Arxiu mensual: octubre de 2015

L’OMS declara cancerígena la carn processada

Sal, salchicha

27/10/2015

Se comenta el informe de la OMS sobre el hecho de que las carnes procesadas y las carnes rojas provocan cáncer, de forma segura o probable. ¿Es una falsa alarma como tantas otras ha habido? ¿Debemos cambiar los hábitos alimentarios? Termina la entrada con una moraleja final.

Puesto callejeroLa noticia de que la OMS ha clasificado la carne procesada como Grupo 1 (“Provoca cáncer”), y las carnes rojas como Grupo 2A (“Probablemente provoca cáncer”), ha hecho saltar la alarma entre los carnívoros, entre los que me cuento, y entre la industria cárnica. El lector perdonará los errores que pueda encontrar en el texto, que agradeceré se me comuniquen. Ni soy médico ni dietista ni tecnólogo de alimentos. Me limito a leer y a intentar interpretar lo que leo, y a comunicarlo después.

Qué quiere decir que un producto “provoca cáncer”

Está bien claro: en determinadas dosis, su consumo aumenta de forma significativa la incidencia de un determinado tipo de cáncer.

Teniendo en cuenta la etiología del cáncer, la afirmación de que una sustancia causa cáncer contiene una información no explícita. A Theophrastus Philippus Aureolus Bombastus von Hohenheim (más conocido comoParacelso) se le atribuye la sentencia de que “Nada es veneno, todo es veneno: la diferencia está en la dosis”.

Casi nunca hay dosis umbral, casi nunca puede decirse que una cierta cantidad es inocua y a partir de otra cantidad el cáncer es seguro. Y ello es válido para el tabaco, para la contaminación atmosférica por óxidos de nitrógeno —Volkswagen, tenía pendiente una entrada de blog que ya ha redactado Xavier Giménez [+]— , y para las salchichas. Ello es análogo a la mortalidad por caídas. Es difícil morir de la caída al saltar desde un palmo de altura, y casi segura la muerte al caer al suelo desde cien metros. En medio, toda la gama de posibilidades: desde los que han muerto por una mala caída de un metro, hasta los que milagrosamente han sobrevivido al caer desde un quinto piso. No hay un umbral inferior ni superior: solo se puede hablar de probabilidades. Y ello es debido a que nuestros organismos son muy distintos entre ellos, y hay muchas circunstancias que agravan o reducen el riesgo, además de la altura de la caída.

En resumen, la carne procesada provoca cáncer, a ciertas dosis. Y, por su parte, las carnes rojas probablemente provocan cáncer, a ciertas dosis.

Por qué están en el mismo grupo la carne procesada, el tabaco y el plutonio

Porque los tres provocan cáncer, de acuerdo con las evidencias existentes. Pero los riesgos son distintos, porque se conoce que el tabaco es responsable del 86 % de cánceres de pulmón, mientras que las carnes rojas y procesadas son responsables del 21 % de cánceres de colon. Afirmaciones de que la carne procesada es “tan tóxica” como el tabaco o el plutonio son falsas porque el término “tan tóxica” sugiere una similitud cuantitativa, cuando ello no es así. Sería como decir que el político X es tan ladrón como el político Y, pero uno ha robado 1 M€ y el otro 1000 M€. Ambos son ladrones, pero no sé si son “igual de ladrones”. El pecado es el mismo pero su magnitud no.

Cuáles son las carnes rojas y de dónde les viene su nocividad.

Se consideran carnes rojas las de vacuno, cerdo y cordero. Las aves o el conejo son carnes blancas. Esta clasificación es relativa, porque hay otras clasificaciones que incluyen al cerdo como carne blanca. El color rojo de la carne proviene de un compuesto denominado mioglobina. Pero hay otro pigmento rojo, presente en la sangre de os vertebrados, denominado hemoglobina.Parece que la hemoglobina se descompone en el intestino mediante un conjunto de complicadas reacciones dando sustancias denominadas compuestos N-nitrosos. Químicamente todos tienen el grupo (R1, R2)N-N=O, y entre ellos están las nitrosaminas [+] y lasnitrosamidas, conocidos cancerígenos.

Qué es la carne procesada

Procesar la carne puede querer decir muchas cosas. El carnicero puede cortarla para estofado, picarla para hamburguesa o albóndigas, trincharla y mezclarla con sales y especias para hacer salchichas… Eso no es la “carne procesada” que provoca cáncer: todo eso son carnes rojas que solo probablemente pueden provocar cáncer. Es un magro consuelo, pero algo es.

Es también procesar la carne lo que la industria cárnica hace para sus productos envasados: trincharla y mezclarla con sal, especias y ciertos aditivos conservantes y colorantes para fabricar embutidos y salchichas, y calentarla hasta unos 70 ºC (curarla). Entre los aditivos conservantes figuran los nitratos y nitritos. Estos sonE249 nitrito potásico, E250 nitrito sódico, E251 nitrato sódico y E252 nitrato potásico. Estos aditivos son esenciales para evitar la neurotoxina conocida como toxina botulínica, un producto natural que es uno de los tóxicos más tóxicos que se conocen.

En las mezclas cárnicas, dichos aditivos ayudan también a generar el flavor de bacon, muy apreciado por los consumidores. Por desgracia, nitritos y nitratos añadidos a las carnes de los embutidos potencian aún más la formación de los compuestos N-nitrosos citados en las carnes rojas, lo cual hace las carnes procesadas menos saludables que las rojas y ello explica su clasificación más rigurosa. Los ahumados y el bacon están en este mismo grupo por razones similares.

Las carnes de animales de producción ecológica o integrada, ¿presentan menos riesgos?

No. El riesgo proviene de la propia carne, cuya hemoglobina no es distinta según el tipo de producción. Salchichas y embutidos comerciales de procedencia dudosa sí pueden tener más riesgos si no cumplen las dosis máximas de empleo de aditivos. Las salchichas y embutidos caseros sin nitritos ni nitratos podrían ser clasificados como las carnes rojas, pero el riesgo de la toxina botulínica es muy superior al riesgo de incremento de cáncer de colon, y se desaconseja formalmente su preparación: hay numerosas evidencias de muertes por esa causa.

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Cuáles son los riesgos

Los riesgos que la OMS ha concluido se basan en 800 estudios de distintos países. En resumen resumidísimo, entre dos colectivos de dieta y hábitos similares, uno de los cuales consuma cada día 50 g de carne procesada más que el otro colectivo, hay un incremento del 18 % del riesgo de contraer cáncer de colon.

Qué hay que hacer

Depende. Si eres vegetariano o vegano, todo ello no te afecta.

Si consumes carne siguiendo una pauta tradicional “mediterránea”, consistente en cenar huevos o pescado, y en almorzar alternativamente pescado, bistec, pollo, conejo, cerdo, paella y hamburguesa en cantidades moderadas (menos de 100 g por ración de carne) no hay que cambiar, siempre que tu desayuno no contenga más de 30 g diarios de carne procesada, como embutidos, y no cada día.

Si, en cambio, desayunas “inglés” cada día (huevos, bacon y salchichas), almuerzas hamburguesa cada día, o cenas salchichas y embutidos frecuentemente, debes cambiar tu pauta alimentaria… si quieres reducir el riesgo de cáncer de colon. En promedio no habría que pasar de 70 g de carnes rojas y procesadas al día, incluyendo todas las ingestas.

Qué hay de nuevo en todo ello

Nada, que yo sepa. Todos los estudios en que se basa la OMS estaban ya publicados, y los médicos, dietistas y nutrólogos han recomendado desde hace tiempo la reducción de consumo de carnes rojas y de salchichas o ahumados. Lector, estoy seguro que no es la primera vez que lo lees.

Moraleja final

Cuentan que el preceptor de Luís Gonzaga —hijo de la familia Gonzaga, gobernadores de Mantua, siglo XVI, y futuro santo— preguntó un día a sus alumnos qué harían si supieran que el fin del mundo estaba cercano. Todos respondieron que se irían a confesar, y que harían grandes penitencias para redimir sus pecados. Excepto Luís, que dijo que seguiría haciendo lo que estuviera haciendo en aquel momento: no tenía pecados conscientes de que arrepentirse.

Todos deberíamos ser como este venturoso niño: sigamos una dieta adecuada para nuestras necesidades, con el estilo que deseemos, y la supervisión de algún profesional acreditado, y no nos preocupemos por el apocalipsis dietético con que nos bombardean con asiduidad. Amén.

Article publicat a Investigación y ciencia el 27 d’octubre de 2015

L’ortorèxia o l’obsessió de menjar sa

 

 

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Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la ortorexia afecta al 28% de la población de los países desarrollados. Por tal concepto se entiende el desorden alimentario que sufren aquellas personas que se obsesionan por la alimentación sana.

Según Raquel Linares, psicóloga del Centro ABB, especializado en el tratamiento de todas estas patologías, es verdad que se ha constatado “un aumento de las personas muy preocupadas por seguir una alimentación basada en productos saludables y orgánicos”, pero hasta que esta preocupación se convierte en obsesión y deriva en una ortorexia tienen que darse muchos más factores.

El primero en hablar de la ortorexia fue el médico estadounidense Steven Bratman en 1996, que sufrió el trastorno en sus propias carnes. Bratman era un férreo defensor de los alimentos orgánicos (que él mismo cultivaba y cocinaba en una comuna del estado de Nueva York) y de la medicina nutricional. Según cuenta en su libro Health food junkies (los yonquis de las comida sana), se vio envuelto en una especie de secta gastronómica y decidió crear su propio régimen. “Me impuse una dieta de verduras recién recogidas y que masticaba no menos de 50 veces antes de tragarlas”, escribió. Bratman terminó padeciendo un nuevo trastorno: la ortorexia nerviosa. Este doctor acabó harto de su propia dieta y se curó de su obsesión por la comida natural con la ayuda de un monje benedictino, que le ayudó a ver el lado positivo de la comida china y los helados. “Me di cuenta de que era mejor compartir un pedazo de pizza con tus amigos que comer coles de Bruselas solo”, dijo Bratman en su libro.

A pesar de que la OMS hable de la ortorexia como una enfermedad, esta aún no tiene un estatus oficial, ya que no está incluida en la última versión, la quinta, del Diagnostic and statistical manual of mental disorders (DSM), que es el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría y en el que se basan los profesionales de la salud mental para diagnosticar, estudiar, tratar e intercambiar información. Por eso, hasta la fecha está catalogada en los Trastornos de la Conducta Alimentaria sin Especificar. Además, según Linares, la ortorexia puede ser “la puerta de entrada a la anorexia”, lo que ha contribuido aún más a que sea un trastorno “menos conocido” y que sea complicado tanto su diagnóstico como cuantificar su alcance real.

Para terminar de complicarlo, hay que tener en cuenta que muchos de los hábitos de los ortoréxicos son compartidos por la gente que, sencillamente, quiere hacer una dieta saludable: comer productos orgánicos y no comer carne, por ejemplo. Por supuesto este comportamiento no es malo, lo que sucede con el ortoréxico es que lo manifiesta de forma obsesiva y sin tolerar alternativas.

En opinión de Juan Revenga, dietista nutricionista y portavoz del comité científico de la fun- dación española que representa a este colectivo profesional, la ortorexia se caracteriza por una obsesión patológica por “qué se come, cómo se come y cuánto se come”. Es la búsqueda desaforada de la dieta perfecta, la correcta y por ende la más sana.

Inicialmente los ortoréxicos quieren mejorar su estado de salud a través de la comida y llevar un estilo de vida sano, lo que muchas veces hace que, en sus estados iniciales, sean conductas aplaudidas por su entorno familiar y social, pero finalmente la dieta se convierte en la parte más importante de sus vidas.

Según Revenga, es muy difícil establecer un patrón de las conductas alimentarias de los ortoréxicos, pues cada caso es un mundo. “Hay a quienes les da por eliminar determinados macronutrientes, otros eliminan las grasas, otros comen sin carbohidratos y hasta hay algunos que dan importancia al tipo de vajilla en la que comen o quieren que las personas que han preparado la comida reúnan determinadas características”, dice Revenga. A menudo, este trastorno de la conducta alimentaria los lleva a restricciones importantes de algunos alimentos y a eliminar todos aquellos que no consideran “puros” (dicen sentirse “sucios” cuando comen algo que no consideran lo bastante “limpio”, ya sea porque tiene herbicidas o sustancias artificiales). El ortoréxico no sólo cuenta calorías, sino que también lee listas de ingredientes y sigue unas normas muy estrictas a la hora de cocinarlos. Para Revenga, las restricciones de “alimentos absolutamente saludables que se hacen en algunas religiones” tienen cierto componente de la conducta ortoréxica. Esta obsesión, añade el experto, termina por “desadaptar a los enfermos de su vida cotidiana”, les impide llevar una vida normal, conduce al aislamiento social y puede llegar a producir malnutrición grave.

El perfil de una persona con ortorexia no dista mucho del de otra con anorexia. Según Raquel Linares, se trata de personas inteligentes, exigentes, hipocondriacas, perfeccionistas, y con una predisposición psicológica a la obsesión que las lleva a la inseguridad. Esto, a su vez, las conduce a la falta de flexibilidad, que en su caso focalizan hacia los alimentos que consideran más sanos, mientras que en el caso de la anorexia se centran sobre todo en la autoimagen. Linares explica el caso de una paciente que llegó a estudiar Ingeniería Agrónoma sólo para estar al corriente de cómo se cultivaban las verduras y las frutas, o el de otra cuya obsesión la llevaba incluso a vestir sólo ropa hecha con tejidos naturales de procedencia ecológica.

La ortorexia también afecta a personas adultas y algunos han iniciado el camino hacia la enfermedad después de haber adoptado una dieta vegana. Linares advierte que el veganismo está de moda y que empieza a haber adolescentes muy jóvenes que asumen esta tendencia. Precisamente entre los ortoréxicos más jóvenes se encuentran, muchas veces, personas que viven en familias donde los alimentos de tipo orgánico son apreciados y comunes, aunque tengan un precio más elevado que los de más consumo.

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Las 8 conductas que describen a un ortoréxico

Steven Bratman, médico estadounidense que acuñó el término ortorexia a finales de los años noventa, estableció unas pautas para ayudar a identificar este trastorno. Si un individuo responde a cuatro o cinco de las conductas que se citan a continuación, urge reconducir la actitud y relajarse. La fase obsesiva vendría dada si se asumen todas las conductas que apuntaba Bratman.

1- Preocupación excesiva por la calidad de lo que se come más que por el placer y la necesidad de comer.

2- El aumento en la calidad de la dieta mientras disminuye la calidad de vida. El problema de la ortorexia es que quien la padece piensa más en que lo que se mete en la boca sea lo correcto (que es lo que quiere decir orto en griego) que en dar más importancia al resto de facetas de su vida.

3- Pensar durante más de tres horas al día en la dieta. En este tiempo se incluye cocinar, hacer la compra, leer acerca de dietas y pensar si un alimento es sano o no.

4- Desplazarse grandes distancias para conseguir alimentos “especiales”: ecológicos, de importación, puros, sin aditivos, etcétera.

5- Planificación excesiva de las comidas de los días siguientes. Los ortoréxicos tienden a planear los menús para los próximos días e incluso semanas.

6- Ser cada vez más estricto con uno mismo. El enfermo se vuelve paulatinamente más rígido en sus hábitos alimentarios, lo que le provoca un gran placer.

7- Abandonar actividades cotidianas por mantener una dieta saludable. Por ejemplo, dejar de acudir a citas, o dejan de realizar trabajos, ya que todo su tiempo lo ocupan con la comida.

8- Aumento de la autoestima y la experimentación de un estado místico o de virtud mientras se sigue la dieta correcta, y un sentimiento de superioridad hacia aquellos que no la siguen.

Article publicat a La Vanguardia el 15 d’octubre del 2015

Benvinguts a Bionotícies

A través d’aquest bloc intentarem ampliar el coneixement que anirem assolint en la matèria de Biologia i Geologia de 3r d’ESO.

A partir dels diferents temes dels quals ens parla el currículum, tractarem de donar una informació extra en forma de notícies científiques aparegudes en diaris i revistes, especialitzades o no, per tal que els alumnes  les puguin analitzar i treure’n les seves pròpies conclusions.

Tot això portarà a un debat posterior que, en definitiva, és l’objectiu que perseguim. És a dir, que els alumnes siguin crítics amb les notícies que apareixen en la premsa i siguin capaços de crear-se una opinió.