigos de éste, que hicieron lo que él: de lo que resultó que siendo la Marquesa una excelente criatura, aunque de pocos alcances, se había hecho un ente personal e insufrible.

JOSÉ MARÍA DE PEREDA

 

 

Polanco, Castilla la Vieja, 1833 – Santander, 1906. Fue escritor y político.

 

Su residencia en Santander marcó las características de su obra.

 

Dentro del realismo, comenzó con breves cuadros de costumbres, como Escenas montañesas (1864), Tipos y paisajes (1871) y bocetos al templo (1876). Las primeras novelas, de carácter ideológico, son El buey suelto (1878), Don Gonzalo González de la Gonzalera (1879) y De tal palo, tal astilla (1880).

 

Su gran creación es la novela regional, sobre el paisaje y ambiente de Santander: El sabor de la Tierruca (1882) y, sobre todo, Sotileza (1885), descripción de la marina, y Peñas arriba (1894), sobre la montaña santanderina. Es especialmente interesante la descripción de personas, paisajes y costumbres, que Pereda hace prevalecer anteponiéndolas a las ideas.  Otra novela, Pedro Sánchez (1883) contiene elementos autobiográficos, y La Montálvez (1888) es una visión de la vida de la alta sociedad madrileña.

 

Además de escritor, José María Pereda fue diputado por el partido carlista en 1873 y miembro de la Academia Española desde 1897, donde fue recibido por su gran amigo Pérez Galdós.

 

 

PEÑAS ARRIBA (fragmento)

 

 

 

 

Las razones en que mi tío fundaba la tenacidad de su empeño eran muy juiciosas, y me las iba enviando por el correo, escritas con mano torpe, pluma de ave, tinta rancia, letras gordas y anticuada ortografía, en papel de barbas comprado en el estanquillo del lugar. Yo no las echaba en saco roto precisamente; pero el caso, para mí, era de meditarse mucho y, por eso, entre alegar él y meditar y responderle yo, se fue pasando una buena temporada.

La primera carta en que trató del asunto fue la más extensa de las ocho o diez de la serie. Temía colarse en él de sopetón, y me preparaba el camino para sus fines, «tomando las cosas desde muy atrás, y como si nos tratáramos entonces, aunque de lejos, por primera vez».

«Mucho le estorbaba la pluma entre los dedos», y bien lo revelaban la rudeza de los trazos, la desigualdad de las letras y las señales de más de un borrón lamido en fresco o extendido con el canto de la mano; «pero con paciencia y buena voluntad se vencían los imposibles».

«Tus abuelos paternos -me escribía-, no lograron otros hijos que tu padre y yo. Yo fui el mayorazgo, y como tal, aquí arraigué desde el punto y hora en que nací. Tu padre, como más necesitado, echóse al mundo, y rodando mucho por él, adquirió buenos caudales y una mujer que no había oro con qué pagarla. De esta traza me la pintó cuando vino a darme cuenta de sus proyectos matrimoniales, y a tomar posesión, en pura chanza, de la pobreza que le correspondía por herencia libre de tus abuelos. Fuese a los pocos días de haber venido, y no he vuelto ni volveré a verle más en la tierra. Dios le tenga en eterno descanso.

 

 

JUAN VALERA

 

 

Cabra, Andalucía, 1824 – Madrid, 1905. Fue escritor y político.

 

Ingresó en el cuerpo diplomático, viajó por toda Europa y América y residió varias temporadas en Madrid, donde desarrolló su actividad política como diputado, senador y subsecretario de estado.

 

Como escritor cultivó todos los géneros literarios, desde la traducción hasta la crítica, especialmente estudios sobre literatura, crítica literaria, ensayos sobre religión, filosofía, estudios sobre política e historia. También escribió narraciones breves, cuentos y teatro.  En lo que a la novela se refiere, se mostró contrario a la novela naturalista y defendió que la novela es una forma de poesía que no persigue más finalidad que hacer disfrutar el alma.

 

En sus novelas retrata el ambiente andaluz e incorpora un profundo análisis psicológico de los personajes, entre los que destacan los femeninos, como Pepita Jiménez (1874), su mejor obra, Doña Luz (1879) y Juanita la Larga (1895). Otras novelas notables son El comendador Mendoza (1877), Las ilusiones del doctor Faustino (1875) y Morsamor (1899).

 

Mantuvo una interesantísima y abundante correspondencia con diferentes intelectuales con los que era coetáneo como Cueto, Miguel de los Santos Álvarez, Menéndez y Pelayo, y otros.  Estas cartas permiten conocer el entorno del escritor a través del dibujo de un retrato fidedigno y muy valioso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PEPITA JIMÉNEZ (fragmento)

 

 

 

 

Con este arreglo, con esta industria, y con el ánimo consagrado siempre a aumentar y a no disminuir sus bienes, sin permitirse el lujo de casarse, ni de tener hijos, ni de fumar siquiera, llegó D. Gumersindo a la edad que he dicho, siendo poseedor de un capital, importante sin duda en cualquier punto, y aquí considerado enorme, merced a la pobreza de estos lugareños y a la natural exageración andaluza.

  1. Gumersindo, muy aseado y cuidadoso de su persona, era un viejo que no inspiraba repugnancia. Las prendas de su sencillo vestuario estaban algo raídas, pero sin una mancha y saltando de limpias, aunque de tiempo inmemorial se le conocía la misma  —15→  capa, el mismo chaquetón y los mismos pantalones y chaleco. A veces se interrogaban en balde las gentes unas a otras a ver si alguien le había visto estrenar una prenda.

Con todos estos defectos, que aquí y en otras partes muchos consideran virtudes, aunque virtudes exageradas, D. Gumersindo tenía excelentes cualidades: era afable, servicial, compasivo, y se desvivía por complacer y ser útil a todo el mundo aunque le costase trabajo, desvelos y fatiga, con tal de que no le costase un real. Alegre y amigo de chanzas y de burlas, se hallaba en todas las reuniones y fiestas, cuando no eran a escote, y las regocijaba con la amenidad de su trato y con su discreta aunque poco ática conversación. Nunca había tenido inclinación alguna amorosa a una mujer determinada; pero inocentemente, sin malicia, gustaba de todas y era el viejo más amigo de requebrar a las muchachas y que más las hiciese reír que había en diez leguas a la redonda.

Ya he dicho que era tío de la Pepita. Cuando frisaba en los ochenta años, iba ella a cumplir los diez y seis. Él era poderoso; ella pobre y desvalida.

LEOPOLDO ALAS UREÑA “CLARÍN”

 

 

 

Zamora, 1852 – Oviedo, 1901. Fue novelista, periodista y ensayista.

 

En 1871 se licenció en derecho en Oviedo y se trasladó a Madrid para cursar letras y doctorarse en derecho.  Pronto fue conocido como periodista en publicaciones republicanas, donde alternó artículos satíricos con comentarios políticos, literarios o filosóficos.  En abril de 1875 empezó a trabajar en el diario El solfeo, firmando con el seudónimo de “Clarín”.  En 1878 ganó las oposiciones a una cátedra de Salamanca, que en un primer momento, el gobierno no le concedió y no fue hasta cuatro años después, que fue nombrado catedrático de Zaragoza.

 

En 1881 publicó su primer libro, Solos de Clarín, en el que recopilaba sus artículos de crítica literaria y cuentos. También La literatura en 1881, escrito en colaboración con Palacio Valdés, en el cual, apareció un artículo en el que Valera defendía entusiásticamente el naturalismo literario.

 

En 1883 le fue concedido el traslado a la facultad de derecho de Oviedo, donde permaneció hasta su muerte. Alternó la cátedra con el periodismo, y sus artículos y cuentos aparecieron en periódicos y revistas.  Parte de estos artículos fueron publicados en distintos volúmenes: Sermón perdido (1885), Nueva campaña (1887), Mezclilla (1889) , Ensayos y Revistas (1892), Palique (1893) y Siglo Pasado (1901).

 

Como creador, Alas es autor de una de las novelas más conocidas del siglo XIX, La Regenta (1884 a 85), nacida de su encuentro con la vida de Oviedo, presente en el relato bajo el nombre de Vetusta.  En 1890 apareció una segunda novela, Su único hijo, que en algún aspecto incluso superaba La Regenta.

 

Más títulos del autor son: Pipa (1886), Doña Berta, Cuervo, Superchería, (1892), El Señor y lo demás son cuentos (1893) y El gallo de Sócrates (1901) y Doctor Sutil (1916) aparecido después de la muerte de su autor.  Del conjunto de estos relatos destaca, junto con su calidad, la gran riqueza temática, por cuanto van desde la crítica satírica o social hasta la recreación lírica a la problemática espiritual. La obra literaria de Clarín, surgida de la renovación espiritual y cultural iniciada por krausismo, anuncia la sensibilidad y el pensamiento del s. XX.

 

 

 

 

 

LA REGENTA (fragmento)

 

Era don Cayetano un viejecillo de setenta y seis años, vivaracho, alegre, flaco, seco, de color de cuero viejo, arrugado como un pergamino al fuego, y el conjunto de su personilla recordaba, sin que se supiera a punto fijo por qué, la silueta de un buitre de tamaño natural; aunque, según otros, más se parecía a una urraca, o a un torno encogido y espeluznado.  Tenía sin duda mucho de pájaro en figura y gestos y más, visto en su sombra.  Era anguloso y puntiagudo, usaba sombrero de teja de los antiguos, largo y estrecho, de alas muy recogidas, a lo don Basilio, y como lo echaba hacia el cogote, parecía que llevaba cobre la cabeza un telescopio; era miope y corregía el defecto con gafas de oro montadas en nariz larga y corca. Detrás de los cristales brillaban unos ojuelos inquietos muy negros y muy redondos.  Terciaba el manteo a lo estudiante, solía poner los brazos en jarras y si la conversación era de asunto teológico, o canónico, extendía la mano derecha y formaba un anteojo con el dedo pulgar y el índice. . Como el interlocutor solía ser más alto, para verle la cara Ripamilán torcía la cabeza y miraba con un ojo solo, como también hacen las aves de corral con frecuencia.  Aunque era don Cayetano canónigo y tenía nada menos que la dignidad de arcipreste, que le valía el honor de sentarse en el coro a la derecha del Obispo, considerábase él digno de responto y aún de admiración no por estos vulgares títulos, ni por la cruz que le hacía ilustrísimo, sino por el don inapreciable de poeta bucólico y epigramático.  Sus dioses eran Garcilaso y Marcial, su ilustre paisano.  También estimaba mucho a Meléndez Valdés y no poco a Inarco Celenio.  Había venido a Vetusta de beneficiado a los cuarenta años; treinta y seis había asistido al coro de aquella iglesia y podía tenerse por ser vetustense como el primero.  Muchos no sabían que era de otra provincia.  Además de la poesía tenía dos pasiones mundanas: la mujer y la escopeta.  A la última había renunciado, no a la primera, que seguía adorando con el mismo pudibundo y candoroso culto a los treinta años.  Ni un solo vetustense, aún contando a los librepensadores que en cierto restaurante comía de carne el Viernes Santo, ni uno solo se hubiera atrevido a dudar de la castidad casi secular de don Cayetano.

 

LUIS COLOMA

 

 

 

Jerez de la Frontera, 1851 – Madrid, 1914. Fue escritor.

 

Estudió derecho, y entró en la Compañía de Jesús (1873).

 

Fue amigo y discípulo de Fernán Caballero.  Su obra tendió hacia un realismo que perseguía una intención moralizante.  Los cuentos que publicaba en la revista El Mensajero del Corazón de Jesús dieron lugar a varios libros de Lecturas recreativas (1884-87), donde, junto con la crítica de la buena sociedad de la época, que debía motivar también las novelas las Pequeñeces (1890), uno de los éxitos más ruidosos de la época, y Boy (1910), se observaba la tendencia al pintoresquismo y a la reconstrucción histórica de influencia romántica, visible también en novelas como La reina mártir (1903 ), Jeromín (1905-07), etc.

 

PEQUEÑECES (fragmento)

 

 

 

Era aquella misma tarde poca la animación y escasa la concurrencia en el fumoir de la duquesa de Bara. Casi tendida ésta en una chaise–longue, quejábase de jaqueca, fumando un rico cigarro puro, cuya reluciente anilla acusaba su auténtico abolengo: tenía sobre las faldas, sin anudarlo, un delantillo de finísimo cuero y elegante corte, para preservar de los riesgos de un incendio los encajes de su matinée de seda cruda, y sacudía de cuando en cuando la ceniza en un lindo barro cocido, que representaba un grupo de amorcillos naciendo de cascarones de huevo en el fondo de un nido.

 

Pilar Balsano fumaba, haciendo figuras, otro cigarro no tan fuerte, pero sí tan largo como el de la duquesa, y Carmen Tagle se desquijaraba chupando un entreacto que se mostraba algún tanto rebelde.

 

–Está visto que no tira –dijo de pronto.

 

Y para cobrar nuevas fuerzas se bebió poquito a poco, y con aire muy distinguido, una tercera copita del whisky, bastante fuerte, que juntamente con el té, los brioches y sandwiches, habían servido en rico frasco de cristal de Bohemia.

 

MARCELINO MENÉNDEZ PELAYO

 

 

 

Santander, 1856 – Santander 1912.  Fue el máximo representante de la escuela nacionalista en la historiografía española.

 

Fue un trabajador incansable, dominaba ocho lenguas antiguas y modernas y tenía una asombrosa memoria fotográfica.  Dedicó su vida al estudio de la literatura y la historia españolas.

 

Estudió en la Universidad de Barcelona, en la Facultad de Filosofía y Letras, con F. J. Llorens y Manuel Milá i Fontanals, y en 1873 en la de Madrid, donde tuvo de profesores a Amador de los Ríos, Nicolás Salmerón, Castelar y Camús. Una arbitrariedad académica del catedrático Nicolás Salmerón, que hizo repetir curso a sus alumnos sin ni siquiera haberlos examinado, lo enemistó con el krausismo postkantiano y los hegelianos en general, y finalmente se licenció en Valladolid en 1874.

 

En 1875 se doctoró en Madrid, con la tesis La novela entre los latinos.

 

En 1876 viajó por Europa lo que le permitió visitar numerosas bibliotecas.  En 1878 ganó por oposición una cátedra de la Universidad de Madrid. Su inmensa labor intelectual, y literaria quedó ligada a los numerosos cargos y distinciones académicas que obtuvo a lo largo de su vida. En 1881 entró en la Academia Española y al año siguiente terminó su Historia de los heterodoxos españoles y fue nombrado académico de la Historia. También fue diputado a las Cortes de 1884 a 1892; miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, desde 1889 y en 1892 fue nombrado académico de Bellas Artes. En 1895 fue elegido decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid y en 1898 nombrado director de la Biblioteca Nacional. En 1909 lo nombraron director de la Academia de la Historia.

 

Murió el 19 de mayo de 1912. Legó su biblioteca, compuesta por cuarenta mil volúmenes, a la ciudad de Santander.

 

Entre su ingente obra destaca la temprana Historia de los heterodoxos españoles, en que se ocupó del estudio de la tradición cristiana a través de la historia de España, desde la Edad Media hasta finales del siglo XIX. En su segunda edición corrigió algunos de sus puntos de vista, pero no sus ironías contra los krausistas y los hegelianos.

También destaca la Historia de las ideas estéticas en España, en la que reinterpretó la bibliografía existente sobre estética literaria y artística en distintas épocas de la tradición cultural española.

Pero su obra magna se desarrolló en tres líneas fundamentales: La publicación de las Obras de Lope de Vega, Antología de poetas líricos castellanos y el tercero es su estudio Orígenes de la novela.

 

 

 

ALONSO DE CARTAGENA (Fragmento)

 

 

En 1390 recibía las aguas del bautismo un judío burgalés, distinguido entre los hebreos por la nobleza de su linaje (pues descendía de la tribu de Leví), por su talento y por su saber. Llamábase Rabbi Selemoh Haleví y tomó en su conversión el nombre de Pablo de Santa María, si bien fue más conocido por el aditamento del «Burgense», debido al lugar de su cuna. Entregado con ardor a los estudios teológicos, recibió en la Universidad de París el grado de Maestro, y entrando en la carrera eclesiástica, obtuvo primero el arcedianato de Treviño, siendo después electo obispo de Cartagena y trasladado más tarde a la Silla de Burgos, honrándole además, Enrique III, con la dignidad de Canciller mayor de los reinos de Castilla y de León, y con el cargo de maestro de su hijo el Príncipe Don Juan. Escribió D. Pablo de Santa María una obra titulada Scrutinium Scripturarum, dirigida a probar la venida del Mesías y el cumplimiento de las palabras de los profetas. Compuso en lengua latina otros tratados teológicos y escribió varios discursos sobre la Cena del Señor y la Generación de Cristo, desdeñándose de cultivar la poesía, como lo demuestra la Historia Universal que compuso en versos de arte mayor, y que en reducido compendio abraza todas las cosas que “ovo et acaescieron en el mundo, desde que Adan foé formado, fasta el rey D. Juan el segundo”. Hermano suyo fué Alvar García de Santa María, a quien con fundamento se atribuyen los veintiocho primeros años de la Crónica de D. Juan el Segundo. A él [p. 290] dedicó Fernán Pérez de Guzmán su Tratado de vicios y virtudes, circunstancia que demuestra el alto concepto en que tenía al converso rabino el esclarecido señor de Batres.

 

 

PEDRO ANTONIO DE ALARCÓN

 

 

 

 

Guadix, Granada, 1833 – Madrid, 1891. Fue escritor enclavado en el post-romanticismo.

 

Desde joven residió en Madrid, donde intervino como periodista en el liberalismo revolucionario, hasta que, desengañado, se decantó hacia el conservadurismo y se retiró temporalmente de la política.

 

Ejerció como crítico teatral, publicó numerosos cuentos y la novela El final de Norma (1855). En 1860 escribió un diario de un testigo de la guerra de África y, al año siguiente, De Madrid a Nápoles, donde reflejó sus impresiones de viajero.

 

De regreso a Madrid fue elegido diputado a Cortes y miembro de la Academia Española. En esta época escribió las mejores novelas: El sombrero de tres picos (1874), El escándalo (1875), El niño de la bola (1880), El capitán veneno (1881) y La pródiga (1882), donde se hicieron patentes su visión de la realidad y su preocupación por los convencionalismos morales.  Con todo, Alarcón manifestó una gran imaginación y una gran habilidad en el planteamiento de los argumentos.

 

 

 

EL SOMBRERO DE TRES PICOS (Fragmento)

 

 

 

Comenzaba este largo Siglo, que ya va de vencida. No se sabe fijamente el año: sólo consta que era después del de 4 y antes del de 8. Reinaba, pues, todavía en España Don Carlos IV de Borbón; por la gracia de Dios, según las monedas, y por olvido o gracia especial de Bonaparte, según los boletines franceses. Los demás soberanos europeos descendientes de Luis XIV habían perdido ya la corona (y el jefe de ellos la cabeza) en la deshecha borrasca que corría esta envejecida Parte del mundo desde 1789.

Ni paraba aquí la singularidad de nuestra patria en aquellos tiempos. El Soldado de la Revolución, el hijo de un oscuro abogado corso, el vencedor en Rívoli, en las Pirámides, en Marengo y en otras cien batallas, acababa de ceñirse la corona de Carlo-Magno y de transfigurar completamente la Europa, creando y suprimiendo naciones, borrando fronteras, inventando dinastías y haciendo mudar de forma, de nombre, de sitio, de costumbres y hasta de traje a los pueblos por donde pasaba en su corcel de guerra como un terremoto animado, o como el «Antecristo», que le llamaban las Potencias del Norte… Sin embargo, nuestros padres (Dios los tenga en su santa Gloria), lejos de odiarlo o de temerle, complacíanse aún en ponderar sus descomunales hazañas, como si se tratase del héroe de un Libro de Caballerías, o de cosas que sucedían en otro planeta, sin que ni por asomos recelasen que pensara nunca en venir por acá a intentar las atrocidades que había hecho en Francia, Italia, Alemania y otros países. Una vez por semana (y dos a lo sumo) llegaba el correo de Madrid a la mayor parte de las poblaciones importantes de la Península, llevando algún número de la Gaceta (que tampoco era diaria), y por ella sabían las personas principales (suponiendo que la Gaceta hablase del particular) si existía un Estado más o menos allende el Pirineo, si se había reñido otra batalla en que peleasen seis u ocho Reyes y Emperadores, y si Napoleón se hallaba en Milán, en Bruselas o en Varsovia… Por lo demás, nuestros mayores seguían viviendo a la antigua española, sumamente despacio, apegados a sus rancias costumbres, en paz y en gracia de Dios, con su Inquisición y sus Frailes, con su pintoresca desigualdad ante la Ley, con sus privilegios, fueros y exenciones personales, con su carencia de toda libertad municipal o política, gobernados simultáneamente por insignes Obispos y poderosos Corregidores (cuyas respectivas potestades no era muy fácil deslindar pues unos y otros se metían en lo temporal y en lo eterno), y pagando diezmos, primicias, alcabalas, subsidios, mandas y limosnas forzosas, rentas, rentillas, capitaciones, tercias reales, gabelas, frutos-civiles, y hasta cincuenta tributos más, cuya nomenclatura no viene a cuento ahora.

RAMON DE CAMPOAMOR Y CAMPOOSORIO

 

 

Navia, Asturias, 1817 – Madrid, 1901. Fue poeta y político.

 

Estudió filosofía en Santiago y matemáticas y medicina en Madrid, donde frecuentó las tertulias literarias románticas.  Afiliado al partido moderado, fue jefe político de Castellón (1847), de Alicante (1848) y gobernador de Valencia (1851), diputado a cortes, director general de beneficencia y sanidad y miembro de la Academia Española (1862 ).

 

En el aspecto literario, su primer libro, Ternezas y flores (1840), es un referente dentro de la tradición postromántica.  Le siguieron Ayes del alma (1842) y Fábulas (1842), donde insinúa las características que defendió en su Poética (1883): poesía dramatizada , con argumento y contenido filosófico, que emprendió con el uso de un lenguaje predominantemente coloquial.  Publicó también Las Doloras (1846), consistentes en una recopilación de poemas muy breves, Pequeños poemas, donde acentúa la importancia de la anécdota El tren expreso (1886), y Humoradas (1888), breves composiciones con una intención filosófica.

 

Su escepticismo irónico le mereció el respeto de la sociedad de la Restauración.

 

 

 

 

QUIEN SUPIERA ESCRIBIR (fragmento)

 

 

 

Escribidme una carta, señor cura.

-Ya sé para quién es.

-¿Sabéis quién es, porque una noche oscura

nos visteis juntos? – Pues.

 

-Perdonad; mas… -No extraño ese tropiezo

La noche… la ocasión…

Dadme pluma y papel. Gracias; Empiezo:

Mi querido Ramón:

 

-Querido?… Pero, en fin, ya lo habéis puesto…

-Si no queréis… -¡Sí, sí!

-Qué triste estoy! ¿No es eso? – Por supuesto

-¡Qué triste estoy sin tí!

 

Una congoja, al empezar, me viene…

-¿Cómo sabéis mi mal?…

-Para un viejo, una niña siempre tiene

el pecho de cristal.

 

¿Qué es sin ti el mundo? Un valle de amargura.

¿Y contigo? – Un edén.

-Haced la letra clara, señor cura;

que lo entienda eso bien.

 

-El beso aquel que de marchar a punto

te dí… -¿Cómo sabéis?…

-Cuando se va y se viene

y se está junto,siempre… no os afentéis.

 

Y si volver tu afecto no procura,

tanto me harás sufrir…

-¿Sufrir y nada mas? No, señor cura,

¡que me voy a morir!

 

-¿Morir? ¿Sabéis que es ofender al cielo…

-Pues, sí señor ¡morir!

-Yo no pongo morir. – ¡ Qué hombre de hielo!

¡Quién supiera escribir!

 

VICENTE BLASCO IBÁÑEZ

 

 

Valencia, 1867 – Menton, Provenza, 1928. Fue escritor y político.

 

 

Se licenció en derecho en la Universidad de Valencia (1888) y colaboró en el almanaque Lo Rat-Penat con un par de narraciones en catalán: La torre de la Boatella, 1883 y Fatimah, 1884. .

 

En 1887 publicó, la recopilación Fantasías, leyendas y tradiciones, que, responde a una estética romántica y una temática historicista. Incorporado temprano a la política republicana de Pi y Margall, desplegó una gran actividad de orador y de periodista, que continuó hasta 1908.

 

Durante una primera etapa, escribió Historia de la Revolución española en el siglo XIX (1893), y también dos novelas de carácter panfletario, La araña negra y ¡Viva la República!, aparecidas en 1892.  En 1894 fundó el diario El Pueblo, en Valencia, en el que empezó a publicar la novela  Arroz y tartana.  Un corto exilio en París puso a Blasco Ibáñez en contacto con la narrativa francesa del naturalismo, y Arroz y tartana refleja esa influencia.

 

Las narraciones de Cuentos valencianos (1896) y La condenada (1900) y las novelas Flor de mayo (1896), La barraca (1898), Entre naranjos (1900) y Cañas y barro (1902) prolongan esta visión, sobre ambientes y problemas de las zonas rurales de Valencia y son, la parte más sólida de su obra.

 

Mientras tanto, su acción política tuvo una repercusión popular considerable, hasta el punto que llegó a crear su propio partido. Desde las páginas de El Pueblo llevaba una incesante campaña de ataques a los gobiernos de la Restauración, que le valieron procesos, encarcelamientos y un nuevo exilio (1896).  Diputado a cortes en varias legislaturas (1898, 1899, 1901, 1903, 1905, 1907), abandonó la política activa en 1908.  Afincado en Madrid, comenzó nueva serie de novelas: La catedral, (1903); El intruso, (1904); La bodega, (1905); La horda, (1905) en las cuales crítica la sociedad y la tendencia al clericalismo, al latifundismo andaluz, al capitalismo vasco, etc.

 

La Primera Guerra Mundial fue la base histórica de su mayor éxito literario: la novela Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1916), que le abrió el mercado americano, a nivel literario y cinematográfico.

 

Otros títulos de su obra son Los muertos mandan, (1908); Sangre y arena, (1908); Luna Benamor, (1909), Los enemigos de la mujer, (1919); El paraíso de las mujeres, (1922) y otros.

 

Residía en Francia cuando Primo de Rivera tomó el poder (1923). Desde allí escribió algunos opúsculos agresivos contra Alfonso XIII y el dictador, regresando a la novela histórica con El papa del mar, (1925); En los propias de Venus, (1926) y En busca del Gran Khan, (1928). También publicó varios libros de viajes: En el país del arte (1896), Oriente (1910), La Argentina y suspensión grandezas (1910), La vuelta al mundo de un novelista (1925).  Finalmente en Valencia dirigió varias editoriales a través de las cuales realizó una gran labor de divulgación cultural entre las capas populares.

 

 

 

 

LA BARRACA (fragmento)

Batiste, al inspeccionar las incultas tierras, se dijo que allí había trabajo para largo rato.

Mas no por eso sintió desaliento. Era un varón enérgico, emprendedor, avezado a la lucha para conquistar el pan. Allí lo había muy largo, como decía él, y, además, se consolaba recordando que en peores trances se había visto.

Su vida pasada era un continuo cambio de profesión siempre dentro del círculo de miseria rural, mudando cada año de oficio, sin encontrar para su familia el bienestar mezquino que constituía toda su aspiración.

Cuando conoció a su mujer, era mozo de molino en las inmediaciones de Sagunto. Trabajaba entonces como un lobo -así lo decía él- para que en su vivienda no faltase nada; y Dios premió su laboriosidad, enviándole cada año un hijo, hermosas criaturas que parecían nacer con dientes, según la prisa que se daban en abandonar el pecho maternal para pedir pan a todas horas.

Resultado: que hubo de abandonar el molino y dedicarse a carretero, en busca de mayores ganancias.

La mala suerte le perseguía. Nadie como él cuidaba el ganado y vigilaba la marcha. Muerto de sueño, jamás se atrevía, como sus compañeros, a dormir en el carro, dejando que las bestias marchasen guiadas por su instinto. Vigilaba a todas horas, permanecía siempre junto al rocín delantero, evitando los baches profundos y los malos pasos; y, sin embargo, si algún carro volcaba, era el suyo; si algún animal caía enfermo a causa de las lluvias, era seguramente de Batiste, a pesar del cuidado paternal con que se apresuraba a cubrir los flancos de sus bestias con gualdrapas de arpillera apenas caían cuatro gotas.

LA LITERATURA AL FINAL DEL SIGLO XIX

 

 

GÉNEROS TEMAS CARACTERÍSTICAS AUTORES Y OBRAS

 

Poesía

 

Lírica premodernista

 

 

Costumbrismo. Erotismo espiritualista. Pervivencia de rasgos de la poesía romántica y realista. Salvador Rueda: Himno a la carne.
Lírica modernista Exploración del mundo interior. Meditación sobre el tiempo. Búsqueda de lo absoluto. Técnica simbolista. Versificación modernista. Simbolismo y musicalidad. Manuel Machado: Alma.

Antonio Machado: Soledades.

Juan Ramón Jiménez: Sonetos espirituales.

 

Prosa

 

Novela.

 

Conflicto entre razón y sentimiento.

Vitalismo. Problemas existenciales.

Rechazo del objetivismo realista. Búsqueda de un estilo individual. Unamuno: Amor y pedagogía. Niebla.

Valle-Inclán: Sonatas.

Baroja: El árbol de la ciencia. Zalacaín el aventurero.

 

Novela corta. Temas eróticos y sociales. Rasgos naturalistas y costumbristas. Felipe Trigo.
Artículo.

 

Temas sociales y políticos. Expresión apasionada. Ramiro de Maeztu.
Ensayo. Interpretación espiritual de España. Sentimiento frente a la razón. Paisaje como reflexión. Expresión apasionada. Técnica impresionista de descripción. Unamuno: Vida de don Quijote y Sancho.

Azorín: Los pueblos. La ruta de don Quijote.

Teatro

 

 

Drama burgués

 

 

 

 

Crítica de la clase media.

 

 

 

Estilo conversación.

 

 

Jacinto Benavente: La comida de las fieras.

 

 

 

Drama social

 

Problemas de la clase trabajadora.

 

Recursos efectistas y dramáticos.

 

Dicenta: Juan José.

 

 

Drama poético.

 

Temas históricos y legendarios.

 

Empleo del verso. Lenguaje recargado.

Villaespesa: El alcázar de las perlas.

Marquina: En Flandes se ha puesto el sol.

 

Comedia, sainete.

 

Temas populares.

 

Recreación del habla castiza.

Arniches: El santo de la Isidra.

Hnos. Álvarez Quintero: El genio alegre.

 

Fuente: J. Huerta y otros (1989). Literatura Española. Madrid, Ed. Santillana

[1] Los krausistas postulaban una moral basada en la humanidad y la tolerancia Aplicaron sus ideas a la enseñanza, laica y moderna, creando la “Institución Libre de Enseñanza” e influyeron en algunos escritores como Galdós o Clarín.

 

‘Los raperos del Siglo de Oro’ o cómo acercar el teatro a los adolescentes

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Se trata de dar una vuelta de tuerca para acercar el teatro a los más jóvenes. Y, de paso, de rendir un sentido homenaje a su padre en el año del 10º aniversario de su muerte. Hablamos de Blanca Marsillach, cuya compañía, junto con la Obra Social La Caixa, lleva a Barcelona la obra ‘Una noche blanca con los clásicos’. Una forma divertida y amena de amar el verso conviertiéndo al espectador en protagonista principal.

‘Es una adaptación original de la obra que mi padre hizo en 1997 junto con Amparo Rivelles y María Jesús Valdés. Le hemos quitado la parte más mística y hemos dejado lo más cañero, lo más provocativo. El objetivo es llevar a los chavales al teatro sin que se asusten, con una propuesta diferente y divertida para ellos’, asegura a EL MUNDO Blanca Marsillach.

La obra llega estos días a Barcelona (se representa este martes miércoles y jueves en CosmoCaixa -C/ Isaac Newton, 26-) y promete emociones fuertes. Una exquisita selección de versos de Lope de Vega, Luis de Góngora, Quevedo y Miguel Hernández, entre otros, acompañados de las composiciones musicales y de alguna que otra sorpresa.

‘Los propios chavales serán protagonistas principales, se convertirán en actores e incluso serán partícipes de una singular ‘pelea de gallos’ donde harán de los versos un ‘rap’. Y es que, por la ironía de algunos de sus versos, estos autores eran los raperos de la época’, continúa Marsillach.

Para finalizar, las actrices (la propia Blanca junto a Mónica Buiza), responderán las preguntas y aclararán las dudas de los estudiantes respecto a la obra, a los autores y al teatro en sí. Todo, dentro de un año muy especial para la protagonista. ‘Es el 10º aniversario de la muerte de mi padre y presentar esta obra en barcelona, la ciudad donde nací, me llena de felicidad. Es muy bonito poder exponer aquí la visión de los Clásicos que él siempre quiso trasmitir’, finaliza.

Lucas Pérez.

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Jornada d’inclusió digital

jornada

Mirem l’escola més enllà d’una arquitectura dins d’un determinat paisatge. És un ens viu, porós i com a tal, està en continu intercanvi amb el seu entorn. En aquesta jornada, que se celebrarà el 16 d’abril de 2016 a Badalona, volem posar en valor les possibilitats que ofereix aquesta mirada activa del que ens envolta. Per a fer-ho comptem amb el marc conceptual del disseny universal de l’aprenentage, que ens ajuda a transformar l’entorn fent-lo més accessible, obert, flexible i engrescador, de manera que tots els alumnes puguin aprendre i participar junts. Es tracta de posar el focus en el context, en el valor de la interacció, en comptes de voler transformar les característiques de l’alumne.

 

Origen: Jornada d’inclusió digital | Un altre bloc d’XTECBlocs

EDU_Hack: jornada de cocreació educativa

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